Estambul día 2: Santa Sofía y Mezquita Azul

Amaneció temprano en nuestro segundo día, ya que queríamos aprovecharlo al máximo. Nos habíamos acostado pronto el día anterior, sin embargo, no todos descansamos igual, ya que la llamada a la oración había despertado a alguno.

Los musulmanes turcos realizan el ritual de la oración seis veces al día y, para avisarles, desde las mezquitas se convoca a los fieles mediante cánticos a través de la megafonía de los minaretes. Algo así como el repique de campanas para los católicos aunque con un toque de cante jondo. La primera de las llamadas es dos horas antes del amanecer, la segunda al amanecer antes de que despunte el sol; la tercera al mediodía; la cuarta a media tarde, cuando las sombras de los objetos son iguales a sus alturas; la quinta a la puesta del sol, cuando este se acaba de ocultar; y la sexta y última cuando ya no hay luz.

Es un dato a tener en cuenta antes de viajar, no sólo por los tapones para dormir si no queréis despertaros antes de tiempo, sino también para las visitas de las mezquitas, ya que no se podrán visitar desde el aviso hasta media hora después. En esta web podéis saber a qué hora será cada día del año. En nuestro caso ese día teníamos las llamadas a las siguientes horas: 05:01, 06:46, 12:00, 14:35, 16:54 y 18:26.

Tras desayunar nos pusimos en marcha dispuestos a descubrir Estambul en un sorprendente día soleado de mediados de noviembre.

Estambul es la ciudad más grande y poblada del país, sin embargo, su centro histórico se puede recorrer cómodamente a pie. Con buen calzado, claro, porque hay calles empinadas y empedradas en las que podemos dejarnos un tobillo y llevarnos un esguince. Como no podía ser menos, su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Nos dirigimos desde el hotel hasta Santa Sofía. La ciudad estaba tranquila, aún no se veía muchos transeúntes y los comercios estaban comenzando a subir sus cierres. A la altura del acceso trasero del Palacio Topkapi vimos un puesto de una especie de Pretzels que mi hermano, como buen catacaldos que es, quiso probar. Y por 0.25TL no te vas a quedar con las ganas.

Su nombre es Simit, un pan con forma circular espolvoreado con semillas de sésamo. La parte exterior es un poco crujiente, pero su interior es esponjoso. Mucho más rico que un Pretzel alemán. Es un producto muy valorado y consumido por los turcos, parece que su origen se remonta hasta el siglo XVI. Hay vendedores ambulantes con sus carritos acristalados en cada esquina. Muchos tienen la opción de acompañarlo con queso de untar o nutella.

Continuamos nuestro recorrido hasta llegar a Santa Sofía, el símbolo de la ciudad.

Cartel Santa Sofía

Entrada al museo

Llegamos pocos minutos después de su apertura, que es a las 9 de la mañana (cierra a las 16), por lo que no estaba muy saturada de gente, aunque ya había una guía griega con un grupo. Es recomendable visitarla cuanto antes y así evitar aglomeraciones. La entrada cuesta 30 liras y nos da acceso al recinto, no sólo a la edificación. Nada más entrar, pasamos por un jardín en el que hay restos de columnas griegas.

Entrada

Jardín

Siguiendo el acceso guiados por las indicaciones llegamos a la entrada a la iglesia/mezquita. Destaca el suelo resbaladizo y marcado con el paso de los años.

Suelo Santa Sofía

Y antes de entrar a la nave principal tenemos una zona en la que podemos asistir a un vídeo u observar diversas fotografías. Si miramos hacia arriba ya nos sorprenderemos de la ornamentación del templo.

Santa Sofía

A pesar de lo que se suele pensar, no debe su nombre a la santa, sino que hace referencia a la sabiduría, que es lo que significa “sofía” en griego. Hoy en día, desde 1935, es un museo, pero ha sido Basílica Ortodoxa, Católica y Mezquita Imperial a lo largo de los años y períodos de la ciudad.

La construcción actual (hubo dos basílicas anteriores en el lugar) se comenzó a edificar en el año 532 con intención de cristianizar y se tardó en construir cinco años y medio. Entre los años 1993 y 2010 se hicieron tareas de mantenimiento y se limpiaron los mosaicos y la cúpula. En dichas tareas se descubrieron mosaicos bizantinos de caras de ángeles que habían sido tapados con mosaicos otomanos. En el exterior se centraron en limpiar las fachadas y reforzar los techos para evitar daños en caso de que hubiera un terremoto en los próximos años. Sin embargo, a pesar de que estas tareas terminaron hace un lustro, nos encontramos con andamios en un lateral de la nave lateral. Supongo que una obra de tal envergadura como Santa Sofía requiere de un cuidado continuo.

Interior Santa Sofía desde Galería

De mis clases de Historia del Arte del instituto recuerdo tres obras arquitectónicas que me llamaron la atención: La Mezquita de Córdoba, el Panteón de Agripa y Santa Sofía. Así que tenía ciertas espectativas. Y no defrauda. Es impresionante. Nada más entrar sorprende que en el siglo VI fueran capaces de levantar una obra de tales dimensiones.

Interior Santa Sofía

El edificio cuenta con una planta de tres naves con tribunas, pero sin duda lo que destaca es la enorme cúpula de 30 metros de diámetro que se eleva hasta los 56. Hay todo un estudio arquitectónico detrás para crear un complejo sistema de descarga y que se mantenga en pie. No obstante, a lo largo de los años se ha reforzado el exterior para poder soportar el enorme peso de la estructura.

Interior Santa Sofía

Interior Santa Sofía

El techo está cubierto en su mayor parte por mosaicos de oro que reflejan la luz cenital que entra por las ventanas. El interior está diseñado para mostrar la omnipotencia del Imperio Bizantino. Se nota en los materiales, que eran los mejores de la época, así como en la ornamentación.

Interior Santa Sofía

Interior Santa Sofía

Interior Santa Sofía

Pero en Santa Sofía hay una mezcla de culturas y credos, una combinación de períodos y simbología. Al convertirse en mezquita en el siglo XV se taparon los motivos cristianos con yeso, algo que ha salido a la luz, bastante bien conservado además gracias a este apaño, en las tareas de restauración.

Cruz bajo diseño posterior

Los elementos que más destacan en la planta baja son los que incorporaron los sultanes otomanos tras la conquista de la ciudad. Un ejemplo son los discos de 7,5 metros de diámetro que cuelgan poco más abajo de la cúpula. Cuentan con inscripciones en oro con los nombres de Alá, Mahoma y los cuatro grandes profetas.

Poco a poco se le fueron añadiendo los elementos necesarios para la conversión. Se levantaron los minaretes y se instaló en el ábside de la antigua iglesia el nicho que indica la localización de la Meca. Asimismo, se levantaron los estrados para los lectores del Corán, la logia del sultán y el Cuadrado de la Coronación para situar el trono imperial. Se levantó el trono del Predicador para que los mayores pudieran escuchar las lecturas del Corán y se construyó la biblioteca, delimitada por una bella y reluciente puerta de bronce.

Interior Santa Sofía

Puertas de la Biblioteca

Azulejos

Desde la planta baja se puede subir a las galerías por una rampa. Si la planta inferior maravilla, pasear por la superior es algo magnífico. Los mosaicos del techo están muy bien recuperados.

Galería

Galería

Cristo entre la Virgen María y Juan el Bautista

Virgen María entre la emperatriz Irene y Juan II Comneno

Desde arriba hay unos balcones desde los que se puede observar más de cerca la inmensa cúpula y se puede ver la magnitud de Santa Sofía.

Interior Santa Sofía desde Galería

Interior Santa Sofía desde Galería

Interior Santa Sofía desde Galería

Interior Santa Sofía desde Galería

Interior Santa Sofía desde Galería

Además, se puede alcanzar a ver la Mezquita Azul desde alguna de sus ventanas.

Mezquita Azul desde Santa Sofía

En la segunda planta destacan varios mosaicos. El más significativo es el que muestra al Emperador Constantino y a la Emperatriz Zoe adorando a Cristo. Aunque quien acompañaba a la emperatriz en un inicio era Romano III, su primer marido. Y después Miguel IV hasta que falleció. Finalmente se dibujó a Constantino.

Mosaico Constantino y Zoe

Al salir de la iglesia se cruza el vestíbulo de los Guerreros, llamado así porque la guardia personal del emperador solía esperarles ahí. Sobre la puerta, en la parde de detrás según se entra, está el mosaico de la Virgen con Constantino y Justiniano. Constantino, a su derecha, le regala la ciudad de Constantinopla y Justiniano Santa Sofía. Los visitantes salen de la iglesia por esta puerta, antes reservada para el emperador por su proximidad al Gran Palacio.

vestíbulo de los Guerreros

vestíbulo de los Guerreros

Al salir, pasamos por los santuarios islámicos. En los jardines de la basílica varios sultanes erigieron sus mausoleos.

Santuario Islámico

Abandonamos Santa Sofía con rumbo a la Mezquita Azul, que está justo enfrente. Y no es casualidad, ya que el Sultán Ahmed I quería hacer palidecer al símbolo del Imperio Bizantino y abrir una nueva era. El visitante sale ganando, pues desde los jardines centrales de la plaza de Sultanahmet se pueden observar ambas. Y yo no sabría decir con cuál me quedaría si tuviera que elegir.

Santa Sofía

Mezquita Azul

En la plaza encontramos varios puestos de Simit, y como ya habían pasado un par de horas desde que habíamos desayunado, decidimos pedir un surtido y probar varias modalidades. No todo eran Simit, había croasanes, trenzas y una especie de suizo, eso sí, todos deliciosos. Como éramos 5, fuimos degustando de unos a otros comparando sensaciones, sabores y texturas.

Simit

Bollos

Nos faltó un zumo de granada para completar el almuerzo, pero es que en la zona es carísimo. Con los carros de Simit no lo notamos, el precio es estándar en toda la ciudad, pero los zumos los habíamos visto a 2TL la noche anterior por la zona del hotel y en esta zona tan turística estaban a 5 e incluso 6TL. Así que lo dejamos para otra ocasión.

Nos dirigimos a la Mezquita Azul, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Se encuentra cerrada durante las horas de la oración y las mujeres han de llevar el pelo tapado. Si no llevas un pañuelo, fular o similar, te prestan uno en la entrada. Además, hay que descalzarse, puesto que el suelo está cubierto de alfombras. Para preservar la atmósfera sagrada, pues no hay que olvidar que es un templo en funcionamiento, los turistas han de entrar por la puerta sur para salir por la norte.

Acceso al patio

Salida de la mezquita

Su planta sigue la estructura otomana clásica. El patio delantero tiene una fuente de abluciones en el centro y el pórtico se utilizaba para la meditación, oración o estudio cuando hacía buen tiempo.

Patio Mezquita

Patio Mezquita

El patio tiene las mismas dimensiones que la sala de la oración, equilibrando así el conjunto arquitectónico.

La mezquita cuenta con una cascada de cúpulas y semicúpulas y seis elegantes minaretes. Esta decisión provocó muchas discusiones, porque se consideraba que los seis alminares de la mezquita constituían un intento de rivalizar con la Meca. Para zanjar los problemas, se levantó un séptimo en la Meca.

Lo más atractivo, y lo que le da el nombre, es la decoración interior a base de un revestimiento de azulejos de Iznik de tonalidades azules. De hecho, el azul turquesa recibe ese nombre por ser considerado el azul de los turcos.

Interior Mezquita Azul

Interior Mezquita Azul

Sus cúpulas y bóvedas semicirculares son impresionantes, llenas de detalles arabescos y geométricos. Los musulmanes no son figurativos como pueden serlo los católicos, así pues, no hay representación de Alá salvo con grafía.

Cúpulas

Interior Mezquita Azul

Interior Mezquita Azul

Su aspecto transmite serenidad, incluso plagada de turistas. Da la sensación de ser un espacio muy amplio gracias a las cúpulas, las vidrieras y los reflejos azules. Sin embargo, no cuenta con la pericia arquitectónica de Santa Sofía, ya que aquí para sostener las cúpulas y bóvedas se levantaron cuatro columnas.

Interior Mezquita Azul

Tras la visita a dos de los puntos imprescindibles de la ciudad emprendimos rumbo a la Cisterna Basílica. Os lo cuento en otro rato.

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6 comentarios en “Estambul día 2: Santa Sofía y Mezquita Azul

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