Y llegó 2016

Cómo pasa el tiempo. Enero otra vez. Con esta temperatura nada típica del otoño e invierno se me ha pasado la Navidad visto y no visto, casi sin consciencia de ello. Bueno, el haber tenido elecciones puede que haya influido, los resúmenes anuales han esperado hasta el último día para cerrarse ya que no parece que haya un panorama nada claro.

Eso sí, ya va habiendo movimiento. Empezando por Cataluña, después que la CUP haya decidido no investir a Mas. Aunque parece que hay una puerta semiabierta a la proposición de otro candidato. Tienen hasta el 10 de enero para mover ficha. A partir de entonces expirará el plazo legal para nombrar al presidente de la Generalitat, el Parlament quedaría disuelto y tendrían que convocar nuevas elecciones, seguramente para la primera semana de marzo. Con esta premisa, la nueva campaña electoral comenzaría a mediados de febrero.

Y mientras esperando a un Gobierno Central. Para esto parece que habrá que echarle más horas, días (e incluso meses), ya que no creo que el día 13 de enero salgamos de dudas. Se mareará la perdiz, que si noes, abstenciones, caras largas, miraditas. Después se echarán la culpa entre partidos de que no haya acuerdo, volarán las flechas, los cuchillos y cualquier arma como si fuera la guerra. Con las probables elecciones catalanas además de por medio, a ver por dónde salen los discursos de los partidos y si no vamos también a unas elecciones generales en mayo (convocadas a mediados de marzo con los votos catalanes recién contados).

Pero no vamos a avanzar tanto, ojo, que apenas han pasado un par de semanas desde el 21D y parece que llevemos un par de meses hablando de pactos para no romper España. Los que se creen vencedores esperan el apoyo del resto, o al menos la abstención. Los que se ven como alternativa están esperando que los primeros no tengan opción y les llegue su turno. Y detrás, unos que si la legislatura comience ya, otros esperando unas elecciones en las que creen que obtendrían mejor apoyo que el 20D. Pero es que, además de los ataques entre partidos, como era de esperar, también tenemos las internas dentro de las propias formaciones, así que pueden correr ríos de sangre.

Lo curioso de la situación es que da la sensación de que se sorprenden del resultado electoral cuando en 2015 esto ya ocurrió en las elecciones andaluzas o catalanas. Como siempre, la clase política está a lo suyo, muy desconectada de la realidad y sin nada de autocrítica. Y mientras, la gente de a pie tiene que volver al ritmo diario. Se acabaron los días festivos. Los niños vuelven a las clases, los adultos al trabajo (con suerte) y a apuntarse al gimnasio, a empezar la dichosa dieta, a aprender inglés y todos esos propósitos que se repiten cada año. Estamos en los primeros días del año, del mes, y ya nos inundan los medios con las mismas listas de cada año. Quizá una buena idea sea plantearse objetivos más a corto plazo que a 365 días. Ó 366, que 2016 es bisiesto. Yo me quedo más con la idea de cambiar hábitos que la de los propósitos que se quedan en papel mojado.

Por ejemplo, en lugar de comenzar una dieta radical, soy más partidaria de empezar introduciendo modificaciones en el día a día. Sustituir un desayuno con bollería o galletas por uno que contenga alimentos de verdad; ir cambiando los snacks de media mañana/tarde por fruta; adaptarse a una reducción progresiva de las bebidas azucaradas; reducir el consumo de sal; cocinar a la plancha en vez de freír; acompañar el plato principal con ensaladas o verduras en lugar de patatas fritas… Pequeños detalles. Pero poco a poco, con una pauta de tiempo, para que el cuerpo y el paladar se vayan acostumbrando. Para cuando te quieres dar cuenta, pueden haber pasado unos meses y ya has llegado a una alimentación mucho más nutritiva. Y sin tener que estar pensando en pesarse o contar calorías.

Lo mismo con el ejercicio. No sirve de nada apuntarse al gimnasio el 1 de enero (o salir a correr) si al final a día 15 lo has dejado por falta de ganas o motivación. Primero, considero imprescindible encontrar una actividad con la que uno disfrute, y segundo, progresión. Por ejemplo, si el objetivo es correr durante una hora, yo empezaría primero andando. Quizá primero 15 minutos andando y 5 de carrera. La siguiente semana 20-10. La tercera 30-20. Para la cuarta lo haría a la inversa: 20 de caminata, 30 de carrera. Y así poco a poco. Roma no se conquistó en una hora.

Uno de los grandes problemas que se nos plantean en el día a día están relacionados con el dinero. Bien para pagar facturas, bien como ahorro para emplearlo en el tiempo de ocio. En mi caso, para viajar. Aunque he sido siempre muy hormiguita en ese sentido porque no soy muy materialista ni tengo gustos caros, descubrí hace poco el reto de las 52 semanas. Se trata de un ahorro progresivo tomando como referencia la semana del año. Esto es, comenzamos la semana uno ahorrando 1€, la dos, 2€ y así sucesivamente hasta llegar a la última del año en la que aportaremos 52€.

Así a priori no parece un gran esfuerzo, pero con la tontería, a final del año habremos llegado a una suma total de 1.378€, que no está pero que nada mal. Como comentaba con la alimentación o el deporte, me parece un acierto lo de ir en progresión, porque el acostumbrarse a un hábito llega de forma sin que apenas nos demos cuenta. Ahorrar 1€, 2, 10 ó 12 a la semana no es complicado. Podemos ir guardando las vueltas cuando hacemos la compra, por ejemplo. Quizá a medida que vamos más allá es más complicado, pero creo que también nos habremos concienciado más de los gastos semanales y probablemente nos paremos a pensar antes de hacer una compra compulsiva.

En principio el reto está pensado para hacerlo en un año natural, pero si vamos a ahorrar por ejemplo para unas vacaciones, a lo mejor es preferible comenzar en septiembre. Iniciarlo el 1 de enero significa que acabemos el 31 de diciembre, y aportar 52€ en plena época navideña, puede que sea un esfuerzo algo más complicado. Pero se me ocurre la opción de invertirlo. Aportar la primera semana los 52€ e ir bajando. Quizás así se haga menos cuesta arriba. Además, la versión decreciente puede motivar más porque en el primer mes ya tendrías ahorrado 202€ y no los 10€ de la versión creciente. Puede ser la forma adecuada sobre todo si eres de los que empiezan con mucho ímpetu los retos.

Todo es susceptible de modificación. Incluso si algún mes viene algo complicado, hacer una aportación mensual y no semanal calculando la suma parcial. A lo mejor una semana no puedes poner 20€, pero la siguiente ya has cobrado y puedes aportar 41€ (los 20 atrasados y los 21 de la semana en curso). También puede ser visto de forma más sencilla si dividimos los 1.378 entre las 52 semanas. Nos saldría un aporte de 26,5€ semanales, que es más esfuerzo, pero es constante. O unos 115€ al mes si prefieres ahorrarlo según recibes el ingreso de la nómina y ya no contar con ello desde principios de mes. Lo importante es no perder el norte, la motivación ni el objetivo. Y adaptarlo a la forma que sepamos que vamos a cumplir mejor.

Pero bueno, cada maestrillo tiene su librillo, es cuestión de encontrar el punto. Conozco gente que dejó de fumar y metía en una hucha el importe que se gastaba a la semana en tabaco. Hay quien va guardando durante todo el año las monedas de 10, 20 y 50 céntimos cada vez que paga. Se quita calderilla y a la vez ahorra. Pero en ese caso no tienes un importe fijado como objetivo, sino que al final tienes que echar números. Puede salirte bien, o puede que acabes pagando con tarjeta y se acabaron las monedas.

En cualquier caso, el 2016 ha echado a andar y tenemos muchos días por delante con muchos frentes abiertos. Yo, por mi parte, tengo como propósito inmediato comenzar con el relato del Interrail a Capitales Imperiales de este verano tras terminar con Japón.

Feliz 2016.