Interrail. Viajando por Benelux día 6. Luxemburgo – Maastricht – Lieja

Este día no comienza con una foto de un par de vasos de cartón y unos bollos en el tren. No, como ya mencioné en el post anterior, teníamos incluido el desayuno en el hotel, así que nos lo tomamos con calma… Teníamos para elegir bollos, embutido, queso, salchichas, bacon… en fin, un pequeño buffet.

Y cargamos bien las pilas.

Y tras el desayuno reponedor, cogimos los bártulos y nos dirigimos a la estación, rumbo a Lieja. Este ha sido el trayecto más largo que hemos hecho, y además fue árduo, porque a las tres horas de trayecto, tuvimos que sumarle que el tren tuviera una avería y que estuviéramos parados en una estación  en medio de la nada como una media hora. Pero bueno, aprovechamos para descansar, leer, observar el paisaje….Y también para modificar nuestra planificación inicial.

En un principio la idea era llegar a Lieja, comer y ver la ciudad tranquilamente. Pero visto el ritmo que llevábamos y lo descansados que estábamos después del alojamiento en Luxemburgo, pensamos que quizá sería buena idea llegar al hotel, dejar las mochilas y partir hacia Maastricht, que tan sólo está a media hora. De esta forma le ganaríamos tiempo al plan original por si queríamos ver más en los últimos días en la zona de Holanda, que era realmente lo que más nos había gustado de lo que llevábamos y del país que más esperábamos. Y todo un acierto, oye.

Así que llegamos a Lieja, de nuevo una ciudad belga de la parte francófona. Con esto estaría todo dicho, para mí es la parte menos atractiva del país. Está situada en el valle del río Mosa y está muy cerca de los Países Bajos (ya os he dicho que Maastricht está a media hora en tren) y también próxima a Alemania (Aachen a 40 minutos). La ciudad ha tenido una parte importante en la historia, gracias en mayor medida por su posición geográfica transfronteriza.

En el siglo VIII el obispo Lamberto fue martirizado y asesinado y la ciudad se convirtió en lugar de peregrinación para rendirle homenaje, de ahí que comenzaran a construirse iglesias, la basílica, la catedral de San Pablo… Durante 8 siglos Lieja fue un Principado, hasta que en 1789, al tiempo que estallaba la Revolución Francesa, también se levantó el pueblo contra la monarquía. Entre 1795 y 1815 el Principado quedó dividido en 3 regiones y tras la derrota de Napoleón en Waterloo, una de las regiones se anexionó a los Países Bajos. Esa región es hoy en día Lieja provincia. En 1830 pasó a ser Belga como tal.

En Lieja destacan tres estaciones: Guillemnis, Jonfosse (que parece abandonada) y Palais. Esta última es la que estaba más cerca de nuestro hotel. Nada más salir, te encuentras el Palais. Y queda en lo alto de la ciudad, has de bordear e ir bajando.

El tramo que recorrimos de camino al hotel no nos gustó mucho, no sé si porque ya amenazaba lluvia y estaba todo gris, porque los edificios emblemáticos estaban poco cuidados o por la basura en la calle.

Y es que el tema de las bolsas de basura merece un parón porque es de traca. Resulta que en Bélgica se recoge la basura sólo dos veces a la semana. Pero ojo, que hay restricciones. Una de las veces es para los residuos orgánicos (bolsa blanca) y otra para los no orgánicos. Pero no todos, por ejemplo, si el camión pasa martes y jueves por tu barrio y el segundo día es el de no orgánicos, una semana tocará cartón (amarilla) y la siguiente semana plásticos (azul). Así que puedes estar con envases en casa como 15 días. El cartón a lo mejor ocupa menos, pero imaginaos organizar una cena y tener bolsas repletas de latas, envolotorios, botellas… Aunque claro, habría que tener en cuenta que las celebraciones fueran el día de recogida, para no tener toda una semana la orgánica y sus olores en casa… Me parece una cerdada, con todas las letras.

Pero ojo, que además es que hay que dejar las bolsas (oficiales con el logo de la ciudad y que al parecer cuestan un riñón) en el lugar correcto. Si están en el sitio equivocado (no hay contenedores, se tienen que dejar en la acera), fuera de hora, o color erróneo de bolsa (o que no sea oficial), habrá multa. Con apertura de bolsa en modo CIA.

Al principio nos era sospechoso ver bolsas de basura apiñadas en la calle, pero luego paseando con una botella y un pañuelo para tirar me di cuenta de que la ciudad no tenía contenedores ni papeleras… y ya te fijas más, y ves basura por todos lados, e indagué sobre el tema. Me parece increíble que el país con la capital de Europa tenga ese sistema de recogida de residuos. Es algo que hoy en día sigue sorprendiéndome.

En fin, que con este planteamiento, no es de extrañar que la imagen de la ciudad quedase trastocada. Así que, entre bolsas de basura llegamos al hotel, donde descargamos mochilas y marchamos. El hotel no está mal, nos dieron una habitación amplia, con dos camas de matrimonio, zona de té/café, otra zona para dejar las maletas, baño, televisión…

No está mal, no queda en el centro, pero tampoco se tarda mucho en llegar.

Para ir a Maastricht teníamos dos opciones, o volver a Palais y hacer trasbordo en Guillemnis, o ir andando a Guillemnis y ahí coger directo el tren. Y de paso, comprar algo para comer por el camino y echar un primer vistazo a la ciudad. Comimos en marcha unos sándwiches de un carrefour express, pues no había mucho donde elegir, y la ciudad, salvo alguna plaza, no tenía tampoco gran cosa que ver… al menos a mí no me llamó mucho la atención… ya digo que no sé si era la suciedad, o el día que estaba torcido…

Tras una larga caminata llegamos a Guillemnis, una estación que se ve a la legua que es de Calatrava, muy en su estilo.

Y en media hora estábamos en Maastricht. De nuevo en los Países Bajos. Y se nota. Nada más llegar ya todo es diferente, la estación, la gente, el idioma, de nuevo bicis por doquier, quesos… gran decisión la de no dedicarle tanto tiempo a Lieja, sin duda.

Una curiosidad de Maastricht es que los semáforos te van marcando con unos leds el tiempo que queda para cambiar de color… y en rojo es real, la duración de cada punto es real, pero en verde, la mitad va a una velocidad, y la otra mitad empieza a correr aquello que como te descuides te quedas en medio de la carretera en rojo otra vez…

Maastricht está dividida por el río Mosa (Maas en neerlandés, y la ciudad significa “el que cruza el Mosa”). Es una ciudad pequeñita y se la considera la menos neerlandesa de todo el país, supongo que por su posición geográfica, tan cerca de Bélgica y Alemania.

Tiene un casco histórico interesante con iglesias, murallas, plazas, casas señoriales…y destaca su ambiente cultural gracias a la Universidad, el instituto de Bellas Artes y una Escuela de Teatro.

Me llamó la atención la Iglesia de San Juan, en la plaza Vrijthof por su torre roja, que contrasta con el resto de la arquitectura de la plaza. Justo al lado destaca San Servacio.

También es muy original la Basílica de Nuestra Señora, que al parecer está construida sobre un edificio pagano ya existente en el siglo IV, y posteriormente se le han ido añadiendo las torres, el claustro… y de ahí su peculiaridad.

No hay comparación entre Lieja y Maastricht, la ciudad neerlandesa tiene sus zonas peatonales, con su casco histórico, el puente, el bullicio de la gente animada tomando algo…la ciudad belga es más triste, tanto de aspecto, como la cara de la gente.

Y tras disfrutar de la tarde en tierras neerlandesas, emprendimos el regreso a Bélgica, paseamos por Lieja callejeando por ver si nos quedaba algo por ver y buscando un sitio para cenar.

Al final acabamos en un Pizza Hut al lado de la ópera. Ojo con el edificio, muy clásico, y de repente un andamiaje… muy moderno, todo.

Cogimos la cena de milagro, porque estaba cerrando (eran las 9 de la noche) y volvimos al hotel a finiquitar el día.

The Americans

Hago un parón en el relato del Interrail, que me está llevando mucho tiempo porque tengo que seleccionar entre mil fotos… que es lo que tiene hacer tantas… que luego no sabes cuál elegir… En fin, pues hoy no voy a hablar del viaje, sino de una serie que tiene muy buena pinta: The Americans.

Tan solo he visto el primer capítulo, pero la presentación me gustó. Tiene un buen planteamiento, aunque temo que sea algo sesgado por la visión americana… pero habrá que ir viéndolo para juzgarlo.

The Americans es una serie dramática ambientada en los años 80, durante la Guerra Fría, aquellos años en los que gobernaba Reagan. Los protagonistas son Philip y Elizabeth, dos espías soviéticos educados y entrenados durante años para infiltrarse en la sociedad americana como una pareja más, en su barrio residencial, con sus costumbres, sin acento… Ya en el primer capítulo vemos que llevan 15 años infiltrados, y se nos muestra el pasado en forma de recuerdos, de flashbacks. Aparentemente son la típica familia americana modélica, casados, residentes en las afueras, con dos hijos prepúberes…

Pero todo se complica puesto que sus propios hijos desconocen su pasado, la realidad, y el marido se va integrando demasiado en ese mundo de fantasía que están interpretando, lo que le hará chocar con su mujer, totalmente fiel a su país y a sus convicciones políticas.

Además, ya en este primer capítulo sus operaciones peligrarán con la captura de un excompañero que iba a vender información a los estadounidenses y la llegada de su nuevo vecino, un agente del FBI especializado en contraespionaje.

De momento tiene una temporada y otra segunda ya firmada. Tiene muy buena pinta, definitivamente va a estar en mi lista de series para ver.

Interrail. Viajando por Benelux día 5. Bruselas – Namur – Luxemburgo

Después de unos primeros días bastante acelerados y sin parar de una ciudad a otra, este día era más relajado. Dimos por visto Bruselas, a pesar de que nos quedó mucho por ver, pero no nos apetecía recorrer mil barrios alejados, así que partimos dirección Luxemburgo, que está a un buen trecho. Así que con nuestro desayuno del Panos (una franquicia muy a tener en cuenta en Bélgica) nos subimos al tren.

Entre medias, a una hora de Bruselas, paramos en Namur, que es la capital de la región de Valonia, una zona totalmente diferente de las ciudades belgas que habíamos visto hasta el momento de la parte flamenca. Ya en el tren veíamos cómo cambiaba la orografía, ya no estábamos en una Bélgica llana, o casi, sino que empezamos a adentrarnos en una zona boscosa, frondosa, con importante presencia de los ríos Sambre y Mosa.

Lo que sin duda destaca en Namur es el castillo, la ciudadela, en lo alto de la montaña, desde donde se divisa toda la ciudad.

A pesar de la fortificación, no pudieron evitar la invasión de españoles, franceses, holandeses, de nuevo españoles, Napoleón… hasta que con el Congreso de Viena de 1815 Namur se declaró parte de Bélgica. La ciudadela fue reconstruida varias veces, y de nuevo con la invasión de los alemanes un siglo después en la Primera Guerra Mundial, los teutones querían atravesar el país y la ciudad para llegar a Francia siguiendo el Mosa… Y en la Segunda Guerra Mundial no tuvo mucha mejor suerte… En fin, la historia de los belgas, siempre en medio, sin ejército importante con el que defenderse… Supongo que la única batalla victoriosa que recuerdan es la de Waterloo, hoy llena de turistas que van a ver un descampado.

Voliendo a Namur, después de ver la ciudadela, de divisar la ciudad, emprendimos el regreso a la estación callejeando. La verdad es que es un pueblecito muy pequeño, no tiene mucho que ver, alguna plaza, o iglesia, pero sin duda, lejos del estilo de las ciudades flamencas de las que veníamos. Namur tiene mucha historia, imagino que buenos vinos, parajes, pero la ciudad en sí, si no pilla de camino, es omitible.

En fin, después de un paseo con bastante calor, y de ver alguna curiosidad que me recordó a mi abuelo y a las Navidades, que le da por entretenerse con los corchos de las botellas, nos dirigimos de vuelta a la estación para coger el tren que nos llevase a Luxemburgo.

Fue un viaje largo, más de lo que estábamos acostumbrados, casi dos horas y teniendo que hacer trasbordo… leímos, observamos el paisaje, comimos…

Y al final llegamos a Luxemburgo, que no tiene nada que ver con ninguno de los dos países anteriores.

Luxemburgo ciudad es tranquila, empinada, llena de coches de lujos, un par de calles con restaurantes, pero apenas sitios de comida rápida o supermercados donde comprar comida para llevar.

Es otro nivel, sin duda. Como lo fue nuestro hotel, el Park Inn by Radisson Luxembourg City. Cuando reservamos los hoteles, para Luxemburgo no había mucha opción, la verdad, al menos dentro del rango de precio que nos movíamos, pero encontramos una oferta para el con alojamiento y desayuno por 69€. Y la verdad es que sin duda fue el mejor hotel de todos los del interrail, aunque el easyhotel de La Haya estaba muy bien, y posteriormente el de Ámsterdam, pero este tenía un punto más.  Aunque era un poco raro puesto que el hotel comenzaba en la planta 2 de un edificio. En el bajo había una zapatería y justo al lado del escaparate, un ascensor. Tomabas el ascensor, y en la primera planta te podías bajar en un Saturn, si seguías a la segunda, es cuando llegabas a la recepción del hotel.

Pero bueno, lo importante es que la atención fue muy buena, la habitación muy limpia, moderna, llena de comodidades, que si albornoz y zapatillas, los jabones y demás productos de cortesía, una botella de agua fresquita (aunque era con gas), cafetera/tetera con cafés, tés, azúcares… En fin, que además de día más o menos relajado, teníamos un hotel donde pudiéramos descansar.

Después de refrescarnos, salimos a pasear. La ciudad es muy nueva, no se ven edificios muy emblemáticos, hay un par de calles con restaurantes, como dije más arriba, y lo más “importante” el puente que ya habíamos visto en la maqueta del MiniEurope.

Las mejores vistas son desde la muralla, que ves los árboles, el río, las rocas… mucho más que la ciudad en sí.  Incluso la chica del hotel se plantó delante del mapa y no sabía muy bien qué recomendarnos para ver.

Tras el paseo, y antes de subir a la habitación, paramos en un a por una cena temprana donde nos tomamos unas hamburguesas (no había muchas más opciones) acompañadas de unas ensaladas.

Y a disfrutar del hotel, para cargar pilas que el día siguiente no teníamos un plan muy completo, pero sí muchas horas de tren, que casi que agotan más que estar moviéndose, que cuando lo notas es cuando paras.