Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Praga

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres.

Praga tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante.

Praga es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Praga es cerveza, cómo no. Es el orgullo nacional. Cambiad unas coronas para disfrutarlas en alguna taberna o terracita.

Por todo ello, quizá un par de días sean poco para descubrir la ciudad a fondo, pero sí podemos quedarnos con lo más importante y dejar un buen sabor de boca y ganas de volver.

Nosotros en realidad estuvimos dos días completos y una tarde, y quizá no los aprovechamos tanto como nos hubiera gustado por el calor que nos hizo. Se hacía un poco cuesta arriba estar desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche pateando la ciudad con el sol que pegaba y la humedad. Yo me acabé comprando un sombrero y todo. Al más puro estilo guiri.

Si la temperatura hubiera sido más parecida a la de Budapest, nos habría resultado más cómodo pasear y perdernos entre calles y cuestas. El planteamiento inicial creo que habría funcionado sin problema:

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No varió mucho de nuestra ruta, pero sí que quizá perdimos algo más de tiempo en ir y volver al hotel a resguardarnos del sol. Aunque eso no significa que piense que la elección de hotel no fue correcta, ya que lo recomendaría y volvería a elegir. Se halla en una calle con mucho encanto, llena de bares, restaurantes y al lado del castillo, lo que permite pasear tranquilamente por la noche.

También Malá Strana ofrece muchas posibilidades. Y además, está a un paseo del puente.

Pero no sólo elegiría el hotel por su ubicación, sino también por su estilo peculiar, su diseño y su relación calidad – precio. Y además con desayuno.

Lo que no recomendaría, no sólo en la zona de la calle Nerudova, sino en general en toda la ciudad, es comprar en tiendas chinas. Sólo compramos dos veces, en dos sitios diferentes. El primer día en uno al lado del hotel para tener algo de agua y aprovechamos para comprar alguna lata de cerveza. Claro, con el cambio de divisa no teníamos más referencia que el Euro. Pero luego al día siguiente paramos en un super para comprar un picoteo y vimos los precios en varias terrazas a lo largo de nuestro paseo y sin duda hicimos la turistada. El último día compramos un helado en otro chino de otra zona totalmente diferente y también tenía un precio desorbitado.

Pero quitando este detalle y el calor, que no tiene nada que ver con la ciudad, disfrutamos mucho de Praga. Una de las ciudades con más encanto de Europa, con mucha historia, cosmopolita, antigua y moderna a la vez, bohemia, artística y cultural. Una visita que nos transportó a otras épocas. Un buen remate para nuestro viaje.