Interrail. Viajando por Benelux día 7. Lieja – Utrecht – Eindhoven

Con Maastricht ya ganado al plan original, seguimos ganándole tiempo a aquella ruta trazada en Madrid. Por tanto, en vez de salir de Lieja, ver Maastricht entre medias y finalizar en Eindhoven, salimos de la ciudad belga con nuestro desayuno típico de interrail directos para Utrecht. Para acabar por la tarde de nuevo en Eindhoven. Era un recorrido un poco avanzar para retroceder, pero como las comunicaciones eran buenas y el billete de tren estaba pagado, no nos importó.

Durante un par de días notábamos que nos perseguía una tormenta, pero la dejábamos por la mañana en la ciudad que abandonábamos. Sin embargo, no fue así este día, puesto que nada más montarnos en el tren rumbo a Utrecht empezó a llover, y cuando llegábamos a la ciudad neerlandesa la nube seguía descargando y apenas había ambiente en las calles.

Utrecht es una ciudad rara, para empezar, cuando llegas a la estación central, no sales directamente a la calle, sino que tienes que atravesar todo el centro comercial Hoog Catharijne. Y no es nada pequeño, sino que tiene más de 150 establecimientos y exposiciones como esta de unas cuerdas que se movían con el aire.

Así que, llegas a la ciudad y tienes que atravesar un mega centro comercial, pero eso no es lo único curioso, sino que no sé qué se les pasó por la cabeza para plantar un OVNI encima de la Oficina Central de Ferrocarriles.

En fin, echamos mano de nuestras chaquetas, y con mochila a la espalda, salimos al exterior a patear la ciudad. Lo que queda justo nada más salir del centro comercial es la parte peatonal, llena de tiendas y locales de restauración.

Pero claro, no estaba muy transitada por la lluvia.

Utrecht es la segunda ciudad más visitada del país por detrás de Ámsterdam, y uno de los principales centros económicos e industriales de los Países Bajos. Y no le viene de ahora, sino que ya lo fue en la época medieval gracias a la producción de lana y exportación de ganado vacuno. También tuvo mucha importancia en el ámbito religioso y destacan la Catedral de San Martín, que tiene la torre más alta del país (112m) y durante algún tiempo fue también la iglesia más grande.

Su originalidad reside en que tiene la nave separada de la torre debido a un tornado en el siglo XVI. No es que la torre se moviera del resto de la iglesia, sino que se perdió parte de la construcción. Nació como iglesia católica, pero desde 1580 es protestante.Desde fuera es impresionante, pero a mí lo que me encantó fue el claustro, no sé si por el jardín, por las vistas del estilo gótico, o porque al estar el día tan gris, resaltaba más, pero disfruté de cada minuto observándolo y respirando la paz bajo los arcos.

Tras la visita a la catedral, continuamos con nuestro paseo. Lo importante a visitar queda delimitado por el Oudegracht (canal viejo). Podéis ver que no faltan las bicis, como buena ciudad neerlandesa. Las hay de todos tipos y colores. El casco antiguo es una zona tranquila y acogedora, con sus calles empedradas y su estilo medieval.

Como la lluvia seguía sin darnos tregua y se acercaba la hora de la comida, paramos en un subway a reponer fuerzas y a entrar en calor, porque al no llevar paraguas, íbamos calados.

Después de comer, y aún con lluvia, continuamos nuestra ruta viendo más iglesias, paseando por las calles, y descubriendo más rincones.

Y tras recorrer la ciudad y acabar empapados, cogimos el tren de vuelta a Eindhoven, dirección a nuestro hotel, el Hampshire Hotel – Crown Eindhoven a secarnos, dejar las cosas, y continuar descubriendo ciudades.

Aunque la verdad es que Eindhoven está muy lejos en cuanto a turismo se refiere de Utrecht. De hecho, para empezar, en la búsqueda de información en casa apenas encontré nada, tan solo un mapa con cuatro directrices. Una vez allí lo entendimos, pues es una ciudad que apenas nos llamó la atención. No la estamos poniendo al nivel de Rotterdam, por supuesto que no, cualquier ciudad la mejora, pero para hacer turismo, quizá no sea la mejor parada. Además, tiene movimiento estudiantil, que siempre da ambiente.

Eindhoven ganó importancia gracias a la revolución industrial, sobre todo en el área de textiles, pero lo que más ayudó fue la fábrica de Philips, que provocó un gran crecimiento de la ciudad. Si queréis ver cómo se hacían las primeras bombillas, podéis visitar la fábrica.

Así, que si unimos el hecho de que haya sido tradicionalmente una ciudad industrial, al hecho de que en la Segunda Guerra Mundial fuera bombardeada y tuviera que ser reconstruida de cero y además lo nuevo que construyes son rascacielos… pues te encuentras, eso, una ciudad muy industrial, moderna, llena de edificios acristalados al más puro estilo de distrito financiero. De hecho, nada más salir de la estación te encuentras con el enorme edificio de ING. Es más, la propia estación es un edificio de ladrillo cuadrado e insignificante.

Pero bueno, ya que estábamos por allí, dimos una vuelta a la ciudad, descubriendo alguna que otra iglesia y poco más, ya que era por la tarde, sobre las 6, y además un día gris y lluvioso, pues la gente estaba ya en casa recogida.

Pero la zona peatonal tenía bares y locales que imagino que tendrán su movimiento en un día “normal”.

Tras la corta caminata, pasamos por un Albert Heijn, donde compramos la cena, y volvimos al hotel a preparar la ruta del día siguiente y descansar.

Un par de sándwiches y wraps, unas patatas fritas y poco más. La verdad es que se nota mucho el salir de España en el ámbito gastronómico. No nos damos cuenta de que aquí a cualquier hora, en cualquier esquina tienes un local, una taberna, un barecillo, un sitio donde poder picar algo, tomar unas tapas o pinchos, o cenar en condiciones, sean las 8 de la tarde, o las 11 de la noche… En el viaje si nos daban más de las 7 de la tarde estábamos vendidos. Como en Lieja, que un Pizza Hut cierre a las 9… Inconcebible de todo punto. Conciliación de vida familiar y laboral, supongo.

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4 comentarios en “Interrail. Viajando por Benelux día 7. Lieja – Utrecht – Eindhoven

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