Estambul día 3: Palacio Topkapi e Hipódromo

Nuestro último día amaneció también pronto, desayunamos y partimos hacia el Palacio Topkapi, que durante 400 años fue la residencia de los sultanes otomanos. Desde 1924 está abierto al público convertido en museo con lujosas estancias, colecciones de joyas y otros tesoros. Está situado sobre la colina que marca el punto de encuentro entre el Bósforo y el mar de Mármara, ocupando una situación estratégica. En la época Bizantina se elevaban monasterios y edificios oficiales.

Fue construido entre 1459 y 1465 al poco de tomar Mehmet II Constantinopla para fijar en él su residencia. En lugar de ocupar un solo edificio, se articuló en diversos pabellones distribuidos en cuatro patios como una versión de los campamentos nómadas de los otomanos.

Inicialmente se utilizó como sede del Gobierno y tenía una escuela en la que se formaban funcionarios y soldados. Sin embargo, en 1853 el sultán Abdul Mecit I abandonó el palacio y se mudó a Dolmanahçe.

Entramos en el palacio por el primer patio, la zona externa donde conviven los muros de un palacio otomano con una iglesia bizantina. Esta zona ha sido a lo largo de los tiempos hospital, facultad y tahona. En este jardín es donde encontramos la taquilla. Se puede comprar la entrada para el palacio, o para el palacio y el Harem. Como nosotros contábamos con poco tiempo pues teníamos que estar en el aeropuerto sobre las 2 de la tarde, decidimos no entrar en el Harem.

Tras pasar la Puerta del Medio, nos adentramos en el segundo patio, donde se estructura gran parte de los edificios de servicio. En el lado oriental se encuentran las cocinas del palacio, que contienen una colección de piezas de porcelana chinas y japonesas.

Asimismo, podemos encontrar estancias militares y las principales áreas administrativas y de gobierno. También era el centro de las principales ceremonias civiles y religiosas. Por ejemplo, era el lugar elegido para los actos de ascensión del trono. En el lado izquierdo del patio se encuentra la Cámara del Consejo Imperial debajo de la Torre de Adalet Kulesi, uno de los elementos arquitectónicos más característicos del palacio.

Junto a la torre se encuentran las taquillas y la entrada al Harem. Se trata de un complejo de más de 300 habitaciones donde residían las familias reales, aunque también se dice que era el lugar donde los sultanes se rendían al libertinaje.

El segundo patio en su día fue lugar de ejecuciones sumarias y sentencias de muerte ejecutadas en el acto. Atravesando la Puerta de la Felicidad se accede a los dominios privados del sultán, que, para preservar el aura imperial, procuraba evitar frecuentes apariciones en público.

Traspasar esta puerta era el privilegio de unos pocos afortunados. Solo se podía acceder con la autorización expresa del sultán. En la zona se encuentra la Sala de las Audiencias, que era el pabellón donde el sultán recibía a los embajadores de otros países.

En la zona derecha del patio se encuentra el Tesoro. Alberga las joyas que pertenecieron a los sultanes. Todas son joyas masculinas, ya que las femeninas podían dejarse en herencia. Las de los sultanes, por el contrario, pertenecían al Imperio. Por ese motivo se pueden mostrar.

Y llegamos al cuarto patio, la zona privada del sultán y su familia. Es la zona que más me gustó de todo el recorrido. Consta de una serie de pabellones, quioscos, jardines y terrazas. Destacan cuatro pabellones de recreo. La mayoría se encuentran en el entorno conocido como Balcón de Ibrahim el Loco, una enorme terraza de mármol con un estanque. Recibe este nombre porque fue construido por Ibrahim el Loco en 1640 para tomar la primera comida tras poner fin al ayuno diario durante el mes del Ramadán.

Desde esta terraza se puede tener unas buenas vistas del Cuerno de Oro y el barrio de Gálata.

El quiosco Mecidiye fue levantado a la manera de los modelos europeos del siglo XIX. Data de 1840 y fue concebido como lugar de descanso y para alojar a dignatarios extranjeros.

Los dos pabellones más fascinantes son el Quiosco de Revan y el Bagdad. El de Revan es un pabellón relativamente pequeño con una cúpula central. Hay tres ábsides para los sofás, mientras que la cuarta pared contiene una puerta y una chimenea.

El de Bagdad destaca por sus azulejos de Iznik y la madera labrada.

Recibe este nombre pues fue construido en 1638 en conmemoración de una batalla contra dicha ciudad. Es un pabellón octogonal rodeado de 22 columnas y rematado por una bella cúpula. Las ventanas, armarios y otros trabajos de madera dentro de la estructura están adornados con conchas de nácar y carey.

El pabellón de Mustafa Pasha sobresale por su luminosa habitación doble repleta de asientos.

También es remarcable la sala de las Circuncisiones, revestida de hermosos azulejos. En ella reposaban los hijos de los sultanes después del doloroso rito.

Esta ceremonia no figura en el Corán, se piensa que quizá se ha tomado de la cultura judía. Se suele realizar sobre los 7 u 8 años como paso a la edad adulta. Durante esta “celebración” se viste a los niños con un traje blanco de aire otomano con todo tipo de adornos y ornamentaciones. La vestimenta oficial consta de una capa de lentejuelas, sombrero y cetro, como si fuera un pequeño sultán. Se pasea al niño en descapotable, o en un coche agitando pañuelos por las ventanillas. Al igual que en la Primera Comunión, la familia celebra una fiesta con comida y música donde el niño recibe regalos y felicitaciones. Es uno de los eventos sociales más importantes en Turquía y en los escaparates de Sultanahmet y Eyüp abundan estos trajes nada discretos. Nosotros los vimos el primer día en los aledaños del Gran Bazar.

Nos dirigimos hacia la salida paseando por los jardines y la zona donde el sultán se sentaba a observar carreras de caballos y otras competiciones.

Desde el Palacio, y en vista de que aún nos quedaba un rato, nos dirigimos hacia el Hipódromo, que nos dimos cuenta el día anterior por la noche que pese a estar cerca de Santa Sofía y la Mezquita Azul, lo habíamos pasado de largo.

El Hipódromo se convirtió en el escenario de los acontecimientos públicos de la ciudad desde la inauguración de Constantinopla. El pasatiempo preferido de los bizantinos eran las carreras de carros. Incluso cuando el estadio fue cayendo en ruinas  tras la toma de Estambul por las tropas otomanas, se siguió utilizando en las grandes ocasiones.

Poco queda hoy en día del gigantesco estadio que constituyó el corazón de la ciudad bizantina de Constantinopla. Se construyó en el siglo III durante la reconstrucción de la ciudad, el emperador Constantino lo amplió tiempo después. Se dice que tenía una aforo de 100.000 espectadores, aunque en la actualidad es un jardín público alargado en el que quedan restos arquitectónicos que nos dan una idea de lo importante que fue en su día.

Se conservan los obeliscos y las columnas del antiguo Egipto y Grecia.

El obelisco egipcio, construido en el 1500 a.C., se levantaba a las afueras de Luxor hasta que Constantino lo hizo traer a la ciudad. Este monumento, magníficamente tallado, está roto y posiblemente sólo presenta un tercio de su altura original.

Se apoya en una base realizada en el siglo IV, en la que se ve a Teodosio I y a su familia. En los cuatro lados se representan una carrera de carros, Teodosio preparándose para coronar al vencedor con una corona de laurel, prisioneros rindiendo homenaje al emperador y el momento en que se colocó el obelisco.

Junto a él está situada la columna Sepertina, traída desde Delfos. En el siglo XVIII un noble polaco borracho rompió las cabezas de las serpientes.

También en la zona, en Çemberlitas, está la columna de Constantino, o columna de Bronce, porque se cree que se protegía con una cubierta de este material. Se conserva en un estado lamentable, ya que los jenízaros se subían a ella para demostrar su valor.

Mide 35 metros de altura y se construyó en el 330 como parte de las celebraciones para la consagración de la nueva capital de Bizancio. Estaba coronada por un capitel corintio sobre el que se levantaba una estatua del emperador Constantino, vestido como Apolo, pero no ha sobrevivido hasta nuestros días ya que una tormenta la derribó en 1160.

En 1701 fue renovada y por eso se llama en turco columna reforzada. Otro nombre más por el que se la conoce es por el de columna quemada, porque sufrió varios incendios, el más importante el de 1779, que también dañó el Gran Bazar.

Se dice que en la base de la columna se guardan reliquias sagradas fantásticas, entre ellas el hacha con el que Noé construyó el Arca, un frasco de aceite perfumado de María Magdalena y restos de los panes con los que Cristo alimentó a la multitud.

Y ya que estábamos en Çemberlitas, tomamos el tranvía dirección al aeropuerto, pero antes hicimos una parada más. Habrá que esperar para ello.

3 comentarios en “Estambul día 3: Palacio Topkapi e Hipódromo

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