De visita por Londres. Día 4 Brunch y vuelta

Este día, al igual que el primero, apenas dio para mucho. Un paseo por Chiswick, que es una zona residencial

 

y después un típico brunch con unos amigos de mi hermano. En España cuando te levantas tarde y quedas con los amigos un domingo, te vas directamente a tomar el aperitivo, que si una cerveza y unas aceitunas, un vermú y unos pinchos… pero estos ingleses, no. Quedas a media mañana y te metes un megadesayuno. ¿Os suena ver en los hoteles las alubias con tomate, el bacon, los huevos y demás? Pues eso mismo. Aunque también hay una versión más light como pueden ser unas tostadas con huevos revueltos, bien en su versión con jamón, con salmón, o bacon. Si sois más de repostería, también podéis optar por napolitanas, croasanes y tostadas acompañadas de mantequilla y varias mermeladas.

El café, al parecer era como agua de fregar, el té, sin embargo, estaba muy rico, y además, en versión tetera de litro.

Una experiencia más antes de coger el tren dirección a Heathrow de vuelta a casa. Dejamos los famosos autobuses rojos, y las típicas cabinas de teléfono y ya tenemos la mira puesta en el próximo viaje por las Capitales Bálticas.

De visita por Londres. Día 3. De Mercados y Oxford

El viernes fue un día rompepiernas, de esos de no parar de andar, además, nos estaba haciendo una temperatura algo extraña en Londres: 25º y solazo. Pero no pudo con nosotros y ahí estábamos el sábado ávidos de más sitios por ver.

Comenzamos por Notting Hill para dar un paseo por el mercado de Portobello, con sus antigüedades, sus frutas, verduras, esa ropa de segunda mano que se va sola a la lavadora… Todo muy peculiar.

Desde allí, cogimos el tren dirección a Oxford, que está a una hora. La ida fue algo incómoda, pues era un tren corto e iba plagado de gente que o bien iba a Oxford, o a pueblos intermedios para cambiar a otras líneas. Como el metro en hora punta: sardinas en lata.

Y Oxford no estaba menos lleno. Coincidió con el fin de semana de la graduación y estaba lleno de familias, y de los gradados con sus túnicas (largas y cortas). La mayoría de ellos llevaban una tajada interesante, habían perdido prendas, o se tiraban al río vestidos.

La ciudad es pequeña, pero plagada de edificios pintorescos, la mayoría de ellos colleges o pertenecientes a la universidad.

 

Se ve tranquilamente en una mañana y tras recorrerla, paramos a comer en un restaurante italiano y después emprender la vuelta a Londres.

Esta vez bastante más cómodos puesto que el tren era largo. Volvimos los seis solos en un vagón. Menuda diferencia.

Ya en Londres, pasamos por el 221b de Baker Street, la casa de Sherlock, donde puedes hacerte una foto con gorrito y todo.

Y de un personaje de ficción, a otro, en King Cross – St Pancras (que de por sí merece una visita a la estación en sí)

Allí encontramos el andén 9 3/4 de Harry Potter con su carro de maletas empotrado en la pared. También puedes hacerte una foto mientras un amable señor te pone una bufanda y la sujeta en el aire para dar sensación de movimiento. Vaya cola había para posar…

Finalizamos el día paseando por Camden y sus peculiares tiendas.

Según llegas en metro tienes una calle llena de comercios con unas fachadas que llaman más la atención que las propias tiendas, y ya es decir.

Si tienes una forma de vestir peculiar, o perteneces a alguna tribu urbana, es tu sitio. Ahí encontrarás de todo.

Y no sólo en ropa o complementos, también es un mercado al que ir para comprar algo de comida para llevar y acercarse al río a comerlo tranquilamente.

Unos establos reconvertidos en mercado dándoles vida y movimiento. Todo un acierto, porque además, hay estatuas que recuerdan los orígenes del recinto.

Y con esto finalizamos la visita turística del día, y prácticamente del viaje.

De visita por Londres. Día 2

Como os decía en la entrada anterior, teníamos un día por delante con mucho que andar y que ver. Comenzamos a las 9 de la mañana desde nuestro hotel dirección Buckingham Palace a ver el cambio de guardia, pero antes, atravesamos los bucólicos Kesington Gardens, con el Kesington Palace.

Es muy verde, lleno de patos, cisnes y donde podéis encontrar la estatua de Peter Pan.

A continuación, cruzamos el Hyde Park, también muy verde, con zonas para niños, para montar a caballo, lagos, rutas para bicis, y un parquecito dedicado a LadyDi con una cascadita en la que te invitan a descalzarte y disfrutarla de cerca.

Salimos de Hyde Park y nos dirigimos a Harrods, megacentro comercial no apto para todos los bolsillos, pero que aunque no vayáis a comprar nada, merece la pena entrar para ver las escaleras decoradas con detalles egipcios y el espacio que tienen dedicado a Diana y Dodi, con una estatua, fotos, incluso con el anillo expuesto.

Tras la paletada, nos dirigimos a ver el famoso cambio de guardia, que tiene lugar a diario a las 11:30, otra turistada. Si queréis coger ben stio para verlo bien, debéis llegar con tiempo, si no, os tocará subiros en el mobiliario urbano, o intentar buscar un hueco entre las cabezas que tenéis delante. Si medís poco más de metro y medio, como yo, os parecerá una ardua tarea. Como dura unos 45 minutos y el espectáculo es algo lento, la gente se va dispersando, y es posible que puedas encontrar un sitio “aceptable” para verlo.

En el momento en que la caballería se retira, ahí sí que empieza a haber movimiento de la gente y podréis cruzar a la rotonda para ver a la reina Victoria y ver el palacio completo. Un palacio que no tiene nada que envidiar al Palacio Real de Madrid, dónde va a parar… mucha verja con detalles dorados, pero como edificio no es nada destacable.

Seguimos nuestro camino dirección al Parlamento, Big Ben y la Abadía de Westminster.

Aunque ya el día anterior habíamos pasado por la zona cuando fuimos a la London Eye, no podíamos obviar el edificio más emblemático de Londres.

Normalmente el protagonismo se lo lleva el Big Ben, ni siquiera el Parlamento entero, pero la Abadía es un edificio muy bonito también. Al menos por fuera. Imagino que también lo será por dentro, pero el precio de la entrada nos pareció elevado. En la Abadía de Westminster está enterrada la realeza, excepto Diana, y donde se han casado los miembros de la Familia Real a lo largo de los años, menos William y Kate que lo hicieron en la Catedral de Saint Paul.

Frente al Parlamento, nos encontramos con este curioso reloj. Te tienes que colocar con los pies sobre la fecha del año que más se aproxime a la que te encuentres, y tu propia sombra te marcará la hora.

Continuamos la ruta por Downing Street, que no esperéis ver más de una valla con sus policías custodiándola,

de ahí a Trafalgar Square, que estaba cerrada por algún tipo de espectáculo

y paramos a comer en Covent Garden.

Nada glamuroso, unos bocatas sentados en un bordillo en la puerta de Chanel observando pasar a gente muy peculiar. En Covent Garden no te aburres, es un mercado muy bullicioso, lleno de gente de compras, espectáculos callejeros, mimos… No sólo hay tiendas de de marcas caras, sino también más cotidianas. Y en el interior del mercado, encontramos puestos de antigüedades, manualidades, segunda mano… Aparte de restaurantes, tanto de comida rápida, como algo más “serio”. Y tras comer, atravesamos el barrio chino

donde probamos delicattessen locales, como unos peces con masa parecida a la de los gofres, que puedes ver cómo los hacen a través del escaparate

o unas porras… ¡Estos chinos lo copian todo! Eso sí, no tienen nada que ver con nuestras porras.

Nuestra siguiente parada fue Piccadilly Circus, que hay quien la compara con Times Square, y por supuesto, no tiene naaaaaaada que ver. Nada es comparable con los megatelevisores de Nueva York. Bueno, quizá Tokio, pero no lo he visto en directo para comparar. En la plaza también está la estatua de Eros.

Y tras parques, centro comercial, cambio de guardia, edificios imprescindibles de la ciudad, tocaba el momento cultural en el British Museum, que, por cierto, al igual que el resto de museos en Londres, es gratuito. Y estaba lleno, para que luego digan que a la gente no le gusta la cultura…

La vez anterior, no entramos por falta de tiempo, pero esta vez, decidimos que merecía que le dedicáramos al menos una hora. Es imposible verlo todo en un día, hay salas y salas, es increíble todo lo que tienen, y es alucinante cómo han llegado a conseguirlo. Allí puedes encontrar medio Egipto

hasta la Piedra Roseta la tienen ellos

el Partenón casi entero,

México, Japón… Así que si habéis visitado alguno de estos lugares y pensabais que lo habíais visto todo… nada más lejos de la realidad. Un poco indignados por todo lo que vimos, y fascinados también, emprendimos rumbo a Greenwich Park, donde se encuentra el meridiano. Pero este lo encontramos en lo alto de la colina. Abajo, tenemos el famoso Cutty Shark.

El Parque es bastante amplio, y había gente haciendo barbacoas, jugando, paseando, con los niños, con los perros… Hay dos posibilidades de ascender: de una forma más abrupta, o algo más progresiva. Cuando llegamos arriba el observatorio estaba cerrado, pues está abierto hasta las 5, pero pudimos hacernos una foto con el meridiano en un camino.

Para finalizar el día, recorrimos el margen del Támesis desde el London Bridge,

pasando por el Tower Bridge

la torre de Londres (antigua cárcel)

y un paseo por la city, donde podéis encontrar el Monument , una columna a los muertos por un incendio que azotó la ciudad, pero sólo honra a unos pocos nobles, no a la plebe.

Y donde encontramos un tesoro escondido: el ayuntamiento

Y para finalizar, Saint Paul’s, donde, como os decía, se casaron William y Kate

y el Millenium Bridge desde donde se tienen unas buenas vistas del río y sus orillas.

Fue un día bastante completo y nos dejamos alguna cosilla de la ruta planeada porque nos quedamos sin luz, pero aún así, lo aprovechamos al máximo de 9 a 21 horas. Una locura pero parece que nos va la marcha.

De visita por Londres. Día 1: London Eye y Fish and chips

Después de un tiempo sin hablar de viajes, os voy a hablar del último que he hecho: 4 días por Londres. Fue un viaje en familia para visitar a mi hermano que lleva casi un año viviendo allí. Ya habíamos estado en la ciudad en un viaje relámpago de fin de semana en 2006, pero la familia no, así pues, organizamos una ruta que cubriera lo básico, pero también lo que se nos quedó en el tintero, así como una excursión a Oxford. Haré varias entradas porque concentrar todo en una, es demasiado.

La fecha elegida fue el puente de junio, este puente que se han inventado dándonos como festivo el Corpus. Pintaba bien, los días con más horas de luz del año, buena temperatura, pero casi peligra nuestro vuelo por la proclamación del nuevo Rey y el cierre del espacio aéreo. Al final no hubo problema alguno, el vuelo salió a tiempo. Eso sí, al llegar a Heathrow tuvimos un incidente con el desalojo del avión pues nos tuvieron que poner una escalera porque se había roto el brazo articulado. Hubo un momento de caos, que demuestra que no sólo en España somos algo ñapas. Poco resolutivos les vi a estos ingleses.

Aquí voy a hacer un pequeño inciso sobre la elección de aeropuerto. A priori podría parecer que es mejor opción otro aeropuerto, con compañías low cost, y más al viajar sólo con una mochila, como nosotros. Pero tras comparar Iberia / British Airways en Heathrow y low cost en otros aeropuertos, la primera, era la mejor opción. Había que poner en una balanza el precio del vuelo, que sí, a Heathrow es algo más caro, pero desde los aeropuertos más lejanos había que incluir el precio del transporte hasta la ciudad, y ahí ya se nos iba un pico entre ida y vuelta que casi equiparaba ambas opciones. Por otro lado, hay que evaluar el tiempo empleado, y yendo cuatro días, perder más de hora y media desde el aeropuerto a la ciudad, no era opción. Y por otra parte, está el tema horarios. No siempre te cuadra el horario de las compañías. Así pues, fuimos a Heatrow porque la diferencia de precio, el tiempo empleado y el horario, no compensaban los suficiente como para elegir otro aeropuerto. Quizá también influyó el ser puente, y si viajais en otras fechas, sí compensa elegir otra compañía. Ya depende de cada uno y de su escala de valores y si le importa perder más o menos tiempo y se ajustan los horarios.

Volviendo a la llegada a tierras británicas, este incidente nos retrasó un poco y alteró nuestro plan, que era pasar por el hotel, y de ahí a la London Eye, para la que ya teníamos las entradas y de ahí irnos a cenar. Como íbamos ajustados de tiempo, nos fuimos directos a la noria y llegamos justo a tiempo.

Si tenéis la oportunidad, mejor sacad las entradas por internet, que os ahorraréis la cola de espera para sacarlas allí en taquillas, además de ahorraros un 10%. Eso sí, necesitáis llevarlas impresas, no vale enseñar el móvil. Al comprarlas has de elegir hora, nosotros nos decantamos por las 20:00, que ya estaba atardeciendo, pero al entrar el solsticio de verano, aún tendríamos luz suficiente. Tuvimos suerte y pudimos disfrutar de las vistas sin el sol cegándonos.

Es una buena oportunidad de ver la ciudad, si tenéis miedo a las alturas, os animo a que le echéis algo de valor, pues merece la pena. Y el recorrido dura 30 minutos, va lo suficientemente lento como para ni siquiera notar que se mueve.

Tras este primer acercamiento a la ciudad, nos dirigimos al hotel a dejar las mochilas. El elegido fue el Easyhotel Earl’s Court, un hotel muy básico que se ajustaba a lo que buscábamos: un lugar económico donde poder dormir (sin ventanas, que amanece a las 4 y las persianas brillan por su ausencia) y asearnos; y que además estuviera bien comunicado. Poco más necesitábamos. Habíamos tenido buen resultado con el de La Haya, y decidimos repetir. Es una antigua casa victoriana reconvertida en hotel, con pasillos laberínticos, escaleras… una distribución un poco rara. Pero cumplió con su función. Aunque os recomiendo que no os den la habitación 58 para minusválidos, puesto que está justo al lado de los conductos de ventilación y notaréis el ruido y la vibración. A nosotros nos la cambiaron y como compensación, nos dieron wifi gratis.

Y ya sin mochilas, nos dirigimos a Garfunkel’s, el restaurante en el que teníamos la reserva para cenar el típico fish and chips. Aquí también pudimos comprobar que los ingleses no parecen muy dados a la improvisación. Al pedir una mesa para 6, se descolocaron un poco y querían ponernos en dos mesas, una de 4 y otra de 2, con un pasillo de por medio… ¿¿¿Cómo??? ¿Qué te cuesta mover una junto a la otra? Tuvieron que hablar tres camareros para llegar a la conclusión de que la mejor opción era unir dos mesas…

Fueron algo lentos en servirnos, pero comimos muy bien. Elegimos de entrantes dos panes de ajo, uno de queso y otro de tomate y orégano. Que los pueden llamar panes de ajo si quieren, pero es casi una pizza…

Y por supuesto, el fish and chips, acompañado de, por supuesto, patatas, guisantes aplastados y salsa tártara. Al parecer, lo típico es aliñar las patatas con sal y un chorrito de vinagre. El bacalao estaba rico, aunque para mi gusto algo demasiado rebozado. Pero es que no soy muy amiga de los rebozados. Para refrescar la garganta, hubo quien pidió una cerveza, la London Pride. No tiene lúpulo y es algo más suave que las cervezas españolas.

Con la tripa llena, nos dimos un paseo de vuelta al hotel para reponer fuerzas porque el día siguiente nos esperaban 21km de ruta… Casi nada.