Crucero Capitales Bálticas. Etapa III: Helsinki

La escala de hoy es Helsinki, la capital de Finlandia. Finlandia dependió de Suecia hasta 1812 que pasó a mano de los rusos. Finalmente, en 1917 se independizó. En 1995 entró en la Unión Europea y ha adoptado el Euro. Helsinki es el mayor centro político, educativo, financiero, cultural y de investigación, así como una de las ciudades más importantes del norte de Europa. En ella viven uno de cada cuatro finlandeses. Es una ciudad muy extensa, con espaciosas calles en las que se intercalan parques y jardines. Para ser un día de diario se respiraba tranquilidad, no había mucha gente por la calle. Fue fundada en 1550 como una rival de Tallín, que formaba parte de la Liga Hanseática. En un principio era un pueblo costero sin más importancia, pero con la construcción de la fortaleza de Suomenlinna creció su estatus. Sin embargo, no comenzó a cambiar hasta que no se anexionó Rusia el Gran Ducado de Finlandia.

Helsinki tiene tres muelles. Nosotros llegamos al puerto más lejano, a Hernesaari y tuvimos un paseo hasta el centro, pero como la escala era desde las 9:00 hasta las 15:30 y la ciudad parecía asequible en una mañana, decidimos ir caminando tranquilamente y disfrutar de los 22º que teníamos. Todo un respiro con respecto a los 32 de los días en San Petersburgo. Además, está muy fácil, puesto que nada más bajar del barco encontramos un puesto de información con dos chicas de turismo, y una de ellas hablaba un español muy correcto. Así que le pedimos un mapa, nos señaló los puntos importantes, y seguimos la acera, cruzamos por una zona residencial donde había valientes bañándose, y nos adentramos en la ciudad.

Helsinki mapa centro

Realmente todo queda bastante cerca y agrupado. Tan sólo la Iglesia de Temppeliaukio y el Parque de Sibelius quedan más alejados. Pero aún así, se pueden ver tranquilamente dando un paseo por la ciudad y disfrutando de su calma, de la temperatura y de los lugareños, que siempre se dice de las suecas y de las rusas, altas, rubias, guapas, pero de todo el viaje, las que eran realmente atractivas eran las finlandesas. Y los finlandeses. Qué buenos genes, oye. De todas formas, si no se quiere caminar, hay un tranvía que lleva a ambos puntos y como se paga en Euros, no hay mucho problema.

El núcleo principal de la ciudad es la Plaza del Senado que está constituida por la Catedral Luterana, el Consejo del Estado, la Universidad y la Biblioteca Universitaria.

La Catedral es uno de los edificios que más impresionan. Se encuentra en lo alto de la plaza y hay que subir un buen número de escaleras.

Es de color blanco nuclear y por dentro es muy sencilla.

Todo un contraste con lo último visto en Rusia. Justo delante tiene la estatua del zar Alejandro I de espaldas. De forma que se vea el conjunto desde la cera de enfrente.

Cerca de estos edificios se encuentra la Plaza del Mercado, que está cerca uno de los puertos y tiene unos puestos interesantes de souvenires y todo de tipo de objetos finlandeses como utensilios de madera o de cuerno de arce, jarabe y salami de remo, comida, vodka… y el Palacio Presidencial, que fue durante mucho tiempo la residencia de los zares y después, tras la independencia, de los presidentes.

Si la Catedral de la Plaza del Senado era muy sencilla y límpida, nos llevamos el contraste con la Catedral Ortodoxa de Uspenski. Situada en un alto desde donde se divisa gran parte de la ciudad. Es la iglesia ortodoxa más grande de Europa Occidental. De ladrillo rojo e interior de mosaicos, merece mucho la pena echarle un vistazo por el contraste con la anterior. Se nota su influencia rusa.

Visitándola por dentro parece que hubiéramos vuelto a Rusia.

Por fuera me gusta más, sobre todo las vistas de la catedral.

De ahí nos dirigimos a la Estación de ferrocarril de Rautatientori. En sus alrededores hay calles peatonales, tiendas, restaurantes. Y un McDonald’s que me vino muy bien por su WiFi gratuita.

En la Plaza del Ferrocarril se encuentra la estatua de Aleksis Kivi, escritor finlandés.

Y más lejos, como decía al principio, se encuentra la famosa la Iglesia de Temppeliaukio, uno de los principales templos luteranos de la ciudad. Está excavada en una roca, no tiene para nada forma de iglesia, sino que su planta es circular. Las paredes del templo son de roca viva, tiene una cúpula de bronce y cristal que permite eque entre la luz natural. No sólo se usa como iglesia, sino que también se celebran actos y conciertos por su buena acústica. Está tan integrada en la roca, que se puede subir por fuera a su parte superior.

Y para terminar la visita, nos dimos un paseo por el Helsinki verde hasta el Monumento a Sibelius. Se encuentra en un parque del mismo nombre, y es un  monumento muy peculiar realizado con tubos de metal plateados.

Es muy original y es interesante hacer sonido y oír cómo nos devuelve el eco los tubos.

Tras visitar el parque, comenzamos el regreso disfrutando del paseo y de los espacios verdes y ajardinados, aunque alguno de ellos fuera un cementerio. Eso sí, con su clasificación religiosa y todo.

Retomamos el camino al lado del mar hasta llegar al barco donde comimos y salimos de rumbo a Suecia. Una pena que la parada no hubiera sido un pelín más larga para habernos podido acercar a Porvoo, un pueblecito que dicen que es muy chulo. Pero había que coger un bus y no había mucha frecuencia de comunicación. Así que, otra vez será.