En negociaciones

El pasado martes en Estados Unidos celebraban el Día de la Marmota, y parece que los políticos españoles decidieron conmemorarlo. Volvimos a ver a los líderes desfilar por Zarzuela para repetir los mismos discursos de la vez anterior. Y posteriormente, de nuevo salieron a rueda de prensa para reiterar sus posturas. Vaya, que no sacamos nada nuevo en claro. Bueno, sí, que a Rajoy el monarca esta vez ni siquiera le planteó proponerle para la investidura porque se olía que seguía sin tener los apoyos.

En Estados Unidos Phil decidió salir, lo que apuesta hacia una primavera adelantada. Y en España, salió Patxi López a comunicar que el Rey había encargado a Pedro Sánchez que intentara formar Gobierno. Y que éste necesitará de tres a cuatro semanas antes de acudir al Congreso para la sesión de investidura. Y es que no lo tiene tan fácil, todo parece muy parado. Aquí, en lugar de primavera adelantada (que también), puede que acabemos en unas elecciones anticipadas.

No ha pasado ni una semana desde que se propuso al nuevo candidato a Presidente del Gobierno, y ya parece que las negociaciones se han estancado. El líder socialista ha conseguido que las voces más críticas de su partido se guarden para sí sus opiniones y así no entorpezcan los diálogos. Pero incluso con ese inconveniente tachado de la lista, Pedro Sánchez tiene muchos escollos que saltar.

Dice que va a intentar llegar a acuerdos a derechas e izquierdas, eso sí, excluyendo al PP y a los independentistas. Así pues, se va a centrar básicamente en Ciudadanos y Podemos, que son los dos grupos con más escaños que quedarían. El problema es que los números no salen se mire por donde se mire. Se podría intentar llegar a un acuerdo los tres, pero es imposible. La formación naranja no quiere tener nada que ver con los de Pablo Iglesias. Y los morados nada con Albert Rivera, hasta le han dicho a Pedro Sánchez que no van a seguir sentándose a hablar, hasta que rompa con Ciudadanos. El líder socialista defiende que está en la posición de sentarse con quien le venga en gana, pero vuelve a estar en la casilla de salida.

¿Hacia qué lado ir? ¿Hacia la propuesta de Podemos que le exige formar parte de ese gobierno y no sólo votar a favor en la investidura para así poder controlar? ¿o hacia la de Ciudadanos con un pacto de investidura apelando al “programa, programa, programa”? ¿Truco o trato? ¿Susto o muerte?

Y aún así, aunque llegara a un acuerdo con alguno de los dos partidos, ¿qué viene después? Se les llena la boca de “reforma constitucional”, “gobierno progresista”, “el cambio”, “regeneración democrática”, pero en la realidad se encontrarían con el muro azul del PP, que intentará echar por tierra cualquier propuesta de reforma. Y si consiguieran saltar la pared, se encontrarían con otro obstáculo aún más alto y fuerte: la mayoría absoluta en el Senado. Sí que es cierto que ante un rechazo en la Cámara Alta, la propuesta volvería a la Baja, pero se perderá un tiempo valioso.

En un caso hipotético de que al final Sánchez consiguiera formar un Gobierno con Rivera o con Iglesias, el ataque del PP será salvaje, brutal. No hay más que echar un ojo a los ayuntamientos o comunidades en los que los de la gaviota perdieron la mayoría absoluta y se quedaron sin sillones. Véase Madrid, sin ir más lejos, que no ha habido día sin un ataque preventivo. Hay toda una metodología de distracción, sobre todo no falla cuando hay otro caso más de corrupción, que se activa automáticamente el protocolo. Tenemos el último ejemplo con la trama de Valencia. Se ha desarticulado todo el grupo municipal y parece que está pringado hasta el apuntador. De momento, la única que se libra es Rita Barberá, y quizá se debe a ser aforada gracias a su puesto en el Senado. De momento no ha sido imputada, pero el Partido Popular comienza a realizar movimientos sospechosos. Primero ella misma que ha reducido sus apariciones, y segundo el propio partido apartándola de la presidencia de la comisión constitucional del Senado (un puesto que ostentaba desde la pasada legislatura). Parece claro el mensaje: vamos en curarnos en salud, porque todo pinta a que al final le empezará a salpicar todo lo que se vaya destapando.

En cualquier caso, la política es puro teatro y los políticos los actores que se lanzan puñaladas, traman tretas y se ponen trampas unos a otros. Todo para conseguir hundir al otro y culparle de la actual situación. Lo que no me queda claro es de si están representando la función para presionar al contrincante y forzarlo a negociar, o estamos ante un acto de precampaña para unas nuevas elecciones generales. Quiero pensar que se trata de lo primero, pues una nueva convocatoria a las urnas sería un fracaso de todos los partidos. Los electores hemos decidido qué queremos, aprendan a gestionarlo, porque sería una tomadura de pelo convocar elecciones cada dos por tres hasta obtener el resultado deseado por los mercados o Alemania.

Veremos si en las próximas semanas se desatasca algo la situación o si se enreda aún más.