Japón por libre V: Día 1. Viaje y Kioto

Nuestro periplo nipón comenzó un sábado a las 10:10 de la mañana que salía nuestro avión con destino Osaka previa parada en el Charles de Gaule. No obstante, la parada fue muy breve, lo justo para bajarnos del avión, cambiar de terminal, pillar wifi gratis del aeropuerto, pasar por el control de la gendarmerie y volver a embarcar en el siguiente avión. Las maletas iban directamente a destino, así que una cosa menos.

El primer vuelo es de apenas un par de horas, te dan un refresco y un snack (unos palitos con sabor pesto hipermegasalados). El siguiente vuelo fueron once horas y se hace eterno. La noche previa habíamos intentado mantenernos despiertos para así llegar al vuelo con sueño, dormir en ese lapso de tiempo, y así a la llegada a Japón no tener jet lag. Sin embargo, yo apenas conseguí dormir, alguna cabezada de un par de horas, pero poco más. Entre tanto escuché música, leí, paseé por el pasillo, hablé con la vecina de asiento (una guía turística japonesa que venía de ver Italia en 8 días), nos dieron de comer, de picar, de desayunar…

Al ser un vuelo largo, te dan una mantita, una almohada y tienes una pantalla con un montón de películas, dibujos, música y entretenimiento. Cuando llega la hora de la comida, te reparten unas típicas toallitas húmedas como si ya te encontraras en Japón. Los oshiboris se ofrecen en los restaurantes, aviones y algunos trenes de larga distancia, incluso en los seven eleven o tiendas de conveniencia. Un detalle que se echa de menos cuando vuelves a España.

Para comer nos sirvieron ensalada de patatas y champiñones de primero y como plato principal a elegir entre una especialidad japonesa o pollo con pasta y guisantes. Además, queso camembert, piña, flan y café o té. A lo largo del vuelo nos repartieron unos snacks que también se podían coger en la parte media del avión. Descubrí una de las veces que fui al baño que en la zona donde los azafatos preparan la comida dejan un carro con bebidas y un par de cajas con el picoteo, para uso de los pasajeros. Allí estuve también un rato de charla con un francés que iba por trabajo frecuentemente a Japón. También nos repartieron unos helados crocantis en medio de la noche. Y finalmente, una hora y pico antes de aterrizar en Osaka, nos dieron del desayuno: macedonia de fruta, zumo de naranja, un yogur, un croasán con mantequilla y mermelada y unas tortitas. Además, café, chocolate y tes.

Una vez en Osaka tuvimos que pasar el control de inmigración. Los ciudadanos españoles no necesitamos visado para entrar en Japón (al menos para períodos cortos), tan solo hay que rellenar un par de documentos que entregan durante el vuelo. Uno de ellos te lo grapan al pasaporte, y el otro se lo quedan. El control es bastante rápido, te hacen una foto, un escáner de los dos dedos gordos, y listo. Para cuando quisimos llegar a la cinta de las maletas, estas ya nos estaban esperando. Ojo, el aeropuerto de Kansai ha recibido recientemente el galardón al mejor aeropuerto del mundo en el trato de equipaje por no haber perdido una sola maleta en sus 20 años de existencia. Muy japonés.

Tras recoger las maletas, nos dirigimos a la estación de trenes, donde fuimos a la oficina de JR. La intención era comprar un billete para el Haruka, el tren que lleva directo a Kioto en unos 75 minutos y canjear el JR Pass. Dado que habíamos llegado a las 9 y media de la mañana del domingo y teníamos todo el día por delante, pero no nos iba a ser muy productivo por el cansancio, la mejor opción era hacer este tipo de gestiones nada más llegar y no perder más tiempo otro día. Mientras estábamos en la cola esperando, una empleada se iba paseando y preguntaba a la gente si le podía ayudar, así iba aligerando. Al decirle lo que queríamos, nos rellenó un papel en el que indicaba el billete que nos debían suministrar. La mejor opción para coger el Haruka era comprar el Kansai Area Pass, cuyo pase de un día cuesta 2300Y (2200 si se compra en el extranjero), más barato que comprar un sencillo como pretendíamos.

Kansai Pass

Una vez llegamos al mostrador, le entregamos el papel y el documento del JR Pass al empleado y en cuestión de minutos tuvimos nuestros pases y nos dirigimos a Kioto. Ya en el andén de Osaka vimos sorprendidos cómo funciona Japón, esa eficacia. Nos quedamos asombrados al ver cómo llegaba el tren, se bajaban los pasajeros y entraron unos uniformados a limpiar los vagones. Con sus aspiradoras y todo. Comprueban que esté todo limpio, revisan los asientos, las bandejas, los reposacabezas, aspiran, recogen la basura, abren las cortinas y giran los asientos para que los nuevos viajeros vayan en el sentido de la marcha. Increíble describir con palabras. A mí lo del giro de los asientos me dejó alucinada. Os dejo con un vídeo de un Shinkansen en Tokio para que os hagáis una idea:

Cuando pisamos Kioto fue un poco desconcertante intentar salir de la estación, pues nuestro andén indicaba salida, pero si seguías las indicaciones cruzabas un Bic Camera un centro comercial. Pero sí, siguiendo las flechas llegamos a la calle y nos dirigimos al hotel. El alojamiento elegido fue el APA Hotel Kyotoeki – Horikawadori, a unos 5 minutos de la estación. El hotel es algo antiguo y tuvimos un percance con el aire de la habitación, que es central y no lo podíamos regular. La habitación era algo pequeña y sin armario, algo muy japonés, pero tenía internet gratis, estaba limpio, con productos de higiene, el yukata para estar cómodo, zapatillas tanto para la moqueta como para el baño, nevera, calentador de agua y con uso del onsen (los baños japoneses). Y por supuesto, con el famoso inodoro de chorros controlado por mando a distancia.

Habitación Kioto

Tras refrescarnos un poco e intentar deshacer las maletas (al menos lo imprescindible para los próximos días), salimos a dar un paseo para conocer la zona, ver dónde teníamos tiendas, la estación central, buscar algo de comer… en fin, situarnos un poco. Ya durante el paseo empezamos a ver lo diferente que era Japón de España, con esas máquinas expendedoras de bebidas en cada esquina (desde zumo o agua hasta cafés) y restaurantes con comida de cera en los escaparates. Logradísimo. Eso sí, no parecen reales del todo porque brillan mucho.

Máquina expendedora y sampuru

Aprovechamos para comprar los billetes de autobus del día siguiente en la oficina de turismo y compramos la comida en un seven eleven. Para empezar, sushi y sándwiches. Y nos la comimos tranquilamente en el hotel mientras echábamos un ojo a los mapas que nos habían dado en la oficina de información.

Comida

Tras comer, volvimos a salir. Coincidía que era el último día en que la zona de Higashiyama iba a estar iluminada, así que nos pareció una buena forma de tener un primer contacto de la ciudad.

Higashiyama ruta

Este barrio se podría traducir como “la montaña del Este”, ya que así se llama la montaña sobre la que se apoya el barrio. Desde el siglo XIV, se construyeron muchos templos, santuarios y villas de la nobleza, así que el barrio tiene una mucho movimiento y es muy perfecto para pasearlo y descubrir lugares con encanto.

Templo iluminado

La verdad es que no podría haber sido mejor la llegada, pues estaba todo muy bonito iluminado, los templos con sus faroles rojos, los paseos, y además, todo lleno de puestos de comida, y exhibición de esculturas, ikebana, linternas de bambú, y bailes de Maikos.

Higashiyama

Luces y Sombras

La parte que más me gustó fue la del santuario Yasaka. Era la zona más bonita y con más ambiente.

Yasaka

Yasaka

Yasaka

Yasaka

Además, muchas mujeres iban vestidas con los kimonos tradicionales, lo que le daba mucho más encanto al recorrido.

Mujer con Kimono

Durante el paseo aprovechamos para cenar degustando unas colas de cangrejo a la plancha. Riquísimas.

Colas de cangrejo

Olía todo estupendamente, pero nos quedaban muchos días por delante y había que decantarse por algo. Así que dejamos los takoyaki o los yakisoba para otro día.

Con la tontería, al final fue un buen paseo, y con el viaje y el jet lag, el final del día pesaba, así que volvimos al hotel para descansar y tener las pilas bien cargadas para el día siguiente, que es cuando empezaríamos de verdad a ver Kioto.

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14 comentarios en “Japón por libre V: Día 1. Viaje y Kioto

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