Japón por libre VIII: Día 4. Kioto Centro

El cuarto día en Kioto fue largo. Como venía siendo habitual, cargado con una ruta completita para intentar exprimir al máximo la ciudad. Finalmente nos quedaba por descubrir la zona centro de Kioto, aunque habíamos ido viendo cosas en nuestros paseos de un lado para otro, bien andando, bien en bus.

Así pues, cargamos pilas en el hotel desayunando unos bollos que habíamos comprado en un Family Mart.

Una especie de croasán relleno de chocolate, una empanada rellena de mermelada y una megamagdalena. La verdad es que les encanta el dulce, lo hay por todos lados. Sentíamos curiosidad por lo que nos encontrábamos en los lineales de los supermercados. Aunque yo reconozco que primero voy a lo seguro, a lo que se ve lo que es, y luego ya termino lanzándome. Aunque prefiero que se vea lo que es.

Comenzamos por el Castillo Nijo, que abre bien temprano, a las 8:45 de la mañana. Se puede llegar en los buses 9, 12, 50 ó 101. Su acceso cuesta 600Y.

El castillo fue construido en 1603 como la residencia oficial. Es uno de los ejemplos de la arquitectura del período Edo temprano. En 1867 se convirtió en propiedad de la Familia Imperial, aunque un siglo más tarde se donó a la ciudad y se abrió a los visitantes. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1994.

Al entrar en el recinto nos encontramos con la puerta Karamon, que nos llevará hasta la entrada del palacio Ninomaru, que es donde residía el shogun.

Es curioso observar las diferentes salas, cada una con una función, recubiertas de tatami, o con suelos de ruiseñor que se caracterizan por chirriar cuando pasamos por ellos como motivo de seguridad para avisar de visitas inesperadas. Por supuesto no faltan las típicas puertas correderas y diseños en las paredes. En el interior no se puede hacer fotos, así que a disfrutar de la visita.

Tiene un gran jardín con lagos y tiene una zona plagada de cerezos, que empezaban a florecer, aunque tímidamente.

Muy tímidamente.

La verdad es que merece la pena emplear su tiempo recorrerlo. A nosotros nos llevó casi la mañana.

Así pues, de camino a Sanjusangen-do paramos en el Santuario Yasaka (sí, otra vez) que está a medio camino y nos sentamos a comer en una de las mesas frente a los puestos que hay junto al lago. Elegimos unos calamares y patatas fritas, y como plato típico japonés, los takoyaki, que me los habían recomendado como una exquisitez. Son unas bolas estilo buñuelo hechas a base de pasta de harina de trigo y rellenas de pulpo. Se hacen en unos moldes especiales que les dan esa forma redondeada, y hay que ver cómo los cocinan y los van girando con gran maestría.

Además de la harina y del pulpo, se aderezan con jengibre en vinagre y cebolla verde. Después, se le echa por encima una salsa del mismo nombre y mayonesa. Como remate, se le espolvorean unas virutas de bonito y algas verdes. Esta especialidad es típica de la zona de Kioto, Kobe y Osaka y se pueden encontrar en mil puestos callejeros.

La idea no suena mal, algo similar a la masa de un crepe, de una tortita, relleno de trozos de pulpo adherezado, pero a mí no me terminó de convencer. No sé si por el hecho de que no me gusta el jengibre, o que los alimentos rebozados, con masas o bechamel (croquetas, empanadillas fritas y similar) no me sientan muy bien y no los como, así pues no estoy muy acostumbrada con esa palatalización. O quizá que la salsa es algo fuerte para mi gusto. No lo sé, el caso es que tuve la sensación de “se me hace bola” como los niños cuando no terminan su comida porque ya no les pasa y lo pasan de carrillo a carrillo. Puede que fuera que no eligiéramos un buen sitio. En fin, el caso es que no me convencieron mucho, bueno, a ninguno de los dos nos causó especial impresión y no los volvimos a comer en el viaje.

De postre nos comimos un helado de té matcha.

Ya habíamos probado el de sakura en Arashiyama y nos quedaba por probar este otro sabor tan típico japonés. Está rico, no tan amargo como el té de la máquina del día anterior. Al hacer el helado supongo que le añaden algo de azúcar y suaviza algo el amargor. Aunque tiene su punto. Eso sí, me quedo con el de sakura.

También había peces rellenos parecidos a los que habíamos visto en Londres.

Antes de irnos del recinto, pasé al baño. Sí, qué fina contándolo aquí, pero es que quiero explicar el mundo urinario en Japón. Para empezar, deberíamos aprender de ellos. Hay baños en cualquier sitio, un templo, un santuario, un museo, la calle, las estaciones, los trenes. Y no solo eso, están limpios. Qué digo limpios. Están impolutos. Y hay papel. Siempre. Y de repuesto. Porque nadie se los lleva, están ahí para que cuando se acaben, se coja el siguiente. Y suele haber también un dispensador de jabón por si acaso está sucia la tapa, para que la puedas desinfectar.

Cuando entras en unos baños, suele haber varios tipos de urinarios, y así se suele indicar en las puertas. Está el western style, es decir, tipo como los nuestros: una taza en la que te sientas. Aunque claro, ya quisiéramos tener esos inodoros que están calentitos, que te echa el chorro para dejarte la zona limpia y fresca. Y que si eres tímido, puedes pulsar el botón de agua, que tapará tu ruido, o incluso te ayudará a que te den ganas.

Eso sí, parece que no todos saben usarlo, porque tienen cartel explicativo.

Y después, está el eastern style, que es el que usan ellos. A mí me recuerda a las letrinas. Y es lo que es, te agachas, apuntas, y listo. Puede parecer incómodo, pero la verdad es que es cómodo de usar. Y también están limpios.

Es curioso ver cómo en ambos tipos de baños suele haber viñetas en las que se describe cómo se han de usar. Muy gráfico todo. Si no sabes japonés, no es excusa, está más que clarito.

Con el estómago lleno y la vejiga vacía seguimos el camino a Sanjusangen-do. Se puede llegar con los buses 100, 206 y 208. La entrada cuesta 600Y y abre de 9 a 16:30.

Este templo está considerado como Tesoro Nacional. Se construyó en 1164, sin embargo, el edificio original se quemó en un incendio. Posteriormente, en 1266 se reconstruyó. Es el edificio de madera más largo de Japón con 120 m y hecho siguiendo el estilo de la arquitectura Wayo. La traducción de su nombre vendría a significar “el espacio con 33 espacios entre columnas”, que es como está construido.

Es imprescindible su visita. Es impresionante. Aunque lo que realmente llama la atención es su interior. En serio. Indescriptible. Dentro se encuentra una gran estatua de la diosa Kannon de los mil brazos, declarada Tesoro Nacional de Japón. Pero es que a esta gran estatua la rodean 1001 de otras más pequeñas distribuidas en 10 filas con 50 columnas. Impresionante la sala. Lo sé, me repito, pero es que es para verlo. Y no, no puedo poner foto porque no dejan usar la cámara en el recinto. Aunque podéis ver algunas imágenes en su página web. No es lo mismo, ni mucho menos. Y si vais a visitarlo, mejor no os reventéis el momento.

Delante de este grupo de Kannons, en primera fila, hay otras 28 de deidades guardianas (al estilo de las que se encuentran en las puertas de los templos o santuarios). La mayoría de las deidades tienen su origen en la India. Entre ellas, destacan el Dios del Trueno y el del Aire, del período Kamakura. Marcan el inicio y el fin de la hilera.

La verdad es que como atea no le suelo prestar mucha atención a las imágenes religiosas. Me gusta ver iglesias o catedrales, pero porque las valoro desde un punto arquitectónico. Así ocurre también con los templos o santuarios. Sin embargo, quizá por ser menos conocido (para mí), sí que percibí que le prestaba más atención a los budas y deidades. Aunque hay que reconocer que sus imágenes o estatuas tienen más connotaciones positivas, Representan los elementos, la naturaleza, alegría… Ahora, si pensamos en un Cristo o una Virgen, o en general en la Religión Católica, sólo veo castigo, penitencia, tristeza y lamentaciones. Quizá deberían hacérselo mirar…

El día podía haber acabado ahí, porque quedas tan impresionado que es un gran broche final. Pero aún nos quedaban horas de luz, media tarde, y un as en la manga. Fushimi Inari. Pero lo dejo para otro día porque es tan bonito, que merece capítulo aparte.

5 comentarios en “Japón por libre VIII: Día 4. Kioto Centro

  1. Pingback: Japón por libre IV: Distribuir Kioto | Una cosa te voy a decir
  2. Pingback: Japón por libre IX: Día 4. Fushimi Inari | Una cosa te voy a decir
  3. Pingback: Japón por libre III: Configurar el itinerario | Una cosa te voy a decir
  4. Pingback: Japón por libre XV: Resumen Kioto | Una cosa te voy a decir
  5. Pingback: Día 2 IV Parte. Rumbo a Bombay | Una cosa te voy a decir

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.