Interrail por Capitales Imperiales. Día 2: Budapest

Budapest es una ciudad extendida, con muchos barrios periféricos, sin embargo, la mayoría de los puntos de interés se encuentran bastante céntricos y de fácil acceso a pie, o transporte público, que funciona bastante bien.

En su día el Danubio separaba a dos ciudades: Buda y Pest. Hoy en día se unen para formar una de las capitales europeas de mayor importancia y belleza. Además, destacan también los puentes que unen ambas orillas, acercando la parte de Buda, una zona más residencial a Pest, el corazón económico y comercial de la ciudad.

En Buda encontramos en Monte Gellért y Tabán, el distrito del Castillo y la zona norte del Castillo.

Por otro lado, en Pest tendríamos otras tres zonas diferenciadas: el centro, los alrededores del Parlamento, y los alrededores de Városliget. Además, entre ambas orillas tenemos la Isla Margarita, una zona básicamente de recreo.

El día 24 comenzamos por Buda, la zona señorial. Para llegar, se pueden tomar los buses 16, 16A y 116, o incluso el funicular de 1870, que fue el segundo que se construyó en Europa. Se echó a perder en la II GM, pero en 1986 se abrió de nuevo, tras una reconstrucción. Hoy en día sigue funcionando entre el Puente de las Cadenas y la parte próxima al castillo. No es barato y suele tener bastante cola.

Nosotros partimos del hotel y fuimos caminando tranquilamente desde el Puente de Elisabeth, próximo a nuestro alojamiento, hasta el Puente de las Cadenas. De camino al puente nos encontramos con La Princesita, una estatua de una niña sentada en una barandilla, obra de Laszlo Marton, que se inspiró en su hija para realizarla.

Se colocó en 1989 y se ha convertido en un punto de interés con el castillo a su espalda.

Tras la foto obligada, continuamos y nos encontramos con otra estatua, esta vez de un pintor que dibuja el famoso puente.

También en las proximidades se encuentra la de la niña y el perro con la pelota.

Y llegamos al famoso Puente de las Cadenas, que fue construido entre 1830 y 1849. Mide 380 metros de longitud y se sostiene sobre dos torres. Está custodiado por dos leones de piedra.

Una vez cruzado el puente, obviamos el funicular y el Km 0 y emprendimos la subida hasta el Castillo.

Ya durante la subida vas divisando el puente y las estupendas vistas de Pest. Sobre todo del Parlamento.

El Castillo también es conocido como el Palacio Real, ya que en su día fue la residencia de los Reyes de Hungría.

Eran las 11 de la mañana y nos encontramos con el cambio de guardia. No muy vistoso, la verdad.

Hoy en día el Castillo alberga una biblioteca, la Galería Nacional y el Museo de Historia. Aunque la verdad, a mí me gustó más el Castillo desde la otra orilla, en sí no me llamó especialmente la atención. Me gustó más pasear por las callejuelas de la colina de Buda, con sus casas de colores y de diferentes diseños arquitectónicos.

Nuestra siguiente parada fue la Iglesia de Matías y el Bastión de los Pescadores, la mejor zona para divisar el Parlamento. En ambos casos hay que pagar entrada, pero para hacer una buena foto del Parlamento hay un restaurante desde el que te puedes asomar.

La Iglesia de Matías (en realidad Iglesia de Nuestra Señora, pero el Rey Matías la amplió) fue construida entre los siglos XIII y XV y fue renovada a finales del siglo XIX.

Ha sufrido varios ataques. Muchos detalles originales se perdieron cuando los turcos la convirtieron en mezquita en 1541. Posteriormente fue reconstruida en estilo barroco, pero tras nuevos destrozos en 1723 se restauró en estilo negogótico.

Destacan los 250.000 azulejos vidriados multicolores de su tejado, así como las vidrieras de la fachada sur.

Es donde se coronó al Emperador Francisco José y a Sissí. Además, ha sido la sede de bodas y coronaciones reales, una de la más importantes fue la de Carlos IV, el último de la dinastía de los Habsburgo, en 1916.

También se celebran muchos conciertos clásicos por su buena acústica. Es la iglesia católica más famosa de Budapest.

El Bastión de los Pescadores es un monumento creado levantado sobre las antiguas murallas de Buda y una plaza medieval donde se vendía pescado.Se terminó de construir en 1902 tras casi dos décadas de obras. Tiene 7 torres, tantas como tribus fundadoras de Hungría y delante del bastión se levanta la estatua de Esteban, el rey que instauró el cristianismo en Hungría.

Desde el bastión podemos observar los restos de una iglesia

Volvimos hasta la zona del Castillo y nos adentramos por sus patios.

En el noroccidental se alza la fuente de Matías, de 1904, donde se representa al rey Matías de caza con su amada Ilonka, una bella campesina.

El casco antiguo de Buda creció en el siglo XIII desde el palacio hacia el norte. Prosperó gracias a los mercaderes alemanes que instalaron comercios en la calle Úri para abastecer a la corte. Gran parte del centro quedó destruido por la II GM, pero aún se pueden encontrar huellas del pasado en sus calles y plazas empedradas.

Se aproximaba la hora de comer, así que seguimos dirección al Monte Gellért paseando por la ciudadela observando las vistas hasta la estatua de Sissí.

Cruzamos el Puente de Elisabeth o Isabel, tendido entre 1897-1903 y que fue en su época el puente colgante más largo del mundo.

Hoy en día lo que vemos es una reconstrucción, ya que fue volado en 1945. Paramos en la otra orilla en un KFC a comer. Y de postre un kürtőskalács. Había un puesto callejero y olía a 20 metros, no pudimos por menos que probarlo.

Se trata de una masa de levadura enrollada en forma espiral y cocinada sobre un cilindro que se pone al fuego. Es original de Transilvania y nos lo encontramos en otros países después. Una vez cocinado, te lo rebozan al gusto con canela, chocolate, azúcar, vainilla, miel…. El resultado es una corteza dulce y crujiente por fuera, pero blando por dentro. Y recién hecho entra que da gusto.

Y tras el breve receso volvimos a cruzar el puente dirección a la estatua de San Gellért y con el estómago lleno y una leve llovizna comenzamos la subida al monte. La verdad es que nos vino bien que se nos nublara y cayera alguna gota. Porque la subida con calor y el estómago lleno habría sido bastante más dura.

Continuará

Interrail por Capitales Imperiales. Día 1: Budapest

23 de Junio. 11:10 de la mañana. Cargados con una mochila de mano y otra de 10kg que facturamos (por algún objeto que no se puede llevar en cabina) tomamos un avión rumbo a Budapest. Llegamos a tierras húngaras a las 14:40 hora local y tras recoger la maleta facturada nos pusimos en marcha.

El aeropuerto Liszt Ferenc no está comunicado por tren o metro con el centro, tal y como nos indicó la chica de Información. Nos mandó al mostrador del transporte, que estaba enfrente. Teníamos que tomar el bus 200E que lleva a la estación de metro Köbánya-Kispest, la primera parada de la línea 3, la azul. Nuestra parada final era Ferenciek tere. La chica que nos vendió los billetes nos hizo el cálculo y nos explicó cómo funcionaba. A cada uno nos correspondían dos billetes. Uno por trasbordo. En el ticket hay una especie de damero y en el primero se marcan los número impares y en el segundo los pares. Al montar en el bus picabas el primero, y en el metro el segundo. Y si te para un revisor, has de enseñar los dos porque se venden juntos.

En algo menos de una hora estábamos fuera buscando el hotel. Y lo cierto es que nos costó. No porque estuviera lejos o escondido. Para nada, el City Hotel Matyas está frente al Puente de Elisabeth, pero el edificio estaba en obras y tenía una gran tela con la publicidad de un coche y nos despistó. De hecho, pasamos por la puerta y ni nos dimos cuenta. Tras media hora dando vuelta, preguntar y cruzarnos con un pasacalles colorido, finalmente nos dimos cuenta de que no buscábamos un hotel con una escalinata o una gran entrada a lo hotel moderno, sino que ocupa un edificio antiguo y la fachada pasa desapercibida (además de por la tela publicitaria).

Por dentro era aún más peculiar, ya que una vez dentro del edificio hay varios pasillos y giros hasta llegar a recepción, y para llegar a la habitación había que salir a un patio y de nuevo adentrarnos por un pasillo. Al patio daban ventanas de oficinas que ocupaban otros espacios del edificio, así que era una sensación rara. El hotel para el precio y la situación no estaba mal. Es algo antiguo, se nota en el baño y en la habitación simple. Pero estaba limpia y pudimos descansar al final de cada día, que era lo que buscábamos.

Tras deshacer las mochilas, refrescarnos un poco y comunicarnos con la familia, nos dirigimos a dar un paseo por las proximidades y buscar algo de comer y el desayuno del día siguiente. Paramos en el primer sitio que encontramos, que fue un McDonald’s y después comenzamos a callejear.

Pasamos por la Basílica de San Esteban, el edificio religioso más grande de Hungría. Debe su nombre al primer rey de Hungría, Esteban I y en el interior de la basílica se encuentra su mano derecha.

Su base mide 55 metros de ancho por 87 de largo. La altura de la cúpula alcanza los 96 metros, convirtiéndose así en el punto más alto de la ciudad junto al edificio del Parlamento. Se terminó en 1905 tras más de medio siglo de obras, en parte por el derrumbe de la cúpula en 1868.

Continuamos por la Avenida Andrássy, un extenso bulevar que une la Plaza Erzsébet con la Plaza de los Héroes. Se construyó en 1872 y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002 por las fachadas de las casas y palacios renacentistas a cada lado de sus aceras. Es la arteria principal y donde se encuentran los restaurantes de renombre y las boutiques más exclusivas. También la Ópera o el Terror Haza, casa dedicada a los horrores cometidos por las SS. Aparte del lujo también chocaba encontrar algún que otro detalle algo soviet.

No la recorrimos entera, era una tarde de aproximación, además, teníamos una lluvia intermitente y el sol comenzaba a bajar, por lo que nos dirigimos hacia el Danubio saliendo a la altura del Parlamento.

Es el edificio más representativo de la ciudad y uno de los más famosos de Europa. Y no es de extrañar, es impresionante: tiene 268 metros de longitud y 118 de ancho. Pero sólo lo vimos por fuera, como un adelanto de lo que vendría.

Salimos a orillas del Danubio para volver al hotel y nos sorprendió el ocaso. De repente el cielo empezó a tornar entre morado y anaranjado, los puentes y edificios significativos de la parte de Buda comenzaron a iluminarse y nos encontramos con un atardecer que nos dejó con la boca abierta y que acabó con la memoria de la tarjeta de la cámara.

Ya casi a oscuras, volvimos a callejear, esta vez paseando por la Vári Utca, la calle más importante de Budapest junto con la Avenida Andrássy. Esta calle peatonal forma parte del corazón comercial de la ciudad. Algo así como Preciados. Se comenzó a construir en el siglo XVIII y algunas de sus mansiones datan de esa época, aunque la mayoría de los edificios que se conservan son de los siglos posteriores.

Compramos algo de cenar, el desayuno y volvimos al hotel para descansar.

Serie Terminada: Revenge

Otra serie que ha caído. Hace poco acabamos con Revenge, un drama inspirado en El Conde de Montecristo, de Dumas. La protagonista, Amanda Clarke bajo el pseudónimo de Emily Thorne, regresa a Los Hamptons para vengarse de aquéllos que participaron en la encarcelación y posterior muerte en prisión de su padre David Clarke.

Cuando ella era una niña su padre fue arrestado por unos cargos que no cometió. Los mismos que lo implicaron se aseguraron de que ella acabara en un centro para menores. Tras pasar por varias casas de acogida y terminar en un centro de detención juvenil, finalmente, al cumplir la mayoría de edad es puesta en libertad. A la salida del correccional le espera Nolan Ross, un informático al que David Clarke le dio una caja con la verdad de toda la historia. Amanda se entera de que es heredera de una buena fortuna, y aprovecha ese dinero para crear una nueva identidad y, con los datos que le ha dado Nolan, tramar una venganza contra los responsables de la destrucción de su padre.

En el punto de mira están los Grayson, una familia más que adinerada que vive en su enorme mansión y que mangonea a placer con chantajes y tejemanejes a la clase alta neoyorkina mientras da grandes fiestas de postín. La familia está encabezada por Victoria, la antagonista de Emily/Amanda. La mala de las malas. La señora de la alta sociedad con sus falsas sonrisas y sus vestidos de firma. La reina en su trono. Un poco Cersei de Juego de Tronos. Completa el cuadro el patriarca, que es el típico empresario y también da mucho juego; y los dos hijos, Daniel y la insulsa Charlotte.  Daniel es la llave para Emily, ya que fuerza un encontronazo con él para adentrarse en la familia y comenzar su cadena de venganzas.

La serie parte de la novela de Dumas, pero poco a poco se va enrevesando la trama y podría compararse con Falcon Crest o Dallas. Está llena de alianzas y traiciones, mentiras y trampas. Es una cadena de odio y rencor. Todo un culebrón. Más contemporáneo y quizá más enfocado a una franja de edad más joven, pero un culebrón al fin y al cabo.

Tenemos giros de guión cada pocos capítulos, nadie es quien parece, hasta el que parece el más bueno de todos acaba siendo malo, muy malo y asesta puñaladas por doquier. Lo mejor, sin duda, son los enfrentamientos entre Emily/Amanda y Victoria, con conversaciones cargadas de ironía, sarcasmo, puñaladas y acidez.

Lo peor, la cantidad de personajes insulsos que aparecen y desaparecen por temporada. Es más fácil que una comedia o una serie policiaca tipo CSI tenga temporada tras temporada sin que la trama decaiga, ya que se va renovando con capítulos autoconclusivos. Sin embargo, en un drama, es más complicado. Hay que manejar muy bien los guiones, tener mucho cuidado con las incoherencias, con los giros y sorpresas para que no queden flecos descolgados.

Tiene sentido introducir personajes para ir regenerando las historias, porque, además, son muchos los que intervinieron en la conspiración contra David Clarke, pero en la mayoría de los casos acaban siendo relleno y nos desvían del propósito inicial, que es acabar con los Grayson. Sobre todo ocurre con los jóvenes. Aparecen, cumplen su función, y desaparecen sin pena ni gloria. Supongo que es una serie tan coral que al final se les ha ido de las manos. Y también el hecho de que estaba planteada como una serie más corta y, la cadena, al ver los buenos resultados, pidió 24 capítulos por temporada.

Quitando este detalle, la serie engancha. Para ayudarnos a entender la conspiración, la protagonista nos va narrando en voz en off. Nos va soltando detalles de su padre, de ella. Incluso se ayuda al espectador con flashbacks.

Por un lado me da pena que haya acabado, pero por otro, quizá debería haberlo hecho en la segunda temporada. Así que carpetazo y pasamos a la siguiente.

Interrail por Capitales Imperiales. Checoslovaquia

Después de adentrarnos brevemente en la historia austrohúngara, quiero dedicarle un capítulo a Checoslovaquia, que también tiene tela. Para empezar, partimos de la base de que nació del Imperio Austrohúngaro, se proclamó como República en el 1918 tras el final de la I Guerra Mundial y se dividió en dos países – República Checa y Eslovaquia – el 1 de enero de 1993 de común acuerdo y pacíficamente a diferencia de la antigua Yugoslavia que la escisión de los países vino tras varias contiendas bélicas.

Checoslovaquia

Fue una república próspera, sin embargo acarreaba un problema étnico ya que austriacos y eslovacos no se sentían satisfechos con la importancia económica y política de los checos. Eslovaquia era una región más pobre, centrada en la agricultura. Aún así, el nivel de desarrollo del país era más alto que el de los estados próximos. La población sabía leer y escribir y se promovieron medidas sociales y económicas que mantenían las diferencias étnicas calmadas.

Sin embargo, a finales de los años 30 los eslovacos se sentían ciudadanos de segunda con respecto a los checos. La población en Eslovaquia era menor y más agraria. Así pues, fue creciendo un sentimiento nacionalista extremo y se dejaron llevar por Hitler. En 1939 la Alemania nazi invadió el país y fue dividido en el Protectorado de Bohemia y Moravia por un lado, y Estado Eslovaco por otro.

El 9 de mayo del 45 las tropas soviéticas entraron en Praga y liberaron Checoslovaquia. Esto abrió una nueva etapa, la Tercera República.

En 1948 comenzó la era comunista cuando los soviéticos tomaron el control del poder gracias a una conspiración eslovaca contra el gobierno nacional. Hasta 1960 quedaron a las órdenes de Stalin y el país quedó a las órdenes de la Unión Soviética.

Entre 1960 y 1990 se mantuvo como República Socialista, dependiente de la URSS. Pero con la muerte de Stalin, comenzaron a aparecer movimientos anticomunistas, expresados sobre todo en las artes. Llegaban ecos de cambios en los países vecinos y, en el 89, casi a la vez que la caída del muro de Berlín, los estudiantes salieron a manifestarse pacíficamente a las calles sin autorización del Estado. La policía violentó a los manifestantes y desembocó en la Revolución de Terciopelo, una serie de protestas callejeras en las que los ciudadanos pedían al Gobierno que dimitiera y convocara unas nuevas elecciones. A finales de noviembre tuvo lugar incluso una huelga general durante dos horas. El Gobierno, ante el problema que veía enfrente, contactó con la URSS, pero Gorbachov no estaba por la labor de mandar ayuda, por lo que finalmente cedió ante la realidad y asumió que había que ceder el monopolio.

En junio de 1990 se celebraron elecciones democráticas y el recién elegido presidente Vaclav Havel volvió a cambiar el nombre del país. Esta vez pasó a llamarse República Federal Checa y Eslovaca para así intentar equiparar a ambas regiones por igual. Sin embargo, aunque se había salido de la URSS, se había abandonado el socialismo y parecía que habían encontrado un nuevo camino, en realidad, seguía habiendo un sentimiento nacionalista eslovaco que pedía la independencia.

Tras un par de años de diálogo, en junio de 1992 se iniciaron las negociaciones para la disolución de la República Federal. Y finalmente se llevó a cabo la división del país el 1 de enero de 1993 convirtiéndose en la República Checa y la República Eslovaca. Todo de forma pacífica y acordado en el Parlamento.

Ambos países entraron en la Unión Europea en 2004, pero La República Checa mantiene su moneda mientras que Eslovaquia sí que pertenece a la moneda única.

Yo, que conocía poco la historia de estos dos países, en su día uno, me sorprendió que consiguieran entenderse para llevar a cabo la secesión sin llegar a las manos. Algo que resulta poco frecuente, por no decir inaudito.

Habrá que conocer su pueblos, sus gentes, sus ciudades, para ver qué queda de la República Checoslovaca y cómo ha evolucionado cada uno de los países desde 1993.

El Ministerio del Tiempo

El verano pasado, aprovechando que en la tele no echaban nada de interés, le dimos una oportunidad a la primera temporada de El Ministerio del Tiempo.

La serie se emitió de febrero a abril de 2015, y había leído y oído muy buenas críticas. Y yo, que no soy mucho de series españolas porque al final siempre acabamos haciendo lo mismo, decidí darle una oportunidad a esos 8 capítulos de los que consta la temporada. Y la verdad es que me ha sorprendido gratamente.

El argumento gira en torno a una institución gubernamental secreta, ese Ministerio del Tiempo, que permite viajar a diferentes épocas a través de una serie de puertas. El objetivo del ministerio es evitar que haya problemas en el pasado que provoquen cambios en el presente. Para ello, las patrullas deberán viajar para evitar estas catástrofes. La patrulla protagonista está formada por los últimos en llegar: Julián Martínez, enfermero del SAMUR de la actualidad (Rodolfo Sancho), Alonso de Entrerríos, soldado de los Tercios de Flandes (Nacho Fresneda) y Emilia Folch, una de las primeras universitarias de España de finales del s. XIX (Aura Garrido). El jefe y quien les recluta es Salvador Martí (Jaime Blanch), quien tiene como mano derecha a Ernesto (Juan Gea) e Irene (Cayetana Guillén Cuervo).

La serie sorprende por su originalidad. No es lo más original del mundo, ya que existen series de viajes en el tiempo, como Dr Who, Journeyman, Fringe o Perdidos, pero estamos hablando de una serie española y parece que vamos madurando y salimos de las comedias de humor choni y risas enlatadas. Además, me gusta cómo está planteado el viaje en el tiempo. No lo han complicado mucho: hay unas puertas y cada una te lleva a una época en concreto. No le busques más pies al gato, de lo que se trata es de la trama del capítulo, el cambio de época es el trasfondo. La única premisa que hay que tener clara es que sólo se puede viajar a un espacio-tiempo en que sea España. Es decir, Flandes es territorio nacional en la época de Felipe II y Portugal en la época de la Corona de Castilla y Aragón. Fuera del territorio nacional, no se interviene.

Parece que Televisión Española ha apostado por series históricas, como Isabel o ahora Carlos, Emperador (Cuéntame es caso aparte), y quizá se deberían hacer más series de ese estilo, puesto que aportan un punto didáctico. Y es que, con la tontería, nos ponemos al día en hechos históricos viajando a las diferentes épocas. Conocemos a Lorca, al Lazarillo de Tormes, a Torquemada o a Lope de Vega. Incluso los tejemanejes de Franco con Hitler. Por no hablar de Velázquez. Todo un punto de personaje.

Y es que los guiños, referencias y toques de humor es algo que engancha. Y a la vez contrarresta la tensión del capítulo, de la aventura de los protagonistas, de la tensión de que todo se quede como tenía que estar. Que si los recortes, que si la paga de Navidad, que si somos españoles, aquí improvisamos… pequeñas perlas que se cuelan en los diálogos. Pero además, como los tres personajes principales vienen de épocas diferentes, sus conocimientos, su cultura, su educación y su forma de expresarse, es diferente. Alonso choca bastante, lógicamente, con Amelia, es un poco reticente a que sea ella quien tenga el bastón de mando en la patrulla, pero es que, además, está en desventaja histórica, ya que no sabe qué ha pasado en los siglos posteriores a su reclutamiento y provoca escenas de humor con su sentirse fuera de lugar. Para él los viajes en el tiempo, son casi siempre al futuro, así que va descubriendo cómo ha evolucionado su amada patria. Y contrasta con Julián y sus referencias a Terminator, Alatriste o Rosendo. Por no hablar de los guiños a Curro Jiménez (interpretado por su padre) o cuando dice que le suena de algo Isabel (él interpretaba a Fernando junto a Michelle Jenner). Amelia es el punto serio entre ambos, pero no por ello deja de ser un personaje interesante.

La serie me gustó. Engancha, te mantiene atado a la trama, te ríes con los guiños, repasas historia… Así que ahora que el día 15 comienza la segunda temporada y que parece que tendrá unos 13 capítulos, con nuevas tramas y nuevos personajes, no puedo hacer por menos que traer una entrada sobre ella y animar a quien aún no lo haya hecho a que le dé una oportunidad.

Aquí tenéis un tráiler

Y en rtve los capítulos a la carta.

En negociaciones

El pasado martes en Estados Unidos celebraban el Día de la Marmota, y parece que los políticos españoles decidieron conmemorarlo. Volvimos a ver a los líderes desfilar por Zarzuela para repetir los mismos discursos de la vez anterior. Y posteriormente, de nuevo salieron a rueda de prensa para reiterar sus posturas. Vaya, que no sacamos nada nuevo en claro. Bueno, sí, que a Rajoy el monarca esta vez ni siquiera le planteó proponerle para la investidura porque se olía que seguía sin tener los apoyos.

En Estados Unidos Phil decidió salir, lo que apuesta hacia una primavera adelantada. Y en España, salió Patxi López a comunicar que el Rey había encargado a Pedro Sánchez que intentara formar Gobierno. Y que éste necesitará de tres a cuatro semanas antes de acudir al Congreso para la sesión de investidura. Y es que no lo tiene tan fácil, todo parece muy parado. Aquí, en lugar de primavera adelantada (que también), puede que acabemos en unas elecciones anticipadas.

No ha pasado ni una semana desde que se propuso al nuevo candidato a Presidente del Gobierno, y ya parece que las negociaciones se han estancado. El líder socialista ha conseguido que las voces más críticas de su partido se guarden para sí sus opiniones y así no entorpezcan los diálogos. Pero incluso con ese inconveniente tachado de la lista, Pedro Sánchez tiene muchos escollos que saltar.

Dice que va a intentar llegar a acuerdos a derechas e izquierdas, eso sí, excluyendo al PP y a los independentistas. Así pues, se va a centrar básicamente en Ciudadanos y Podemos, que son los dos grupos con más escaños que quedarían. El problema es que los números no salen se mire por donde se mire. Se podría intentar llegar a un acuerdo los tres, pero es imposible. La formación naranja no quiere tener nada que ver con los de Pablo Iglesias. Y los morados nada con Albert Rivera, hasta le han dicho a Pedro Sánchez que no van a seguir sentándose a hablar, hasta que rompa con Ciudadanos. El líder socialista defiende que está en la posición de sentarse con quien le venga en gana, pero vuelve a estar en la casilla de salida.

¿Hacia qué lado ir? ¿Hacia la propuesta de Podemos que le exige formar parte de ese gobierno y no sólo votar a favor en la investidura para así poder controlar? ¿o hacia la de Ciudadanos con un pacto de investidura apelando al “programa, programa, programa”? ¿Truco o trato? ¿Susto o muerte?

Y aún así, aunque llegara a un acuerdo con alguno de los dos partidos, ¿qué viene después? Se les llena la boca de “reforma constitucional”, “gobierno progresista”, “el cambio”, “regeneración democrática”, pero en la realidad se encontrarían con el muro azul del PP, que intentará echar por tierra cualquier propuesta de reforma. Y si consiguieran saltar la pared, se encontrarían con otro obstáculo aún más alto y fuerte: la mayoría absoluta en el Senado. Sí que es cierto que ante un rechazo en la Cámara Alta, la propuesta volvería a la Baja, pero se perderá un tiempo valioso.

En un caso hipotético de que al final Sánchez consiguiera formar un Gobierno con Rivera o con Iglesias, el ataque del PP será salvaje, brutal. No hay más que echar un ojo a los ayuntamientos o comunidades en los que los de la gaviota perdieron la mayoría absoluta y se quedaron sin sillones. Véase Madrid, sin ir más lejos, que no ha habido día sin un ataque preventivo. Hay toda una metodología de distracción, sobre todo no falla cuando hay otro caso más de corrupción, que se activa automáticamente el protocolo. Tenemos el último ejemplo con la trama de Valencia. Se ha desarticulado todo el grupo municipal y parece que está pringado hasta el apuntador. De momento, la única que se libra es Rita Barberá, y quizá se debe a ser aforada gracias a su puesto en el Senado. De momento no ha sido imputada, pero el Partido Popular comienza a realizar movimientos sospechosos. Primero ella misma que ha reducido sus apariciones, y segundo el propio partido apartándola de la presidencia de la comisión constitucional del Senado (un puesto que ostentaba desde la pasada legislatura). Parece claro el mensaje: vamos en curarnos en salud, porque todo pinta a que al final le empezará a salpicar todo lo que se vaya destapando.

En cualquier caso, la política es puro teatro y los políticos los actores que se lanzan puñaladas, traman tretas y se ponen trampas unos a otros. Todo para conseguir hundir al otro y culparle de la actual situación. Lo que no me queda claro es de si están representando la función para presionar al contrincante y forzarlo a negociar, o estamos ante un acto de precampaña para unas nuevas elecciones generales. Quiero pensar que se trata de lo primero, pues una nueva convocatoria a las urnas sería un fracaso de todos los partidos. Los electores hemos decidido qué queremos, aprendan a gestionarlo, porque sería una tomadura de pelo convocar elecciones cada dos por tres hasta obtener el resultado deseado por los mercados o Alemania.

Veremos si en las próximas semanas se desatasca algo la situación o si se enreda aún más.

Interrail por Capitales Imperiales. Imperio Austrohúngaro

Antes de entrar de lleno en el Interrail (que lo llamo así aunque realmente el pase sea de otra compañía porque me sirve el concepto) quiero recordar un poco la historia de estas Capitales Imperiales y sus países, puesto que servirá para entender un poco mejor los lugares a visitar.

He de reconocer que soy pésima en Geografía e Historia, herencia de un mal profesor en la EGB y poco interés por mi parte en las materias, tampoco lo voy a negar. El caso es que me sitúo en un mapa si he visitado el país, y aprendo su historia a través de esos viajes, ya que intento documentarme sobre su cultura, costumbres e historia. Por si alguien está como yo, hoy, un poco de la historia del Imperio Austrohúngaro.

Fue un Estado creado en 1867. Tenía la particularidad de que se reconocía al Reino de Hungría como una entidad autónoma dentro del Imperio. No podemos tomar el mapa actual de Europa y pensar que lo formaban las actuales Austria y Hungría, sino que también incluía la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia y algunas regiones de Serbia, Montenegro, Italia, Rumanía, Polonia y Ucrania. Se puede ver en este mapa de la wikipedia. Un gran Imperio.

Imp AustroHúngaro

El Reino de Hungría fue una gran potencia en su día, pero se fue debilitando a lo largo de los siglos debido a continuos ataques de los turcos otomanos. En 1526, en una batalla contra estos murió Luis II de Hungría y tras varios intentos de pactos entre diversos candidatos, Hungría se dividió en el Reino Húngaro con los Habsburgo, la parte turca y el Principado húngaro de Transilvania. Aquello hizo que el pueblo evolucionara de formas distintas según si predominaba la cultura germana, turca o húngara. Y cómo no, había una pugna por la religión, ya que chocaban los católicos germanos contra los protestantes húngaros y en medio los turcos que tenían un poco de cada. Tras varios años de luchas y batallas, finalmente en el 1691 se expulsaron a los ejércitos turcos y todo territorio húngaro pasó a estar bajo el control del Sacro Imperio Romano Germánico.

Con la caída de este Imperio en 1805. Hungría retomó sus intentos independentistas llevando a la Revolución Húngara de 1848 en la que rechazaban el poder de los Habsburgo. Pero las revueltas se sofocaron gracias a la intervención de Rusia.  Sin embargo, Europa era una continua lucha por los territorios y después de que los austriacos perdieran contra Prusia en 1866, también vieron cómo su poder menguaba y para evitar de nuevo una sublevación húngara, se firmó un tratado en el que se designaba una monarquía dual austrohúngara. Ya que hacia el Oeste no conseguían ganar territorio, se dedicaron a intervenir la zona de los Balcanes, lo que les llevó a aliarse con la Alemania de Bismarck para luchar contra los estados del Este.

Ya en el siglo XX todo conducía a la I GM cuando Francisco José se empeñó en anexionarse Bosnia – Herzegovina. Los bosnios no se sentían para nada integrados en el imperio, pero además, se ganaron el enfado de Serbia que también quería ese territorio y pidió ayuda a Rusia. Por mucha ayuda alemana que tuviera el Imperio Austrohúngaro, y de los italianos también, no sólo tenía que luchar contra el eje Serbia-Rusia, sino que tenía su propia guerra dentro, ya que tenía independentistas checos, italianos, rumanos y serbios. Estos últimos promovieron el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su mujer en Sarajevo en junio de 1914. El 28 de julio Austria declaró la guerra.

1918 supone el final de la contienda, y también el camino hacia el fin del Imperio. Se proclaman las repúblicas de Checoslovaquia, de Hungría y de Polonia. Las regiones del sur se unen a Serbia y Montenegro y Transilvania pasa a ser territorio rumano. En 1919 queda disuelto el Imperio Austrohúngaro.

En los años del Imperio, Austria y Hungría mantenían dos parlamentos separados, cada uno en su capital, Viena y Budapest. El Emperador era quien coordinaba estos dos gobiernos. Había un consejo de Ministros Común que se encargaba de los temas principales comunes, como economía, defensa y política exterior. Aunque esto era sobre el papel, puesto que en la realidad el Emperador no tenía mucho poder. Además, cada uno de los gobiernos se encargaba de las cuestiones militares, lo cual entorpecía la idea de un frente unido en materia de defensa.

También había rifirrafes por las contribuciones económicas, ya que Austria asumía el 70% de los presupuestos. Y cómo no, por la lengua. No sé de qué, pero todo esto me suena de algo…

En fin, un imperio creado con pinzas que englobaba una población muy heterogénea. Había una gran diversidad lingüística, cultural y religiosa. Siete confesiones religiosas, entre ellas, musulmanes, una minoría judía, católicos y protestantes. Es significativo el grupo eslavo, que se dividía en seis idiomas (polaco, checo, eslovaco, ucraniano, esloveno y serbocroata) y ocho etnias. La diversidad no tiene por qué ser un punto negativo, pero sí cuando no hay nada en común. Así pues, no es de extrañar cómo acabaron, ya que fue una ficción política, no un Estado propiamente dicho.

Eso sí, nos dejó las Capitales Imperiales, que bien merecen un viaje.