Nueva serie a la lista “para ver”: Deutschland 83

Uno de los grandes descubrimientos de las pasadas vacaciones navideñas fue la serie alemana Deutschland 83. Tiene la peculiaridad de que se ha estrenado antes en EEUU (verano) que en Alemania (noviembre), y ha recibido grandes críticas y audiencias al otro lado del charco. Ha sido la primera serie de lengua alemana estrenada en una cadena estadounidense. Y sin doblar. Con subtítulos. Todo un hito en una población que raramente habla una segunda lengua (salvo aquellos latinos emigrados). Y más siendo un idioma como el alemán. Pero es que la serie es muy buena.

¿Dé qué va? Pues tenemos a Martin Rauch, un joven de la RDA que es reclutado en el 83, un año de los más tensos en la Guerra Fría, por su tía, responsable de la STASI, para infiltrarse en las filas del ejército al otro lado del muro y pasar información sobre los planes de los aliados.

No tiene una trama muy novedosa, puede recordar a The Americans, ya que el planteamiento es el mismo. Sin embargo, la serie no gira solo en torno a los encargos como espía en cada uno de los episodios, sino que vemos a través del protagonista los contrastes entre las dos Alemanias. Aquí tiene un poco de Good Bye, Lenin!

A los alemanes les gusta mucho tocar el tema de la RDA y RFA. Un país que quedó dividido y evolucionó de manera diferente para luego volver a unirse y no encontrar nada en común con sus compatriotas. Un claro ejemplo es el de la lengua, ya que el vocabulario varía de un lado al otro del muro, es el reflejo de una sociedad que incorpora palabras nuevas según su entorno. Choca el mundo comunista, austero y con poca apertura hacia el exterior con el capitalista en el que predominan las marcas, las posesiones. La tecnología es claramente diferente. De nada te sirve robar un disquette si luego no tienes un lector apropiado, por ejemplo.

Sin embargo, con todo este planteamiento de choque de culturas no hay una crítica ideológica detrás como sí ocurre en la película. Martin acepta ser espía por la familia, no movido por la política. Se trata más de un contexto social que geopolítico.

El aspecto de la serie es ochentero, lógicamente. Para situarnos en el momento temporal adecuado destaca la banda sonora de la serie con una gran selección de los 80. Desde Eurythmics o Duran Duran hasta la famosa Nena con su 99 Luftballons

En principio se trata de una miniserie de 8 capítulos, y aunque en Alemania no ha tenido la misma acogida que en EEUU o en otros países de Europa a los que se ha vendido, parece que se está preparando una segunda temporada. El director de la productora UFA ha afirmado que habría un salto temporal. Es decir, escogiendo otro año como momento histórico. En este caso el 86. Y la serie se llamaría Deutschland 86. Aún la cadena RTL no lo ha confirmado, supongo que los datos nacionales les están haciendo pensárselo. Pero si funciona tan bien fuera, supongo que puede compensar económicamente su renovación. De renovarse, parece que acabaría en una tercera temporada en el año 89 con la caída del muro de Berlín.

La serie es un soplo de aire fresco ante tanta serie basada en cómics, o adaptaciones de películas. Sí, no es una trama novedosa, pero sí la forma de contarlo, los sucesos y la calidad de la serie. El ritmo engancha, tiene toques cómicos entre tanta seriedad política y algo de momentos nostálgicos.

Os animo a descubrirla.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 2: Budapest II Parte

En la entrada anterior nos habíamos quedado con la subida al Monte Gellért después de comer. El monte fue lugar de asentamientos celtas y romanos y está lleno de supersticiones. En 1046 los paganos arrojaron desde lo alto al obispo Gellért metido en un tonel. El religioso intentaba convertirlos al cristianismo. Durante la Edad Media se decía que las brujas celebraban allí sus aquelarres. A partir del siglo XIX se convirtió en escenario de meriendas campestres y en 1967 los alrededores de la ciudadela se convirtieron en parque.

Se puede subir en coche, en bus o con tranvía, pero nosotros nos lanzamos a recorrerlo a pie. No obstante, con todo lo que tiene la ciudad, si cuentas con poco tiempo, yo lo omitiría. Sí, no hay malas vistas, hay una zona con la Estatua de la Libertad y si hace buen día como el nuestro, un paseo no viene mal. Pero me dio la sensación de que estuviera la zona muy bien cuidada y mantenida. Y ya digo que con poco tiempo, mejor emplearlo en otros rincones de la ciudad.

Para volver a Pest, esta vez cruzamos el Puente de la Libertad, construido entre 1804 y 1809. Fue reconstruido tras la II GM respetándose sus rasgos originales. En lo alto campean las legendarias aves húngaras y escudos reales.

Entramos en el Mercado Central, el más grande de los cinco mercados que se abrieron en la ciudad a finales del siglo XIX. Se construyeron para controlar la calidad de los alimentos y mejorar el estado de conservación de éstos, ya que la población estaba sufriendo problemas de salud.

Quedó dañado también durante la II GM y posteriormente perdió su importancia. En 1991 se cerró porque se declaró en ruinas. Tres años más tarde fue restaurado y se volvió a abrir.

En la parte inferior tiene puestos típicos de un mercado, y en la planta superior hay tiendas de recuerdos, de camisetas, tapetes e incluso locales para comer. Se puede degustar la famosa pizza húngara.

Para finalizar el día, continuamos por Vámház körút y Múzeum körut hacia el barrio judío. Lo primero que encontramos es la Sinagoga, la segunda más grande del mundo, sólo superada por la de Jerusalén.

Mide 53 metros de largo y 25 de ancho. Fue construida entre 1854 y 1859 y con estilo morisco, aunque también tiene toques bizantinos, románticos y góticos.

Durante la II GM los nazis convirtieron los alrededores en un guetto y más tarde en un campo de concentración. En el cementerio que se encuentra en el exterior de la sinagoga están enterrados más de 2000 judíos que murieron de hambre y frío. Destaca el Árbol de la Vida, una escultura que simula un sauce llorón y que cada hoja lleva escrita el nombre de un judío asesinado en el Holocausto.

Continuamos paseando por la zona, sin mucha intención, dejándonos llevar por las coloridas calles llenas de grafitis (el famoso cubo de Rubik o Puskas), de tiendas, de locales y ambientillo.

Es uno de los barrios con más vida de la ciudad. Sobre todo destacan los “ruin bars”. La zona estaba en ruinas, como el nombre indica, y el gobierno, en crisis en los años 90, vendió edificios enteros de la zona a precio muy bajo. Los compradores los decoraron con elementos históricos de los propios edificios.

En la calle Kiraly está Gozsdu Udvar, una serie de patios conectados con apartamentos en las plantas altas y restaurantes y locales en las plantas bajas.

Y como ocurre con estos barrios vanguardistas, con el tiempo se va poniendo de moda y los precios se disparan. Ahora ya no es una zona marginal, sino que está bastante animada.

Las terrazas estaban llenas y había bastante ambiente. Un buen remate para un segundo día en Budapest. Compramos la cena y volvimos al hotel.