Death Valley y noche en Las Vegas. Etapa 5 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Y llegamos al que yo creo que fue el día que peor lo pasé. Los que me conocen saben que no soporto el calor, todo lo que sea más de 25º madrileños (porque en el Levante con la humedad es otra cosa ya que me supera totalmente) para mí ya es calor y me pongo insufrible, me doy asco a mí misma. Llevávamos unos días de temperaturas muy agradables, unos 18-22º en San Francisco, unos 20 en Yosemite y Mariposa… pero a medida que nos íbamos acercando al Valle de la Muerte, la temperatura iba subiendo y el paisaje iba cambiando.

Empezamos con 25º y acabamos superando los 40.

Y es que se llama Death Valley por algo, todavía no entiendo cómo la gente se atrevía a cruzarlo… yo estoy segura de que habría muerto a la media hora… ni Bear Grylls sería capaz de sobrevivir a ello. Estuvimos parados algo antes de adentrarnos de lleno porque hubo un accidente de un motorista y tuvo que venir un helicóptero y mientras tanto la carretera estuvo cortada, fueron unos 15 minutos y como estábamos alto corría el aire, pero una vez que fuimos adentrándonos… el aire empezó a no existir… y es que llegas a estar por debajo del nivel del mar.

Death Valley es un parque nacional, pero no encontramos caseta como la de Yosemite o Mariposa… así que fuimos avanzando y avanzando, con los 20$ en la mano… pero sin encontrar dónde pagar. En la web te puedes descargar un mapa para guiarte y no acabar perdido en medio de la nada más absoluta.

Nosotros, que veníamos del Oeste, entramos por la carretera 190 y nuestra primera parada las Mesquite Sand Dunes, donde se rodó una de las películas de La Guerra de Las Galaxias, no sé cuál porque no he visto ninguna.

Te bajas del coche, notas los 35º, te adentras un poco a las dunas, 4 fotos y de vuelta al coche porque la arena desprende un calor insufrible. Lo siento, pero no voy a poder describirlo mejor, el calor nubla mi objetividad, jejeje.

Después, seguimos por la 190 por Salt Creek, y la 178 dirección Devil’s Golf Course hasta llegar a Badwater. Mientras lo vas recorriendo, el paisaje va cambiando, pero aún así no hay nada… es desierto, distintos tipos de arena, de rocas, de piedras, pero miras al horizonte y notas el calor… no sé si sabéis a lo que me refiero, ves como se dispersa la imagen que tienes ante ti. Y es que llegados a Badwater alcanzamos los 37º (100ºF)

Por cierto, nada más entrar en Death Valley ves señales que te aconsejan que para que el coche no sufra, que mejor no pongas el aire acondicionado… Vamos, que el coche no sufre, pero tú sí… Total, que cuando ves que el panel marca los 100ºF pues te da miedo bajar. Y cuando lo haces… uf, crees morir… el sol azota, sudas por todos los poros de la piel, te arden los pies… creía que era imposible volver a sentirse así, pero la última ola de calor en Madrid ha sido muy parecida. Sólo que aquí el calor lo desprende el asfalto y allí era el lago de sal. Eso sí, merece la pena llegar y echar un vistazo.

Badwater antes era un lago, una laguna, pero se ha ido secando y hoy sólo queda la sal, algo de agua también, que no está tan caliente como puedes esperar, sino que casi está fresca. En ese momento estás a 86m por debajo del nivel del mar, con lo que es comprensible el calor. Yo no pasé de ahí, de la madera, no me vi con ganas ni valor de adentrarme más, pero uno de nosotros sí que se atrevió en llegar hasta el final del resto de sal que se aprecia en las siguientes imágenes.

Los 3 restantes nos quedamos a la sombra, a resguardo de unos baños que hay justo al lado. Y hacía calor igualmente. Veías a la gente que volvía ya sin camiseta, rojos, sudando… algunos echándose agua por encima, otros mojando la ropa y poniéndosela después… en fin, insufrible.

Una vez en el coche, volvimos por donde habíamos venido, pero recorriendo esta vez Artist’s Drive, para ver Artist’s Palette, que recibe ese nombre porque las rocas tienen diversos colores. Aquí no es necesario bajarse del coche, de hecho es un pasaje estrecho.

Y para finalizar, terminamos de subir hasta que llegamos a la 190 de nuevo, dirección este hasta Death Valley Junction y de ahí dirección a Las Vegas. El resto de recorrido no os cuento mucho porque ya no me llamó tanto la atención. Por cierto, salimos sin pagar, porque tampoco había caseta en ese extremo.

Hay que tener muy en cuenta el llevar comida porque allí creo que sólo hay un sitio para comer… nosotros comimos unas ensaladas que ya llevábamos de la compra del día anterior y nos sentamos en una sombra (de unas palmeras de un campo de golf) a comérnoslas… pero ya, no tienes opciones. Así como de echar gasolina, hay 3 gasolineras, cada una más cara que la anterior, y aunque habíamos echado gasolina al salir del hotel, como cada mañana, tuvimos que volver a repostar dentro de Death Valley, sajada, claro y de hecho, casi no llegamos a Las Vegas. Y es que, de camino tampoco es que haya nada… ni pueblos, ni casas, nada… desierto… y muy muy pocas gasolineras. Aquí podéis ver cómo llegamos a la gasolinera a la entrada de la ciudad del pecado. Yo ya pensé que teníamos que ir empujando.

Llegamos a Las Vegas al atardecer, cuando empiezan a encenderse las luces… es impresionante cuando llegas, mil carriles, coches por todos lados, hoteles, perdón, megahoteles…

y nosotros dirección Norte hasta el Circus Circus. Elegimos este hotel porque ya que íbamos a hacer dos paradas, pues la primera vez iríamos a la calle Fremont, donde surgieron los casinos, el norte del Strip, y ya a la vuelta, en la segunda estancia con dos días por delante, buscaríamos un hotel al sur del Strip.

El Circus Circus no es uno de los más lujosos de todo el Strip, pero como primera impresión te deja con la boca abierta… nos tiramos como 20 minutos para encontrar la recepción porque como entras por el casino… pasillos y pasillos de máquinas, de mesas de apuestas… te pierdes, se te van los ojos, y nos pasamos la recepción dos veces… con las maletas como 4 catetorras. La habitación, con dos camas Queen, como siempre, con wifi, pero sin desayuno, nos salió por 47.93€, es decir, que pagamos 11.98€ por persona y noche… Y teníamos esta vista desde la cama:

Después de descargar y ducharnos, nos fuimos a ver la Calle Fremont, donde surgió toda esta bestialidad de mundo de la ludopatía, están los primeros casinos, un montón de tiendas de recuerdos, y más de un friki. La calle está cubierta y hay un espectáculo de luz y de sonido: la Fremont Experience.

Cenamos en esa misma calle, en un restaurante que mi hermano había visto por internet, y que no sé cómo se nos ocurrió ir. Se trata de Heart Attack Grill.

Su nombre ya lo dice todo, y es que su comida es una bomba de relojería, hamburguesas grasientas, patatas aceitosas, batidos que son mantequilla pura, cocacola que es azúcar y te rechinan los dientes… Pero bueno, queríamos vivir la experiencia americana de lo más grande, lo más grasiento, lo más llamativo… y ahí que nos fuimos. En la entrada tienes una báscula para pesarte, ya que si pasas de los 130kg comes gratis. Lo siguiente, te ponen un pijama de hospital como los de las películas, y a tu mesa. Te asignan una camarera que va vestida de enfermera de peli porno, con su bata ceñida y sus taconazos, rubia de bote recauchutada con voz de pito y a comer. Y esto fue lo que pedimos

El bestia de mi hermano se comió una él solo, y se tiró 3 días con ardor de estómago, el resto nos comimos la otra. Por cierto, hablando de cosas grasientas, si os gustan las oreo, ya no las miraréis de la misma forma después de ver esto.

En fin, con el estómago más que lleno, nos volvimos al hotel a descansar que llevábamos un día bastante cansado entre el calor, los kilómetros, la cena…