Crucero Capitales Bálticas. Etapa II: San Petersburgo

Ir de turista a Rusia no es tan fácil como a otros destinos de los que os he hablado. Como españoles necesitamos un visado que cuesta como unos 70€ por persona y no es tan fácil de conseguir. Tiene que figurar dónde vas a hacer noche. Y dado que íbamos a dormir en un barco, no parecía factible recorrer San Petersburgo por nuestra cuenta. Por no hablar del idioma, la grafía… Así que me dediqué a investigar por internet, en foros y demás para ver qué opciones teníamos y al final la más sencilla era contratar excursión. Hay dos opciones: la del barco, o la de una empresa de allí, que fue lo que elegimos nosotros. Hay varias empresas, pero el recorrido y el precio es prácticamente el mismo. Unos 250€ por dos días. Eso sí, la de Pullmantur costaba el doble.

Son dos días bastante completos, la verdad. Visita a museos, palacios, iglesias, comida, recorrido nocturno… Nosotros elegimos la compañía I Love Travel PB. Ellos se encargan de todo. Tramitan el tema del visado y te recogen en el puerto tras pasar el control de pasaportes. Vaya momentazo. Mira que dicen de EEUU, pero no me he sentido tan incómoda como en San Petersburgo mientras me miraban el pasaporte y me repasaban de arriba a abajo. Los funcionarios en cuestión no te hablan. Saben que no vas a entender ruso y generalmente no hablan otro idioma. Pero es que les dices un Hello y ni te miran, que parece que te estén perdonando la vida. Son un poco siesos los rusitos. Sólo hay que tener en cuenta una cosa: llevar el pasaporte y la hoja que te manda la empresa de la excursión con tu hora de salida.

Hoja de Excursión

Tras comprobar los datos, te meten en el pasaporte una hojita con tus datos básicos en cirílico, te sellan, y puedes pisar oficialmente tierra rusa. Al volver a cruzar de vuelta al barco, se quedan con el papel ruso.

Hoja pasaporte

El segundo día lo mismo: pasaporte, y la hoja de la excursión.

Una vez pasado el control, salimos afuera y seguimos las indicaciones del señor con el cartel de la compañía que nos mandó a nuestro bus aparcado fuera. Nos tocó una guía muy maja, Natalya. Hablaba muy bien español y muy rápido, que mira que yo me embalo, pero lo de esta chica era alucinante. Y también se iba moviendo cual colibrí enseñándonos cada lugar. Pero sin duda, lo mejor era ese toque irónico que tenía, la forma de comentarnos las cosas, de explicar la historia de la ciudad, de hablarnos de los “rusitos” como los llamaba ella. Aunque no somos de ir en excursiones organizadas, sin duda, a ella le daría muy buena nota. Lo de los compañeros de viaje… mejor lo dejamos aparte.

La verdad es que teníamos la llegada prevista a las 10, pero salimos con retraso de Tallín por el último vuelo. Así pues, zarpamos casi una hora tarde, y llegamos a San Petersburgo a las 11. Como primero bajan los de las excursiones de la naviera, hasta por lo menos las 12 no estábamos fuera y montados en el bus. Lo primero es tomárselo con calma y no estresarse, porque si no, acabas por tirarte por la borda.

San Petersburgo es la segunda ciudad en importancia de Rusia. Está llena de historia, sobre todo de los zares y en particular de Pedro, el Grande, el fundador de la ciudad en 1703. A Pedro no le gustaba Moscú, así que fundó una nueva capital más próxima a Europa, que fuera más abierta, más moderna. Había vivido en el extranjero y viajado, y quería abrir el país. Qué mejor forma que hacerlo dando salida al mar, y para ello se lió la manta a la cabeza y se lanzó a la guerra contra los suecos. La ubicación geográfica de la ciudad hizo que se la llamara como “La ventana a Europa” y se construyó de manera artificial, no es una ciudad que creciera y ganara importancia, sino que se creó para ser capital. También se la llama la “Venecia del norte” por los canales, pero lo cierto es que Pedro tenía en mente Ámsterdam tras haber vivido en los Países Bajos.

La residencia de Pedro fue el Palacio de Invierno, un palacio enorme, con una fachada barroca de un color verde pastel. Se encuentra en la Plaza del Palacio, muy original, sí, y hoy en día se ha convertido en el Museo del Hermitage.

Hermitage

Entrada Hermitage

Uno de los imprescindibles en la ciudad y que fue nuestra primera parada. Es enorme, cuenta con más de 3 millones de obras de arte de todo tipo. Es inmenso, y ya en su entrada te quedas anonadado de la ostentación de los rusos.

Museo del Hermitage

Las paredes, el techo, los suelos, las ventanas… todo está lleno de detalles, de ornamentación, de decoración. Es una saturación para los sentidos.

Hermitage

Águila bicéfala en Hermitage

En la Sala de Pabellones cobra importancia el reloj” Pavo Real”. Se trata de una obra inglesa del siglo XVIII. Cuando el reloj da las horas, el pavo real instalado en un roble, abre su opulenta cola y da la vuelta mostrándola.

Pavo Real

En la Sala de San Jorge o Sala Grande del Trono hay que reconocer el detallismo de la maquetería, puesto que el dibujo del techo reproduce el del suelo o viceversa. Y también, por supuesto, el trono y el escudo del águila bicéfala. Presente también en más salas.

Sala Grande del Trono

Es impresionante la sala de Escudos, en la que emplearon 13 Kg de oro.

Realmente cada sala tiene algo peculiar, pero el suelo está muy bien mantenido en todo el museo.

Suelo Hermitage

En el Hermitage Viejo se encuentran las obras de los maestros del renacimiento italiano.Y destacan dos cuadros de Da Vinci: La Madona Benois y la Madona Litta

Madona. Da Vinci

En las salas grandes del Hermitage Nuevo podemos encontrar enormes jarrones o vasijas de malaquita y lapislázuli, descubrimos exposiciones de pintura italiana y española con cuadros de El Greco, Murillo, Goya o Velázquez, como El Almuerzo

Hermitage

Vasija Hermitage

El Almuerzo

Hay cinco salas con obras de Rubens, desde las más tempranas hasta las últimas, de Van Dyck, de los impresionistas y post-impresionistas franceses, de Monet, Cezanne, Van Gogh, Picasso… Es imposible verlo todo, pero es imprescindible detenerse ante El regreso del hijo pródigo de Rembrandt

El regreso del hijo pródigo de Rembrandt

Se dice que si una persona dedicara solo un minuto a contemplar cada pieza expuesta del museo y pasara en el Hermitage , siguiendo el horario del museo, 7 horas diarias 6 días a la semana sin ninguna parada ni para comer, necesitaría mas de cinco años  para verlas todas. Nosotros lo recorrimos a estilo Natalya en un par de horas, un poco a lo japonés: llegas a una sala, miras cuadros, foto, foto, foto y siguiente sala.

Plaza del Palacio

Tras visitar el museo, nos llevaron a comer. Hubo gente que se quejó bastante por la comida, pero a mí me pareció aceptable, y eso que soy de estómago delicado. El “restaurante” quizá era un tanto tétrico, con espejos en el techo de los baños, pero la comida estaba rica.

Comida

De primero sopa de remolacha. Muy rica, y eso que no soy mucho de sopas de colores raros. De segundo ensaladilla rusa. Es similar a la nuestra, pero tenía un toque a pepinillo y especias que le daba un punto. De tercero puré de patata con filete ruso, pero el empanado era diferente al que hacemos nosotros. Y de postre una crepe con chocolate blanco y sirope de fresa.

Yo vi el menú bastante completo, la verdad. Al principio nos pusieron agua con gas, que es lo que te encuentras normalmente más arriba de los Pirineos, pero la gente se quejó bastante y nos pusieron agua del grifo. Yo soy previsora y llevaba una botellita de agua del barco, por aquello de que te vas a pasar el día fuera y no sabes qué te vas a encontrar. Pero aún así, no me parece tan grave como para montar la que montaron. Pero en fin, es lo malo de viajar en grupo con gente que no conoces, que llegas a sentir vergüenza ajena. La verdad es que no sé qué comerán en sus casas, pero me parece fuera de lugar quejarse por dicho menú o porque los rusos beban agua con gas o no coman con pan. Prefiero fijarme en la cantidad, calidad y limpieza del establecimiento. Pero bueno…

Con el estómago lleno, algunos más que otros, nos llevaron a la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Tiene este nombre tan peculiar porque fue construida sobre el lugar donde el zar Alejandro II fue asesinado en 1881. Dentro de la iglesia se puede observar la parte de la calzada donde ocurrió.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Pero además, tiene historia, pues durante la II Guerra Mundial una bomba cayó encima de la cúpula más alta pero no explotó y se encontró 19 años después cuando los obreros subieron a reparar unas goteras. La iglesia por fuera es muy bonita y colorida, con esas cúpulas de cebolla tan típicas de la arquitectura rusa.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Por dentro… me quedo sin palabras para describirlo. Es ruso. Ostentación, decoración, horror vacui. No hay un hueco, hay pinturas por todas las paredes, por no hablar del oro (que no es dorado, no, es oro de verdad). Me llamó la atención por lo recargada que es, por todos los detalles, pero salí abrumada, como del Hermitage. Estos rusos no escatiman en decoración, está claro. Y yo soy más estilo noruego, minimalista.

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

Continuamos nuestra visita entrando al metro. ¿Al metro? Sí, eso pensé yo cuando lo vi en la ruta que me mandaron por correo de la agencia. Resulta que el metro de San Petersburgo es el más profundo del mundo con una media de 6m. Con escaleras y escaleras. Es toda una obra de ingeniería, puesto que han tenido que evitar los ríos, entre ellos el Neva, el más caudalosos de Europa con una profundidad de casi 25m. El suburbano es un museo en sí. Tiene esculturas y mosaicos con historia.

Mosaico Metro

Mosaico Metro

Bajada al metro

Merece la pena disfrutar también de los recibidores y andenes. Eso sí, los vagones son soviet, soviet, aún duran desde la época de Lenin, y están bastante bien conservados. Hay algunos del metro de Madrid que se conservan peor.

Panel Metro

Panel Metro

Metro

Para entrar hay que pasar unos tornos, pero no se pica el billete, ni va por tarjeta de contacto, sino que tienes que introducir unas monedas de cobre. Muy peculiar la experiencia en sí.

monedas metro

Tornos

Para finalizar la tarde, hicimos un crucero por el río. Una perspectiva diferente de los edificios y los puentes. El bus nos recogió junto a la Catedral de San Isaac. No tan impresionante como la Sangre derramada, pero con una cúpula revestida de 100kg de oro puro.

Catedral de San Isaac

Catedral de San Isaac

Catedral de San Isaac

Volvimos a cenar al barco y nos volvieron a recoger a las 23 horas para ver el espectáculo de los puentes levadizos.

Anochecer en San Petersburgo

San Petersburgo tiene más de 300 puentes sobre el Neva y el Moika, de ellos, 20 son levadizos. En la época en que el río Neva es navegable, sobre la 1 de la madrugada, los puentes se levantan y no vuelven a bajar hasta el día siguiente. Algo a tener en cuenta si no quieres quedarte atrapado en el lado equivocado de la ciudad.

Puentes levadizos

Puentes levadizos

En las dos horas previas, hicimos un recorrido panorámico y volvimos a la Iglesia sobre la sangre derramada

Iglesia sobre la sangre derramada

o la Plaza del Palacio. Una pena no tener una cámara adecuada para fotos nocturnas.

Plaza del Palacio

Un día completito y aún así nos quedaba un segundo para seguir descubriendo la ciudad rusa. Volvimos al barco a descansar, porque entre tanto cambio horario y el trajín del día, estábamos rendidos.

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11 comentarios en “Crucero Capitales Bálticas. Etapa II: San Petersburgo

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