Serie Terminada: A dos metros bajo tierra

Estos días de frío invernal, ciclogénesis lo llaman ahora, no apetece salir a la calle. Es el momento perfecto para un maratón de SMS (sofá-manta-serie). Así que hoy voy a empezar a recopilar las últimas que he visto en lo que llevamos de temporada Otoño-Invierno.

Tras Dexter y Flashpoint, ambas de temática policiaca, decidimos cambiar de rumbo y comenzar A dos metros bajo tierra.

Hace ya 10 años que acabó, pero es una pedazo de serie. Sí, es un poco (muy) dramática, y el hecho de que gire en torno a una familia que regenta una funeraria puede echar un poco para atrás, pero es una serie de culto, como casi todas las de la HBO. Mucho mejor que Los Soprano (al menos para mí. Guarden los cuchillos, por favor).

Su cabecera es una obra maestra, como también lo es la de Dexter (aunque la del forense asesino me gusta algo más). Son muy similares. Y es que comparten creador. Se le presenta al espectador una sucesión de imágenes que le adentran a la esencia de la temática de la serie: un cuervo, unas flores que se pudren, una lápida, un cadáver en una camilla, la aparatología funeraria, un coche fúnebre. Y finalmente el título de la serie bajo el árbol remarcando esos dos metros bajo tierra. La música que la acompaña no podía ser más adecuada, un poco tétrica.

La serie comenzó su andadura en 2001 y duró 5 temporadas de unos 13 capítulos cada una. El punto de partida es la reunión navideña de los Fisher. Nate, el hijo mayor, vuelve de Seattle, adonde se fue huyendo del negocio familiar, y cuando su padre, Nathaniel, va a buscarle al aeropuerto, muere en un accidente. Este suceso cambiará el rumbo de los acontecimientos, la familia deberá reajustar sus vidas a este duro golpe. Nate se quedará en casa para sacar el negocio adelante junto con su hermano David, que sí que trabajaba en él con su padre. Completa la familia la hermana pequeña, Claire, y la madre, Ruth.

Todo es raro en los Fisher, desde el ambiente que se respira en una casa en la que hay una funeraria hasta los miembros que integran la familia. A cada cual más peculiar… y la elección de actores todo un acierto. Tiene un elenco excepcional.

– Nate (Peter Krause): Es el regreso del hijo pródigo. El hijo mayor que huye del negocio familiar, que quiere salir de ese mundo de muerte y vivir su vida. La muerte de su padre hace que tenga que quedarse para sacar adelante la funeraria, algo que le desagrada grandemente y le hace no saber dónde está su lugar en la vida. Es optimista, un poco hippie, va en la búsqueda de la libertad, de aprovechar cada momento. Pero no lo tendrá fácil.

– David (Michael C. Hall): El hijo mediano, el perfeccionista, el responsable, el que se queda en casa a ayudar a su padre con la funeraria, quien acompaña a misa a su madre. Pero también es inestable, mantenía una relación distante con su padre puesto que es gay. Conocía al actor por Dexter, donde bordaba el personaje con esa mirada penetrante, ese semblante que daba miedo, esa calma que contenía la tormenta. Pues bien, aquí vuelve a ser magistral (bueno, esta serie es anterior). Es un personaje apocado, tímido, contenido, pero a la vez con mucha rabia, con mucho por querer sacar. Mantiene una relación con Keath, policía, quien le hace salir del caparazón y mostrar sus sentimientos.

– Claire (Lauren Ambrose): Es la pequeña de la familia, ha sido la rarita siempre en los años escolares por ser la de la funeraria. En su caso se mezclan los años de la adolescencia, de rebeldía, de buscar su sitio, junto con la familia de tarados que le rodea. Tiene dotes artísticas, sobre todo en pintura y fotografía e intenta encauzar por ahí su vida, pero creo que eso la lleva más a una espiral de locura.

– Ruth (Frances Conroy): La matriarca. Es la típica señora americana ama de casa dedicada a su familia. A preparar las comidas, a preocuparse por sus hijos, a ayudar a su marido. Es por ello, quizá, que es quien más tiene que evolucionar a lo largo de la serie. Ha de encontrarse a sí misma, como los demás, pero al fin y al cabo sus hijos son jóvenes, están madurando, tomando decisiones sobre hacia dónde quieren ir. El problema que tiene ella es que no sabe ni de dónde viene. Se casó muy joven y entró en la espiral de madre y esposa. Ahora ha perdido a su marido y no sabe comunicarse con sus hijos. Nate acaba de volver y no sabe cómo recuperar la relación, Claire es adolescente y no quiere tener nada que ver con ella, que representa algo arcaico, y a David, quizá el que más se le parece en cuanto a carácter, no sabe cómo tratarle al ser gay. Es magistral la interpretación de esta actriz con todo un curriculum a sus espaldas. Me encanta ese punto de locura, de ida, esa voz susurrada y rota.

La verdad es que es un acierto la elección de actores, porque aparte de interpretar muy bien su papel, los visualizas como familia, sobre todo a Ruth, David y Claire, con ese tono rubio pelirrojo que tienen los tres. Es más, hasta la hermana de Ruth está muy bien elegida.

Pero hay más personajes que completan el elenco aparte del cuarteto de los Fisher. Está Keith, el novio de David, pero también Brenda, la pareja de Nate. La conoce en el avión cuando vuelve a casa desde Seattle y ahí comienzan una relación bastante tormentosa, como no podría ser menos en esta serie. Protagonizado por Rachel Griffiths, el personaje es el contrapunto de los Fisher. También tiene su propio drama familiar: sus padres son psiquiatras y son para darles de comer aparte, y su hermano Billy está más para allá que para acá. Desde pequeña ha tenido una personalidad arrolladora, vive al límite, pone toda la carne en el asador cuando hace algo y choca continuamente con la personalidad de Nate, lo que hace que salten chispas entre ellos y su relación sea como es, con esa peculiaridad amor/odio.

Otro personaje secundario pero muy recurrente es Rico, trabajador de la funeraria que es un virtuoso en reconstruir cuerpos para después poder oficiar un funeral con el ataúd abierto. Quizá este personaje sea el que menos me guste de la serie. No tiene tanto carisma.

Con estos participantes, y con ese contexto, cada episodio comienza con la muerte de alguien, generalmente una muerte bastante peculiar, a veces parecen sacadas de “Las formas más absurdas de morir”, y la familia del fallecido acudiendo a Fisher e hijos para contratar el sepelio. A partir de ahí, se desarrolla el capítulo, en torno a los integrantes de esta alocada familia, y pocas pinceladas del muerto. Digamos que se introduce cada una de las muertes como forma de tratar un aspecto en la cotidianidad de los protagonistas, de hacerlos reflexionar sobre sus propias vidas. Y así, evolucionar. A veces tienen apariciones de los muertos, o incluso del padre, como una epifanía de hacia dónde encauzar el problema que les ocupa la mente en ese momento.

A dos metros bajo tierra nos muestra la realidad de una familia que ha de vivir siendo muy consciente de la muerte. Es dura, brutal, surrealista, pero arranca la sonrisa en algunos momentos con ese humor negro que tiene. Es una mezcla de sentimientos, de dolor desgarrador, de pasión, de ilusión, de desencantos, de fe, de oscuridad…Una obra maestra. De principio a fin.

Si os vais a quedar en casa huyendo del frío de estos días, dadle una oportunidad. Por muchos años que hayan pasado desde su estreno, es atemporal.

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3 comentarios en “Serie Terminada: A dos metros bajo tierra

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