Etapa 0 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Bueno, una vez que lo decidimos, buscamos información, decidimos cómo, cuándo, cuántos… hicimos las reservas, preparamos la documentación… llegó el gran momento, el día D, bueno, el 28 de abril.

Como dije ya anteriormente, íbamos 3 por un lado y uno por otro. El primer vuelo hasta Filadelfia fue en un avión de 3 filas de asientos, de esos en los que tienes tu propia pantalla para echarte un solitario, ver capítulos de series o películas… nos dieron 3 veces de comer, una mantita y una almohada.

Yo que no soy muy amiga de los barcos, no siento ningún tipo de miedo por los aviones, pero los dos que me acompañaban digamos que no era la ilusión de su vida tragarse dos vuelos, uno de 8 horas, y otro de 6. Afortunadamente teníamos al lado una doctora con sus pastillas mágicas (no sabemos qué era, pero cuando tomaron media pastilla cada uno tuvieron el mejor vuelo de su vida).

El segundo vuelo, de Filadelfia a San Francisco en un avión más pequeño, de dos filas de 3 fue algo movido, con turbulencias, pero yo personalmente tenía tal cansancio y había tantos asientos vacíos, que me apropié de una fila de tres y me eché una siesta, además, como no nos daban de comer ni había película… no tenías mucho más que hacer.

Ojo con las escalas, hay quien prefiere ir a Londres y de ahí del tirón a LAX o San Francisco, para mí eso era como retroceder, pero puedo entenderlo si no quieres hacer escala en EEUU, que te retengan y pierdas el segundo vuelo. Nosotros volábamos con la misma compañía, pero eso no hace que te lleven las maletas al destino, sino que como tu primer vuelo es tu entrada a suelo americano, has de ir a la cinta, coger tu maleta y de ahí cambiar de terminal a nacionales, volver a pasar control, dejar la maleta en una cinta y pasar a la sala de espera del siguiente vuelo. Mucho cuidado con la comida. Te dan en el primer avión un documento que igual que el ESTA has de decir a todo que no, que no has estado en una granja, que no portas animales, ni más de x dinero, ni comida…. bla bla… bueno, pues la comida envasada, como un donut, no es problema, pero un plátano sí. Un perrito se puso a olernos mientras estábamos en la cinta esperando la maleta y nos confiscaron el plátano, tuvimos que ir a declarar, nos preguntaron si llevábamos chorizo y poco más, la verdad es que era mochila de mano, ni siquiera nos hicieron abrir las maletas… y menos mal, porque llevábamos avecrem de pescado y condimento para paella, aunque a lo mejor al ir envasado no había problema… En fin, que fueron 5 minutos y ya… no debíamos tener cara de delincuentes.

Este es el documento que rellenas. Por cierto, sólo uno por familia, pero no sólo padres e hijos, o matrimonios, o abuelos y nietos… sino si existe cualquier lazo de consanguinidad. Mi prima y yo rellenamos uno cada una, pero no, con uno nos habría servido… A pesar de que el apellido que teníamos en común para mí es el primero y para ella el segundo y estoy segura de que se habrían hecho un lío… pero bueno, si ellos lo dicen…

 

El caso es que afortunadamente pudimos seguir el itinerario. Después del segundo vuelo, llegamos al aeropuerto de San Francisco, nos encontramos con el cuarto integrante que tampoco tuvo problemas, y listos para comprar el Muni Pass para los siguientes días, llegar hasta el hotel y dormir.

Ya os comenté que en San Francisco no hace falta coche, es más, sobra, porque no tienes aparcamiento y el transporte público funciona muy bien, tienes autobuses, tranvías, las 3 líneas de tranvía histórico… El Muni Pass lo cubre prácticamente todo, menos los buses de SamTrans y el tren que te lleva del aeropuerto a la ciudad. Ahí tienes que coger el Bart, es algo caro, pero en 40 minutos estás en el centro. El Muni lo compras al lado de las cintas donde recoges la maleta, en un mostrador de información.

Tienes varias opciones según los días que vayas a estar, aquí lo tenéis muy bien explicado. Nosotros cogimos el de 3 días, para usarlo el sábado en el bus hasta el hotel, el domingo y parte del lunes hasta que recogiéramos el coche y nos fuéramos de la ciudad. Es una cartulina en la que marcas el día de activación (en número) y el mes, se rasca, como si fuera el rasca y gana de la once. Y cuando montas en el transporte, lo enseñas y listo (si lo quieren mirar… porque la mitad de las veces sólo con vértelo en la mano, dan por hecho que es válido). Merece la pena de sobra, es una ciudad que cansa andarla y seguro que querrás coger los tranvías históricos y teniendo en cuenta que hay 3 líneas y que cada trayecto te sale por 5$… El resto de transportes creo que eran 2$. Este tipo de pases lo compro siempre cuando voy a una ciudad, porque lo sueles amortizar, sobre todo si vas un par de días y vas un poco a la carrera y a los sitios alejados ya no llegas andando…

Pero ya os hablaré más de San Francisco en la próxima entrada. Ese día llegamos agotados al hotel. Nos habíamos levantado el 28 de abril a las 8 de la mañana y llegamos al hotel a las 11 de la noche del mismo día… pero para nuestro cuerpo eran las 9 de la mañana del 29 de abril… 25 horas despiertos… bueno, salvo las siestas de los aviones.