Interrail por Capitales Imperiales. Día 6: Viena II

Nos habíamos quedado en la parada para comer. Encontramos el japonés Japanika de casualidad callejeando en la Rotenturmstrasse.

Vaya descubrimiento. Delicioso. Y tras unos noodles con salmón y un plato de arroz frito con verduras y calamares, continuamos la ruta.

Tras salir, a mano derecha se encuentra la Plaza Lugeck, con el monumento a Johannes Gutenberg.

Y volviendo sobre nuestros pasos y siguiendo un poco más, tenemos la Hoher Markt, la plaza más antigua de Viena y uno de los centros de la ciudad romana. En la época de los romanos era donde se desarrollaban los mercados de pescado y tejidos, de ahí su nombre. También se llevaban a cabo ejecuciones públicas.

En el centro de la plaza se encuentra la Josefsbrunnen, fuente de la boda de San José con la Virgen.

Leopoldo I prometió que la construiría si su hijo José regresaba del asedio de Landau. Se ve que en la época eran muy de construir monumentos como pago por promesas cumplidas.

Muy cerca tenemos el famoso reloj Anker, de bronce y cobre, que se encuentra sobre un puente que une dos edificios de oficinas.

Recibe tal nombre por la empresa Anker Insurance Company, que fue la encargada de su construcción. Se terminó en 1914.

Cada hora es señalada por un personaje histórico. Además, a las doce del medio día, los doce personajes salen y desfilan juntos al son de la música del órgano.

El resto que nos quedaba de tarde lo dejamos para los palacios. Comenzamos por el más alejado: Schönbrunn.

Fue el palacio de verano preferido de la familia hasta que en 1918 se derrocó a la monarquía. Hay varios tipos de entrada para visitarlo, pero nosotros no teníamos mucho interés en visitar habitaciones recargadas donde se peinaba Sissí, sino que preferíamos disfrutar de los exteriores. Así pues, decidimos pasear tranquilamente por los jardines, que ya de por sí lleva su tiempo.

Se accede al recinto por un patio en el que encontramos un par de fuentes. A mano izquierda encontramos la Orangerie y a mano derecha el Museo de carrozas.

Dejando de lado el Palacio, nos adentramos en el jardín que está dividido en varias secciones.

Tiene de todo. De lo más completo: un Prado de recreo, un obelisco, la fuente Schöner Brunnen, la de Neptuno, varios estanques (uno en forma de estrella, otro redondo), la rosaleda, una Casa de las Palmeras, un jardín botánico, un jardín japonés, un labertinto y hasta el zoológico más antiguo del mundo (de 1752).

Lo mejor, sin duda, subir a la colina, hasta la Glorieta, una puerta de tres arcos con amplias escalinatas, para disfrutar de las vistas del palacio y de parte de la ciudad, llegando incluso a atisbar a lo lejos la catedral.

Y de un Palacio a otro. Dejamos Schönbrunn y nos acercamos al Palacio Belvedere. También residencia de verano, pero esta del Príncipe Eugenio de Saboya.

Se trata de dos palacios unidos por un jardín francés. El jardín está dividido en tres niveles: la parte inferior representa el dominio de los cuatro elementos, la central es el Parnaso y la superior evoca al monte Olimpo.

En lo alto del jardín se encuentra el Alto Belvedere, el edificio principal con una fachada más elaborada. En su interior se muestran colecciones de pintura desde la Edad Media hasta nuestros días.

En el Bajo Belvedere, de menor tamaño y fachada menos llamativa se encuentras exposiciones de arte barroco austriaco.

Cerca podemos encontrar el edificio que era utilizado como invernadero y que hoy en día alberga exposiciones temporales.

Si no se cuenta con mucho tiempo, yo obviaría su visita, porque no destaca por su majestuosidad especialmente.

Para finalizar el día volvimos al hotel, a descansar. Que vaya tute de día. Al final habíamos finiquitado la ciudad en dos días, cuando lo teníamos previsto para tres. Así que mientras degustábamos sushi del Akakiko (otro gran descubrimiento) y degustaba un nestea de frutos rojos, navegamos en busca de ciudades próximas para poder escaparnos al día siguiente.

3 comentarios en “Interrail por Capitales Imperiales. Día 6: Viena II

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