Nueva serie a la lista “para ver”: Outlander

Y seguimos con las series.Y es que en el puente de mayo vi unos pocos pilotos. Ya os hablé de Borgen, de The affair o Varg Veum. Pues también cayó el primer episodio de Outlander.

Claire Randall, la protagonista, es una enfermera y veterana de la II Guerra Mundial que en 1945 viaja a Escocia junto a su marido Frank para recuperar el tiempo perdido por la guerra, ya que estuvieron separados, y además conocer un poco más sobre los antepasados de él. Tras presenciar una ceremonia ritual, Claire aparece en el 1743. A partir de ahí intentará averiguar cómo ha llegado, cómo volver al futuro y además, sobrevivir. Se verá en vuelta en las reyertas entre ingleses y escoceses. Y parece que lo tiene más fácil con los escoceses.

En el primer episodio vemos cómo la vida de Claire peligra cuando la ataca un inglés, casualmente el antepasado de su marido. Sin embargo, un escocés la librará de sus garras y la llevará con su gente. Ahí conocerá a Jamie Fraser, al que ayudará a colocar un hombro con sus conocimientos de enfermera. A partir de ahí será su protegida y se atisba un triángulo amoroso en el siglo XVIII y una confrontación entre siglos.

La serie está basada en la saga Forastera de Diana Gabaldón que consta de los siguientes libros:

  • 1991 Forastera
  • 1992 Atrapada en el tiempo
  • 1994 Viajera
  • 1997 Tambores de otoño
  • 2001 La cruz ardiente
  • 2005 Viento y ceniza
  • 2009 Ecos del pasado
  • 2014 Written in my own heart’s bloog

Así que de momento, parece que hay trama para largo, si adaptan un libro por temporada, podemos esperar al menos 8. Últimamente está de moda adaptar libros y llevarlos a la pequeña o gran pantalla. Y parece que funciona, ahí está Juego de Tronos. A mí de momento, aunque la serie empieza algo lenta y se sospecha hacia dónde van a ir los tiros, me ha gustado, así que añadida a la lista de “series para ver”.

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Nueva serie a la lista “para ver”: Varg Veum

Soy una lectora empedernida de novelas policiacas, y si son suecas, danesas o noruegas, más aún. Me encantó la saga Millenium y estoy deseando empezar el último de Camilla Läckberg. Por eso cuando descubrí en la 2 la serie Varg Veum, sabía que tenía que echarle un vistazo.

Varg Veum

Varg Veum es una serie de novelas policíacas escritas por el autor noruego Gunnar Staalesen. Me hubiera gustado leerme los libros antes, pero no son fáciles de encontrar. La saga se centra en el detective privado de mismo nombre, que vive en la bonita ciudad de Bergen, Noruega. Hasta la fecha creo que hay una docena de libros y sendas películas, aunque en español sólo se han emitido la mitad.

Aunque en Noruega se emiten como películas, aquí se venden como miniserie de 6 capítulos:

  • Flores amargas (Bitre blomster) 2007
  • La bella durmiente (Tornerose) 2007
  • Hasta que la muerte nos separe (Din til døden) 2008
  • Ángeles caídos (Falne engler) 2008
  • Un cuerpo en la nevera (Kvinnen i kjøleskapet) 2008
  • Perros enterrados no muerden (Begravde hunder) 2008
  • Skriften på veggen (El mensaje en la pared) 2010
  • Svarte får (Oveja negra) 2011
  • Dødens drabanter (Muertes satélites) 2011
  • I mørket er alle ulver grå (En la noche todos los lobos son grises) 2011
  • De døde har det godt (Los muertos están bien) 2012
  • Kalde Hjerter (Corazones fríos) 2012

El personaje central es un hombre peculiar, que en el pasado trabajó en el Servicio de Protección de Menores. Hay algo que no sabemos de él, que le llevó a ser lo que es hoy en día, y eso mantiene la intriga. La curiosidad por ese carácter peculiar, esos métodos pocos convencionales para investigar o el hecho de que no lleve armas le dan un punto más a la historia.

En el primer capítulo-película el investigador tendrá que descubrir qué ocurrió con una niña de 7 años desaparecida. Podría ser un caso más, pero la madre de la pequeña es la líder de un partido político y no todo es tan transparente como le cuenta a la policía, sino que mientras esta hace su trabajo, la madre abre una línea de investigación paralela contratando a Varg para que busque a su amante, que también ha desaparecido y que fue el último que vio a la niña. Veum se verá envuelto en una trama mucho más compleja al intentar recomponer los últimos pasos del amante, ingeniero jefe en una gran empresa química. La investigación se volverá peligrosa a medida que se van descubriendo conspiraciones y corruptos.

Es una serie altamente recomendable, aunque he de reconocer que no soy muy objetiva porque me encanta Noruega, Bergen y el mundo nórdico. Me apasionan las novelas policiacas con estas intrigas conspiratorias con tramas políticas en las que nada parece lo que es y hay giros inesperados. Me enganchan las series o películas con esa fotografía tan gris, con ese ritmo tan diferente de las producciones estadounidenses, como por ejemplo Bron/Broen o Borgen. Os recomiendo darle una oportunidad. No os dejará indiferente.

Ahora me queda encontrar los demás libros antes de ver las siguientes películas y ver si son tan buenos.

Japón por libre VI: Día 2. Kioto Noroeste

Tras recargar pilas, nos despertamos el lunes sin jet lag dispuestos a descubrir Kioto.

Kioto fue fundada en 794 como Heian-kyo (capital de la paz y la tranquilidad). Limita al oeste, norte y este con montañas y está dividida por el río Kamo de norte a sur. Allí se asentó el emperador Kanmu y la ciudad evolucionó culturalmente con las influencias de la corte y la nobleza. Más tarde llegaron los samuráis con el budismo zen y las ceremonias del té. Dado que Kioto estaba habitada por gente de las altas esferas, también creció la influencia de los mercaderes. Se palpa la riqueza cultural de la ciudad en cada uno de sus barrios.

No obstante, no todo fue época dorada, puesto que la ciudad sufrió terremotos e incendios. También una guerra civil entre 1467 y 1477. Y finalmente su decadencia llegó con el período Edo (1600-1868) en el que el poder pasó a Tokio. Y a partir de ahí esta se quedó con la capitalidad. Sin embargo, a pesar de que Kioto se ha modernizado, sigue representando el Japón tradicional, y muestra de ello son los numerosos templos repartidos por toda la ciudad.

Ver todos los templos es imposible, pero nosotros intentamos ver los más importantes. Tal y como os comenté, distribuimos Kioto en 3 días: Zona Este, Zona Oeste y Centro. Y comenzamos por el Oeste, o el Noroeste, más bien. Para movernos por la ciudad, ya expliqué que el bus funciona muy bien. Partiendo de la estación central con el pase del día (que habíamos comprado el día anterior para ahorrar tiempo) tomamos el 101 ó 205. No recuerdo cuál de los dos cogimos, el primero que salía de los que iba a Kinkaku-ji.

Y desde ahí comenzamos la ruta, desde el Kinkaku-ji o Pabellón Dorado. Abre de 9 a 17h todos los días y cuesta 400Y. La entrada es muy bonita, digna de enmarcar (aunque no entienda lo que pone).

Entrada Pabellón Dorado

Kinkaku-ji

Fue construido en la época medieval como villa de retiro y posteriormente se convirtió en templo. Es uno de los más importantes de la ciudad y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se accede por un camino arbolado que se abre a un luminoso jardín en el que se encuentra el templo en medio del estanque Espejo del Agua. Aunque lo que podemos ver hoy en día es una réplica exacta del original, pues se incendió en 1950. Consta de tres plantas y está totalmente recubierto por pan de oro. En el tejado hay un fénix de bronce. No se puede visitar por dentro. La imagen es muy bonita pues con el sol brilla y se ve reflejado en el agua.

Kinkaku-ji

Kinkaku-ji

Lo recorrimos con calma, aunque un poco agobiados pues era primera hora y ya estaba plagado de gente. Había un grupo de universitarios estadounidenses bastante numeroso y escandaloso; así que intentamos evitarles para poder empaparnos del ambiente. También había escolares japoneses vestidos con los trajes típicos y acompañados por su profesor o guía.

Tampoco nos dormimos en los laureles, pues nos quedaba mucho día por delante con mucho que ver. Nos dirigimos a Ryoan-ji, también conocido como el templo del Dragón Calmado. Se puede llegar con el bus 59. Abre de 8 a 17h y cuesta 500, aunque la primera parte es gratuita, que es lo que recorrimos nosotros. Una pena que los cerezos aún no hubieran florecido, pues los jardines deben ser impresionantes en su máximo esplendor.

Ryoan-ji

Ryoan-ji

Alberga el jardín zen más famoso del mundo. Y es conocido por la belleza de su jardín seco. Cuenta con una composición de grava blanca y 15 piedras.

Seguimos nuestra ruta hacia Ninna-ji, también con el bus 59, uno de los santuarios más antiguos de la ciudad y de la región. Fue fundado en 888. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1994. Su recinto exterior es gratuito, aunque para acceder al Palacio y jardines hay que pagar. Fue un gigantesco complejo de hasta 60 subtemplos antes de verse reducido a lo que es hoy a consecuencia de varios incendios. Destacan la pagoda de 5 alturas y una plataforma de cerezos enanos (también llamados cerezos Omuro). El templo cuenta con una colección de escultura, pintura, caligrafía o cerámica.

Ninna-ji

El interior del Palacio es precioso, con salas de tatami y con unos paneles que muestran unos diseños típicamente japoneses.

Ninna-ji

De los tres templos que llevábamos en el día, era sin duda el mejor. Se respiraba paz tanto en el interior como en las terrazas exteriores, donde te podías sentar a observar el paisaje y disfrutar de la naturaleza.

Ninna-ji

El jardín seco es increíble, no hay una gravilla fuera de sitio. El rastrillado es perfecto. Y es que los japoneses no dejan nada al libre albedrío, ni en el rastrillar, ni en podar los árboles, ni en la limpieza de los templos. Que por muy descalzo que vayas durante todo el recorrido y tus calcetines sean blancos, el resultado es unas suelas impolutas. Me encantó el edificio, y me gustó el recinto. De hecho, superó al famoso Pabellón Dorado.

Ninna-ji

Cuando salimos del templo, ya iba siendo hora de comer, pero como la hoja de ruta estaba tan repleta, decidimos parar en un Family Mart cercano a una parada de bus para comprar algo de sushi y comerlo mientras paseábamos camino al bosque de bambú de Sagano.

Comida

El rollo de abajo a la derecha de la imagen, es muy curioso, puesto que tienes que preparártelo. Al desenvolverlo, el alga no cubre el arroz, sino que viene separado por una lámina, imagino que para que no se quede reblandecida. Así que, has de envolver el arroz. Después, nos lo comimos a mordiscos, ya que era en ruta y no teníamos cubiertos. Estaba muy rico, era de una especie de ensalada de gambas con mayonesa y surimi. O eso nos pareció.

Abajo a la izquierda podéis ver los dos rollitos de arroz unidos y envueltos por salmón. No tenía mucho misterio. Y en la parte superior, el onigiri, unos triángulos envueltos en alga nori y rellenos de diferentes cosas. En este caso tenía una imagen en la que se veía un salmón, así que lo cogimos. Después resultó que además de tener trozos de salmón, tenía huevas. El problema es que la mayoría de las veces en el envoltorio sólo ponía la descripción en japonés, sin foto que te pueda dar una pista, así que era una lotería. Es su versión del sándwich.

bosque de bambú de Sagano

bosque de bambú de Sagano

Esta es la zona que rodea el Tenryuu-ji. El bosque está formado por 50 variedades de bambú, muchas de ellas superan los 20m de altura. En todo momento se sigue un camino bastante transitado. Merece la pena recorrerlo tranquilamente viendo cómo se cuela el sol entre las cañas, cómo suenan cuando son movidas por el aire.

Tenryuu-ji

Entrar al templo cuesta 500Y y además del templo tiene un amplio jardín que es uno de los más antiguos del país y que mantiene su forma original. Es una zona muy bonita para pasear y relajarse, y con calma porque lleva mucho tiempo. Es el templo más grande de la zona y fue designado como el primero de las 5 grandes montañas zen de Kioto. También ha pasado por varios incendios, hasta 8, el más reciente en 1864, por lo que la mayoría de los edificios datan del período Meiji (1868-1912)

Tenryuu-ji

Tenryuu-ji

Aquí sí que vimos algún cerezo que empezaba a florecer, una lástima que no hubiera más

Sakura

Para finalizar el día nos dirigimos a Arashiyama, donde podemos encontrar el puente Tougetsukyo, o puente de la luna que atraviesa el río Kasturagawa.

Arashiyama

Arashiyama

Arashiyama

Desde él se puede ver el monte Arashiyama y debe ser muy bonito con la floración del cerezo. Cuando nosotros estuvimos se comenzaba a ver cómo empezaban a salir las hojas, pero era demasiado pronto y el ambiente estaba algo desangelado. En la zona hay una avenida principal muy animada con cafeterías, tiendas de artesanía y restaurantes. El entorno es rural, con las típicas casas de planta baja.

Aprovechamos para degustar un helado del famoso sabor Sakura (flor del cerezo). Una de las cosas que empezamos a ver como denominador común eran el sakura (bien en olor, sabor, incienso, diseño en la ropa…) y el té matcha (el famoso de las ceremonias del té). El sakura como sabor es un gran descubrimiento, por una parte tiene un toque de flor, pero parece fresa, no sé cómo describirlo. Lo mejor es probarlo.

Helado Sakura

Al lado del puente se puede coger el bus que nos lleva de vuelta a la estación de Kioto, con intención de comprar cena y llevárnosla al hotel.

La estación de Kioto es enoooooooooorme. Fuera están las dársenas de los buses, y ya os comenté que tiene salidas en las que atraviesas un centro comercial. Pero es que en sí, la estación es un centro comercial en toda regla. No es que tenga alguna que otra tienda de camino a los andenes, tipo kioscos de prensa, o algún local en el que comprar unos sándwiches o algo de bebida. No, no, no, es que la estación tiene plantas inferiores que parecen Parquesur, con sus tiendas de ropa o su ala de restauración

Centro comercial

Por supuesto, no podía faltar el sakura decorándolo. O los dulces. ¡Madre mía qué golosos son los japoneses!

Como nos habíamos metido buena tunda, optamos por ir al 7eleven y comprar algo para llevar, ducharnos y cenar tranquilamente. Elegimos unos típicos yakisoba, que se han puesto de moda también por España.

Fideos

Las instrucciones parecen asustar, pero sólo hay que calentar agua (gracias a la pava de agua que teníamos en la habitación del hotel), añadir los sobrecitos con el “aliño”, dejar que absorban el agua, se hinchen, escurrir el exceso de caldo (si fuera necesario) y listo para cenar. A practicar con los palillos. Aunque la verdad es que al vernos con los ojos occidentales, en las tiendas siempre nos enseñaban un tenedor por si lo preferíamos a los hashi.

Y preparados para descansar que nos esperaba otra buena ruta al día siguiente.

Morgadeces

El viernes pasado estuvimos en el teatro a ver Morgadeces, un espectáculo de humor en clave de monólogos protagonizado por la actriz y humorista Ana Morgade.

La verdad es que llego algo tarde para recomendarlo, pues la función acaba el viernes en Madrid. Lo que no sé es si continuará por la geografía española. Si es así, no perdáis la oportunidad de ir a verla.

Hay que tener una gran presencia sobre el escenario para ser capaz de rellenar una hora y media de espectáculo sin parar de hablar. Y es que esta chica parece que le han dado cuerda. No soy objetiva, pues ya la conocía de Buenafuente o Zapeando, con ese humor ácido y sarcástico, así que no puedo decir que me sorprendiera. Lo que sí puedo decir es que no me decepcionó. Desde el momento en que sale al escenario las risas están aseguradas. Interactuó con el público improvisando en determinados momentos bien por un crujido de una butaca o por las respuestas del público. El monólogo es bastante fresco, sin pelos en la lengua y pegado a la actualidad.

Ir al teatro está caro, pero de vez en cuando bien merece una salida para echarse unas risas y desconectar del día a día.

 

Japón por libre V: Día 1. Viaje y Kioto

Nuestro periplo nipón comenzó un sábado a las 10:10 de la mañana que salía nuestro avión con destino Osaka previa parada en el Charles de Gaule. No obstante, la parada fue muy breve, lo justo para bajarnos del avión, cambiar de terminal, pillar wifi gratis del aeropuerto, pasar por el control de la gendarmerie y volver a embarcar en el siguiente avión. Las maletas iban directamente a destino, así que una cosa menos.

El primer vuelo es de apenas un par de horas, te dan un refresco y un snack (unos palitos con sabor pesto hipermegasalados). El siguiente vuelo fueron once horas y se hace eterno. La noche previa habíamos intentado mantenernos despiertos para así llegar al vuelo con sueño, dormir en ese lapso de tiempo, y así a la llegada a Japón no tener jet lag. Sin embargo, yo apenas conseguí dormir, alguna cabezada de un par de horas, pero poco más. Entre tanto escuché música, leí, paseé por el pasillo, hablé con la vecina de asiento (una guía turística japonesa que venía de ver Italia en 8 días), nos dieron de comer, de picar, de desayunar…

Al ser un vuelo largo, te dan una mantita, una almohada y tienes una pantalla con un montón de películas, dibujos, música y entretenimiento. Cuando llega la hora de la comida, te reparten unas típicas toallitas húmedas como si ya te encontraras en Japón. Los oshiboris se ofrecen en los restaurantes, aviones y algunos trenes de larga distancia, incluso en los seven eleven o tiendas de conveniencia. Un detalle que se echa de menos cuando vuelves a España.

Para comer nos sirvieron ensalada de patatas y champiñones de primero y como plato principal a elegir entre una especialidad japonesa o pollo con pasta y guisantes. Además, queso camembert, piña, flan y café o té. A lo largo del vuelo nos repartieron unos snacks que también se podían coger en la parte media del avión. Descubrí una de las veces que fui al baño que en la zona donde los azafatos preparan la comida dejan un carro con bebidas y un par de cajas con el picoteo, para uso de los pasajeros. Allí estuve también un rato de charla con un francés que iba por trabajo frecuentemente a Japón. También nos repartieron unos helados crocantis en medio de la noche. Y finalmente, una hora y pico antes de aterrizar en Osaka, nos dieron del desayuno: macedonia de fruta, zumo de naranja, un yogur, un croasán con mantequilla y mermelada y unas tortitas. Además, café, chocolate y tes.

Una vez en Osaka tuvimos que pasar el control de inmigración. Los ciudadanos españoles no necesitamos visado para entrar en Japón (al menos para períodos cortos), tan solo hay que rellenar un par de documentos que entregan durante el vuelo. Uno de ellos te lo grapan al pasaporte, y el otro se lo quedan. El control es bastante rápido, te hacen una foto, un escáner de los dos dedos gordos, y listo. Para cuando quisimos llegar a la cinta de las maletas, estas ya nos estaban esperando. Ojo, el aeropuerto de Kansai ha recibido recientemente el galardón al mejor aeropuerto del mundo en el trato de equipaje por no haber perdido una sola maleta en sus 20 años de existencia. Muy japonés.

Tras recoger las maletas, nos dirigimos a la estación de trenes, donde fuimos a la oficina de JR. La intención era comprar un billete para el Haruka, el tren que lleva directo a Kioto en unos 75 minutos y canjear el JR Pass. Dado que habíamos llegado a las 9 y media de la mañana del domingo y teníamos todo el día por delante, pero no nos iba a ser muy productivo por el cansancio, la mejor opción era hacer este tipo de gestiones nada más llegar y no perder más tiempo otro día. Mientras estábamos en la cola esperando, una empleada se iba paseando y preguntaba a la gente si le podía ayudar, así iba aligerando. Al decirle lo que queríamos, nos rellenó un papel en el que indicaba el billete que nos debían suministrar. La mejor opción para coger el Haruka era comprar el Kansai Area Pass, cuyo pase de un día cuesta 2300Y (2200 si se compra en el extranjero), más barato que comprar un sencillo como pretendíamos.

Kansai Pass

Una vez llegamos al mostrador, le entregamos el papel y el documento del JR Pass al empleado y en cuestión de minutos tuvimos nuestros pases y nos dirigimos a Kioto. Ya en el andén de Osaka vimos sorprendidos cómo funciona Japón, esa eficacia. Nos quedamos asombrados al ver cómo llegaba el tren, se bajaban los pasajeros y entraron unos uniformados a limpiar los vagones. Con sus aspiradoras y todo. Comprueban que esté todo limpio, revisan los asientos, las bandejas, los reposacabezas, aspiran, recogen la basura, abren las cortinas y giran los asientos para que los nuevos viajeros vayan en el sentido de la marcha. Increíble describir con palabras. A mí lo del giro de los asientos me dejó alucinada. Os dejo con un vídeo de un Shinkansen en Tokio para que os hagáis una idea:

Cuando pisamos Kioto fue un poco desconcertante intentar salir de la estación, pues nuestro andén indicaba salida, pero si seguías las indicaciones cruzabas un Bic Camera un centro comercial. Pero sí, siguiendo las flechas llegamos a la calle y nos dirigimos al hotel. El alojamiento elegido fue el APA Hotel Kyotoeki – Horikawadori, a unos 5 minutos de la estación. El hotel es algo antiguo y tuvimos un percance con el aire de la habitación, que es central y no lo podíamos regular. La habitación era algo pequeña y sin armario, algo muy japonés, pero tenía internet gratis, estaba limpio, con productos de higiene, el yukata para estar cómodo, zapatillas tanto para la moqueta como para el baño, nevera, calentador de agua y con uso del onsen (los baños japoneses). Y por supuesto, con el famoso inodoro de chorros controlado por mando a distancia.

Habitación Kioto

Tras refrescarnos un poco e intentar deshacer las maletas (al menos lo imprescindible para los próximos días), salimos a dar un paseo para conocer la zona, ver dónde teníamos tiendas, la estación central, buscar algo de comer… en fin, situarnos un poco. Ya durante el paseo empezamos a ver lo diferente que era Japón de España, con esas máquinas expendedoras de bebidas en cada esquina (desde zumo o agua hasta cafés) y restaurantes con comida de cera en los escaparates. Logradísimo. Eso sí, no parecen reales del todo porque brillan mucho.

Máquina expendedora y sampuru

Aprovechamos para comprar los billetes de autobus del día siguiente en la oficina de turismo y compramos la comida en un seven eleven. Para empezar, sushi y sándwiches. Y nos la comimos tranquilamente en el hotel mientras echábamos un ojo a los mapas que nos habían dado en la oficina de información.

Comida

Tras comer, volvimos a salir. Coincidía que era el último día en que la zona de Higashiyama iba a estar iluminada, así que nos pareció una buena forma de tener un primer contacto de la ciudad.

Higashiyama ruta

Este barrio se podría traducir como “la montaña del Este”, ya que así se llama la montaña sobre la que se apoya el barrio. Desde el siglo XIV, se construyeron muchos templos, santuarios y villas de la nobleza, así que el barrio tiene una mucho movimiento y es muy perfecto para pasearlo y descubrir lugares con encanto.

Templo iluminado

La verdad es que no podría haber sido mejor la llegada, pues estaba todo muy bonito iluminado, los templos con sus faroles rojos, los paseos, y además, todo lleno de puestos de comida, y exhibición de esculturas, ikebana, linternas de bambú, y bailes de Maikos.

Higashiyama

Luces y Sombras

La parte que más me gustó fue la del santuario Yasaka. Era la zona más bonita y con más ambiente.

Yasaka

Yasaka

Yasaka

Yasaka

Además, muchas mujeres iban vestidas con los kimonos tradicionales, lo que le daba mucho más encanto al recorrido.

Mujer con Kimono

Durante el paseo aprovechamos para cenar degustando unas colas de cangrejo a la plancha. Riquísimas.

Colas de cangrejo

Olía todo estupendamente, pero nos quedaban muchos días por delante y había que decantarse por algo. Así que dejamos los takoyaki o los yakisoba para otro día.

Con la tontería, al final fue un buen paseo, y con el viaje y el jet lag, el final del día pesaba, así que volvimos al hotel para descansar y tener las pilas bien cargadas para el día siguiente, que es cuando empezaríamos de verdad a ver Kioto.

Batería externa

Las baterías externas están de moda. Bueno, llevan un año en que cada vez se ven más. Y es que no es de extrañar, ya que cada vez usamos más el móvil para más cosas, de hecho, creo que para cualquier cosa menos para llamar, y al final la batería se resiente. Así que, lo más normal es que tengas que poner a cargar el móvil al llegar a casa, o con suerte al acostarte.

Así que, claro, aquí hay negocio. Se acabó el quedarse sin batería en el momento menos adecuado porque te la has fundido jugando al candy crash. Y encima ni siquiera te pasaste el nivel.

En el mercado hay muchos tipos, con diferentes características y te puedes volver loco. Al final, estamos hablando de un acumulador de energía, cuando la necesitas, enchufas el dispositivo en cuestión (hablo de móviles, pero si se carga por usb también sirve, tipo libro electrónico, tablet, reproductor de música) y se la toma prestada. Cuando me puse a investigar para comprar una, tenía claro que la quería con dos características: compacta, que no me ocupara mucho, ya que estamos hablando del enésimo aparatito que hay que llevar encima, y su capacidad (mAh).

Esta es la mía, de 1000 mAh.

Batería Externa

Y me ha sido muy útil en mi viaje a Japón, pues tirando de la WiFi, de los mapas offline para situarnos en el terreno, que si la cámara, que si espera que tengo red y subo fotos a las redes sociales, uy, vamos a hacer un vídeo para mandarlo por whatsapp y dar envidia (porque reconozcámoslo, no lo hacemos para contar qué tal nos va, sino para dar envidia.) al final la batería iba bajando y bajando. Y eso que el móvil lo estrené en navidades. Así que, sin enchufe a la vista estando itinerante, teniendo el móvil y la batería enchufados y a resguardo en el bolso, en un rato de nuevo cargado.

Batería 2

Un aparatito muy práctico, con múltiples clavijas, lo que le da mayor versatilidad. Eso sí, al final hay que sumarlo al cargador de la batería de la cámara, al adaptador usb, al trípode, al palo, a los cables, y a los aparatos en sí. Total, una mochila sólo para la tecnología.