Y todo sigue igual

La semana pasada vivimos una nueva investidura tras dos meses largos después de las elecciones. Esta vez el candidato que pedía el voto de los diputados era Mariano Rajoy. Un candidato que decía tener prisa para formar gobierno pero que se tomó con calma el fijar una fecha. Fiel a su estilo, con un ritmo tranquilo, desgastando a los demás, calentando el cabreo del personal, yéndose de vacaciones a Sanxenxo y dejando que la presión cayera sobre el resto de partidos, especialmente sobre el PSOE.

En su monólogo previo a la votación se dedicó a dormir al personal con sus “logros” de los últimos cuatro años. Soltó datos a diestro y siniestro, manipuló y mintió. Parecía un reciclado de otros discursos de la campaña electoral. Que si llegamos en el 2011 y esto era un caos, mira qué bonito lo estamos dejando ahora. Recuperación, contratos indefinidos y encima sin devaluar moneda... Y se quedó tan ancho.

Un día después salieron los candidatos del resto de grupos a exponer sus también encorsetados discursos. Por la mañana debatieron los partidos con mayor representación. Primero salió Sánchez con sus comillas citando frases de Rajoy de la investidura de marzo con un rictus serio y un tono que ya auguraba el no es no. Después aparecieron los representantes de las diferentes fuerzas que conforman la coalición UP: Iglesias con su mítin con tono de rap (aunque sus réplicas y contrarréplicas con Rajoy sí que tuvieron algo más de vida por parte de ambos); Garzón con un discurso muy duro centrado en la economía; Domènech apelando a la independencia catalana de 1714 y citando a Azaña y por último Fernández criticando el hooliganismo patriótico del PP. Para finalizar el turno matutino, Rivera expuso el pacto firmado con el Partido Popular, ya que Rajoy apenas había hecho alusión a él.

Ya por la tarde continuó Tardà (ERC) centrado en su discurso independentista y tendiendo la mano a Sánchez bajo la premisa de tres condiciones: derogar las leyes “más reaccionarias” del PP (LOMCE, Ley Mordaza y Reforma Laboral), aplicar medidas fiscales socialdemócratas y, autorizar un referéndum en Cataluña. En la misma línea crítica habló Aitor Esteban (EAJ-PNV), que seguía con el monumental enfado del día anterior por las alusiones de la unidad de España. Le sacó incluso referencias a la constitución alemana para defender la idea de estados independientes dentro de una nación.

Para finalizar la primera ronda hablaron los diferentes integrantes del Grupo Mixto. Homs siguió la línea de Tardà e incluso anunció a Rajoy que pondrían una querella contra Fernández Díaz por las famosas grabaciones de los tejemanejes y afinados. Baldoví por su parte fue en la línea de Domènech dividiendo su intervención en explicarle el no a Rajoy y la otra mitad en pedirle a Sánchez que intentara un gobierno alternativo del PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas. Beitialarrangoitia (EH Bildu) insistió en desalojar al PP y dedicó unos minutos a reivindicar a Otegi como candidato a las elecciones vascas. Alli (UPN), Martínez Oblanca (Foro Asturias) y Oramas (CC) fueron los únicos aparte de Ciudadanos que mostraron su apoyo a Rajoy. Íñigo Alli porque acuden juntos, Ana Oramas ya lo había confirmado en las horas previas, y Foro Asturias porque en el fondo viene a ser lo mismo (es el partido de Álvarez Cascos, exministro del PP). El último en intervenir fue Pedro Quevedo (Nueva Canarias), que expresó su desconfianza hacia Rajoy puesto que aún están esperando los siete compromisos que adquirieron en 2011 con respecto a Canarias.

48 horas después, en la segunda vuelta, candidato y representantes volvieron a hacer una breve intervención recopilatoria donde ya se intuía que no iba a haber cambio con respecto al 31. Rajoy atacó a Sánchez. Sánchez dejó caer algo de las fuerzas del cambio y el PSOE en la solución. Iglesias volvió a pedir a Sánchez que contara con ellos. Rivera reivindicó que el pacto se convertía en calabaza tras la votación. Rufián sustituyó a Tardà con un discurso muy lento pero muy incisivo (como suele ser habitual) que le hizo convertirse TT en Twitter en pocos minutos. Esteban dejó el recado de que el resultado de las elecciones vascas no va a condicionar a un cambio en ámbito estatal. Homs, Baldoví y Quevedo se reiteraron en sus discursos del 31.

Y por si acaso Rajoy no había encendido suficiente al personal, sale el siempre comedido (entiéndase la ironía) Rafael Hernando. ¿El resultado? El esperado: 170 vs 180.

Y es que la fecha de esta investidura se puso con calzador. Rajoy reconoció en su discurso que se presentaba por la presión. Imagino que a él le hubiera gustado esperar más, a ver si había algún partido más como Ciudadanos que se le acercaba con alguna propuesta (y es que no hay que olvidar que fueron los de Rivera quienes se acercaron al PP y no al revés). Cualquier fecha para una investidura venía condicionada por varios factores. Por un lado las elecciones vascas y gallegas del 25 de Septiembre. Y es que si se fijaba una fecha para mediados de septiembre (además de llevar unas posibles elecciones a enero) serían en medio de campaña electoral. Así pues, parecía que tenía que ser antes, para agosto, pero eso suponía que unos terceros comicios serían en un diciembre que cuenta con un acueducto entre la primera y segunda semana. Pero sobre todo conllevaría el problema de que hubiera que votar el día de Navidad o Año Nuevo, ambos festivos. Por un lado, son malas fechas porque mucha gente se desplaza esos días para disfrutar de las vacaciones. Huele a alto índice de escaqueo en mesa electoral y abstención. En el mejor de los casos, se incrementaría el voto por correo, así que seguramente habría colapso en las oficinas de correos con (ya se vio el año pasado); y por otro lado acarrearía un problema de logística mayor si hablamos de presupuesto o seguridad. Hay que tener en cuenta a los funcionarios que deberían trabajar en un día festivo, como sería el caso de los policías.

Papeletas

Con este panorama de urgencia por formar gobierno, ¿qué elegimos, susto o muerte? Pues parece que en el PP decidieron que lo mejor era el día 30. Una primera intervención de Rajoy en solitario y ya al día siguiente el resto de los grupos y la votación. Yo lo encuentro una buena fórmula, porque así se da tiempo al resto de partidos a digerir el discurso y adecuar el suyo en respuesta. Lo que me sorprende es que el PP lo criticó con ahínco cuando lo fijó Patxi López, y ahora siguieron su ejemplo.

En cualquier caso, la elección de la fecha vino condicionada para lanzarse un órdago y meter presión con unas hipotéticas elecciones el 25 de diciembre. De esta forma se enfada a los ciudadanos ante no sólo la posibilidad de interrumpir su día de descanso y excesos con tener que votar, sino además con la posibilidad de que les toque ser mesa electoral. ¿Y sobre quién recae esa presión? Pues sobre Pedro Sánchez, por supuesto. Más claro, Albiol, que mostró la jugada en su tuit.

Pero que no se preocupe nadie, que ya se ha confirmado que era un farol, y se está preparando una modificación de la Ley Electoral para que la campaña dure solo una semana y así votemos el 18. En cuanto a si se puede hacer, parece que hay diversas interpretaciones, ya que estamos con gobierno en funciones y se supone que no se pueden aprobar leyes… Pero si encuentran un resquicio legal, se aprobará. Para esto parece que sí están todos de acuerdo.

No obstante, se ha instaurado la idea de “o sale Rajoy o votamos en Navidad”. Pero la realidad no es así (más allá de que acorten la campaña). La Constitución establece en su Artículo 99.5 que Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso. Y en esas estamos, el 31 de Agosto salió “no” y desde entonces cuentan dos meses para que el mismo candidato u otro vuelvan a intentarlo. Es decir, que hasta el 31 de octubre, fecha en que se disolverán las Cortes automáticamente, hay tiempo para el diálogo, para acercar posturas, para pactos. Otra cosa ya dependerá de la voluntad de cada uno. Aunque aquí influirá mucho el resultado de las autonómicas y los acercamientos que tengan que hacer los partidos en el País Vasco o Galicia. Un apóyame tú aquí y me abstengo yo allá.

Se ha repetido hasta la saciedad que es imprescindible tener Gobierno urgentemente. Bueno, estoy de acuerdo, va siendo hora, pero no a cualquier precio. En su intervención durante la segunda sesión del debate para su investidura, Rajoy ha apelado al PSOE para que le vote porque “todos tenemos la obligación de evitar que España, por desavenencias y empecinamientos parlamentarios que a nadie le importan, pague los platos rotos”. Pero es que en eso consiste la democracia, en desavenencias, en que cada partido presente sus propuestas que reflejen a la sociedad. Y en cuanto a empecinamientos, creo que lo confunde ser fiel a su programa. O podríamos aplicarlo al revés y recordar que el PP también se empecinó en el “no” a Sánchez.

En cualquier caso, lo que interesa es tener un buen Gobierno, un gobierno que gestione adecuadamente el país. Rajoy defiende que no es posible un gobierno de “mil colores y radical”. Bueno, ambas cosas son cuestión de perspectiva. Mil colores es lo que es España. Cada uno vota lo que considera, es en lo que consiste una democracia, en elegir, y si no hay dónde elegir, se crea. De esa necesidad ciudadana surgieron nuevos partidos que han llegado a las cámaras porque alguien les ha puesto ahí con su voto. Y en cuanto a la radicalidad depende del lugar ideológico de cada uno. Si UP para el PP son radicales por tener una postura ideológica totalmente opuesta a la suya, lo mismo se podría decir a la inversa.

Los de Génova insisten además en que el PP ha ganado las elecciones y debe gobernar, pero se les olvida que tenemos un sistema parlamentario y que es en el Congreso donde se tiene que obtener la mayoría. Una mayoría que está devolviendo los frutos sembrados tras los cuatro años de ninguneo en los que el Partido Popular no ha buscado consenso con ningún grupo. Un ejemplo es esta frase extraída del discurso de Mariano Rajoy:“Mi voluntad como presidente del Gobierno será abrir un diálogo con todas las fuerzas políticas para lograr un Pacto Nacional por la Educación”. Estupefactos se quedaron el resto de diputados ya que se trata del mismo presidente que aprobó en solitario la LOMCE con la oposición del resto de la cámara y de la comunidad educativa. Una ley que está causando incertidumbre en el curso escolar 2016/2017 que comienza esta semana puesto que hay dudas en cuanto a sus contenidos, asignaturas o si finalmente se llevarán a cabo las reválidas.

Pero que estemos sin gobierno parece que es culpa de todos menos del Partido Popular. Poco se habla de la incapacidad de Rajoy para llegar a acuerdos y mucho de crisis en las filas socialistas. Lo que son las cosas, tras la investidura fallida de Pedro Sánchez, éste repitió hasta la saciedad aquello de “no era presidente porque Iglesias votó no”, llegando a ser cansino y provocando un aluvión de memes. Y ahora se la están devolviendo con creces desde la bancada del PP (y de Ciudadanos, también) y de la prensa, incluso internacional. La frase ahora es “no hay gobierno porque Pedro Sánchez no se ha abstenido”. “Pedro Sánchez bloquea España”. Ojo, no digo que no esté en su derecho, al contrario, es perfectamente lógico y respetable que se mantenga en la postura que prometió a su electorado. Al igual que hizo Podemos en su día.

Sin embargo, es curioso cómo el tratamiento hacia Rivera es totalmente diferente a pesar de cambiar de opinión cada vez que hace una comparecencia. Por el contrario, el líder de Ciudadanos es retratado como un hombre de Estado, que le da igual virar a un lado u otro por el bien de España. Su partido de centro está para tender la mano a izquierda o derecha. Suena muy bonito, muy sacrificado, sí, pero luego oyes a Begoña Villacís desvelar la estrategia que su partido llevó a cabo tras el 20D y ya cambia la perspectiva. El pacto con el PSOE fue un ataque preventivo contra Podemos: “En estos cuatro meses alejamos al partido socialista de lo que venía siendo su pacto natural. Pensamos que, aun a riesgo de perder votos, era nuestro deber pensar en España por encima de nuestro partido y alejar al Partido Socialista de Podemos. Lo conseguimos, porque sino ahora no estaríamos hablando de otros posibles gobiernos”.

Es decir, Pedro Sánchez sale de una investidura fallida y la culpa es del PSOE por presentarse cuando no han ganado las elecciones y de Podemos por votar “no” e impedir un gobierno de cambio. Cuando se presenta Rajoy y también ganan los noes la culpa sigue siendo del PSOE por no abstenerse para permitir un gobierno que garantice la unidad de España. Se acusa de estrategias, de mirar sillones, de no pensar en España, de no tener capacidad dialogadora, de empecinamientos y desavenencias; pero en ningún caso se pone el foco en el hecho de que hay un partido que ha hecho un movimiento premeditado para impedir que hubiera gobierno. Curioso.

Me da la sensación de que no se informa de lo que pasa, sino de lo que a algunos círculos les interesa que pasase. No se hace análisis crítico del momento. Aún no han pasado los dos meses para una tercera vía y sólo se piensa en las terceras elecciones. Parece que a los partidos es lo que más les interesa. El Partido Popular porque en su electorado fiel y sabe que crecerá la abstención de otros colores; el PSOE porque prefiere ir a otros comicios con la premisa de haber sido fiel a su promesa electoral antes que hacerse el Hara-kiri apoyando a Rajoy. Además, me da la sensación de que ambos partidos buscan volver eliminar o reducir a Ciudadanos y Unidos Podemos para volver al bipartidismo. Y veremos si no intentarán cambiar la Ley Electoral para evitar un repunte en 4 años. La coalición UP parece que está dispuesto a intentarlo de nuevo con tal de que no gobierne la derecha, a pesar de su debate interno y de la incertidumbre de si volverían a ir juntos Podemos e Izquierda Unida tras los resultados del 26J. Y Ciudadanos prefiere otra cita con las urnas antes de que Unidos Podemos tenga alguna posibilidad de acuerdo y estar en un gobierno (después de las declaraciones de Villacís, no queda duda). Ya se encargarán en la campaña de proclamar su voluntad de diálogo, el espíritu de la transición, tender la mano a derecha e izquierda, la defensa de la unidad de España y la lucha contra la corrupción.

Y es que Ciudadanos ha presumido durante semanas del gran acuerdo contra la corrupción, de haber forzado al PP a hacer concesiones. El mesías de la regeneración democrática. Pero la realidad es que se fijaba la línea en aquellos que “se hayan enriquecido personalmente de manera ilícita o, mediante determinadas prácticas, hayan financiado de forma ilegal a un partido”. Bajo esta premisa no habría sido corrupción el caso de Chaves y Griñán del que tanto se enorgullece Ciudadanos, o los dos exconsejeros del PP de Madrid por el caso Púnica, ni siquiera Soria.

Un Soria que tuvo que dimitir tras varias intervenciones lamentables sobre los papeles de Panamá, bueno, en realidad dimitió para no tener que dar explicaciones en el Congreso. Que no conozco la empresa, que bueno, que era de mi padre, que si me acabo de enterar que soy secretario, que si me falsificaron la firma, que sí, bueno, a lo mejor yo participé de refilón, pero que yo no evadido impuestos ni tengo cuentas opacas... Daba tanta vergüenza que alguien le pidió al ministro que aprobó el impuesto al sol que se apartara. Eso sí, cobra una indemnización de más de 4.600€ al mes por ser exministro. El mismo Soria que ha sido enchufado como consejero en el Banco Mundial con un sueldo de 226.000€ al año libres de impuestos (que mira, eso que se ahorra en tener que evadir). Un enchufismo típico del Partido Popular por los servicios prestados. Como el de Rato en el FMI, como el premio a Wert en París, Trillo en Londres y veremos a ver si Fernández Díaz en el Vaticano. Ríete de puertas giratorias.

Pero si ya no fuera una tomadura de pelo la designación, aún más grave es el nombramiento, que se comunica un viernes a las 9 de la noche, dos minutos después de la investidura fallida. Con nocturnidad y alevosía. Y después de meses negándolo cuando la Sexta lo adelantó en el mes de junio. Ole, los caracoles. Y ¿por qué se hace a esas horas? Porque era el límite del plazo del Banco Mundial para comunicarlo, así que para evitar que el tema se colara en el debate de investidura, aguantaron hasta la bocina. Salvados por la campana.

Rivera cuando se enteró, se enfadó muchísimo, puso el grito en el cielo preso de indignación (/ironía modo off). Sus palabras fueron “que el Gobierno deberá dar explicaciones”. Y Rajoy las ha dado, claro que sí… un montón: “Mire usted, uno hace lo que tiene que hacer, y si este señor es el mejor candidato según un comité técnico yo no tengo nada que decir, porque si lo dijera, me acusaría usted de que estoy interfiriendo y manipulando, así que haga yo lo que haga a usted le va a parecer mal porque hay quien prefiere criticar que sacar a este país del bloqueo institucional pese a que la necesidad de gobierno es urgente”. Cómo hila fino el presidente en funciones… le preguntan por el nombramiento de Soria y responde que hay bloqueo institucional y seguimos sin gobierno.

En definitiva, a pesar de este culebrón acontecido en las últimas semanas, el resumen es que todo sigue igual. O se entiende que tenemos un país multicolor y se plantea una alternativa a Rajoy, o iremos a terceras elecciones. Seguramente el PP salga reforzado y se achacará a mayor abstención, voto rogado que no llegue, pero también se deberá a sus votos ganados, no sólo a los porcentajes. Y es que en España se vota como se es de un equipo de fútbol, son malos, pero son de los míos.

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3 comentarios en “Y todo sigue igual

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