¿Almacenamos más de lo que deberíamos?

¿Tenemos todos cierto síndrome de Diógenes? Pues creo que sí. Que levante la mano el que aún conserve cintas de cassette, algún viejo walkman/discman, cámara de carrete, móviles, apuntes del instituto, un recuerdo de Benidorm de cuando era pequeño, postales, fotos, ropa que ha visto mejores días… Nadie se libra. Y es que nos aferramos a objetos, bien por valor sentimental, bien por dejadez, porque no sabemos qué hacer con ellos o porque no nos acordamos de que lo teníamos de lo bien guardado que está. Y claro, cuando lo redescubres, te da tal nostalgia y recuerdos, que vuelves a guardarlo.

Yo que me horrorizo con algunos programas de televisión como Consumidos por el caos donde la gente vive literalmente consumida por objetos, cachivaches y mierdas varias, y que me consideraba minimalista porque en casa no tengo muchos cachivaches, llego, tras enlazar varias noticias y posts, al blog de Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus y me hacen un zas en toda la boca con su propuesta de 21 días hacia el minimalismo. Parten de la teoría de que se requieren 21 días para crear un hábito, y durante ese tiempo, se embarcan en el proyecto de deshacerse de objetos innecesarios siguiendo un patrón que se parece mucho al del programa de televisión que os comentaba.

21 días hacia el minimalismo:

– Día 1. Establecer qué queremos cambiar, hacia dónde queremos ir.

– Día 2. Con la idea clara, lo siguiente es planificar. Cómo y cuándo queremos llevar a cabo el cambio.

– Día 3. El movimiento se demuestra andando. Empaquetar todo salvo lo necesario e imprescindible: aseo personal básico (champú, gel, desodorante, cepillo de dientes y crema), un plato, un vaso y cubiertos. Algo de comida y bebida, la cama…Poco más. El resto, en cajas etiquetadas.

– Día 4. Empezar a desempaquetar, pero con un orden. Poco a poco, comenzando por lo más necesario. Una muda de ropa y los productos básicos de higiene personal.

– Día 5. Aquí desempaquetó un par de cosas que consideró necesarias. No especifica qué, pero sí hay que recapacitar sobre lo que es realmente necesario. Supongo que fue algún objeto que usara en el día a día. Quizá para poder cocinar, asearse, o algo más de ropa para cambiarse, claro.

– Día 6. Se sigue desempaquetando, pero menos que el día anterior. Supongo que se necesitan cada vez menos cosas cuando aprendes a vivir con poco. Es el día de los miedos. Recapacitar a no tener miedo de desprenderse de algo por lo que sentimos apego, como una camiseta favorita, la tele, o introducir un verdadero cambio en nuestra forma de actuar.

– Día 7. Reflexión sobre las relaciones. Se sigue desempaquetando, sólo que en este caso para desprenderse de objetos que le da a su padre para que los done en la iglesia. Pero también habla de la importancia de que tu entorno te respete y ayude en el reto. Sobre todo que no te aporten más trastos…

– Día 8. Cada vez desempaqueta menos, porque se da cuenta de la cantidad de cosas que tiene y no echa de menos. Que las ha ido adquiriendo dejándose llevar por el afán consumista de la sociedad que nos vende que para ser guays hay que tener esto o vestir de aquella forma.

– Día 9. Día de reflexión sobre el cambio, quién quiere ser. Y sólo saca algo más de ropa.

– Día 10. No siente la necesidad de desempaquetar nada más. Es decir, no echa de menos nada. Y es que, ¿qué necesitamos y qué creemos necesitar?

– Día 11. Puesto que parece no necesitar nada más, el resto de lo empaquetado pasa a distribuirse en montones: Para donar, vender y tirar. Ojo, que no se queda con nada más. Yo supongo que haría un 4º apartado, el de conservar.

– Día 12. Día de donar.

– Día 13. A vender.

– Día 14. Bienvenido a la era digital. Guardamos formatos anticuados… como fotos impresas porque eran de la época de carretes, o documentos, apuntes, cds, dvds… Lo que proponen es escanear, digitalizar y guardarlo en la red, en alguna web de almacenaje online. Una vez hecho, a la basura las fotos, los documentos, cds, dvds…Yo aquí no estoy muy de acuerdo, sobre todo con fotos y documentos. Quizá con música y vídeos sí.

– Día 15. Simplificar gastos. Gastar menos en nuevos objetos, en servicios contratados y demás.

– Día 16. Electrónica. ¿Cuántas teles tienes? ¿Consolas? ¿Teléfono fijo? ¿Ordenadores? ¿Puedes reducirlo a uno de cada uno al menos? ¿Puedes reducir el consumo de horas de tele/videojuegos? Aquí, tampoco estoy de acuerdo. El ocio puede ser leer, pero también ver una buena serie o jugar a la consola. Otra cosa es que se haga con moderación alternando con más actividades.

– Día 17. El coche. Valorar si merece la pena el coche, si es necesario para ir a trabajar, si es hora de cambiarlo por uno más económico porque la edad que tiene supone muchas visitas al taller…

– Día 18. Igual que con el coche. Pero con la casa. Valorar si se adapta al nuevo estilo de vida, si con una más pequeña o en otra zona te iría mejor. ¿Alquilar o comprar?

– Día 19. Trabajo. Esto es más utópico, pues hablan de valorar dejar el trabajo. Depende de la situación de cada uno, de los ahorros, de a qué te dediques, de si puedes trabajar como autónomo. Pero viene bien, en cualquier caso, una reflexión sobre qué estás haciendo con tu vida en ese aspecto, si eres feliz, si aspiras a más, mover contactos, echar currículums…

– Día 20. Salud y deporte. Simplificar la vida también conlleva deshacerse de comida basura, de lo que nos hace mal al cuerpo. Significa comer más sano y hacer ejercicio. En este caso se vuelve ovolácteo-vegetariano con consumo esporádico de pescado. También elimina de su dieta las harinas y azúcares. Normal que pierda 30 kilos en el proceso. No creo que haya que llegar al extremo de hacerse vegetariano, pero sí es buena idea eliminar aquello que no nos sienta bien, o que comemos por matar el tiempo. Al final, es organización en la rutina de las comidas, como en el resto del proceso. Recomienda comidas simples, con tres ingredientes y que no conlleven mucho tiempo en su preparación. También va unido al apartado gastos. Ser más conscientes de la comida que compramos, ir más al día y no almacenar por almacenar y todo lleno de productos cocinados y procesados. Aboga por un cambio, por comprar alimentos frescos que se consumen al poco de comprarlos sin dar tiempo a que se pudran, y, por tanto, a que se tire el dinero.

– Día 21. Tiempo. Optimización del tiempo. Como se supone que durante todo el camino se ha librado de cosas innecesarias, ha cambiado sus prioridades, se organiza en cuestiones de comida y ejercicio, pues también gana tiempo para los nuevos objetivos propuestos.

Quizá este cambio sea muy radical y no todos estemos por la labor de cambiar todo lo que sugieren en su blog. Pero sí que es verdad que hay veces que hay que pararse a reflexionar y a valorar lo que nos rodea, sea a nivel personal, profesional, compañías, modo de vida… Y puede que estés conforme con todo ello, que hayas conseguido tus metas o que estés en el camino. Pero la vida es un constante reto lleno de cambios.

También proponen un juego de 30 días en el que cada día nos desharíamos de algo. Comenzando el día 1 con un objeto, siguiendo el 2, con dos, el 3, con 3 y así sucesivamente hasta llegar al 30 y nos desvinculemos de treinta objetos. Todo un reto, pero más asequible que los 21 días hacia el minimalismo, ¿no?

Tal vez haya que deshacerse de objetos por la llegada de un nuevo miembro a la familia, por una mudanza, por falta de espacio, porque haces obras en casa… Y si no existe ese momento que nos obliga a revisar lo que guardamos en armarios, cajones y demás, yo creo que hay que provocarlo. Ojo, es mi forma de verlo, quizá debido a que soy un poco obsesa del orden, de la organización. Aunque también peco de Diógenes, como decía… Hace un par de años mis padres hicieron reforma en casa, y aunque yo ya no vivía allí, me costaba ver que se iban a deshacer de mis libros de EGB, ¡¡¡que guardaban hasta los de los primeros años!!!

Pero sí, como norma general me gusta el orden, la rutina, el saber dónde están las cosas, y no guardar cosas inútiles. Con la ropa es sencillo, pues cada cambio de temporada vacío el armario, me pruebo ropa, valoro lo que tengo, qué me vale, qué no, qué no está en sus mejores condiciones, si necesito algo… y después, vuelvo a colocarlo. A veces hago esto a mediados de temporada porque me da la sensación de que siempre me pongo lo mismo. En parte por el hecho de coger lo primero que veo al abrir el armario, que suele ser lo que está más visible, es decir, lo más reciente.

El haber hecho dos mudanzas en los últimos 3 años también ha ayudado, puesto que empaquetar y desempaquetar te lleva a plantearte para qué guardas tantas camisetas de publicidad para estar por casa. Y al final le das otros usos, como trapos, usarlas para pintar en la reforma…

Pero aparte de la ropa (y calzado, que sigo un proceso similar), que al final es algo que usamos a diario, el premio se lo llevan los recuerdos. Que si de un festival, de unas vacaciones, del instituto, de la facultad, que si un llavero que se me rompió… ¿Qué hacer con todo eso?

Y punto y aparte merece la electrónica, que evoluciona tan rápido que acumulamos gadgets anticuados pero que siguen funcionando. ¿Los guardamos para luego enseñárselos a futuras generaciones y ver cómo se sorprenden como ya vimos en este vídeo? Podríamos venderlos en alguna tienda de estas de segunda mano, pero no creo que nos den mucho por según qué objetos. Otra opción es poner un anuncio en internet y que llegue a manos de un coleccionista y que acumule él trastos… Desvestir a un santo para vestir a otro, vaya.

Además de hacer limpia, también hay que tener en cuenta un cambio de actitud en cuanto a nuevas adquisiciones, porque si no, no tiene sentido. Sobre todo para aquellos amigos del horror vacui, que allá donde ven un hueco, tienen que encontrarle un objeto. Es un cambio de actitud en un sentido amplio.

A mí desde luego me han hecho reflexionar. Y creo que guardo más cosas de las que debería. Creo que ya tengo nuevo propósito para septiembre. Veremos a ver dónde nos lleva el camino. No creo que me deshaga de la casa, el coche, la tele, ordenador… Pero de momento voy a plantearme de qué de objetos innecesarios puedo deshacerme.

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2 comentarios en “¿Almacenamos más de lo que deberíamos?

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