El día de la marmota

Muchas cosas han pasado desde febrero que escribí sobre las elecciones del 20D. Bueno, en realidad, muchas cosas han pasado y en realidad ninguna, pues da la sensación de estar en el día de la marmota y que de nuevo estamos encallados. Aunque creo que esta vez no iremos a terceras elecciones.

Los comicios de diciembre compusieron un Parlamento fragmentado, y nos encontramos con un candidato que había ganado las elecciones pero que se echó a un lado para que otros le hicieran el trabajo porque no contaba con los apoyos de ningún grupo. Así pues, el segundo decidió mover ficha y llegó a un acuerdo con el cuarto queriendo incluir al tercero. Pero el tercero no estaba muy por la labor de unirse a esta coalición porque las políticas de la propuesta chocaban contra las de su formación. Le lanzó contrapropuesta al segundo uniéndose con otras fuerzas, pero éste se mantuvo en sus 13 queriendo incluir al cuarto. Ante tal panorama, fuimos a la investidura, y ganó el “no”. Y en la segunda. Según los plazos, deberíamos haber ido a una segunda propuesta de candidato, pero el rey dijo que si hay que ir se va, pero que si estábamos en las mismas, ya si eso, se convocaban nuevas elecciones.

Y allá que nos fuimos. Se abrió la veda y comenzó la campaña – oficialmente-. Podemos e IU lo intentaron de nuevo y negociaron un acuerdo para ir juntos a las elecciones y así sumar los votos de las dos fuerzas y además intentar superar el escollo que tiene IU con el sistema electoral que hace que sume menos escaños que los partidos regionales a pesar de tener más votos. Y nació Unidos Podemos, con sus detractores tanto en un partido como en otro. Los de Llamazares y los de Errejón ya avisaron de que 2+2 no siempre da 4. Pero se sometió a votación de sus militancias, y salió a favor, así que nació la campaña del Corazón. Todo muy flower power. Pablo Iglesias suavizó su discurso y la coalición centró la campaña en hacerle ojitos al PSOE y criticar – desde un tono más moderado que en la anterior campaña – al PP.

Por su lado, Pedro Sánchez basó su campaña en que él había querido formar gobierno, pero que no le habían dejado. Que Pablo Iglesias le dijo no. Y lo repitió hasta la saciedad, una y otra vez. Aunque parece que hay más de una versión en esto. Según Garzón (intermediador entre el PSOE y Podemos en aquella mesa de negociación) comenta en su libro Boceto de un futuro posible que Hernando le pidió que hicieran el paripé como que se reunían, pero que en realidad no hubo tal reunión y que en una posterior “de los cinco o seis negociadores socialistas, al final había momentos en los que solo quedaban dos y esos dos miraban al techo mientras hablaban los demás”. Pero una vez en campaña las encuestas auguraban que Unidos Podemos superaría en votos, incluso en escaños, al PSOE. Así que la estrategia era posicionarse como una víctima, aunque el punto muerto en las negociaciones llegara desde varios bandos.

Ciudadanos centró su campaña en atacar a Unidos Podemos sacando a relucir Venezuela y el comunismo. Incluso Rivera cruzó el charco para intentar ver al líder opositor. También criticó la gestión del PP. Sin embargo, parecía haber un pacto de no agresión entre la formación de Pedro Sánchez y la de Albert Rivera, ¿quizá pensando en un nuevo acuerdo tras las elecciones?

Y el PP siguió en su estilo, que es lo que le funciona. Activó la campaña de yo o el caos. El miedo a lo desconocido, que vienen los rojos, va de retro a los comunistas. Fue curioso sobre todo el ataque a los comunistas. Alberto Garzón, militante del PCE y sin reparo en reconocerlo, que siempre ha pasado como desapercibido sin levantar la voz y siendo considerado uno de los líderes mejor valorados; de repente se convirtió en el foco de la campaña.

Todos los partidos se centraron en aquellas circunscripciones en las que por un puñado de votos sacarían más escaños, concentrando de esta forma la campaña para no saturar y ser más efectivos. Muy claro fue el ejemplo del PP atacando a Ciudadanos con lo del voto útil. Las diferentes formaciones también aseguraron que serían más austeros para reducir el presupuesto, sin embargo, no sería en propaganda electoral, pues a mí me llegaron todos los sobres. Sí que es verdad que Unidos Podemos mandó una carta para los dos empadronados en mi casa, pero también me llegó la de IU, así que al final, doble gasto.

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Hubo debate a 4 que esta vez no vi y eso que me ahorré porque por los resúmenes del día después pareció soporífero, arcaico y encorsetado. También coparon la parrilla televisiva en todo tipo de programas de “entretenimiento” y pseudoentrevistas (incluso con niños) para darse a conocer de una forma más cercana, más campechana. Cada uno con su discurso y sin aportar gran cosa. Al final creo que esto no sirve de nada más que para el público de cada uno.

Y cuando ya estábamos llegando a los últimos días de campaña con ataques enfrentados que si Venezuela, que si corrupción, que si contratos precarios, que si comunismo, que si recortes en sanidad y educación, que si Pablo me dijo que no, que si yo soy socialdemócrata, que si vamos a crear medio millón de puestos de trabajo al día, que si planto una pantalla en Barcelona para ver a la selección aunque otras veces haya dicho que hay que separar deporte y política, que si Zapatero es el mejor presidente de la democracia aunque haya dicho lo de la cal viva… de repente entra en escena una exclusiva de Público.es con unas grabaciones del Ministro del Interior en funciones (y número 1 en la lista por Barcelona) y el jefe de la Oficina Antifrau de Cataluña en las que conspiran para obtener y publicar datos comprometedores (ciertos o no, porque luego la fiscalía te lo afina) contra políticos soberanistas catalanes y así perjudicarles en la consulta del 9-N. Pero aunque en los audios se oye decir al ministro que esto el presidente ya lo sabe, Rajoy se hizo el sueco, dijo que ni siquiera sabía que existía la Oficina Antifrau… todo en su línea. Y el cazado se posicionó como víctima. Lo grave no era lo que ahí se hablaba, que eso es lo habitual que suele tratase entre dos personas con esos cargos y que se había descontextualizado; sino que lo punible es que se habían publicado y que había que abrir una investigación para descubrir al traidor. Aunque desde diferentes frentes se pidió su dimisión y la gente parecía indignada con los audios, lo cierto es que la estrategia del victimismo ha funcionado, porque no sólo el PP ha subido en toda España, sino que también lo ha hecho en Barcelona, la circunscripción del ministro o en otros lugares en los que se han destapado casos de corrupción (de esos aislados). Al final el único que se ha ido (porque le han echado) ha sido el jefe de la Oficina Antifrau.

También entró en campaña el Brexit. El Reino Unido votó en referéndum sobre si salir de la UE o no, y ganó el sí. Bueno, con el permiso de Escocia, Irlanda del Norte y Gibraltar, que optaron por el no.

Brexit

Y el PP recrudeció más aún la campaña del miedo: “La respuesta a la incertidumbre que podría generar es un Gobierno de PP, PSOE y Ciudadanos“. Apeló a la unidad de España, a seguir por la senda programada, por los objetivos de Bruselas, que si Unidos Podemos nos sacarían de Europa y seríamos Venezuela. Y parecía que PSOE y Ciudadanos estaban de acuerdo con esa premisa, ya que a ninguno de los tres les gustó que Reino Unido convocara un referéndum. ¿Qué es eso de preguntar a la gente?

Papeletas

En fin, sea por lo que fuera: miedo a los comunistas, a los independentistas, voto útil, victimismo, castigo por no llegar a acuerdo en las anteriores negociaciones, divisiones internas, indiferencia hacia la corrupción, Brexit, abstención, voto rogado (o robado) de los residentes en el extranjero, confianza en las encuestas, o a saber qué mil premisas más; el caso es que ganó de nuevo el PP y esta vez con más escaños que en diciembre. Unidos Podemos no quedó por delante del PSOE (que bajó otro poco más) y se quedó casi como estaba, con 71 (69+2 tuvieron el 20D), pero ha perdido un millón y medio de votos. Y también bajó Ciudadanos.

Los analistas aún siguen con sus cábalas buscando los votos perdidos, intentando descubrir por qué se confundieron las encuestas, si somos como los británicos y hay una brecha generacional/rural que separa a los votantes… Lo que está claro es que parece que hay  una mayoría que prefiere quedarse en lo malo conocido, que tiene miedo a la incertidumbre o a los cambios. O que quizá piensen que el PP lo está haciendo bien y que por eso hay que votarles.

El caso es que nos encontramos en el día de la marmota. Rajoy parece que esta vez va a levantar el teléfono y empezar a buscar apoyos. Pero creo que la situación ha cambiado poco. Me da la sensación de que no va a recibir mucho apoyo por parte de los partidos catalanes o Bildu (ni creo que los quiera); los canarios y el PNV según de qué les propongan, y más cuando en unos meses hay elecciones en el País Vasco; Unidos Podemos votará no clarísimamente, así que queda saber qué harán Ciudadanos y PSOE. En principio ambos han repetido hasta la saciedad que ni con Rajoy ni con el PP, ni sí, ni abstención. Pero en su mano está, sobre todo en la de Pedro Sánchez (por número de escaños), que lleva muchos días callado.

Quizá esté preparando su candidatura. Aunque si piensa ir por un acuerdo con Ciudadanos, parece que obtendrá la misma respuesta por parte de Unidos Podemos, y, además, ahora tienen menos escaños. Si optase por la coalición del corazón sumarían 156, a 20 de la mayoría absoluta. Y previsiblemente tendrían 169 en contra, los de PP y Ciudadanos. Así que necesitarían sumar a nacionalistas, que ya les dijo la vez anterior que no quería ni su abstención.

Así que estamos igual, porque aunque Rajoy ha ganado y con mejores resultados, al final el peso cae sobre el segundo, en darle el sí o abstención, o buscar otra vía. Creo que esta vez se apelará a la unidad de España, la necesidad de aprobar unos presupuestos para 2017 para inclinar la balanza. Una vez salvado ese escollo, quizá moción de censura, o legislatura de un año y dos y de nuevo elecciones anticipadas. El tiempo lo dirá.

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