Crucero Capitales Bálticas. Etapa IV: Estocolmo

Recuperando una hora, llegamos a Estocolmo, Suecia. Bueno, realmente no llegamos a Estocolmo, sino a Nynäshamn, que debe ser más barato para atracar el barco. Y de hecho, no atraca, sino que fondea y después hay que coger una de las lanchitas de las narices (se nota que no me gustan, ¿no?). Estocolmo está a una hora en tren de Nynäshamn y la escala era larga, de 9 de la mañana a 19. A priori parece suficiente, pero Estocolmo tiene mucho para ver y se me quedó algo corta.

Nada más bajar de la lancha y pisar tierra, nos encontramos con la oficina de información, donde nos indican los horarios de los trenes a Estocolmo. Para llegar a la estación no hay pérdida, pues la acera está marcada por una línea azul. Sólo hay que seguirla durante unos 15 minutos. Los trenes salen cada media hora (a y 20 y a 50) y la vuelta con la misma frecuencia (a y 04 y a 34). Teniendo en cuenta que dura una hora y seis minutos el trayecto, teníamos como hora tope el de las 17:04 para estar a las 18:10 en Nynäshamn y llegar a tiempo para volver a puerto y tomar una de las lanchas que no fuera la última. Cogimos el tren de las 09:20, que llegaba a las 10:26, así que en realidad teníamos de 10:30 a 17:00 para ver Estocolmo, es decir unas seis horas y media. Ya digo que parece mucho tiempo, pero Estocolmo tiene mucho, mucho que ver.

Estocolmo

El billete, en realidad una tarjeta, se compra en un kiosco al lado del andén. Se trata de una tarjeta de 24 horas y que incluye el transporte de Estocolmo y Nynäshamn, así que nos servirá para ir y volver, y para movernos por Estocolmo. Se puede pagar con tarjeta (no llevábamos coronas suecas) y costaba en su momento al cambio unos 14€.

Nynäshamn

Estocolmo es la ciudad más grande del país. La moneda es la corona sueca y el idioma es el sueco, aunque dominan a la perfección el inglés, incluso la gente mayor. La ciudad tiene mucho que ver , consta de unas 14 islas unidas entre sí por más de 50 puentes. Nosotros nos centramos en pasear por la ciudad y no entramos a torres, museos o palacios. Sólo había dos museos que nos interesaban a priori: el Museo Vasa y el Skansen.

Museo Vasa. En él se encuentra el buque real Vasa, que se hundió en 1628 nada más salir de tierra. Cuando se deslizaba hacia la bocana del puerto, una repentina ráfaga de viento comenzó a soplar, se escoró y consiguió recuperarse, pero una segunda ráfaga golpeó el costado del barco, lo cual causó que el agua comenzara a entrar por las cañoneras y que el barco se fuera a pique. Fue sacado a flote y restaurado en 1961.

En la estación central de Estocolmo pedimos un mapa y que nos asesoraran sobre la ruta a seguir en el tiempo del que disponíamos, y la seca sueca (chica, si estás en información, sonríe un poco y da algo de información, no sólo un círculo al casco histórico…) nos dijo que tendríamos que priorizar y dejar algo fuera. Ya habíamos visto el de los barcos vikingos que sí navegaron en Oslo, así que decidimos visitar el Skansen en su lugar que parecía más interesante y era más grande.

Skansen

Es un museo al aire libre bastante peculiar. Se fundó en 1891 y es un pedazo de historia sueca en miniatura. Contiene más de 150 edificaciones histórico-culturales de los siglos XVIII, XIX y XX llevadas desde todos los puntos de Suecia.

Skansen

Skansen

Se parece al de Oslo, tiene casas temáticas para ver cómo trabajaban los herreros, panaderos, lecheros, profesores…

Skansen

Skansen

Las típicas construcciones, desde iglesias a casas con los tejados de paja o musgo

Skansen

Skansen

Skansen

Y además incorpora un zoo con animales salvajes y domesticados, linces, alces, renos, lobos…

Skansen

Skansen

Pero no sólo eso, sino que también tiene atracciones y restaurantes.

Skansen

Es una delicia para familias, de hecho estaba lleno de críos, parejas muy jóvenes con dos o tres críos en unos carros modo profesional.

Skansen

Ser padre en Suecia debe ser otro mundo.

Antes de marchar, es imprescindible asomarse a las vistas

Vistas desde el Skansen

Vistas desde el Skansen

Su entrada cuesta 20€. De nuevo pagamos con tarjeta sin problema.Está muy bien comunicado por tranvía (el 7), no tiene pérdida.

Tranvía

Se encuentra en la isla de Djugarden en un entorno muy bucólico y verde.

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Tras visitar el museo, de camino a la parada del tranvía, comimos unos bocadillos que nos habíamos hecho en el barco. Nos dirigimos al casco histórico, el Gamla Stan pasando por un par de museos.

Museo Biológico

Museo Nórdico

Estocolmo

Gamla Stan es la ciudad medieval llena de callejuelas y tiendas.

Gamla Stan

Las calles principales son Österlanggatan y Västerlanggatan, peatonales ambas y donde se encuentran la mayoría de las tiendas de recuerdos.

Estocolmo

Estocolmo

Estocolmo

Estocolmo

Recorrimos la Plaza Stortoget, donde se decapitaron a más de 80 nobles suecos en 1520. Fue una masacre que siguió a la invasión de Suecia por las fuerzas danesas.

Plaza Stortoget

Es el centro neurálgico, una plaza rodeada de casas aristocráticas desde donde salen callejuelas estrechas en todas direcciones. En ella se encuentra el viejo edificio de la Bolsa y la sede de la Academia Sueca.

Estocolmo

De ahí fuimos a la plaza del Palacio Real. Se construyó sobre un antiguo castillo medieval del siglo XIII que había sido destrozado por el fuego. Es la residencia oficial del rey de Suecia, aunque una parte está abierta al público y se puede visitar. Hay cambio de guardia a las 12:15, aunque nos llegamos a tiempo. Hay unos cañones de tamaño importante.

Palacio Real

Y de ahí, se puede ver el Parlamento.

Parlamento

Estocolmo

Esta es una zona de las que más me gustó de la ciudad. Por sus edificios, por lo viva que se veía la ciudad, por las vistas…

Estocolmo

Estocolmo

De vuelta, tras pasar el Palacio Real se encuentra Storkyrkan,  la catedral donde se han coronado muchos reyes suecos. Dentro de la iglesia se encuentran las famosas estatuas de San Jorge y el Dragón. Es la iglesia más antigua de Estocolmo y la sede de la diócesis. Está construida de ladrillo y sus muros están pintados de amarillo con detalles en blanco. Su estilo original es del gótico del siglo XIII, pero el exterior se remodeló en estilo barroco.

Storkyrkan

Para finalizar, nos dirigimos hacia el Ayuntamiento. Es uno de los lugares más conocidos y representativos de la parte administrativa de la ciudad.

Ayuntamiento

El banquete del Premio Nobel se celebra en uno de sus salones.  Está dominado por su torre que ofrece una vista panorámica de la ciudad.

Ayuntamiento

Ayuntamiento

Ayuntamiento

Ayuntamiento

Ayuntamiento

Vistas desde el Ayuntamiento

Es un buen lugar para sentarse y disfrutar de las vistas.

Y de ahí, volvimos a la estación para volver a Nynäshmn. Una vez en el pueblo quisimos dar un paseo, pero las tiendas habían cerrado a las 6 y no había mucho que ver. Parecía una ciudad de vacaciones. Así que volvimos a la lancha y al barco.

Teníamos por delante un día de navegación y descanso antes de pisar noch einmal tierras alemanas.

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Crucero Capitales Bálticas. Etapa III: Helsinki

La escala de hoy es Helsinki, la capital de Finlandia. Finlandia dependió de Suecia hasta 1812 que pasó a mano de los rusos. Finalmente, en 1917 se independizó. En 1995 entró en la Unión Europea y ha adoptado el Euro. Helsinki es el mayor centro político, educativo, financiero, cultural y de investigación, así como una de las ciudades más importantes del norte de Europa. En ella viven uno de cada cuatro finlandeses. Es una ciudad muy extensa, con espaciosas calles en las que se intercalan parques y jardines. Para ser un día de diario se respiraba tranquilidad, no había mucha gente por la calle. Fue fundada en 1550 como una rival de Tallín, que formaba parte de la Liga Hanseática. En un principio era un pueblo costero sin más importancia, pero con la construcción de la fortaleza de Suomenlinna creció su estatus. Sin embargo, no comenzó a cambiar hasta que no se anexionó Rusia el Gran Ducado de Finlandia.

Plano Helsinki

Helsinki tiene tres muelles. Nosotros llegamos al puerto más lejano, a Hernesaari y tuvimos un paseo hasta el centro, pero como la escala era desde las 9:00 hasta las 15:30 y la ciudad parecía asequible en una mañana, decidimos ir caminando tranquilamente y disfrutar de los 22º que teníamos. Todo un respiro con respecto a los 32 de los días en San Petersburgo. Además, está muy fácil, puesto que nada más bajar del barco encontramos un puesto de información con dos chicas de turismo, y una de ellas hablaba un español muy correcto.

Poste información

Así que le pedimos un mapa, nos señaló los puntos importantes, y seguimos la acera, cruzamos por una zona residencial donde había valientes bañándose, y nos adentramos en la ciudad.

Helsinki

Helsinki

Helsinki mapa centro

Realmente todo queda bastante cerca y agrupado. Tan sólo la Iglesia de Temppeliaukio y el Parque de Sibelius quedan más alejados. Pero aún así, se pueden ver tranquilamente dando un paseo por la ciudad y disfrutando de su calma, de la temperatura y de los lugareños, que siempre se dice de las suecas y de las rusas, altas, rubias, guapas, pero de todo el viaje, las que eran realmente atractivas eran las finlandesas. Y los finlandeses. Qué buenos genes, oye. De todas formas, si no se quiere caminar, hay un tranvía que lleva a ambos puntos y como se paga en Euros, no hay mucho problema.

El núcleo principal de la ciudad es la Plaza del Senado que está constituida por la Catedral Luterana, el Consejo del Estado, la Universidad y la Biblioteca Universitaria.

Plaza del Senado

Plaza del Senado

La Catedral es uno de los edificios que más impresionan. Se encuentra en lo alto de la plaza y hay que subir un buen número de escaleras.

Catedral

Es de color blanco nuclear y por dentro es muy sencilla.

Interior Catedral

Todo un contraste con lo último visto en Rusia. Justo delante tiene la estatua del zar Alejandro I de espaldas. De forma que se vea el conjunto desde la cera de enfrente.

Catedral y estatua del zar Alejandro I

Cerca de estos edificios se encuentra la Plaza del Mercado, que está cerca uno de los puertos y tiene unos puestos interesantes de souvenires y todo de tipo de objetos finlandeses como utensilios de madera o de cuerno de arce, jarabe y salami de remo, comida, vodka… y el Palacio Presidencial, que fue durante mucho tiempo la residencia de los zares y después, tras la independencia, de los presidentes.

Plaza del Mercado

Helsinki

Si la Catedral de la Plaza del Senado era muy sencilla y límpida, nos llevamos el contraste con la Catedral Ortodoxa de Uspenski. Situada en un alto desde donde se divisa gran parte de la ciudad. Es la iglesia ortodoxa más grande de Europa Occidental. De ladrillo rojo e interior de mosaicos, merece mucho la pena echarle un vistazo por el contraste con la anterior. Se nota su influencia rusa.

Catedral Ortodoxa de Uspenski

Visitándola por dentro parece que hubiéramos vuelto a Rusia.

Interior Catedral Ortodoxa de Uspenski

Interior Catedral Ortodoxa de Uspenski

Interior Catedral Ortodoxa de Uspenski

Por fuera me gusta más, sobre todo las vistas de la catedral.

Vistas de la catedral

Vista de la Catedral

De ahí nos dirigimos a la Estación de ferrocarril de Rautatientori. En sus alrededores hay calles peatonales, tiendas, restaurantes. Y un McDonald’s que me vino muy bien por su WiFi gratuita.

Estación de ferrocarril de Rautatientori

Estación de ferrocarril de Rautatientori

En la Plaza del Ferrocarril se encuentra la estatua de Aleksis Kivi, escritor finlandés.

Plaza del Ferrocarril

Y más lejos, como decía al principio, se encuentra la famosa la Iglesia de Temppeliaukio, uno de los principales templos luteranos de la ciudad. Está excavada en una roca, no tiene para nada forma de iglesia, sino que su planta es circular. Las paredes del templo son de roca viva, tiene una cúpula de bronce y cristal que permite eque entre la luz natural. No sólo se usa como iglesia, sino que también se celebran actos y conciertos por su buena acústica. Está tan integrada en la roca, que se puede subir por fuera a su parte superior.

Iglesia de Temppeliaukio

Y para terminar la visita, nos dimos un paseo por el Helsinki verde hasta el Monumento a Sibelius. Se encuentra en un parque del mismo nombre, y es un  monumento muy peculiar realizado con tubos de metal plateados.

Monumento a Sibelius

Monumento a Sibelius

Es muy original y es interesante hacer sonido y oír cómo nos devuelve el eco los tubos.

Monumento a Sibelius

Tras visitar el parque, comenzamos el regreso disfrutando del paseo y de los espacios verdes y ajardinados, aunque alguno de ellos fuera un cementerio. Eso sí, con su clasificación religiosa y todo.

Cementerio

Retomamos el camino al lado del mar hasta llegar al barco donde comimos y salimos de rumbo a Suecia.

Helsinki

Helsinki

Una pena que la parada no hubiera sido un pelín más larga para habernos podido acercar a Porvoo, un pueblecito que dicen que es muy chulo. Pero había que coger un bus y no había mucha frecuencia de comunicación. Así que, otra vez será.

Crucero Capitales Bálticas. Etapa II: San Petersburgo II

Tras el ajetreo del primer día, salimos este con el mismo sistema del anterior, aunque el control de pasaportes fue algo más rápido. Mientras que el primer día nos quedamos en San Petersburgo, este hicimos excursiones a las afueras. Nos llevaron en autobús y durante el recorrido vimos la Rusia profunda, la Rusia soviet, con esos edificios típicos, con los trolebuses y los carteles en cirílico.

San Petersburgo

San Petersburgo

San Petersburgo

Nuestra primera parada fue el Palacio de Peterhof, un conjunto de palacio y parque a unos 29 km de San Petersburgo. Toma este nombre tan alemán de la ciudad donde se encuentra (llamado antiguamente Petrodvoréts). El conjunto de palacio y parque forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Palacio de Peterhof

Consta de un Palacio Grande de estilo barroco y un gran parque lleno de jardines y fuentes con estaturas doradas, cómo no, al más puro estilo ruso.

Palacio de Peterhof

Palacio de Peterhof

Fue la residencia de los zares hasta 1917, a partir de ahí, se convirtió en museo. En la Segunda Guerra Mundial llegaron los alemanes y lo invadieron, pero afortunadamente, antes de su asedio se pudieron salvar cuadros, objetos de decoración y estatuas que se llevaron a Siberia (vete allí a por ello). Tras la marcha de los amigos de Hitler, se comenzó a restaurar el Palacio.

Palacio de Peterhof

La zona ajardinada se divide en dos parques, el Superior, con cinco fuentes, y el Inferior que tiene más de 100 hectáreas.

Jardines Peterhof

Fuentes del Peterhof

Al parecer lo llaman el Versalles ruso. Está bien el encuadre bucólico y verde, con las fuentes, los caminos, pabellones y demás, pero me quedo con La Granja. A mí este estilo tan saturado de decoración y de oros me supera. Y es que en general, no soy mucho de palacios, al menos por dentro, el Palacio Real de Madrid por fuera me parece un edificio emblemático.

Fuentes Peterhof

Por cierto, que por la zona del palacio hay dos personajes disfrazados de los zares, para que te hagas la foto y mueras al acercarte, porque no quiero ni pensar cómo huelen debajo de esos trajes. Por cierto, los rusos… eh, muy rusos, esa cara tan eslava, tan soviet. Aún buscamos a las rusas guapas.

San Petersburgo

Cuando salimos del Palacio, eran las 2 y nos llevaron a comer. De nuevo el mismo menú que el día anterior: sopa (aunque esta con una salsa blanca agria que había que mezclar), la ensaladilla y el crep. Lo único que varió fue el filete ruso empanado que nos lo sustituyeron por ternera en salsa con patata. No soy nada amiga de la ternera, pero he de reconocer que con la salsa estaba muy rica.

Comida

Tras reponer fuerzas y echarnos la siesta por el camino, nos llevaron al Palacio de Catalina en Pushkin. Recibe este nombre porque Pedro el Grande se lo regaló a su mujer. Después su hija Isabel la Gastona se encargó de remodelarlo y dejarlo al estilo ruso. Vamos, recargado a más no poder dejándose la herencia paterna en el camino. De ahí su apodo.

Palacio de Catalina en Pushkin

El edificio, con los típicos colores del barroco ruso: azul, blanco y dorado, es diferente a lo que tenemos por este lado de Europa. Sí, hay grandes salas, butacones tapizados, cuadros, decoración… pero es todo más. Más recargado, más decorado, con más cuadros, con más detalles…

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

Sala Peterhof

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

Palacio de Catalina en Pushkin

La joya del Palacio es la Sala de Ámbar, la única en la que no se pueden hacer fotos. El nombre lo dice todo. No es que tenga adornos en ámbar, es que las paredes están recubiertas de trozos de ámbar por todos lados. Y donde no lo hay, pintaron la pared de un color similar y pusieron espejos. Una saturación. Fue un regalo de Wilhelm I de Prusia a Pedro el Grande, ya que el zar lo había alabado (yo creo que Guillermo estaba deseando deshacerse de ella). En un principio la pusieron en el Palacio de Invierno, en el Hermitage, pero Isabel la Gastona se la llevó a Pushkin para recargar más el palacio. La que se puede visitar hoy en día está restaurada, ya que los alemanes hicieron de las suyas y se llevaron los paneles.

Palacio de Catalina en Pushkin

También se pueden encontrar trajes y objetos que pertenecieron a los zares

Vestimenta zares

Esta visita se me hizo algo cansina, no sé si por la acumulación de estilo ruso, por el tiempo en el bus, por el cansancio acumulado, o por el tiempo que estuvimos esperando antes de entrar. Supongo que también influyeron los 30º que teníamos allá por el 14 de julio. Por cierto, antes de entrar, te tienes que poner unas calzas para proteger el suelo del palacio.

Protección

Para finalizar el tour y el día, nos llevaron de vuelta a San Petersburgo para ver la Fortaleza de Pedro y Pablo y la catedral del mismo nombre. Cuando Pedro el Grande escogió una de las pequeñas islas del delta del Neva para construir la nueva ciudad, comenzó con esta fortaleza para protegerse de los ataques por el Báltico. Hoy en día la zona de la fortaleza sirve de playa para los rusitos, que se van a tomar el sol y ponerse morenos. Según nos contó nuestra guía, hay zonas en donde te encuentras nudistas, de hecho, vimos a un señor en tanga sin ningún tipo de pudor. Debe ser que tienen tan pocos días de sol que intentan aprovecharlos al máximo.

Nudistas

La catedral es mucho más sencilla, al menos por fuera. Me sorprendió, e incluso me pareció insulsa y todo.

San Petersburgo

San Petersburgo

San Petersburgo

Para finalizar, nos llevaron de vuelta al barco pues zarpábamos a las 20 horas rumbo a Finlandia.

En algún momento de la excursión, no sé si fue el primer día o el segundo, nos llevaron de compras a una megatienda. Deben tener algún tipo de acuerdo y los guías llevan sus excursiones allí y se llevarán comisión. Allí nos dejaron como una hora de libre disposición para comprar souvenirs, degustar vodka y pasar por el baño. Entre los recuerdos típicos de Rusia no pueden fallar el vodka, el caviar (aunque en el barco no podíamos subir comida), las matrioscas – que puedes encontrarlas sin decorar para que las pintes, o decoradas con mejor o peor gusto-

matrioscas

joyas de ámbar

joyas de ámbar

y los famosos huevos de Fabergé.

huevos de Fabergé

Yo no conocía la historia de estos huevos, pero los vimos por todos lados. Al parecer es un tipo de joya que creó el señor Fabergé para los zares de Rusia y desde entonces se consideran una gran obra maestra de la joyería. A mí me parece que reflejan ese estilo ruso de decoración en demasía. La historia es como la del huevo Kinder. Alejandro III encargó un huevo de Pascua para su esposa, la emperatriz María. A partir de ese día, cada año por la misma fecha, encargaba un huevo para la zarina con la condición de que fuera único y que tuviera una sorpresa. Le faltaba lo de que fuera comestible para que cumpliera con los tres deseos del dulce.

Por cierto, que no he comentado nada del cambio de moneda. Y es que la excursión tenía precio en Euros, y con nuestra moneda pagamos. Como te llevan, te traen, sacan las entradas y demás, no gastas nada. Lo único, los recuerdos, y en la tienda aceptaban Euros, Dólares y Rublos. Quizá el cambio esté un poco redondeado, pero si sólo vas a comprar cuatro recuerdos, como nosotros, no compensa llevar rublos. Y si no, siempre puedes pagar con tarjeta.

Próxima parada: Helsinki.

Crucero Capitales Bálticas. Etapa II: San Petersburgo

Ir de turista a Rusia no es tan fácil como a otros destinos de los que os he hablado. Como españoles necesitamos un visado que cuesta como unos 70€ por persona y no es tan fácil de conseguir. Tiene que figurar dónde vas a hacer noche. Y dado que íbamos a dormir en un barco, no parecía factible recorrer San Petersburgo por nuestra cuenta. Por no hablar del idioma, la grafía… Así que me dediqué a investigar por internet, en foros y demás para ver qué opciones teníamos y al final la más sencilla era contratar excursión. Hay dos opciones: la del barco, o la de una empresa de allí, que fue lo que elegimos nosotros. Hay varias empresas, pero el recorrido y el precio es prácticamente el mismo. Unos 250€ por dos días. Eso sí, la de Pullmantur costaba el doble.

Son dos días bastante completos, la verdad. Visita a museos, palacios, iglesias, comida, recorrido nocturno… Nosotros elegimos la compañía I Love Travel PB. Ellos se encargan de todo. Tramitan el tema del visado y te recogen en el puerto tras pasar el control de pasaportes. Vaya momentazo. Mira que dicen de EEUU, pero no me he sentido tan incómoda como en San Petersburgo mientras me miraban el pasaporte y me repasaban de arriba a abajo. Los funcionarios en cuestión no te hablan. Saben que no vas a entender ruso y generalmente no hablan otro idioma. Pero es que les dices un Hello y ni te miran, que parece que te estén perdonando la vida. Son un poco siesos los rusitos. Sólo hay que tener en cuenta una cosa: llevar el pasaporte y la hoja que te manda la empresa de la excursión con tu hora de salida.

Hoja de Excursión

Tras comprobar los datos, te meten en el pasaporte una hojita con tus datos básicos en cirílico, te sellan, y puedes pisar oficialmente tierra rusa. Al volver a cruzar de vuelta al barco, se quedan con el papel ruso.

Hoja pasaporte

El segundo día lo mismo: pasaporte, y la hoja de la excursión.

Una vez pasado el control, salimos afuera y seguimos las indicaciones del señor con el cartel de la compañía que nos mandó a nuestro bus aparcado fuera. Nos tocó una guía muy maja, Natalya. Hablaba muy bien español y muy rápido, que mira que yo me embalo, pero lo de esta chica era alucinante. Y también se iba moviendo cual colibrí enseñándonos cada lugar. Pero sin duda, lo mejor era ese toque irónico que tenía, la forma de comentarnos las cosas, de explicar la historia de la ciudad, de hablarnos de los “rusitos” como los llamaba ella. Aunque no somos de ir en excursiones organizadas, sin duda, a ella le daría muy buena nota. Lo de los compañeros de viaje… mejor lo dejamos aparte.

La verdad es que teníamos la llegada prevista a las 10, pero salimos con retraso de Tallín por el último vuelo. Así pues, zarpamos casi una hora tarde, y llegamos a San Petersburgo a las 11. Como primero bajan los de las excursiones de la naviera, hasta por lo menos las 12 no estábamos fuera y montados en el bus. Lo primero es tomárselo con calma y no estresarse, porque si no, acabas por tirarte por la borda.

San Petersburgo es la segunda ciudad en importancia de Rusia. Está llena de historia, sobre todo de los zares y en particular de Pedro, el Grande, el fundador de la ciudad en 1703. A Pedro no le gustaba Moscú, así que fundó una nueva capital más próxima a Europa, que fuera más abierta, más moderna. Había vivido en el extranjero y viajado, y quería abrir el país. Qué mejor forma que hacerlo dando salida al mar, y para ello se lió la manta a la cabeza y se lanzó a la guerra contra los suecos. La ubicación geográfica de la ciudad hizo que se la llamara como “La ventana a Europa” y se construyó de manera artificial, no es una ciudad que creciera y ganara importancia, sino que se creó para ser capital. También se la llama la “Venecia del norte” por los canales, pero lo cierto es que Pedro tenía en mente Ámsterdam tras haber vivido en los Países Bajos.

La residencia de Pedro fue el Palacio de Invierno, un palacio enorme, con una fachada barroca de un color verde pastel. Se encuentra en la Plaza del Palacio, muy original, sí, y hoy en día se ha convertido en el Museo del Hermitage.

Hermitage

Entrada Hermitage

Uno de los imprescindibles en la ciudad y que fue nuestra primera parada. Es enorme, cuenta con más de 3 millones de obras de arte de todo tipo. Es inmenso, y ya en su entrada te quedas anonadado de la ostentación de los rusos.

Museo del Hermitage

Las paredes, el techo, los suelos, las ventanas… todo está lleno de detalles, de ornamentación, de decoración. Es una saturación para los sentidos.

Hermitage

Águila bicéfala en Hermitage

En la Sala de Pabellones cobra importancia el reloj” Pavo Real”. Se trata de una obra inglesa del siglo XVIII. Cuando el reloj da las horas, el pavo real instalado en un roble, abre su opulenta cola y da la vuelta mostrándola.

Pavo Real

En la Sala de San Jorge o Sala Grande del Trono hay que reconocer el detallismo de la maquetería, puesto que el dibujo del techo reproduce el del suelo o viceversa. Y también, por supuesto, el trono y el escudo del águila bicéfala. Presente también en más salas.

Sala Grande del Trono

Es impresionante la sala de Escudos, en la que emplearon 13 Kg de oro.

Realmente cada sala tiene algo peculiar, pero el suelo está muy bien mantenido en todo el museo.

Suelo Hermitage

En el Hermitage Viejo se encuentran las obras de los maestros del renacimiento italiano.Y destacan dos cuadros de Da Vinci: La Madona Benois y la Madona Litta

Madona. Da Vinci

En las salas grandes del Hermitage Nuevo podemos encontrar enormes jarrones o vasijas de malaquita y lapislázuli, descubrimos exposiciones de pintura italiana y española con cuadros de El Greco, Murillo, Goya o Velázquez, como El Almuerzo

Hermitage

Vasija Hermitage

El Almuerzo

Hay cinco salas con obras de Rubens, desde las más tempranas hasta las últimas, de Van Dyck, de los impresionistas y post-impresionistas franceses, de Monet, Cezanne, Van Gogh, Picasso… Es imposible verlo todo, pero es imprescindible detenerse ante El regreso del hijo pródigo de Rembrandt

El regreso del hijo pródigo de Rembrandt

Se dice que si una persona dedicara solo un minuto a contemplar cada pieza expuesta del museo y pasara en el Hermitage , siguiendo el horario del museo, 7 horas diarias 6 días a la semana sin ninguna parada ni para comer, necesitaría mas de cinco años  para verlas todas. Nosotros lo recorrimos a estilo Natalya en un par de horas, un poco a lo japonés: llegas a una sala, miras cuadros, foto, foto, foto y siguiente sala.

Plaza del Palacio

Tras visitar el museo, nos llevaron a comer. Hubo gente que se quejó bastante por la comida, pero a mí me pareció aceptable, y eso que soy de estómago delicado. El “restaurante” quizá era un tanto tétrico, con espejos en el techo de los baños, pero la comida estaba rica.

Comida

De primero sopa de remolacha. Muy rica, y eso que no soy mucho de sopas de colores raros. De segundo ensaladilla rusa. Es similar a la nuestra, pero tenía un toque a pepinillo y especias que le daba un punto. De tercero puré de patata con filete ruso, pero el empanado era diferente al que hacemos nosotros. Y de postre una crepe con chocolate blanco y sirope de fresa.

Yo vi el menú bastante completo, la verdad. Al principio nos pusieron agua con gas, que es lo que te encuentras normalmente más arriba de los Pirineos, pero la gente se quejó bastante y nos pusieron agua del grifo. Yo soy previsora y llevaba una botellita de agua del barco, por aquello de que te vas a pasar el día fuera y no sabes qué te vas a encontrar. Pero aún así, no me parece tan grave como para montar la que montaron. Pero en fin, es lo malo de viajar en grupo con gente que no conoces, que llegas a sentir vergüenza ajena. La verdad es que no sé qué comerán en sus casas, pero me parece fuera de lugar quejarse por dicho menú o porque los rusos beban agua con gas o no coman con pan. Prefiero fijarme en la cantidad, calidad y limpieza del establecimiento. Pero bueno…

Con el estómago lleno, algunos más que otros, nos llevaron a la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Tiene este nombre tan peculiar porque fue construida sobre el lugar donde el zar Alejandro II fue asesinado en 1881. Dentro de la iglesia se puede observar la parte de la calzada donde ocurrió.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Pero además, tiene historia, pues durante la II Guerra Mundial una bomba cayó encima de la cúpula más alta pero no explotó y se encontró 19 años después cuando los obreros subieron a reparar unas goteras. La iglesia por fuera es muy bonita y colorida, con esas cúpulas de cebolla tan típicas de la arquitectura rusa.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Por dentro… me quedo sin palabras para describirlo. Es ruso. Ostentación, decoración, horror vacui. No hay un hueco, hay pinturas por todas las paredes, por no hablar del oro (que no es dorado, no, es oro de verdad). Me llamó la atención por lo recargada que es, por todos los detalles, pero salí abrumada, como del Hermitage. Estos rusos no escatiman en decoración, está claro. Y yo soy más estilo noruego, minimalista.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Continuamos nuestra visita entrando al metro. ¿Al metro? Sí, eso pensé yo cuando lo vi en la ruta que me mandaron por correo de la agencia. Resulta que el metro de San Petersburgo es el más profundo del mundo con una media de 6m. Con escaleras y escaleras. Es toda una obra de ingeniería, puesto que han tenido que evitar los ríos, entre ellos el Neva, el más caudalosos de Europa con una profundidad de casi 25m. El suburbano es un museo en sí. Tiene esculturas y mosaicos con historia.

Mosaico Metro

Mosaico Metro

Bajada al metro

Merece la pena disfrutar también de los recibidores y andenes. Eso sí, los vagones son soviet, soviet, aún duran desde la época de Lenin, y están bastante bien conservados. Hay algunos del metro de Madrid que se conservan peor.

Panel Metro

Panel Metro

Metro

Para entrar hay que pasar unos tornos, pero no se pica el billete, ni va por tarjeta de contacto, sino que tienes que introducir unas monedas de cobre. Muy peculiar la experiencia en sí.

monedas metro

Tornos

Para finalizar la tarde, hicimos un crucero por el río. Una perspectiva diferente de los edificios y los puentes. El bus nos recogió junto a la Catedral de San Isaac. No tan impresionante como la Sangre derramada, pero con una cúpula revestida de 100kg de oro puro.

Catedral de San Isaac

Catedral de San Isaac

Catedral de San Isaac

Volvimos a cenar al barco y nos volvieron a recoger a las 23 horas para ver el espectáculo de los puentes levadizos.

Anochecer en San Petersburgo

San Petersburgo tiene más de 300 puentes sobre el Neva y el Moika, de ellos, 20 son levadizos. En la época en que el río Neva es navegable, sobre la 1 de la madrugada, los puentes se levantan y no vuelven a bajar hasta el día siguiente. Algo a tener en cuenta si no quieres quedarte atrapado en el lado equivocado de la ciudad.

Puentes levadizos

Puentes levadizos

En las dos horas previas, hicimos un recorrido panorámico y volvimos a la Iglesia sobre la sangre derramada

Iglesia sobre la sangre derramada

o la Plaza del Palacio. Una pena no tener una cámara adecuada para fotos nocturnas.

Plaza del Palacio

Un día completito y aún así nos quedaba un segundo para seguir descubriendo la ciudad rusa. Volvimos al barco a descansar, porque entre tanto cambio horario y el trajín del día, estábamos rendidos.