Japón por libre XVIII: Día 9. Kanazawa

Antes de marcharnos de Kanazawa, madrugamos para ir a visitar los Jardines Kenrouken, que son de visita obligada.

En su día eran unos jardines privados de la familia Maeda, y no fueron abiertos al público hasta 1871. Destacan por ser unos de los más bonitos del país, puesto que es el jardín de las seis cualidades: espacio, aislamiento, artificialidad, antigüedad, agua abundante y amplias vistas.

Y tiene una de las imágenes más famosas de los catálogos de los viajes: el Kotojitoro (el farol de piedra de dos patas).

Es un jardín muy completo, con sus estanques, arroyos, cascadas, puentes, flora y fauna. La gran variedad de plantas, árboles y flores que tiene hace que sean diferentes en cada una de las estaciones según qué esté en su máximo esplendor. Cuesta 300Y la admisión y abre todos los días de 7 de la mañana a 6 de la tarde (de 8 a 17 en invierno).

Por supuesto está todo perfecto, al más puro estilo japonés, todo cuidado al milímetro. Me parecieron enormes, y de nuevo, una pena que los cerezos aún no estuvieran en flor, empezaba a pensar que nos volveríamos de Japón sin ver el famoso Hanami. Pero bueno, aún quedaba Tokio.

De vuelta a la estación pasamos por el mercado, donde pudimos observar cómo los lugareños hacían su compra. Paseamos por sus pasillos, descubriendo sus productos locales, algunos desconocidos, otros no, entre los que destacan los megacangrejos y sus patacas que tanto me gustan. Aunque, por supuesto, también había frutas y verduras.

Una vez en la estación, nos fuimos a la dársena donde teníamos que coger el bus de la compañía Nohi Bus. Habíamos reservado asiento para el de las 9:05 que llegaría a las 10:30 a nuestro destino. Hora y media a través de montañas hasta Shirakawa-go. Creo que en Kanazawa fue donde por primera vez tuvimos la sensación de estar fuera de lugar. Hasta ahora, aunque pocos, habíamos visto turistas occidentales, y en la mayoría de los sitios están bastante preparados para los extranjeros y, aunque puedan expresarse precariamente en inglés, lo cierto es que saben hacerse entender. Nos sentíamos cómodos moviéndonos por libre. En Kanazawa apenas encontramos carteles en otro idioma que no fuera japonés. Al comprar los billetes del bus (Kanazawa – Shirakaga-go y Shirakawa-go – Takayama) lo llevé escrito, y aún así me costó entenderme con la chica de la oficina del bus. Y después, el billete era una hoja como la de las impresoras matriciales, con todo en japonés y que salvo la hora, el número de asiento y la dársena, poco más se podía entender. Menos mal que la chica nos señaló la dársena.

Pero Shirakawa-go lo dejamos para otro día, porque merece la pena extenderse.

4 comentarios en “Japón por libre XVIII: Día 9. Kanazawa

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