Japón por libre XVI: Día 8. Himeji

Tras el resumen de Kioto, continuamos con el día 8. Ya sin maletas, puesto que se quedaron en recepción camino de Tokio y solo con una mochila cada uno, cogimos el Shinkansen Haruka de las 6:22 hasta Shin Osaka donde hicimos trasbordo al Shinkansen Kodama que llegaría a Himeji a las 7:36.

El motivo de parar en Himeji de camino a los Alpes fue aprovechar para ver su famoso castillo – lamentablemente sólo por fuera, ya que hasta el 28 no lo reabrirían tras las obras de remodelación – y subir al Monte Sosha.

Dado que el castillo está a unos 15-20 minutos andando desde la estación, decidimos ir primero a lo más alejado, es decir, subir al Monte Sosha. Para llegar al monte hay que tomar el bus 8 desde la estación. Pero la terminal de autobuses estaba en obras, así que tuvimos que preguntar en información a un señor muy amable, que nos indicó qué pase teníamos que comprar, dónde y que nos dio un mapa y un horario del transporte.

Tarda unos 20 minutos en llegar hasta donde hay que tomar un funicular y hay un pase combinado que cuesta 1300Y y merece la pena. Tiene 4 números y te los van recortando según subes al bus o al funicular. Además tiene dibujitos, por lo que queda muy claro.

En el Monte Sosha se encuentra el Templo Engyoji, un complejo de templos de más de 1000 años donde se rodó El último samurái.

La verdad es que es un entorno muy bonito, para emplear fácilmente un día, llevarse la comida, hacer un picnic, pasear y disfrutar de las vistas.

Lamentablemente, no teníamos tanto tiempo, así que dimos un paseo por la ruta principal. La poca gente con la que nos cruzamos (porque era muy pronto) iba muy bien preparada con calzado, bastones y protección contra el sol. Y también había grupillos cargados con elementos para poder observar las aves del entorno.

El Templo Engyoji fue fundado en 966. Hay ocho edificios y siete estatuas budistas que están consideradas como Propiedades de Importancia Cultural.

Aunque lo cierto es que daba la impresión de que ya no es muy visitado y que la mayoría estaban como un poco dejados y solitarios. Lo que no quiere decir que estuvieran descuidados, al menos los templos, ya que sí que había algún edificio que parecía que se caía.

Una pena no poder decicarle mucho tiempo, el entorno es muy tranquilo y me quedé con ganas de poder disfrutarlo tranquilamente, de ver los edificios con más calma, de perdernos por los senderos y oír los pájaros. Si vais con tiempo, no lo dudéis, merece la pena subir. En fin, emprendimos la bajada y nos dirigimos al castillo.

El Castillo, junto con el de Matsumoto, es uno de los dos mejores de Japón. Es uno de los pocos que quedan originales, aunque su interior está vacío. En contraste con el de Matsumoto que es también conocido como el cuervo negro, este recibe el apodo de la garza blanca. Es el más majestuoso de los doce castillos feudales que se conservan en todo el país. Fue construido a mediados del siglo XIV, reconstruido en 1577 y restaurado en 1609 y 1964.

Es un ejemplo de castillo en una colina rodeado de llanuras. Está considerado como el más bonito y es Tesoro Nacional Japonés y parte de la herencia mundial de la UNESCO. Es famoso, además de por su torre principal, por su complicadísimo diseño defensivo lleno de puertas, pasadizos, cuartos secretos, muros y murallas que pretendían confundir a los invasores a su entrada al castillo para poder atacarlos más rápidamente. Está en lo alto de un muro de piedra para protegerlo de los ataques de armas de fuego.

Desde el exterior la torre parece tener cinco alturas, pero en realidad tiene seis y una base. La segunda y tercera parecen ser una sola. Nunca fue destruido ni en guerras, terremotos o incendios, así pues, conserva su forma original. Dado que la ciudad se estaba preparando para la reapertura del castillo, la zona estaba llena de carteles, incluso de un muñeco que se paseaba disfrazado de castillo o figurantes con los que te podías hacer una foto de forma gratuita

Y además, nos encontramos unos novios haciéndose las fotos frente al castillo. Iban vestidos de forma similar a como iban los que nos encontramos en el Santuario Shimogamo. Aunque ella no llevaba el gorro, sino un tocado.

Y como tiene una gran esplanada alrededor, había gente haciendo picnic y aprovechando el fin de semana. Y lo cierto es que van más que preparados.

Tras el paseo por el monte y la visita relámpago al castillo, volvimos a la estación para tomar el Shinkansen que nos llevaría a Kanazawa, nuestra próxima parada y donde pasaríamos la noche.

Esta vez no cogimos el bus, dado que ya habíamos gastado los cuatro billetes, así que, fuimos caminando y encontrándonos con varias estatuas a lo largo del paseo.

5 comentarios en “Japón por libre XVI: Día 8. Himeji

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