Japón por Libre XL. Comer en Japón

Antes de nada, quiero aclarar que no todo en Japón es sushi. Que mucha gente nos ha comentado que no serían capaces de estar todo el día comiendo sushi o pescado crudo. Pero, nada más lejos de la realidad, igual que en España no estamos todo el día con el cocido, la paella o la tortilla. Como mucho, cae una vez a la semana, que tenemos variedad gastronómica.

Pues los nipones igual. Sí que es verdad que lo que nos ha llegado más allá de sus fronteras es el plato estrella, pero allí no es lo más consumido. Al menos a mí me dio la sensación de que lo más común eran los platos combinados de arroz y carne o los fideos (con caldo o fritos salteados). Por supuesto, también influye la parte del país donde nos encontremos, ya que por ejemplo en Hiroshima son típicas las ostras y en Osaka los okonomiyakis.

En los Alpes el plato destacado es la carne de Hida, y si nos vamos a Kobe, encontramos su famoso buey.

Lo que sí parece claro es que los japoneses comen de forma equilibrada. Nosotros hablamos de nuestra dieta Mediterránea, pero lo cierto es que lo que comemos hoy en día dista mucho de la dieta Mediterránea original, hemos adquirido costumbres de comida precocinada, fritos, cereales para desayunar y demás aberraciones que no son autóctonas. Sin embargo, en Japón parece que conservan su dieta milenaria.

Por un lado, sus platos están equilibrados en cuanto a las cantidades de hidratos, proteínas, grasas, vegetales, semillas y fruta. Y predominando la cocina al vapor o ligeramente salteada. Por otro lado, las porciones son apropiadas, para nada exageradas y desproporcionadas. Y además, al comer con palillos, se come más despacio, lo que nos lleva a tener sensación de saciedad y a digerir mejor los alimentos. Aunque aquí también creo que influye la espiritualidad que le aportan a su día a día, a sus costumbres, el respeto por la comida, por los comensales con los que la compartimos. Por ejemplo, las bebidas no se las sirve uno mismo, sino que se sirve a los demás y los demás a nosotros.

El mayor ejemplo de esta comida equilibrada son los Obento. Unas cajas que surgieron en las estaciones de tren, aunque hoy en día se pueden comprar también en los supermercados y que tienen de todo. Es el concepto del take away o de la tartera de toda la vida, pero sin renunciar a comer sano.

Como todo en Japón, está cuidado al detalle. Desde el envase con sus palillos, hasta el interior. Lleva su arroz, su verdura, huevo cocido, pescado, carne, encurtidos, fruta y algún dulce. Hay mil opciones y combinaciones, es una locura elegir, porque además, influye el factor riesgo, porque muchas veces no sabes qué es lo que te vas a llevar a la boca y qué tipo de sabor. Pero en general, todo estaba bastante rico.

Destaca el colorido y una presentación muy cuidada. Y es que los obento son todo un arte. Hay madres que les preparan el obento a los niños para que se lo lleven al cole y están muy muy currados. Sólo hace falta echar un ojo a google.

Aparte de estas cajas, también podemos comprar platos preparados en los 7eleven o Family Mart. Tenemos bandejas de sushi o especie de platos combinados más simples que los obento con arroz y carne o fideos y pescados. También encontramos una especie de ensalada enrollada en alga.

Estas bandejas o preparados nos venían muy bien para viajes largos o para cenas, pero cuando quieres comer en marcha y no pararte mucho, una buena opción pueden ser los onigiri, una especie de sándwich que consta de arroz con alga y rellenos de sorpresa, porque la mayoría de las veces no tenían foto.

Si no quieres arriesgarte, siempre puedes recurrir a los makis, que sí que ves lo que contienen. Los venden más grandes, más pequeños, partidos, sin partir, variados o de un mismo sabor.

Y si no, pues también existe la opción más occidental del sándwich de pan de molde.

Este, por ejemplo, era de lechuga, huevo, jamón y queso. Ojo al detalle de cómo se abre el envase. ¿Por qué en occidente no lo empaquetan así? Es mucho más práctico. Tiras del precinto, abres y coges por el pico. Si es que los japoneses están a otro nivel. No me canso de decirlo.

Si echamos de menos la comida occidental, podemos recurrir a las cadenas de comida rápida, bien americanas, o bien su versión japonesa.

Por supuesto, no puede faltar probar las delicias de los puestos callejeros. No son nada caros, están limpios y la comida está rica.

Nosotros íbamos alternando según el día y según tuviéramos de tiempo, comíamos una cosa u otra. Eso sí, nuestras cenas casi siempre incluían fideos instantáneos (nada que ver con los yatekomo que se han puesto ahora de moda). En los hoteles siempre teníamos un calentador de agua, y nos venía bien comer algo caliente, así que con los fideos y alguna cosa más, solucionábamos las noches.

Otra opción para comer caliente pero que sin parar demasiado son los restaurantes en los que sacas el ticket en la máquina y te sientas a comer en la barra. En la mayoría el menú es bastante reducido, pero son los locales que más triunfan entre los locales. Suelen ser fideos en sopa con carne o pescado.

Los pasos a seguir son:

1. Identificar (por la foto) qué queremos comer

2. Identificar el botón

3. Introducir el dinero y seleccionar el plato

4. Recoger el ticket y el cambio

5. Entregar el ticket en el restaurante y esperar a la comida

Por otro lado, nuestros desayunos no eran nada sanos ni tenían nada que ver con el típico japonés.

Era la opción más rápida, la verdad. A la vez que comprábamos la cena, nos hacíamos con un surtido de bollería, café de lata, zumo de naranja y a veces unas bananas, la única fruta que tenía un precio algo razonable.

Otra forma de comer fruta es en una especie de gelatina. Algo así como comerla en almíbar.

Algo que solíamos llevar en la mochila en nuestro día a día era algo de picoteo. Las típicas bolsas de snacks por si nos entraba algo de hambre y estábamos en un templo en medio del bosque o en un sitio donde no hubiera mucha opción para comer. Hay una gran variedad y también influye el factor sorpresa, no sabes qué te vas a encontrar, por mucha foto o traductor de google por foto.

Los corazones de ciervo tenían su punto. Esa mezcla de salado y dulce, pues sabían a maíz de bote. Los frutos secos con ligero sabor picante tampoco estaban nada mal.

Entre las bebidas destaca el té verde, la cerveza Asahi y el sake, por supuesto. Como rareza puede chocar el café en lata frío, los tés amargos o refrescos de mil sabores. Y por supuesto, las máquinas expendedoras que están en todos los sitios.

Si hablamos de postres, los japoneses son muy aficionados a los dulces, pero son algo diferentes a los que estamos acostumbrados por estos lares. por supuesto, destacan los famosos peces rellenos de judía roja. Los hay en todos los mercados callejeros, en cualquier calle peatonal comercial.

Ya lo he comentado a lo largo del relato, las judías rojas están por todos sitios, en los mochi, en los dorayakis… Allá donde pienses que el relleno es de chocolate, seguramente no lo será.

Otro sabor muy recurrente es el del té matcha. En helados, en galletas, en los KitKat (bueno, estos darían para una tesis):

Aunque también se pueden encontrar dulces algo más conocidos para los occidentales, como los crepes de Tokio.

Sin embargo, a pesar de que parecen bastante golosos, resulta complicado encontrar gordos en Japón. Ojo, no obesos, sino gente con unos kilos de más. Creo que en todo el viaje sólo vimos a un señor, que rozaba la obesidad y se metió en winzip en un asiento del autobús. Y seguro que tenía algún tipo de desorden alimentario. Según los últimos datos de la OMS en España hay un 15,6% de obesos, mientras que en Japón un 3,1%.

Pocas cocinas pueden presumir de ser tan equilibradas y saludables. Además, comer en Japón no es nada caro.