Interrail por Capitales Imperiales. Día 9: Praga

Amaneció un día nuevo con un sol espléndido y un calor horrible en la capital de la República Checa. Praga, la antigua capital del Reino de Bohemia, se convirtió en una de las ciudades más importantes de Europa Oriental. Sufrió las dos guerras mundiales y alternó dictadura de nazis y soviéticos. Sin embargo hoy en día se ha convertido en una de las capitales europeas más bellas. Está llena de historia y lugares por ver.

Culturalmente y desde el punto de vista turístico, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Vamos a conocer la ciudad un poco más. Podríamos dividirla en cinco secciones:

  • Hradcany: la zona del Castillo que une la Catedral de San Vito y el Convento de San Jorge. Es decir, la zona que habíamos recorrido la tarde anterior.

  • Malá Strana: es el barrio que queda a los pies del Castillo. Es el barrio de la nobleza. En él ha habido pocas construcciones nuevas desde finales del siglo XVIII.

  • Staré Mesto: Es la Ciudad Vieja con su entramado de callejuelas, la Plaza y el Ayuntamiento Viejo. Es la parte mercantil, desde donde se estructuraba la vida de la ciudad. Todo está cuidado, manteniendo su edad e historia, pero restaurado.

  • Josefov: El Barrio Judío, que se encuentra en el norte de la Ciudad Vieja.

  • Nove Mesto: La Ciudad Nueva. La localizamos en el sur con arquitectura moderna. Aunque no toda es vanguardista.

Además, está la zona de Vyselhad que son restos de unas antiguas fortificaciones.

Aparte del Hradcany y Malá Strana, ya mencionado en la entrada anterior, y donde teníamos el hotel; el resto queda bastante recogido en la otra orilla del río Moldava. La ciudad se puede recorrer cómodamente a pie. Así que desayunamos copiosamente en el hotel, que lo teníamos incluido en la reserva, y comenzamos nuestro recorrido.

El desayuno del hotel era buffet, no muy extenso, pero sí variado. Había fruta, zumos, cafés, tés, judías verdes, champiñones, dulces, huevos, pan… En fin, había donde elegir.

Además, como detalle, en cada mesa encontrabas una hoja que variaba cada día en la que nos indicaban el tiempo que nos íbamos a encontrar y nos recomendaban eventos en la ciudad.

Con las pilas cargadas nos dirigimos hacia el Puente de Carlos, parando primero en la Isla de Kampa.

Se trata de una isla en el centro del barrio de Malá Strana bajando las escaleras del puente. Allí encontramos los bebés sin cara, esculturas del controvertido David Cerný. Están en pose de gateo y no tienen rostro, sino unos rectángulos. Son enormes, es difícil no verlas.

También a Praga había llegado la moda de los candados

Y cerca, tenemos el famoso muro de John Lennon. Se trata de un muro situado frente a la Embajada de Francia y es propiedad de los caballeros de la Orden de la Cruz de Malta, que permiten que se siga grafiteando. Cuando el músico fue asesinado en 1980 surgieron espontáneamente los grafitis en el muro como homenaje por parte de los pacifistas del centro y este de Europa. Era todo un acto de rebeldía, puesto que los gobiernos comunistas no permitían la reproducción de sus canciones.

Las autoridades comunistas procedieron al borrado de las pintadas, pero cada vez que lo hacían, volvían a aparecer nuevos mensajes, dibujos y letras de canciones. Hoy en día se sigue manteniendo como homenaje al artista, pero también como símbolo de la libertad de expresión y la rebelión ante un régimen autoritario.

En 1998 tuvo que ser rehabilitado, pero de nuevo volvieron a surgir las pintadas.

Me esperaba algo más, pero la verdad es que he visto muros mejor grafiteados por las calles de Madrid. Ya sé que lo importante es el mensaje, pero al final se ha quedado en una pared llena de frases tipo “Fulanito estuvo aquí”. No nos gustó nada.

Volvimos al Puente de Carlos y lo cruzamos.

El Puente de Carlos es el monumento más famoso de Praga. Comunica la Ciudad Vieja con la Malá Strana o Ciudad Pequeña. Mide 520 metros de largo y 10 de ancho. En su día contaba con cuatro carriles destinados al paso de carruajes. Se trata de una gran obra de ingeniería del siglo XIV. Parte de una estructura gótica y está plagado de estatuas.

Cada día, además de la gente que lo cruza, se anima con artistas callejeros, ya sean pintores, pendientes, pulseras, o músicos con un gran talento. Y ya tenía mérito con el sol que pegaba.

A lo largo del puente podemos encontrar unas 30 estatuas repartidas a ambos lados. Muchas de ellas son copias, ya que las originales de principios del siglo XVIII fueron llevadas al Museo Nacional de Praga. La primera que se añadió en 1683 fue la de San Juan Nepomuceno, un señor que fue tirado al río en 1393 por orden de Wenceslao IV y que fue santificado en el siglo XVIII.

Se colocó la estatua en el lugar desde donde se arrojó al agua. Se dice que si se pide un deseo poniendo la mano izquierda en la representación de su martirio, éste se cumple.

Cruzamos el puente y tomamos el margen del río hasta llegar a la Casa Danzante. Una casa modernista del mismo arquitecto del Guggenheim. También es conocida por Fred and Ginger.

En el recorrido por el margen del río hasta llegar a ella nos encontramos con fachadas coloridas y ornamentadas.

Pasamos por la Plaza de Alois Jirásek, un escritor checo.

Después nos adentramos hacia la Plaza de San Carlos. Desde mediados del siglo XIX, la plaza está ocupada por un parque. Aunque está rodeada de calles transitadas, la encontramos tranquila y vacía.

Está dominada por la iglesia de San Ignacio y el viejo ayuntamiento gótico de la Ciudad Nueva.

En 1348 cuando Carlos IV fundó la Ciudad Nueva, la plaza era un mercado de ganado. Además, se vendía leña y arenques. En el centro del mercado el monarca hizo construir una torre de madera donde exhibían una vez al año las joyas de la coronación. En 1382 la torre fue reemplazada por una capilla.

Muchos de los edificios que rodean la plaza pertenecen a la Universidad, y las estatuas centrales representan a escritores y científicos.

Dejando atrás el río, y adentrándonos por la calle paralela nos encontramos con el Instituto Cervantes, al lado del cual encontramos una iglesia.

Seguimos hasta la Iglesia de Santa Catalina, que se eleva en el jardín de un antiguo convento fundado en 1354 por Carlos IV para conmemorar la victoria en 1332 en la batalla de San Felice. En 1420, durante la revolución husita el convento fue derribado, pero en el siglo siguiente se rehabilitó como monasterio para los agustinos, que permanecieron en él hasta 1787, cuando se cerró. Desde 1822 se usa como hospital.

En 1737 se construyó una iglesia barroca, pero conservándose la esbelta torre gótica. Tiene una llamativa forma octogonal.

Continuamos hasta la iglesia neogótica de Santa Ludmila, que se construyó entre los años 1888- 1892.

Tiene dos torres de 60 metros con sus dos campanarios.

Tiene forma de cruz gracias a sus tres naves y la trasversal. Destacan sus vidrieras y rica ornamentación.

Se encuentra muy cerca de la estación y de la Ópera. Se halla en el lugar donde se levantó el primer teatro de la ciudad. Se derribó en 1885. En la fachada destaca el friso neoclásico que descansa sobre la logia. Entre las figuras se encuentran Dionisos y Talía, la musa de la comedia.

Su interior se halla decorado con estucos, y las pinturas del auditorio y del telón son las originales. En 1945 se convirtió en la ópera principal de la ciudad.

A continuación nos dirigimos hacia el Museo Nacional, delante del cual encontramos la estatua de Wenceslao y los santos protectores de la ciudad.

Es el centro neurálgico de la ciudad. Ha presenciado muchos de los acontecimientos de la historia reciente de Praga y de la República Checa en general. El acontecimiento más importante que ha tenido lugar en la plaza fue en noviembre de 1989 cuando una manifestación contra la brutalidad policial inició la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo.

Era la plaza donde se celebraba el mercado de caballos, fundado en 1348. Los rasgos dominantes de la plaza son la estatua ecuestre y, a su espalda, el Museo Nacional. San Wenceslao, asesinado por su hermano Boleslao, es el patrón de Bohemia. La estatua, fundida en bronce, se erigió en 1912. Al pie del pedestal hay otras esculturas de los santos patrones checos. Un monumento junto a la estatua recuerda a las víctimas del régimen anterior.

La plaza tiene forma alargada y mide 750 metros de largo por 60 de ancho. Los edificios que la rodean son en su mayoría hoteles, tiendas y restaurantes. Y allí que vimos la oportunidad y aprovechamos para comer.

5 comentarios en “Interrail por Capitales Imperiales. Día 9: Praga

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