Japón por libre IX: Día 4. Fushimi Inari

Y seguimos con el 4º día. Para el final teníamos Fushimi Inari, porque había leído que era mejor visitarlo hacia el atardecer, para ver cómo cambian los colores y además porque no cierra, así que hacia allí que nos dirigimos. Está a cinco minutos en tren desde la estación central de Kioto con la línea JR Nara, así que no es un gran desplazamiento. Una vez en Inari no tiene pérdida, tan solo hay que salir de la estación y cruzar una carretera.

Fushimi Inari es el principal santuario dedicado a la diosa Inari, que era la diosa del arroz. Como el arroz era con lo que comerciaban, hoy en día es venerada como diosa de los negocios. De ahí que las empresas donen toriis para que la diosa les dé prosperidad. Cada torii tiene una inscripción con los datos de esas empresas y cuanto más grande sea la “puerta”, más habrá pagado la empresa por él.

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

Como curiosidad, nos encontramos con varios operarios que estaban limpiando y pintando algunos toriis. No sé si eran del santuario o enviados por las propias empresas. Es decir, que tú mismo eres el encargado de mantener cuidado tu torii. Pero como siempre en Japón, todo detalle cuidado al milímetro.

Justo al cruzar desde la estación se ve un gran torii que marca el camino hacia la entrada y unos zorros. Estos animales que se pueden encontrar en el recinto representan al zorro Kitsune, mensajero de la diosa. Suelen tener una llave en las fauces, la llave que abre el lugar donde se guarda el arroz.

Torii Entrada

zorro entrada

Una vez dentro del recinto encontraremos diferentes edificios, como la puerta de acceso, salones, o el santuario principal.

entrada Fushimi Inari

Fushimi Inari

Fushimi Inari

torii Fushimi Inari

Fushimi Inari

Fushimi Inari

Fushimi Inari

Fushimi Inari

torii Fushimi Inari

Fushimi Inari

Para recorrer Fushimi Inari hay que dirigirse hacia el camino de toriis hacia la cima de la montaña. Hay varios tramos, de hecho, en determinado momento el camino se bifurca y más arriba, de nuevo otra hilera de toriis que hará un círculo alrededor de la montaña.

mapa Fushimi Inari

El recorrido puede llevar aproximadamente un par de horas. Hay tramos en los que la subida puede cansar, las escaleras no son cómodas, pero lo que realmente entretiene es ir descubriendo cada tramo, en algunos se mezclan los toriis de piedra con los de color bermellón.

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

Si queremos descansar un poco, hay un punto en el que podemos sentarnos a observar la ciudad. Aunque nosotros no nos paramos mucho porque el tiempo no acompañaba.

vistas desde Fushimi Inari

También lleva su tiempo hacerse fotos, claro… porque al ser uno de los santuarios más populares de Japón, siempre está lleno de visitantes, así que es complicado sacar fotos sin gente. Además, a nosotros se nos complicó algo más cuando empezó una llovizna suave a medio camino. Pero mereció la pena. Sin duda.

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

¿Cansados de toriis? Pues hay más.

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

Pero no es lo único. A lo largo la colina hay varios santuarios y arriba del todo el principal. Por supuesto, no pueden faltar los zorros, lugares de veneración y restaurantes. Por no hablar de las máquinas de bebidas. ¡Están en todos sitios!

Fushimi Inari

Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

Fushimi Inari

Y continuamos la bajada. Se puede seguir el sendero marcado por los toriis, o por un un bosque de bambú. Con la lluvia nos decidimos por el camino de puertas.

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

toriis Fushimi Inari

Sé que son muchas imágenes de toriis, pero es que hay muuuuuuuuchos y me encantó el entorno: los toriis, la vegetación… además, la lluvia potenciaba el olor a campo, a bosque. Es una visita imprescindible. Si se tienen pocos días, es preferible evitar algún que otro templo, pero ir a Kioto y no pasar una tarde en Fushimi Inari sería lamentable.

Por cierto, si habéis visto Memorias de una Geisha, hay una escena rodada entre los toriis.

Cuando atardeció tomamos de nuevo el tren de vuelta a Kioto. Es fácil seguir las indicaciones y saber si estamos en el andén correcto, puesto que en los paneles informativos se indica la parada anterior y la posterior así como el sentido de la marcha. Aquí vemos que el tren va dirección Tofukuji.

Parada Inari

Una vez en Kioto compramos unos makis, unos fideos instantáneos, el desayuno del día siguiente y volvimos al hotel a descansar, hablar con la familia y preparar el día siguiente. Pero hacía calor en la habitación, y aunque teníamos un panel de control del climatizador, aquello parecía expulsar solo aire caliente. Y claro, las letras encima de los botones estaban en japonés, así que hice una foto con el móvil y me bajé a recepción para que me explicaran qué botón tenía que pulsar para conseguir una temperatura más fresca.

Panel Aire Acondicionado

Después de una conversación en inglés indio, porque el recepcionista, aunque muy solícito, hablaba lo justo, volví a la habitación. El chico me había explicado que ya lo había regularizado desde su control general. Así que pensé que me había bajado la temperatura un par de grados. Pero llego y el panel marcaba 24º y seguía haciendo calor. Toqué de nuevo las flechas para que bajaran los números, pero nada… como el que tiene un tío en Alcalá.

Bajé de nuevo. Venga, otro recepcionista, a ver si hay más suerte. Sí, hola, mira, tengo calor, quiero frío. Enseño foto, qué botón pulso. Y me mira con cara de W. A ver, yo calor (gesto de abanicar), quiero frío (me restriego los brazos), qué botón. Me dice que espere, entra dentro, sale y me dice lo que el anterior, que ya ha tocado él. Vale, gracias. Subo, entro, miro panel y DE NUEVO LOS 24º. Qué poca paciencia tengo para estas cosas, que me pongo muy nerviosa yo con el calor, me agobio enseguida, y tanto subir y bajar…

Tercer intento. El segundo recepcionista. Oye, que mira, que tengo calor y me has subido la temperatura, no bajado… Me pregunta que si puede subir. Sí, hombre, sube, con tal de que no me asfixie… Subimos, se descalza en la puerta, hace reverencia, entra, mira el panel, toca, vuelve a tocar, dice que ahora viene. Y se va. Vuelve al par de minutos. El contador a 24º otra vez. Se descalza, de nuevo reverencia y me dice que en primavera el hotel tiene 24º controlados desde la general. ¿Y si tengo frío? Pues abres la ventana. ¿Y el ruido? Es temperatura de primavera. Reverencia y se va.

Y ahí nos quedamos con los 24º y la ventana abierta para que ventilara aquello un poco.

Hasta ese momento no habíamos tenido problemas de comunicación, porque en las tiendas pones la mercancía, te señalan el horno si llevas algo caliente y como mucho si quieres unos tenedores (te los enseñan también) para los fideos en vez de los palillos. Pero ves el importe en la pantalla y pagas sin más. Reverencia, sonrisa, y has apañado el momento. Al llegar al hotel, aunque hablaban poco inglés, entregas la reserva, te piden pasaporte, rellenas un par de hojas, te explican cómo funciona el onsen (los baños japoneses), y poco más… Ah, bueno, sí, al hacer el check in nos dieron un par de botes de café. Y es que parece que es frecuente el café frío en lata, se puede comprar en las máquinas que hay en cualquier calle (incluso en templos o santuarios en medio del monte como comprobamos en Fushimi Inari). Y no estaba nada mal, la verdad.

En fin, que nos llevamos la anécdota del día. Y con la ventana abierta, nos fuimos a dormir. Y como llevábamos buen tute, pues la verdad es que el ruido, que no es que fuera mucho, no nos impidió descansar.

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7 comentarios en “Japón por libre IX: Día 4. Fushimi Inari

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