Japón por libre XXXVII. Día 21.Regreso

Nos habíamos quedado en el aeropuerto ya cenados y con una buena localización para pasar la noche. Y la verdad es que fue bastante bien hasta que a eso de las 2 de la mañana llegó un chino y se tiró hasta las 4 y pico que embarcó viendo vídeos con el altavoz (no debe conocer los auriculares el chaval) y haciendo ruiditos con la boca. Qué desagradable.

A las 5 de la mañana nos abrieron el mostrador de facturación y nos libramos de las maletas. Y ya más ligeros, aprovechamos para estirar las piernas un poco. Pasamos el control y nos quitaron del pasaporte la hoja del visado que nos habían dejado grapado al entrar por inmigración.

A las 6 y algo desayunamos en el único sitio que había abierto, ya que ni las tiendas del duty free habían subido el cierre, cambiamos los yenes que nos sobraron, vimos amanecer y embarcamos rumbo a Madrid.

Fue muy curioso que los de Air France me dejaran llevar un paraguas no plegable como objeto de mano, y luego llevas un palo de selfie y te ponen mil pegas. Nunca entenderé lo de los objetos permitidos y los prohibidos.

Tuvimos la suerte de que en nuestra fila de tres íbamos los dos solos, con lo que pudimos ir algo más cómodos que a la ida. Y eso que teníamos sólo dos asientos delante y si te sentabas en el de pasillo no tenías nadie delante y ya de por sí era algo más cómodo. Había tanto cansancio que dormitamos bastante. Al igual que en el vuelo anterior, nos dieron varias veces de comer, primero el desayuno, ya que salíamos a las 07:35 de Tokio. Primero podéis ver el ovolácteo vegetariano, y después el estándar, a tope de azúcares.

Unas horas más tarde nos dieron un helado y algo así como ocho horas después del desayuno, nos sirvieron la comida. Además, había picoteo al final del avión.

Como entretenimiento podíamos elegir entre varias películas, series y música. Aunque yo tiré más de libro electrónico y de mi música. Y de cabezadas.

Hicimos la escala en el Charles de Gaule de París y fue bastante rápido, entre pasar por el baño, por el control de la gendarmerie y buscar la puerta de embarque, se nos pasó el tiempo. Y tras dos horas y media más, llegamos a Madrid, donde oficialmente se acababa nuestra Luna de Miel.