Los niños de hoy en día vienen con un aparato electrónico bajo el brazo

Seguro que si tenéis niños pequeños en vuestro entorno (hijos, sobrinos, hijos de amigos…) habréis comprobado cómo se dominan con la tecnología. Es increíble lo rápido que se hacen con un dispositivo táctil, cómo manejan los menús, las aplicaciones, y cómo captan a la primera sin haberlo usado nunca, cómo desbloquearlo y usarlo.

Ojo, y no sólo estoy hablando de niños de 7 a 10 años, ni de ordenadores. No, no, voy más allá, a cómo un niño de 20 meses es capaz de desbloquear un móvil, quitarle el modo avión y hacer una llamada. O reproducir vídeos.

Entiendo que los niños tienen que conocer estos dispositivos, pues en es la época que les ha tocado vivir es imprescindible un dominio de estas herramientas, de lo contrario serían analfabetos digitales en un entorno en el que lo analógico va desapareciendo. Si hasta usan tabletas en los colegios, no sólo como apoyo, sino como medio para tomar apuntes, leer o hacer ejercicios. Y lo entiendo, han de saber moverse en ese mundo, sin embargo, ¿dónde se pone el corte? Quiero decir, que está bien que toqueteen, que trasteen y que ganen agilidad, pero sí que creo que no debería dejarse de lado un parque por unos videojuegos, una tablet por un libro, o la tele por juegos de mesa. Y más aún, ¿realmente es necesario que un niño de 11 años tenga móvil?

En fin, un tema que me ha venido a la cabeza tras ver este vídeo y las reacciones de unos chavales entre 5 y 13 años ante un walkman.

Sin embargo, supongo que en mi generación había cosas que también chocaban a nuestros padres con la llegada de la tele con más de dos canales, con el vídeo, los ordenadores, las primeras consolas… incluso la cantidad de juguetes que teníamos en contraste con su educación en el franquismo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Orphan Black

Hace poco me recomendaron esta serie que ya se ha convertido en una más de mi lista “para ver”. De un tiempo a esta parte no hay series muy novedosas, me da la sensación de que son muy repetitivas, o será que veo muchas. Pero Orphan Black rompe con todos los moldes.

Es una serie canadiense de ciencia ficción que se centra en la vida de Sarah Manning, una chica huérfana que ha pasado por varios hogares de acogida, con una vida un poco desastrosa que huye de su novio al que le ha quitado un paquete de coca. En su huida, en Nueva York, presencia como una mujer se suicida tirándose a las vías del tren. La mujer ha dejado el bolso en el andén y Sarah se apropia de él, y cuando coge su monedero y ve sus carnets, aprecia que la suicida, Elizabeth Childs, se parece mucho a ella, como dos gotas de agua. Como está huyendo, decide hacerse pasar por ella, se tiñe el pelo, va a su casa, usa su ropa, su coche e incluso conoce al novio de la muerta y se hará pasar por ella en su trabajo. Mientras tanto, fingirá su muerte pensando que como Beth tendrá mejor vida y podrá recuperar a su hija.

A lo largo del primer episodio, el único que he visto, Sarah – Beth se verá envuelta en una serie de acontecimientos extraños que mantienen al espectador intrigante a la espera de saber qué puede ser lo que se oculta ante tal parecido. La protagonista parece salir de Málaga para meterse en Malagón.

Orphan Black tiene un ritmo fluido que me recuerda a Alias, incluso diría que tiene un punto de Fringe con ese punto de ciencia ficción, experimentos, paranormal, o de Lost, con personajes que no sabes realmente qué son, qué esconden, en qué mundo viven, qué giro va a tener cada episodio… Pero que yo sepa, la serie no tiene nada que ver con J.J. Abrams.

La protagonista, desconocida para mí, hace mucho también por la serie, cambia la entonación y el acento inglés por el canadiense según interprete a Sarah o a Beth, cambia la forma de actuar, de comportarse. Y a lo largo de las dos temporadas que tiene la serie, al parecer llega a meterse en la piel de 7 personajes. Un papelón para la actriz, sí señor. Deseando estoy de ver el resto de capítulos.