Japón por libre XXVI: Distribuir Tokio

Si distribuir Kioto fue un quebradero de cabeza con tantos templos, el transporte, la falta de JRPass… lo de Tokio ya fue otro nivel. Aunque luego una vez allí, funcionamos más con la improvisación y sobre la marcha, porque íbamos rellenando las tardes cuando volvíamos de excursión o porque según se levantaba el día climatológicamente hablando, decidíamos ir a una zona u otra.

Recopilé información y me monté un mapa virtual en el salón para situarme en los barrios. Que si unos mejor entre diario, otros en fin de semana (como Yoyogi para ver a las tribus urbanas), otros mejor por la tarde noche para ver el ambiente, otros de día para subir a miradores… En fin, un caos, una misión imposible porque hay mil sitios que ver y mil cosas que ver. Y es que Tokio es inmenso, inconmesurable, alucinante.

Tokio tiene una superficie de 2.188 km² y una población de más de 13 millones de habitantes (en la ciudad, ya que llega a más de 36 en el área metropolitana, casi como España entera, vaya). El centro de Tokio se subdivide en 23 barrios. Por supuesto, no veríamos todos, solo nos moveríamos por los más céntricos.

Tokio nació en 1457 con la construcción del Castillo Edo, que daría nombre a la ciudad. Posteriormente, en 1603 se estableció el Gobierno dando lugar al Período Edo. Sin embargo, la nobleza y el Emperador seguían viviendo en Kioto, que tenía el estatus de capital, aunque sólo fuera de nombre.

En 1868 el Emperador se mudó al Castillo convirtiéndolo en el Palacio Imperial y la ciudad pasó de llamarse Edo a Tokio. A partir de ahí empezó su expansión y se comenzó a construir el ferrocarril y en 1885 la Línea Yamanote.

Es una ciudad que ha pasado por mucho. A lo largo de su historia sufrió incendios, la erupción del Fuji en 1707 tifones y varios terremotos. Y por supuesto se vio fue azotada por los bombardeos en la II Guerra Mundial.

A partir de 1950 comenzó a recomponerse, se reestructuraron los barrios y se siguió con la construcción de las líneas de metro. Ya en 1964 se inauguró la primera línea de Shinkansen, imprescindibles hoy en día. En 1978 se construyó el Aeropuerto de Narita y poco a poco la ciudad y el país fueron creciendo a pasos agigantados.

Hoy en día es una gran metrópolis, Tokio se ha convertido en el principal centro financiero de Asia. La mayoría de las instituciones financieras del país, y multinacionales, tienen su sede en la capital nipona.

Para distribuir Tokio lo importante es madrugar. Bueno, en general para aprovechar bien el día en cualquier sitio. Pero es que en Tokio hay taaaaaaaaaaaanta gente, que como te pongas en movimiento tarde, ya va todo más lento. El transporte irá más lleno y tendrás que esperar al siguiente tren (que irá también hasta arriba), habrá mayor tránsito por la calle, habrá cola para entrar en los sitios… Que está muy bien ver el movimiento de una ciudad, porque forma parte de su carácter, de su propio día a día. Pero en el caso de Tokio, si puedes aprovechar horas en las que hay algo menos de movimiento, también se agradece.

Otro dato que tuve en cuenta fue destinar los primeros días para los barrios más alejados con respecto al hotel, y dejar para el final los más próximos. Veníamos con el JR Pass, que nos duraría unos días más, y dado que la Yamanote, que es circular, es muy práctica para llegar a casi todos los sitios de interés, pues lo suyo era aprovecharla al máximo. Y lo que quedara fuera de esta línea, pues también para el final, puesto que ya que había que pagar… mejor cuando no quedara más remedio. Y esos días sin el pase, tiramos de la PASMO.

PASMO

Así pues, conjuntando estas dos opciones, me tracé una hoja de ruta en la que comenzaríamos desde una parada alejada de la Yamanote y nos iríamos moviendo hacia el interior, volviendo al final del día hacia el exterior localizando otra estación de dicha línea que nos llevaría a Ueno (luego en realidad acabábamos en Okachimachi).

Por ejemplo, quedó algo así:

Descartamos el madrugar a las 3 de la mañana para estar a eso de las 5 en la Lonja de pescado de Tsukiji. Todo no puede ser, y había que priorizar. Eso sí, sí que queríamos comer allí un día.

En fin, todo esto sobre el papel está muy bien, pero como digo, al final sobre la marcha fuimos improvisando. Bien porque volvíamos de excursión y nos quedaba tiempo que aprovechar, bien porque se nos levantó el día lluvioso y pensamos que lo mejor era ir a Akihabara que teníamos sitios donde resguardarnos, o porque el barrio en cuestión no nos atraía mucho y cambiábamos la ruta hacia un destino más interesante.

Pero habrá que ir desgranarlo día a día.

5 comentarios en “Japón por libre XXVI: Distribuir Tokio

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