Nueva serie a la lista “para ver”: El Infiltrado

Cuando supe que Hugh Laurie protagonizaba nueva serie después de House, no pude por menos que sentarme delante del piloto. Qué grata sorpresa me llevé desde el minuto uno de El Infiltrado.

Se marca la tensión desde que comienza el capítulo con una manifestación en El Cairo en 2011 que pone en juego la seguridad del hotel de lujo donde trabaja como gerente en el turno de noche el otro protagonista de la serie, Jonathan Pine. A continuación aparece la intriga con la aparición de una misteriosa Sophie y unos documentos que le pide que fotocopie y guarde en su caja fuerte y que en caso de que a ella le pase algo, se los entregue a las autoridades. Por supuesto, Pine, exsoldado de la guerra de Irak, no puede por menos que echar un ojo y descubre que incriminan a Richard Roper (Laurie) en un asunto turbio de tráfico de armas. Mueve ficha, los papeles llegan a las manos equivocadas y Sophie acaba muerta. Es el germen de la historia.

Cuatro años más tarde Pine ha cambiado Egipto por Suiza y trabaja en otro hotel de lujo en un paraje remoto. Y de repente le comunican que Roper se va a alojar en su hotel. Y llega el detonante. Como espectador estás esperando ese momento en que estén cara a cara, en saber qué cartas tiene cada uno, en lo que trama Pine con toda la información que sabes que posee.

Totalmente enganchada. Está basada en la novela homónima de John le Carré, de 1993. Y ojo, que el tráfico de armas y el mundo del espionaje es algo que no pasa de moda. Sobre todo si es de calidad. Al parecer la serie no es fiel del todo a la novela – suele ocurrir – pero le Carré es productor ejecutivo y pidió que se mantuvieran ciertas pautas, por lo que estoy esperando a verla entera para saber si está a la altura.

Vendió los derechos a la productora hace más de 20 años y se quedó en un cajón esperando el momento adecuado. Al parecer le Carré no quería una película, y me alegro, porque ahora se ha encontrado en el formato de mini-serie de 6 capítulos el escenario perfecto (algo similar a lo que ya hicieran en Escandinavia con Varg Veum o las novelas de Camilla Läckberg). Y no les podría haber salido más redondo. La novela es un thriller político y conspiranoico, así que ya había un buen punto de partida. Pero la jugada de elegir estos dos actores británicos es magistral. Hugh Laurie borda ese punto de soy un villano, pero tengo carisma; sé que sabes que miento, pero vamos a jugar a que no lo sé. Y Tom Hiddelston, al que reconozco que no tenía el gusto de conocer, consigue llevar el peso de gran parte del capítulo solamente dejándonos acompañarle a través de su día a día. Podría haber resultado aburrido, carente de ritmo, pero hace muy bien su papel. El punto álgido llega cuando recibe a Roper en el hotel. La pose educada, la cara de niño bueno, las miradas, las falsas sonrisas… Podría haber destacado un actor por encima del otro en el esperado cara a cara, pero sin duda es un duelo de gentelmen.

Pero la serie no se sostiene solo con un buen argumento y unos buenos protagonistas. También destacan los secundarios, como Angela Burr, una agente del MI6 británico con la que Pine contacta en Egipto antes de que muera Sophie, y cuyo contacto recupera en Suiza con la entrada en escena de Roper. Ella le reclutará a espaldas de sus jefes para que se infiltre en el círculo íntimo de Roper y así acabar con él desde dentro.

Es una imprescindible miniserie para todos aquellos amantes de los thrillers de espionaje y seguidores de James Bond. Aunque en la serie se le da más importancia al juego psicológico de los personajes que a la acción de las películas del agente 007. Eso sí, coinciden en que hay localizaciones exóticas, un héroe, un villano, negocios turbios, venganza…

Hay rumores de que puede haber una segunda temporada. Pero de momento supongo que es más un deseo que una realidad. Y todo depende de le Carré. A veces es mejor no alargar y darle un buen cierre. Yo estoy deseando hacer un maratón y verla de un tirón. Apuntadla.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Interrail

Capitales Imperiales era un destino que teníamos en mente desde hacía tiempo y que, como comenté, lo habíamos ido posponiendo porque no eran muy factibles las opciones que veíamos. Sin embargo, tras hacer el interrail por Benelux, se nos planteó una nueva forma de viajar y se nos abrió el mundo.

Elegimos el billete de 5 días contando con los desplazamientos del primer y último día, así como los traslados Budapest – Bratislava, Bratislava – Viena y Viena – Praga. Sin embargo, gastamos menos días, ya que los traslados desde y hasta el aeropuerto tanto en Budapest como en Praga no eran factibles en tren. Mal cálculo. Aunque no hay mal que por bien no venga, ya que así pudimos acercarnos a Graz, que no nos pillaba de camino como Brno.

La elección de la ruta vino determinada por los vuelos, ya que era más barato llegar a Hungría y volver desde República Checa, y a posteriori, viendo cómo fue el verano de caluroso, me alegro de haberlo hecho así. No quiero ni pensar cómo habría sido subir a Buda con el sol y la humedad. Al menos en Praga teníamos zonas de callejas estrechas con sombra.

En cuanto al número de días, creo que también es lo acertado, al menos lo mínimo que habría que ir, dos días y medio por ciudad (exceptuando Bratislava que con uno la doy por vista). Luego depende de cada uno si quiere hacer alguna actividad en particular que lleve un tiempo específico, como unos baños en Budapest o ir a la ópera en Viena.

Yo calculé tres, pero con los desplazamientos es fácil que se vaya la mañana. Nosotros madrugamos para aprovechar bien los días, pero la proximidad entre las ciudades y la frecuencia de los trenes hace que no sea tan necesario ponerse en marcha tan pronto. El día que se hizo más largo fue el de Viena a Praga, que fue por lo que paramos en Brno, pero no lo recomiendo especialmente.

El resto de ciudades sí que me gustó. No sabría con cuál quedarme, porque cada una tiene algo. Budapest nos conquistó el primer día con su atardecer, pero tenemos la rutilla por Buda con las espectaculares vistas de Pest, el Bastión de los Pescadores, o cómo no, el famoso Parlamento.

Viena, la famosa Viena con su Hofburg, los edificios históricos de la Ringstrasse, sus parques, su catedral, Sissí, Mozart, la Hundertwasserhaus…

y Praga, con su Puente de Carlos, el Castillo y sus vistas, el Barrio Judío, Kafka y por supuesto el reloj astronómico.

Bratislava es famosa por el castillo, pero ni siquiera me gustaron las vistas. Me quedaría con su casco histórico, con Santa Isabel y las peculiares estatuas repartidas por la ciudad.

Hemos descubierto unas ciudades que reflejan el lujo y esplendor de otra época en la que dominaban Europa con sus imperios. Unas capitales que cautivan al viajero que recorre sus calles con los restos de la historia (la buena y la mala).

Interrail Capitales Imperiales-01

Es un viaje tan clásico como imprescindible que animo a emprender.

Serie Terminada: Castle

Hace poco hemos terminado Castle, la enésima serie policiaca de largo recorrido (8 temporadas). Y de nuevo una colaboración de la policía con un civil/técnico. Como en El Mentalista, en The Listener, en Bones, iZombie, Imborrable, Monk, Psych y tantas otras. Parece que funciona y que da juego.

En este caso el civil es Richard Castle, un escritor de novelas de misterio que colaborará en un caso con la detective de la policía de Nueva York Kate Beckett cuando un asesino en serie imita los asesinatos de sus novelas. El escritor, que se encontraba sin inspiración, ve en Beckett a su musa para una nueva saga: Nikki Heat. Moverá los hilos hablando con el alcalde para que le dejen acompañarla en sus nuevos casos y así poder documentarse.

Y a partir de ahí, episodios autoconclusivos con el típico emparejamiento ya muy trillado que se ve desde el principio. Eso sí, no hay chispa, está metido con calzador, todo lleno de clichés que sabes por dónde va a ir la trama. Los personajes chocan demasiado, Castle es hiperactivo, muy hablador, lleno de ideas alocadas, teorías extrañas y con un punto infantil. A Beckett han querido dotarle de una seriedad que la encorseta demasiado y que convierte a su personaje en insípido.

El resto del elenco tampoco sobresale demasiado. En el círculo de Castle está su madre, una actriz que se ha ido a vivir con él y Alexis, la hija adolescente, que, cómo no, es la madura y sensata de la familia. En la comisaría acompañan a Beckett la forense y amiga Lanie; Esposito y Ryan, dos detectives que aunque hay buena química entre ellos y a veces dan juego, están demasiado arquetipados y tampoco se ahonda mucho en sus caracteres; y el Capitán Montgomery, que aunque cobra importancia en determinado momento de la serie, tampoco aparece mucho, salvo para alguna regañina.

Castle es una serie de corte clásico que ha querido aunar en una comedia romántica de tintes policiacos una mezcla de Se ha escrito un crimen y Remington Steele. Lo normal es que además de los casos semanales haya un hilo conductor a lo largo de las temporadas que mantiene la incertidumbre como en El Mentalista con John, el Rojo o en Monk con el asesinato de su mujer; pero incluso cuando hay una trama medio interesante como la historia de la muerte de la madre de Beckett, al final se lo cargan de un plumazo con una explicación absurda y simplona, como cogida con calzador.

Podría haber sido una serie más interesante, ya que aunque tiene algunos momentos buenos y arranca la sonrisa con algún enredo o teoría de Castle, en el fondo se queda en un quiero y no puedo. Habrá que filtrar mejor y buscar mejores series.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Praga

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres.

Praga tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante.

Praga es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Praga es cerveza, cómo no. Es el orgullo nacional. Cambiad unas coronas para disfrutarlas en alguna taberna o terracita.

Por todo ello, quizá un par de días sean poco para descubrir la ciudad a fondo, pero sí podemos quedarnos con lo más importante y dejar un buen sabor de boca y ganas de volver.

Nosotros en realidad estuvimos dos días completos y una tarde, y quizá no los aprovechamos tanto como nos hubiera gustado por el calor que nos hizo. Se hacía un poco cuesta arriba estar desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche pateando la ciudad con el sol que pegaba y la humedad. Yo me acabé comprando un sombrero y todo. Al más puro estilo guiri.

Si la temperatura hubiera sido más parecida a la de Budapest, nos habría resultado más cómodo pasear y perdernos entre calles y cuestas. El planteamiento inicial creo que habría funcionado sin problema:

  • Día 1 para callejear por Malá Strana, por la Isla Kampa, cruzar el puente y descubrir tendencias vanguardistas en Nove Mesto

No varió mucho de nuestra ruta, pero sí que quizá perdimos algo más de tiempo en ir y volver al hotel a resguardarnos del sol. Aunque eso no significa que piense que la elección de hotel no fue correcta, ya que lo recomendaría y volvería a elegir. Se halla en una calle con mucho encanto, llena de bares, restaurantes y al lado del castillo, lo que permite pasear tranquilamente por la noche.

También Malá Strana ofrece muchas posibilidades. Y además, está a un paseo del puente.

Pero no sólo elegiría el hotel por su ubicación, sino también por su estilo peculiar, su diseño y su relación calidad – precio. Y además con desayuno.

Lo que no recomendaría, no sólo en la zona de la calle Nerudova, sino en general en toda la ciudad, es comprar en tiendas chinas. Sólo compramos dos veces, en dos sitios diferentes. El primer día en uno al lado del hotel para tener algo de agua y aprovechamos para comprar alguna lata de cerveza. Claro, con el cambio de divisa no teníamos más referencia que el Euro. Pero luego al día siguiente paramos en un super para comprar un picoteo y vimos los precios en varias terrazas a lo largo de nuestro paseo y sin duda hicimos la turistada. El último día compramos un helado en otro chino de otra zona totalmente diferente y también tenía un precio desorbitado.

Pero quitando este detalle y el calor, que no tiene nada que ver con la ciudad, disfrutamos mucho de Praga. Una de las ciudades con más encanto de Europa, con mucha historia, cosmopolita, antigua y moderna a la vez, bohemia, artística y cultural. Una visita que nos transportó a otras épocas. Un buen remate para nuestro viaje.

Escape Room: Búnker, Fox in a box

Hace un par de semanas nos juntamos los primos para probar esta nueva actividad que está ahora en boca de todos: un juego de escape.

¿Qué es un juego de escape? Pues es una experiencia que viene, cómo no, de Japón y que traslada un juego de pistas virtual a la realidad. Imagínate un videojuego en el que llegas a una habitación y tienes que buscar pistas para conseguir pasar a la siguiente pantalla. Pues es lo mismo, solo que en persona y con una temática de fondo un tiempo límite.

Durante la hora que suele durar la actividad los participantes son “encerrados” en una habitación misteriosa, llena de pistas, enigmas y acertijos que tendrán que resolver para escapar. No es necesaria la fuerza, es un juego de observación, ingenio, lógica e imaginación. Y además de colaboración, es importante que fluya la información entre todos los miembros para no perder detalle.

Han proliferado en Madrid las empresas que se dedican a ello, y nos costó decidirnos por una debido a la gran variedad. Los hay ambientados con zombies, sobre museos, laboratorios, agentes de la Guerra Fría, temática egipcia, desarticulación de células terroristas, desactivación de bombas…

Nosotros elegimos el Búnker, de Fox in a box, y nos costó 15€ por persona (según la empresa pagas por persona o grupo). Antes del encerrarnos, nos explicaron en qué consistía la dinámica. En todo momento el monitor asignado observa el desarrollo del juego para asegurarse de que no hay ningún problema, pero también por si tiene que dar alguna pistilla. En realidad, más que pistas nos preguntaba si habíamos visto un símbolo en más de un sitio, o si habíamos encontrado tal objeto… es más una pequeña ayuda para desatascar. Ah, aunque es un búnker del que hay que escapar, en realidad si tienes claustrofobia puedes salir en cualquier momento. Lo cierto es que la hora pasa bastante rápido y estás a mil cosas observando todo e intentando descifrar los enigmas, pero tenemos una prima que no lo pasa bien en los espacios cerrados y nos aseguraron que no hay ningún problema de seguridad. Pero ya digo que ni te da para pensar en que estás encerrado.

Búnker

Nos lo pasamos muy bien enfundados en nuestro uniforme militar luchando contrarreloj para salvar el mundo y seguramente repetiremos, aunque otra temática. La ambientación estaba muy cuidada y los enigmas sin ser excesivamente complicados sí que requerían cierta lógica, pero una vez te salta el click en el cerebro, vas asimilando los pasos y va todo rodado. Al final nos sobraron 6 minutos y todo.

Teléfonos

La única pega que le pongo, ya no al juego de escape que hicimos nosotros, sino en general, es que suelen ser para grupos de 2 a 5/6 jugadores, y a nosotros se nos queda algo justo. En esta ocasión fuimos 5 porque dos primos tenían que trabajar. Pero ahora que saben lo divertido que ha sido, nadie se quiere perder la próxima, y quizá seamos 8. Quizá tengamos que buscar la opción de jugar en dos grupos en dos salas iguales. Hay alguna empresa que ofrece esta posibilidad, de forma que además de luchar contra los minutos, también compites contra el equipo rival para acabar antes.

Sin duda una nueva forma de entretenimiento que puede amenizar estos calurosos días de verano. Por cierto, normalmente no son recomendados para niños, pero sí para adolescentes. Al parecer la lógica de la mente no se desarrolla hasta los 10 años, o al menos tal y como están pensados la mayoría de estos juegos de escape.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 11: Regreso a Madrid

El último día no nos dio para mucho. Desayunamos tranquilamente en el hotel, nos cargamos las mochilas a la espalda y emprendimos nuestro camino al metro para llegar al aeropuerto. Al igual que el primer día, sacamos un billete de 60 minutos, pues la chica de recepción nos dijo que en ese tiempo estaríamos de sobra en la terminal.

Se nota que son bastante nuevas las estaciones que llevan al aeropuerto.

Mientras hacíamos tiempo antes de subir al avión, nos paseamos por la terminal encontrándonos detalles curiosos, como una maqueta del aeropuerto hecha con legos, o un ajedrez, unas damas o la rayuela para mantenerse entretenidos.

Finalmente embarcamos y volvimos a Madrid, a la realidad, y a esa estupenda ola de calor que asolaba la península. Todo era depresión.

Nuevas series a la lista “para ver”: Vikings y The Last Kingdom

Hace ya un par de años que vimos el piloto de Vikings y no había hablado de ella porque es de esas series que no sé si me terminan de convencer. Se trata de una serie histórica centrada en el siglo IX que se basa en las leyendas sobre el vikingo Ragnar Lodbrok, uno de los héroes nórdicos más grandes de su época que saqueó Northumbria, Francia y Bretaña. Se retrata al protagonista como un guerrero intrépido y una navegante ambicioso que tiene ideas que desafían al jefe de su tribu. Mientras el líder quiere explorar el este cada año basándose en las viejas costumbres y en la comodidad; Lodbrok quiere investigar hacia el oeste y ver qué encuentra. No le importa el peligro ni lo desconocido, le puede su ansia de saber, de conocer. Para su empresa le pide a su amigo Floki que le construya un barco y promete a los que se le unan un reparto equitativo de las ganancias.

Por supuesto, se muestra cómo eran los hábitos de la sociedad vikinga, esas ceremonias en las que el niño se convierte en hombre, cómo pescaban, cómo eran sus construcciones, las relaciones entre la tribu o clan, sus rituales… No hay que olvidar que se trata de una serie del canal History, por lo que se le da cierta seriedad a la base histórica. Sin embargo, no está narrada desde un punto de vista histórico, sino que está ahí como trasfondo, como hilo conductor. La serie se convierte en una epopeya, el héroe en busca de territorios por descubrir, con saqueos, peleas y batallas. Y mientras tanto se hace referencia a la cultura, a su tradición, como la poesía o la mitología vikinga. No hay que olvidar que pese a que eran considerados salvajes y sanguinarios por sus víctimas, eran una sociedad bastante mística. Esta devoción a los dioses nórdicos se ve en Lodbrok, a quien se consideraba un descendiente directo de Odin (dios de la guerra).

También contrasta con esa brutalidad a la hora de luchar y conquistar el amor que tienen por la naturaleza. La ambientación de la serie es increíble. También puede influir que sea una enamorada de Escandinavia, pero la naturaleza es un personaje más, quizá por ese mimo que le muestran los vikingos. Así que tenemos una trama bien entretejida con una buena base histórica, un paisaje inmejorable, un punto de partida interesante, unos personajes fuertes y además, ritmo y acción desde el primer capítulo. Tiene todos los ingredientes para enganchar. Sin embargo, no sé si fue porque vi el piloto entre varios capítulos de Juego de Tronos o tenía un mal día, pero el caso es que no me enganchó del todo. Quizá también debido a que es bastante violenta. Prometo darle una segunda oportunidad, porque creo que me gustará.

Pero, ¿por qué hablo de Vikings después de tanto tiempo y sin haber visto más que un episodio? Pues porque hace unos meses vimos el piloto de The Last Kingdom y me recordó a ella.

The Last Kingdom es una serie de la BBC que emite Netflix, así que podéis imaginar que habla de sajones y vikingos, sí, pero desde el punto de vista de los isleños. Es como las Invasiones Bárbaras, que para los alemanes es “La migración de los pueblos”. Es decir, ellos no estaban invadiendo ni masacrando, sino expandiéndose. Algo así como el descubrimiento de América por Colón. Todo tiene dos puntos de vista.

En realidad, creo que estas dos series se pueden complementar. Mismo momento histórico, pero desde ambas perspectivas. En Vikings descubrimos el día a día de los pueblos nórdicos y cómo se preparan para invadir y conquistar; en The Last Kingdom se ve cómo vivieron los sajones las incursiones de aquel pueblo extranjero, cómo surge Inglaterra tras tener que agruparse para luchar contra su enemigo.

En ambas series hay un choque cultural, aparte de la lucha por las tierras, obviamente. Aunque los vikingos eran una población mística con el Valhalla y sus dioses, no eran muy religiosos en el día a día, quizá eran más usos y costumbres, respeto, sacrificios y ofrendas. No tenían sacerdotes, sino que se transmite la fe de generación en generación en rituales. Por el contrario, contrasta con el cristianismo medieval en el que el creyente es temeroso de Dios. Con un sacerdote que transmite ese miedo, esas supersticiones. Creo que ver ambas puede ayudar a tener una idea completa de aquella época, de ambos pueblos. Aunque no hay que olvidar que se trata de entretenimiento, y lógicamente, como series de televisión, tienen que enganchar.

La forma que tiene el espectador de descubrir ese choque cultural es viviendo en la piel del protagonista, Uthred, el hijo del Señor de Bettanburg. Este heredero sajón de Northumbria es secuestrado por los daneses cuando tiene 10 años y acaba siendo criado por ellos adoptando sus costumbres, aprendiendo su idioma y abrazando su religión hasta que años más tarde un suceso le lleve a volver con los sajones para reclamar lo que le pertenece como heredero de un noble. Ello le llevará a luchar contra los vikingos y encontrarse en tierra de nadie puesto que ambos lados lo verán como un traidor.

Lo bueno que tiene la serie es que al tener un personaje principal en el que recae la historia, me centro mejor en la trama sin dispersarme tanto y perdiéndome detalles. En Juego de Tronos, por ejemplo, hay personajes que cuando aparecen tras varios capítulos sin saber nada de ellos, no sé muy bien cómo había quedado su historia particular. Aquí el ritmo se centra en Uthred y su supervivencia. Me falla un poco que parece que va a ser el típico personaje perfecto, honrado, sin dobleces que tiene que luchar contra el mundo. Pero supongo que para eso hay que ver la temporada completa (sólo 8 episodios y una segunda en marcha). De momento, en el piloto ya se ven traiciones, batalla, acción, un posible romance entre los jóvenes.

En cuanto a su calidad, tal y como ocurre con Juego de Tronos y otras sagas de época que están tan de moda, en Vikings y The Last Kingdom parece que cada capítulo fuera una película. Se ve en la luz, la fotografía, los escenarios, la técnica… Muestra una gran producción detrás.

Como viene siendo habitual últimamente, no es una idea original, sino que The Last Kingdom es la adaptación de la saga The Saxon Stories de Bernard Cornwell. Aún así, aplaudo que la hayan llevado a las pequeñas (ya no tanto) pantallas.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 10 II Parte: Praga

Tras asistir a la representación del reloj, nos dirigimos hacia la Plaza Franz Kafka. Se trata de una plaza que se encuentra en la calle de detrás del Reloj Astronómico, junto a la Iglesia de San Nicolás. En el número 5 de la calle U Radnice una placa con la cabeza del escritor indica la casa donde nació, aunque realmente lo que queda hoy en día no tiene nada que ver con su casa original de 1902, ya que hubo un incendio que arrasó todo el edificio, sólo se salvó el portal.

Continuando por la Calle Maiselova nos adentramos en Josefov, el Barrio Judío.

En la Edad Media existían dos comunidades judías distintas en la Ciudad Vieja de Praga: los occidentales se habían afincado alrededor de la Sinagoga Staronová, y los del Imperio bizantino en las cercanías de la Escuela Vieja Judía (donde hoy se encuentra la Sinagoga Española). Ambos asentamientos se fueron uniendo gradualmente y quedaron confinados en un gueto.

Aunque el antiguo gueto ha desaparecido, gran parte de la fascinante historia de la zona se conserva en las sinagogas que rodean al antiguo cementerio judío, mientras que las calles más recientes se encuentran salpicadas de edificios Art Nouveau.

Nuestra primera parada fue la Sinagoga Maisel. Cuando se construyó a finales del siglo XVI, era el lugar privado de oración del alcalde Maisel y su familia. Maisel había hecho fortuna prestando dinero al emperador Rodolfo II para financiar la guerra contra los turcos, por lo que la sinagoga era la más ornamentada de la ciudad. Quedó destruida en el incendio que devastó el barrio judío en 1689 y en su lugar se levantó una nueva. La actual, de estilo gótico, data de principios del siglo XX.

Desde los años sesenta alberga una fascinante colección de plata y orfebrería que abarca desde el Renacimiento hasta el siglo XX.  También hay fuentes, lámparas y candelabros. Es irónico que casi todos estos objetos fueron llevados por los nazis a Praga para fundar un museo de una raza extinguida.

Continuamos hacia la Sinagoga Española, frente a la cual encontramos el Monumento a Franz Kafka. Se trata de una escultura del cuerpo vacío de un hombre, sólo con chaqueta y pantalones, sin cabeza. Y sobre sus hombros descansa sentado Franz Kafka. Representa así la separación espiritual que el escritor muestra en sus libros.

La escultura mide 3,75 metros de alto y pesa 800 kilos. Se encuentra en este lugar ya que fue donde vivió, pero también por representar el límite entre el barrio judío y la Ciudad Vieja, una zona en la que confluían la religión judía, la católica y la protestante.

La Sinagoga Española se encuentra donde se asentaba en su día la primera sinagoga de la ciudad. Pero no queda nada de aquel edificio, el actual data de la segunda mitad del XIX.

Su rica decoración tiene influencia de la Alhambra de Granada. Sin duda es imprescindible. Es la más bonita de todas.

Alberga una exposición dedicada a la historia de los judíos de Bohemia.

Cerca, saliendo del barrio judío, tenemos el Convento de Santa Inés de Bohemia, la primera construcción gótica de Praga. Fue fundado por el rey Wenceslao I en los años 1233-1234 por iniciativa de su hermana Inés para la orden femenina de las clarisas, siendo ella una de las primeras representantes.

Tiene básicamente dos partes: el monasterio de clarisas y el monasterio masculino de franciscanos minoritas. El centro del convento lo constituye la iglesia de San Francisco, también gótico. El edificio fue censurado en 1782 y abandonado. En los años 70 se restauró y ha recobrado parte de su aspecto original y ahora es utilizado por la Galería Nacional para albergar la colección de arte medieval de Bohemia y Centroeuropa.

Volvimos de nuevo hacia la Sinagoga Española continuando hasta el Ayuntamiento Judío, un llamativo edificio blanco y rosa construido entre 1570 y 1577 por el alcalde Maisel.

En 1763 adquirió un nuevo aspecto con el estilo del barroco tardío. Las últimas alteraciones datan de 1908 cuando se amplió el ala sur.

En el tejado destaca una pequeña torre de madera con un pináculo verde. Se concedió el derecho a la comunidad judía a construir la torre tras su participación en la defensa del puente de Carlos contra lo suecos. En uno de los tejados hay otro reloj, este con números hebreos. Y dado que en dicho idioma se lee de derecha a izquierda, las manecillas también siguen dicho sentido.

En la actualidad es la sede del Congreso de las Comunidades Religiosas Judías de la República Checa.

Muy cerca se encuentra la Sinagoga Vieja-Nueva, la más antigua de Europa aún en funcionamiento. Fue construida en 1270 y es uno de los primeros edificios góticos de Praga. Ha sobrevivido a los incendios, a la demolición del gueto en el siglo XIX. Los residentes del barrio judío buscaron a menudo refugio entre sus muros. Hoy en día continúa siendo el centro religioso de esta comunidad.

A esta no entramos, ya que hay que pagar la entrada aparte. Existe un combinado que nos costó 600 coronas con el que puedes acceder a 6 sinagogas: la Maisel, la Pinkas, la Klausen, la Española, el cementerio y sala de ceremonias.

Nuestra siguiente parada fue la Sinagoga Klausen. Debe su nombre a que antes del incendio de 1689 en ese lugar había pequeñas escuelas y casas de oración que recibían el nombre de “klausen”. Así pues, al construirla, se conservó el nombre. Se terminó en 1694.

Data de principios del barroco, la estructura posee un interior con bóvedas de cañón decoradas con estuco. Alberga grabados y manuscritos hebreos, así como una exposición sobre las tradiciones judías.

Esta sinagoga se encuentra una manzana que engloba el Cementerio Judío. Durante más de 300 años fue el único lugar donde se permitía enterrar a los judíos. Fue fundado en 1478 y se amplió ligeramente a lo largo de los años, pero sigue teniendo el carácter de la Edad Media.

Debido a la falta de espacio, los cuerpos debían ser enterrados unos encima de otros. Hoy se pueden ver más de 12.000 lápidas apiñadas y se estima que se hallan enterradas unas 100.000 personas.

Para finalizar entramos en la Sinagoga Pinkas. Fue fundada en 1479 por el rabino Pinkas y ampliada en 1535 por su sobrino nieto. Se ha reconstruido muchas veces a lo largo de los siglos.

El corazón del edificio actual es una sala con bóvedas góticas. La galería para mujeres se añadió en el siglo XVII.

La sinagoga es ahora el monumento a la memoria de los judíos checoslovacos que fueron encerrados en el campo de concentración de Terezín, y más tarde deportados a campos de exterminio. En los muros están grabados los nombres de las personas que no regresaron.

De nuevo volvimos a la plaza central y al Ayuntamiento Viejo. Asistimos de nuevo al espectáculo del reloj, ya que por la mañana pegaba el sol y no lo pudimos ver en las mejores condiciones.

Para finalizar el día, y casi nuestro viaje, retornamos hacia el hotel, parando antes en el Museo Franz Kakfa, en cuyo patio se encuentra la escultura de Cerny Piss. Se trata de dos esculturas de bronce que representan a dos hombres orinando en el mapa de la República Checa.

Volvimos al hotel a recoger nuestros bártulos, salimos a cenar, disfrutamos unas cervezas y dimos por finiquitado el día.