Estambul día 3: Murallas y regreso a Madrid

Tomamos el tranvía hasta Topkapi, donde cambiamos a la línea T4 hasta Edirnekapi. La T4 tiene tramos por la superficie y a medida que nos vamos acercando al barrio ya vamos divisando las murallas.

Una vez allí bordeamos la carretera hasta que vimos destacar una torre

El problema es que no parecía haber un paso para cruzar y tuvimos que aprender al modo local. Estábamos ante una carretera muy transitada, con dos carriles por sentido y un lugareño nos hacía gestos de “venga, ahora”, pero claro, es que los coches no dejaban de pasar. Esta gente se lanza a la aventura y ya pararán los coches o me esquivarán… Unos temerarios. Al final seguimos la máxima de “allá donde fueres, haz lo que vieres” y cruzamos no sin miedo los cuatro carriles.

Las murallas de Teodosio, así llamadas por el nombre del emperador que las mandó construir a principios del siglo V se extienden desde el mar de Mármara hasta el Cuerno de Oro. Tienen un perímetro de seis kilómetros y unos imponentes muros que alcanzaban los doce metros de altura con un grosor de cinco metros. Protegieron Bizancio durante  más de mil años y tuvieron un importante valor en la historia de la Europa medieval puesto que contuvieron los ataques de los otomanos, hunos, árabes, búlgaros y rusos.

El principal elemento de defensa era la muralla interna, protegida por 96 torres cuadradas y de dos pisos. 54 de estas torres fueron reconstruidas ya que en el 447 quedaron destruidas por un terremoto. Contaba con 11 puertas fortificadas, muchas de las cuales están hoy en día en buenas condiciones. Entre esta muralla y la externa había una terraza y un foso que se inundaba cuando la ciudad sufría la amenaza de invasores.

Hoy en día suponen uno de los restos más impresionantes del pasado bizantino de la ciudad. Aunque están en ruinas, aún impresionan por su majestuosidad y dejan apreciar su esquema original. Nosotros recorrimos un tramo de su perímetro e incluso llegamos a subir a ellas para observar la ciudad desde las alturas.

Durante el paseo nos encontramos con el Palacio de Constantino Porfirogéneta (ojo al nombre). Formaba parte del complejo del Palacio Imperial de las Blaquernas.

Los barrios situados junto a las murallas están formados por edificios de clase obrera. Pero hacía buen día y nos apetecía adentrarnos por las estrechas callejuelas y descubrir el ritmo de un miércoles cualquiera en un barrio fuera de la zona turística.

Paseamos entre comercios típicos de cualquier barrio como panaderías, fruterías, droguerías o ultramarinos; nos cruzamos con la gente que iba a hacer sus recados; y a medida que nos alejábamos oímos la llamada a la oración.

No nos daba tiempo a ver San Salvador de Chora, que habíamos leído que conserva mosaicos frescos de gran belleza. Preferimos pasear por Fatih, Fener y Balat. Teníamos intención de comer por la zona y después volver a una parada de metro donde pudiéramos tomar una línea que nos llevara al aeropuerto.

Fener es uno de los barrios más interesantes para conocer la historia de la ciudad. En la época otomana era el barrio donde vivían los griegos acaudalados. Hoy en día ya no se refleja esa bonanza. Las casas son viejas, muchas de ellas en un estado un poco lamentable. Pero a nosotros nos gusta perdernos por estas zonas auténticas que suponen un contraste con los monumentos y edificios históricos, ya que estas zonas también reflejan la ciudad y la sociedad que en ella vive.

Hay quien tiene cierto reparo en andar por zonas fuera del circuito turístico, pero saliendo fuera de los mapas marcados en las guías podemos encontrar lugares muy pintorescos.

En el barrio de Fener lo griego es residual, algún que otro edificio, pero la población es musulmana.

Adentrándonos en Fener subimos hasta el Colegio Ortodoxo Griego. Se trata de un imponente edificio de ladrillo rojo que destaca sobre el resto de casas colindantes. Data de la época en la que habitaba la comunidad griega en el barrio.

Transitando por las callejuelas empinadas de Balat nos encontramos con la sinagoga de Ahrida, la más antigua de Estambul. En el barrio de Balat fue donde se asentó la numerosa e influyente comunidad sefardita en el siglo XV tras la expulsión de los Reyes Católicos de España.

Bajamos la colina hasta llegar a la sede del Patriarcado Ortodoxo Ecuménico, el centro de la religiosidad helena. Lamentablemente, no pudimos visitarlo puesto que estaba rodeado de cochazos negros con los cristales tintados y había mucha seguridad. Luego nos enteramos de que coincidió nuestra visita con la de Tsipras.

Llegados a este punto, nos adentramos por el barrio dejando el Bósforo a nuestras espaldas con intención de llegar hasta la parada de Aksaray para tomar la línea M1A hasta el aeropuerto. Y de repente en los aledaños de la Mezquita Fatih Sultan nos encontramos con un mercado ambulante muy similar a los que tenemos en España y que puedes comprar desde ropa hasta fruta pasando por pescado.

Fue una grata sorpresa, ya que no sólo pudimos observar el día a día de los lugareños, sino los productos que se comercializan y que forman parte de la lista de la compra para configurar sus menús. Descubrimos que tenemos una alimentación muy similar en cuanto a frutas, verduras y hortalizas se refiere. También muy similar la variedad de frutos secos y encurtidos. No en vano, en España tenemos glan influjo árabe, otomano y en general de pueblos del Mediterráneo gracias a años de invasiones.

Pasada la mezquita, y dejando atrás el mercado, llegamos a una calle en la que había varios locales de kebabs y como era la una y algo, nos decidimos por degustar unos dürüms. El dürüm no deja de ser un kebab enrollado en un pan plano. El toque lo da el horno en el que hacen el pan, y, por supuesto, las especias que lleva la carne. Creo recordar que por unas 8TL teníamos el dürüm y bebida. 6TL si en vez de cordero, era pollo.

Y ya con el estómago lleno, nos volvimos a echar las mochilas a la espalda y nos dirigimos al metro. Nosotros dirección aeropuerto, mis padres y hermano dirección centro con intención de callejear algo más y descubrir algún que otro rincón. Pasearon por el barrio de los costureros, con tiendas plagadas de telas, botones, cremalleras e hilos.

Y cuando se les hizo de noche volvieron al Bazar de las Especias en busca del té de manzana que habíamos descubierto el día anterior en el local donde compramos la cena. La pena es que compraron solo una caja y meses más tarde se arrepintieron de la decisión pues está muy rico y en España es difícil de encontrar.

Mientras que ellos cenaron unas delicias turcas: ensalada, hummus, carne con arroz y ensalada, y caballa con ensalada;

nosotros volábamos rumbo a casa y teníamos de menú una merienda. Nada que ver…

 

Y hasta aquí nuestra escapada a Estambul, una ciudad que nos encandiló y que recordamos con nostalgia.

4 comentarios en “Estambul día 3: Murallas y regreso a Madrid

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