Tarareando

Creo que es la primera vez que hablo de música, pero llevo unos días que no me quito tres canciones de mi cabeza. Me sorprendo a mí misma tarareándolas a lo largo del día. El llevarlas en el reproductor durante una hora de transporte ida y otra de vuelta supongo que también influye.

Son tres canciones que realmente no tienen mucho que ver. La primera de ellas es en español y de un grupo que acabo de descubrir: Izal. Me recuerdan mucho a Vetusta Morla, un grupo que me encanta. Es un grupo indie madrileño que lleva el nombre del apellido del vocalista y compositor. Tienen dos discos publicados: Magia & Efectos especiales (2012) y Agujeros de gusano (2013). Actualmente están de gira, tras la que pararán para grabar el tercer trabajo. La canción que me ronda es 28 horas, de su primer disco.

La segunda canción es del grupo angelino Maroon 5. Con Adam Levine y sus agudos a la cabeza hacen que tengan un sonido peculiar. Sus canciones suelen ser pegadizas y alguna de ellas es controvertida, como el último single que está sonando, Animals, cuyo relato obsesivo roza el acoso. Pero la canción que me tiene enganchada es de su 4º disco, Overexposed, del 2012 también, y se llama Lucky Strike (golpe de suerte). Nada que ver con la marca de tabaco.

Y por último Auf uns de Andreas Bourani. Una canción de brindis, pues lo que significa el título es eso: por nosotros. Se hizo famosa pues la ARD la eligió como banda sonora para el Mundial de Fútbol del año pasado, con lo que si además tenemos en cuenta que ganó Alemania… Es una de esas canciones que descubres de rebote en youtube cuando buscas otra cosa. Es pegadiza y la letra es muy positiva, una oda al Carpe Diem:

„Ein Hoch auf das, was vor uns liegt,
dass es das Beste für uns gibt.
Ein Hoch auf das, was uns vereint,
auf diese Zeit. (Auf diese Zeit)

Ein Hoch auf uns (uns), auf dieses Leben,
auf den Moment, der immer bleibt.
Ein Hoch auf uns (uns), auf jetzt und ewig,
auf einen Tag Unendlichkeit.“

Viene a ser como algo así:

Un brindis por lo que está por llegar
que nos venga lo mejor
un brindis por lo que nos une
en este momento (en este momento)

Un brindis por nosotros (nosotros), por esta vida,
por este momento que queda para siempre.
Un brindis por nosotros (nosotros), por el ahora y para siempre
Por un día infinito.

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Serie Terminada: A dos metros bajo tierra

Estos días de frío invernal, ciclogénesis lo llaman ahora, no apetece salir a la calle. Es el momento perfecto para un maratón de SMS (sofá-manta-serie). Así que hoy voy a empezar a recopilar las últimas que he visto en lo que llevamos de temporada Otoño-Invierno.

Tras Dexter y Flashpoint, ambas de temática policiaca, decidimos cambiar de rumbo y comenzar A dos metros bajo tierra.

Hace ya 10 años que acabó, pero es una pedazo de serie. Sí, es un poco (muy) dramática, y el hecho de que gire en torno a una familia que regenta una funeraria puede echar un poco para atrás, pero es una serie de culto, como casi todas las de la HBO. Mucho mejor que Los Soprano (al menos para mí. Guarden los cuchillos, por favor).

Su cabecera es una obra maestra, como también lo es la de Dexter (aunque la del forense asesino me gusta algo más). Son muy similares. Y es que comparten creador. Se le presenta al espectador una sucesión de imágenes que le adentran a la esencia de la temática de la serie: un cuervo, unas flores que se pudren, una lápida, un cadáver en una camilla, la aparatología funeraria, un coche fúnebre. Y finalmente el título de la serie bajo el árbol remarcando esos dos metros bajo tierra. La música que la acompaña no podía ser más adecuada, un poco tétrica.

La serie comenzó su andadura en 2001 y duró 5 temporadas de unos 13 capítulos cada una. El punto de partida es la reunión navideña de los Fisher. Nate, el hijo mayor, vuelve de Seattle, adonde se fue huyendo del negocio familiar, y cuando su padre, Nathaniel, va a buscarle al aeropuerto, muere en un accidente. Este suceso cambiará el rumbo de los acontecimientos, la familia deberá reajustar sus vidas a este duro golpe. Nate se quedará en casa para sacar el negocio adelante junto con su hermano David, que sí que trabajaba en él con su padre. Completa la familia la hermana pequeña, Claire, y la madre, Ruth.

Todo es raro en los Fisher, desde el ambiente que se respira en una casa en la que hay una funeraria hasta los miembros que integran la familia. A cada cual más peculiar… y la elección de actores todo un acierto. Tiene un elenco excepcional.

– Nate (Peter Krause): Es el regreso del hijo pródigo. El hijo mayor que huye del negocio familiar, que quiere salir de ese mundo de muerte y vivir su vida. La muerte de su padre hace que tenga que quedarse para sacar adelante la funeraria, algo que le desagrada grandemente y le hace no saber dónde está su lugar en la vida. Es optimista, un poco hippie, va en la búsqueda de la libertad, de aprovechar cada momento. Pero no lo tendrá fácil.

– David (Michael C. Hall): El hijo mediano, el perfeccionista, el responsable, el que se queda en casa a ayudar a su padre con la funeraria, quien acompaña a misa a su madre. Pero también es inestable, mantenía una relación distante con su padre puesto que es gay. Conocía al actor por Dexter, donde bordaba el personaje con esa mirada penetrante, ese semblante que daba miedo, esa calma que contenía la tormenta. Pues bien, aquí vuelve a ser magistral (bueno, esta serie es anterior). Es un personaje apocado, tímido, contenido, pero a la vez con mucha rabia, con mucho por querer sacar. Mantiene una relación con Keath, policía, quien le hace salir del caparazón y mostrar sus sentimientos.

– Claire (Lauren Ambrose): Es la pequeña de la familia, ha sido la rarita siempre en los años escolares por ser la de la funeraria. En su caso se mezclan los años de la adolescencia, de rebeldía, de buscar su sitio, junto con la familia de tarados que le rodea. Tiene dotes artísticas, sobre todo en pintura y fotografía e intenta encauzar por ahí su vida, pero creo que eso la lleva más a una espiral de locura.

– Ruth (Frances Conroy): La matriarca. Es la típica señora americana ama de casa dedicada a su familia. A preparar las comidas, a preocuparse por sus hijos, a ayudar a su marido. Es por ello, quizá, que es quien más tiene que evolucionar a lo largo de la serie. Ha de encontrarse a sí misma, como los demás, pero al fin y al cabo sus hijos son jóvenes, están madurando, tomando decisiones sobre hacia dónde quieren ir. El problema que tiene ella es que no sabe ni de dónde viene. Se casó muy joven y entró en la espiral de madre y esposa. Ahora ha perdido a su marido y no sabe comunicarse con sus hijos. Nate acaba de volver y no sabe cómo recuperar la relación, Claire es adolescente y no quiere tener nada que ver con ella, que representa algo arcaico, y a David, quizá el que más se le parece en cuanto a carácter, no sabe cómo tratarle al ser gay. Es magistral la interpretación de esta actriz con todo un curriculum a sus espaldas. Me encanta ese punto de locura, de ida, esa voz susurrada y rota.

La verdad es que es un acierto la elección de actores, porque aparte de interpretar muy bien su papel, los visualizas como familia, sobre todo a Ruth, David y Claire, con ese tono rubio pelirrojo que tienen los tres. Es más, hasta la hermana de Ruth está muy bien elegida.

Pero hay más personajes que completan el elenco aparte del cuarteto de los Fisher. Está Keith, el novio de David, pero también Brenda, la pareja de Nate. La conoce en el avión cuando vuelve a casa desde Seattle y ahí comienzan una relación bastante tormentosa, como no podría ser menos en esta serie. Protagonizado por Rachel Griffiths, el personaje es el contrapunto de los Fisher. También tiene su propio drama familiar: sus padres son psiquiatras y son para darles de comer aparte, y su hermano Billy está más para allá que para acá. Desde pequeña ha tenido una personalidad arrolladora, vive al límite, pone toda la carne en el asador cuando hace algo y choca continuamente con la personalidad de Nate, lo que hace que salten chispas entre ellos y su relación sea como es, con esa peculiaridad amor/odio.

Otro personaje secundario pero muy recurrente es Rico, trabajador de la funeraria que es un virtuoso en reconstruir cuerpos para después poder oficiar un funeral con el ataúd abierto. Quizá este personaje sea el que menos me guste de la serie. No tiene tanto carisma.

Con estos participantes, y con ese contexto, cada episodio comienza con la muerte de alguien, generalmente una muerte bastante peculiar, a veces parecen sacadas de “Las formas más absurdas de morir”, y la familia del fallecido acudiendo a Fisher e hijos para contratar el sepelio. A partir de ahí, se desarrolla el capítulo, en torno a los integrantes de esta alocada familia, y pocas pinceladas del muerto. Digamos que se introduce cada una de las muertes como forma de tratar un aspecto en la cotidianidad de los protagonistas, de hacerlos reflexionar sobre sus propias vidas. Y así, evolucionar. A veces tienen apariciones de los muertos, o incluso del padre, como una epifanía de hacia dónde encauzar el problema que les ocupa la mente en ese momento.

A dos metros bajo tierra nos muestra la realidad de una familia que ha de vivir siendo muy consciente de la muerte. Es dura, brutal, surrealista, pero arranca la sonrisa en algunos momentos con ese humor negro que tiene. Es una mezcla de sentimientos, de dolor desgarrador, de pasión, de ilusión, de desencantos, de fe, de oscuridad…Una obra maestra. De principio a fin.

Si os vais a quedar en casa huyendo del frío de estos días, dadle una oportunidad. Por muchos años que hayan pasado desde su estreno, es atemporal.

Crucero Capitales Bálticas. Conclusiones

Y acabó el crucero, yo creo que de los tres que hemos hecho, este es el que más agota. El Rondó Veneciano tiene escalas matutinas, y quitando Atenas, el resto de paradas son recogidas. En los Fiordos también se anda, Oslo y Copenhague son días de paliza, y la subida al Glaciar tiene su exigencia, pero es cierto que al ser una mezcla de ciudad y naturaleza, se lleva de otra forma. Este crucero al ser todo de ciudad es un no parar día tras día. El día de Tallín es quizá el más relajado, y quizá Malmö si no haces excursión a Copenhague, claro. La visita a San Petersburgo es extenuante, supongo que sobre todo por el hecho de ser guiada.

Es quizá la única pega que le pongo, el no poder tener la movilidad de visitar todo por libre y tener que contratar excursión en San Petersburgo. Aunque hay que reconocer que no habría visitado ni la mitad de los sitios a los que nos llevaron. Así que, tal vez no fue tan mala elección.

Como ya comenté, me hubiera gustado hacer escala en Riga en lugar de Wismar, pero bueno, al final tampoco se nos dio mal el día y me gustaron mucho las 3 ciudades que visitamos. Hay que buscar el lado positivo.

Si nos centramos en la experiencia en el barco, he de decir que he notado cierto bajón con respecto a la última vez con Pullmantur. Sí que es cierto que ha mejorado el embarque y desembarque, puesto que te olvidas del todo de las maletas. Tampoco hay queja en la atención de la tripulación, tanto de la chica de limpieza del camarote como de los camareros en los restaurantes. Donde quizá vi esa diferencia fue en la variedad de comidas y en detalles como tener botellas de agua gratuitas en todo momento. No nos engañemos, sé que Pullmantur es de las navieras más baratas, y había opciones para comer y no repetir, pero quizá había poca rotación. Eso sí, las opciones presentadas estaban ricas. La animación también me resultó algo pobre, la de Iberocruceros tenía más repertorio y era algo más innovadora, como por ejemplo con el patinaje sobre hielo. Si el espectáculo no te convecía podías ir a las discotecas, pero la noche que estuvimos estaba vacía y nuestro grupo (entre 30-35 años) era el más joven. La media de edad del crucero era más baja que en los Fiordos, quizá rondaba los 49-45. Y había incluso familias con críos en etapa preadolescente.

No tengo nada que añadir en cuanto a la elección de camarote o turno de comida. Seguimos el patrón anterior y volveríamos a elegir lo mismo. No necesitamos ventana y el orden cena y después espectáculo parece la más lógica.

Finalmente, si hablamos de presupuesto, en julio y con el camarote sencillo que elegimos nosotros, puede salir por unos 1000-1200€, depende de la previsión en la reserva, si consigues algún tipo de oferta en semana del crucero o similar. Es algo más caro que los del Mediterráneo, y un poco más barato que el de los Fiordos. Aparte de eso, no hay mucho más gasto al ser Todo Incluido. La excursión a San Petersburgo nos salió por 125€ por persona los dos días e incluía las comidas. El barco te cara unos 72€ por persona en concepto de tasas de servicio. Así pues, un total de unos 1300-1400€ en total, que si le sumas algún que otro souvenir o recuerdo, entradas o transporte en las escalas, o si compras en el duty free del barco, se puede ir a unos 1600-1700€. Sólo en Rusia y Suecia no tienen el Euro, y ya os comenté que en San Petersburgo nos llevaron a una tienda que aceptaban nuestra moneda, y en Suecia no hay problema por pagar con tarjeta.

Es un crucero que merece la pena, pero para mí sigue estando por encima el de los Fiordos, sin lugar a duda. ¡Ay, Noruega! He descubierto que Pullmantur hace con el Buque Empress un recorrido por el norte del país (Círculo Polar, Laponia) que se llama Sol de Medianoche. ¿Será el próximo?

Sol de medianoche

Crucero Capitales Bálticas. Etapa VII: Malmö

Y llegamos a la última parada, a Malmö, de nuevo en Suecia. La ciudad se encuentra en la costa sur occidental del país y es el puerto más grande de Suecia en la zona. Está a tiro de piedra de Copenhague gracias al puente de Öresund, una de las mayores estructuras arquitectónicas de Europa, de 8km de longitud y que permite cambiar de ciudad y de país en apenas 15 minutos. De ahí que al llegar a la escala en el crucero te vendan la excursión a la capital danesa. Nosotros como ya habíamos estado en el de los Fiordos, nos centramos en acercarnos al casco histórico y darle un paseo a Malmö.

Al ser la parada final no disponíamos de mucho tiempo. Pullmantur te acerca al aeropuerto, y según el horario de tu vuelo, así te van dando salida. Nuestro bus partía a las 12:45, así que desayunamos, recorrimos el centro, comimos algo, y partimos. Pero aún así, Malmö se ve en dos horas tranquilamente, queda todo bastante recogido. Si contratas la excursión, sales del barco y te dejan en el aeropuerto directamente. En el Rondó Veneciano merecía la pena si acababas en Atenas, pues había que cargar las maletas en el bus. Sin embargo, este año, las maletas las dejabas en la puerta del camarote antes de las 3 de la mañana de la noche anterior, y ellos las facturaban directamente y las recogías en destino, por lo que no era tan imprescindible para los de los últimos vuelos. Los de los primeros ya era otra cosa, puesto que el bus salía a las 10 de la mañana hacia el aeropuerto y ahí no te daba mucho margen de maniobra.

En fin, que nosotros dentro de lo malo, teníamos cierto margen de maniobra. Al bajar del barco había una carpa preparada para los que llegaban a sustituinos a los que nos marchábamos y en dicha carpa había un puesto de turismo con unas chicas que hablaban español y que nos dieron un mapa.

Mapa

Nuestro barco llegó al puerto Kryssninsfartyg y desde ahí nos dirigimos al centro de la ciudad, que es ideal para recorrer a pie. Si buscamos picos llegamos a St Petrikyrkam, la catedral de Malmö. Data del siglo XII y con el tradicional estilo de ladrillo rojo, del estilo de las de Lübeck. En el siglo XV las torres se vinieron abajo, así que en el s. XIX se levantó la que vemos en la actualidad. En su interior se pueden ver pinturas medievales.

Petrikyrkam

Tras la catedral encontramos Stororget, la plaza sobre la que se desarrolla la ciudad. Preside la plaza el ayuntamiento y la residencia del gobernador. En el centro de la misma se levanta una estatua ecuestre de Carlos X Gustavo, quien conquistó la región de Escania a los daneses.

Stororget

A la derecha del ayuntamiento, en la esquina con Södergatan se encuentra la farmacia más antigua de Suecia, la Apoteket Lejonet, fundada en 1662. Justo al lado de la Farmacia del León, se encuentra la orquesta optimista, varios músicos tocando instrumentos en fila.

Malmö

A un par de minutos de esta zona hay dos plazas que fueron los tradicionales mercados: Möllevangstorget y Lilla Torg. Esta última tiene mucho encanto, llena de restaurantes, de vida, de ritmo.

Y en la Gustaf Adolfs Torg, otra plaza que enlaza las calles peatonales más comerciales y Lilla Torg, podemos encontrar  la escultura de Grifo

Gustaf Adolfs Torg

En el recorrido hacia las afueras nos encontramos con el Gamla Kyrkogarden, un cementerio que está abierto cual parque público. No es muy gore, pues no se ven muchas lápidas.

Después dimos un paseo por el parque cruzando al Västra Hammen, la zona moderna, en torno al Turning Torso, el principal rascacielos de la ciudad de 190 metros de alturay 54 pisos diseñado por Calatrava. Son 9 cubos y su rotación desde la base hasta la cúspide es de 90º. En la zona también se encuentra la fortaleza.

Västra Hammen

Personalmente, no me llamaron mucho la atención, ni la fortaleza, ni la zona nueva. Y finalmente, volvimos al barco… y a casa.

Malmö