Nueva serie a la lista “para ver”: Halt and Catch Fire

Halt and Catch Fire es una serie ambientada en el Silicon Prairie de Texas en 1983 y se centra en el mundo de los pioneros de la informática y la tecnología. Recibe su título de una orden en el código que satura al ordenador y que hace que se pierda su control y deje de funcionar.

Parte de la historia está basada en hechos reales, intenta recrear con exactitud aquellos años 80, cuando IBM revolucionó el mercado de la informática moderna al comercializar su primer ordenador personal. Aunque no era el primer PC, pues unos años antes se había lanzado el Apple II, supuso una novedad puesto que tenía componentes de terceros (como el procesador de Intel), lo único suyo fue la BIOS. Querían lanzarlo al mercado cuanto antes y eso les impidió contar con el tiempo necesario para fabricar los suyos propios.

Sin embargo, el hecho de que sus componentes fueran de otras compañías, favoreció que la competencia se dedicara a la ingeniería inversa para sacar sus clones. Y aquí es donde comienza la trama. Electric Cardiff (que se supone que es Compaq) quiere llevarlo más allá y no sólo copiar el PC de IBM, sino ir más allá y comercializar un ordenador portátil. Bueno, en realidad se ven obligados ante la jugada maestra de Joe MacMillan, un experto en marketing recién llegado a la casa y exejecutivo de IBM, que les deja sin otra elección.

Joe cuando llega a Cardiff va con un propósito: captar a Gordon Clarke, un brillante ingeniero que en su día desarrolló un ordenador junto a su mujer (también ingeniera). Tiene en mente un proyecto inspirado en un artículo de años de atrás de Gordon, sin embargo, ya no es la misma persona que cuando escribió el texto. Atrás quedó la creatividad. Ahora trabaja frustrado en el equipo de ventas para asegurar el bienestar familiar dejando de lado todos los sueños que algún día tuvo. Es tremendamente desgraciado y ahoga sus penas en alcohol. El agresivo comercial intentará convencerlo por todos los medios para que se suba al barco. Gordon, que está luchando contra sus propios fantasmas, se ve tentado por la propuesta de Joe. Ve en la proposición aquello en lo que siempre había soñado y finalmente se gesta la semilla del proyecto en su garaje con nocturnidad y alevosía.

Cuando consiguen descifrar el código ponen a Cardiff en problemas. La empresa era más bien conservadora y ahora, ante la amenaza del ejército de abogados de IBM que les acusa de plagio, no les queda otra que entrar en la carrera por fabricar ordenadores personales. Esa era la vuelta de tuerca de Macmillan. Si la compañía quiere librarse de la acusación de violación de la ley de copyright, tendrá que demostrar que estaban preparando su propio diseño. Es decir, les ha forzado hacia esa línea de negocio que en principio no entraba dentro de sus objetivos.

Para el desarrollo del proyecto Jose Macmillan necesitará un equipo. Y además de Gordon, contará con el talento de Cameron Howe, una joven programadora que a la que la universidad se le quedaba pequeña porque sus conocimientos iban más allá de lo que las clases le podían aportar. Tiene el perfil de hacker, aunque por aquel entonces dudo que podamos hablar siquiera de tal figura. Es una antisistema, independiente, genio intratable e incomprendida por ser demasiado innovadoras.

La trama es interesante, no solo trata de tecnología, sino que aborda la historia de los pioneros en sus garajes y sus desafíos, del relato de sus vidas abriéndose paso a una nueva concepción del mundo. Hoy en día todo esto se nos antoja lejano, obsoleto. Los ordenadores forman parte de nuestras vidas, vivimos con sobremesas, portátiles, tabletas, móviles, consolas (además de lo que ha supuesto la domótica en general)… pero no hay que olvidar que hablamos de unos visionarios que nos llevaron a la alfabetización digital.

Por otro lado, ya solo con el piloto se intuye que va a tener mucho de drama. Aborda las relaciones humanas, la ambición, traición y frustración. Los personajes enganchan. El trío protagonista principio parece que no tienen nada que ver, pero a medida que va evolucionando el capítulo vemos que forman un buen equipo con sus diferentes personalidades. Tenemos una buena combinación con el manipulador Macmillan, el obsesivo y pragmático Clarke y el alma libre Howe.

Halt and Catch Fire conquista con ese look ochentero y sus referencias a los videojuegos, a la ropa y, por supuesto, a la tecnología. Sin embargo, no siempre me resultó fácil de seguir. Si el resto de capítulos es igual, el espectador se puede perder entre códigos informáticos y vocabulario específico. Puede conducir a la pereza. Aún así, irá a la lista “para ver” porque el final del episodio despierta la curiosidad, se ve que tiene un propósito, un fin.

De momento tiene dos temporadas autoconclusivas y está en emisión una tercera temporada. Aunque su productor tiene la intención de llegar a las siete temporadas. Con lo que evoluciona la tecnología, temas para tratar tiene, sin duda.

Estambul día 2: Cisterna Basílica y Torre Gálata

Lo cierto es que según habíamos planificado el día contábamos con visitar la Cisterna Basílica por la tarde después de comer. Sin embargo, al haber madrugado, nos cundió bastante la mañana, con lo que modificamos la ruta.

La Cisterna Basílica es el monumento menos convencional de la ciudad. Se trata de un palacio sumergido. Es una enorme cisterna que se construyó en la época bizantina en el subsuelo de la ciudad para evitar la falta de agua. Esta se bombeaba desde una reserva situada cerca del Mar Negro y se transportaba hasta la cisterna a través de un acueducto de casi 20km de longitud. Sin embargo, los otomanos pasaron más de un siglo después de la conquista sin conocer su existencia. Se descubrió al observar que había gente que sacaba agua bajando cubos a través de agujeros en los sótanos.

Tiene unas dimensiones de 140 por 70 metros y puede llegar a acumular 80.000 metros cúbicos de agua. Hay hasta peces.

Paseando por el entarimado podemos entrever filas de columnas, hay unas 336 de estilos muy variados, ya que se reutilizaron de antiguas estructuras y monumentos. Destacan dos que tienen como base una cabeza de Medusa que provienen del Templo de Apolo en Didim. Se tomaron como un elemento más de construcción, no con intención artística.

La entrada cuesta 20TL y lo que se puede visitar es tan solo un tercio de la estructura original, ya que el resto se tapió en el siglo XIX. Ha sufrido diversas reparaciones, la más notable en 1980, cuando se limpió a fondo, se renovó y adornó con luces. Durante años se había convertido en un lugar donde arrojar todo tipo de desechos.

Nada más entrar te puedes hacer una foto (por un módico precio, claro) caracterizado como un sultán y una Sherezade de otra época. Nosotros lo omitimos y nos dedicamos a pasear siguiendo el entarimado. No había mucha gente a esas horas, hasta que de repente llegó un grupo de escolares de unos 12 años que corrían de un lado a otro. Llegaban a la barandilla, se ponían diez o doce con sus tabletas y móviles, hacían la foto de rigor, y corriendo y dando voces hasta la siguiente barandilla. Así que a medio recorrido tuvimos que ir esquivándoles, porque eran bastante ruidosos y molestos.

Tras la breve visita volvimos al exterior y nos dirigimos hacia la Torre Gálata.

Nos fuimos dando un paseo tranquilamente y cruzamos el puente Gálata que, vayas a la hora que vayas, está lleno de pescadores y de vendedores de cebo. No sólo tiene mucha vida en su inferior, como vimos el día anterior cuando compramos los bocadillos de caballa, sino que en su parte superior siempre hay movimiento.

El puente une la zona antigua con la moderna y cuenta con un tramo levadizo. Su anchura es de 42 metros y tiene una longitud total de 490 m. Se puede cruzar a pie por ambos lados, ya que tiene unas aceras bastante anchas.

El primer puente se construyó en 1845, aunque en 1863 con la llegada de Napoleón III fue sustituido por uno de madera. Posteriormente hubo dos puentes más hasta que en 1992 se levantó el que vemos hoy en día.

En la otra orilla pisamos el barrio de Beyoğlu. Antiguamente se llamaba Pera, que significaba “al otro lado” y durante siglos fue el barrio donde vivían los extranjeros. Los primeros fueron los genoveses, tras ayudar en la reconquista de la ciudad de manos de los latinos. Después se asentaron los judíos procedentes de España, también árabes, griegos y armenios. Estos emigrantes trajeron a Estambul nuevas modas, maquinaria, artes, costumbres y normas más occidentales. Mientras en el centro histórico predominaban los bazares orientales, las mezquitas y palacios de la Edad Media, en Beyoğlu había electricidad, modernos trenes subterráneos, tranvías y teléfono.

Hoy en día es el centro artístico, de ocio y de vida nocturna más activo de Estambul. En el barrio conviven muchos grupos étnicos, religiones y lenguas diferentes. Hay diversas actividades artísticas, museos y galerías de arte. Es el verdadero centro cultural de la ciudad.

El distrito abarca desde el puente de Gálata hasta la plaza Taksim, el corazón de la moderna Estambul, un cruce de vías con gran animación e intenso tráfico. Así como también el escenario de manifestaciones. Como no contábamos con mucho tiempo, nosotros no nos dirigimos tan al norte, sino que nos quedamos por la zona de la torre, donde predominaba el gremio de los electricistas, ya que casi todos los comercios eran de lámparas o componentes eléctricos. Alrededor de la torre hay un laberinto de calles medievales donde los venecianos y genoveses tuvieron sus factorías comerciales.

Subimos a la Torre Gálata, el edificio más emblemático del Cuerno de Oro.

Se trata de una torre circular de 62 metros rematada por una cubierta cónica. Tiene un diámetro de 16 metros en la base y un diámetro interior de 9 metros. La anchura de los muros va disminuyendo según se va ascendiendo, llegando hasta los escasos 20 centímetros en la parte superior. Fue construida en 1348 por los genoveses sustituyendo un antiguo faro y formaba parte de sus fortificaciones. En aquel momento se convirtió en la estructura más alta de la ciudad.

Durante el período otomano se utilizó como atalaya y en la década de 1960 se abrió al público. Consta de nueve plantas y en los dos últimos pisos hay un restaurante y un club nocturno. Se puede subir a ella en un ascensor y un tramo por una estrecha escalera de caracol.

Merece la pena, ya que se obtiene una vista panorámica que abarca todos los monumentos de Estambul a unos 52 metros de altura.

El único inconveniente es que el mirador es bastante estrecho y suele haber bastante gente, por lo que la movilidad es algo limitada. El precio son 25TL.

Y tras divisar Estambul desde las alturas en un día despejado, nos fuimos callejeando por el entramado medieval en busca de un lugar donde comer. Como no queríamos irnos de Turquía sin comer el típico kebab, paramos en un local que tenían el menú con bebida por 5TL y nos sentamos en la terraza a degustarlo.

Estaba recién hecho y muy rico. El pan estaba crujiente, la carne jugosa y bien condimentada. Y nada de salsa como estamos acostumbrados por aquí. Y es que no le hace falta, ya que el adobo que lleva la carne es suficiente para darle sabor.

Para bajar la comida, paseamos por Karaköy, un barrio del distrito de Beyoğlu. Un barrio empinado y adoquinado lleno de vida con tiendas y restaurantes. También se pueden encontrar locales en los que venden los famosos zumos de granadas, esas granadas que nada tienen que ver con las que comemos aquí. La variedad turca es algo más grande y con unas semillas más rojizas, más burdeos. Muy dulces y jugosas.

También podemos encontrar alguna fachada peculiar.

Nuestra siguiente parada era Üsküdar, desde donde teníamos entendido que se podía apreciar el mejor atardecer de Estambul, así que hacia el ferry que nos dirigimos para cruzar a Asia. Pero de momento, lo dejo aquí.

Obras en casa XVI: Dándole un lavado de cara al pasillo V

Ya dije que teníamos un pasillo muy largo, así que encontramos varias zonas, y, por tanto, varios proyectos para llamar la atención de diferente forma y que no sea simplemente una zona de paso insulsa. Adelante.Felpudo

Por un lado tenemos la entrada, que es lo que primero se ve. En ella pusimos el vinilo que nos da la bienvenida a casa. El felpudo también le da su punto, ¿verdad?

Vinilo

Al lado tenemos el recibidor, donde hemos creado una zona acogedora y luminosa en la que poder descalzarnos y dejar nuestras cosas al llegar. Pero también está lista para prepararnos para salir, claro, y además, nos podemos echar un vistazo antes en el gran espejo que tenemos. Ahora sí a la altura adecuada.

Entrada

zapatero y espejo

Si seguimos el pasillo para el extremo opuesto nos lleva hacia diferentes estancias, y hemos creado varios puntos focales. En las paredes más estrechas hemos reubicado varios cuadros, unos comprados, y otros que ya teníamos, pero actualizando nuestras fotos.

Pasillo

Pero sin duda, lo que llama la atención son los cuadros con recuerdos de nuestros viajes. Este DIY que encontré de casualidad me inspiró para exponer entradas, monedas, mapas y diversos objetos que normalmente se quedan guardados. Aproveché para repasar álbumes y buscar todo aquello que quería exponer, me hice en ikea con unos cuadros Ribba (además en oferta, por lo que me llevé 12 a casa), con las herramientas, busqué el tutorial y me puse manos a la obra en ratitos.

No necesitamos mucho: básicamente los cuadros y lo que queramos exponer. Pero para que al pasar de horizontal a vertical no se descoloque todo es recomendable hacerse con una pistola de silicona.

Materiales

Yo fui variando los fondos de cada cuadro. En algunos casos aproveché mapas de la ciudad o planos de metro, en otros casos una cartulina blanca. Intenté que cada uno fuera diferente. Todo depende del punto creativo de cada uno.

Se trata de exponer lo más significativo y llamativo del viaje. Lo que traiga mejores recuerdos. Hay que jugar con la composición para destacar lo que queremos mostrar. Y después, se coloca con un punto de silicona, se deja secar y para finalizar se cierra el cuadro y se cuelga.

Ojo que hay algunos tickets que se borran con el calor de la silicona, depende de si son termosensibles.

Cuadros

Cuadros 2

Y poco a poco hemos ido llenando la extensa pared. Y para completarla, otro vinilo que compramos junto con el anterior.

Pasillo Viajes

Pasillo Viajes 2

En la pared contraria volvimos a colocar el bosque, que le da profundidad. Y añadimos unos guardavivos para proteger las esquinas.

bosque2

bosque

Vaya cambio.

Estambul día 2: Santa Sofía y Mezquita Azul

Amaneció temprano en nuestro segundo día, ya que queríamos aprovecharlo al máximo. Nos habíamos acostado pronto el día anterior, sin embargo, no todos descansamos igual, ya que la llamada a la oración había despertado a alguno.

Los musulmanes turcos realizan el ritual de la oración seis veces al día y, para avisarles, desde las mezquitas se convoca a los fieles mediante cánticos a través de la megafonía de los minaretes. Algo así como el repique de campanas para los católicos aunque con un toque de cante jondo. La primera de las llamadas es dos horas antes del amanecer, la segunda al amanecer antes de que despunte el sol; la tercera al mediodía; la cuarta a media tarde, cuando las sombras de los objetos son iguales a sus alturas; la quinta a la puesta del sol, cuando este se acaba de ocultar; y la sexta y última cuando ya no hay luz.

Es un dato a tener en cuenta antes de viajar, no sólo por los tapones para dormir si no queréis despertaros antes de tiempo, sino también para las visitas de las mezquitas, ya que no se podrán visitar desde el aviso hasta media hora después. En esta web podéis saber a qué hora será cada día del año. En nuestro caso ese día teníamos las llamadas a las siguientes horas: 05:01, 06:46, 12:00, 14:35, 16:54 y 18:26.

Tras desayunar nos pusimos en marcha dispuestos a descubrir Estambul en un sorprendente día soleado de mediados de noviembre.

Estambul es la ciudad más grande y poblada del país, sin embargo, su centro histórico se puede recorrer cómodamente a pie. Con buen calzado, claro, porque hay calles empinadas y empedradas en las que podemos dejarnos un tobillo y llevarnos un esguince. Como no podía ser menos, su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Nos dirigimos desde el hotel hasta Santa Sofía. La ciudad estaba tranquila, aún no se veía muchos transeúntes y los comercios estaban comenzando a subir sus cierres. A la altura del acceso trasero del Palacio Topkapi vimos un puesto de una especie de Pretzels que mi hermano, como buen catacaldos que es, quiso probar. Y por 0.25TL no te vas a quedar con las ganas.

Su nombre es Simit, un pan con forma circular espolvoreado con semillas de sésamo. La parte exterior es un poco crujiente, pero su interior es esponjoso. Mucho más rico que un Pretzel alemán. Es un producto muy valorado y consumido por los turcos, parece que su origen se remonta hasta el siglo XVI. Hay vendedores ambulantes con sus carritos acristalados en cada esquina. Muchos tienen la opción de acompañarlo con queso de untar o nutella.

Continuamos nuestro recorrido hasta llegar a Santa Sofía, el símbolo de la ciudad.

Llegamos pocos minutos después de su apertura, que es a las 9 de la mañana (cierra a las 16), por lo que no estaba muy saturada de gente, aunque ya había una guía griega con un grupo. Es recomendable visitarla cuanto antes y así evitar aglomeraciones. La entrada cuesta 30 liras y nos da acceso al recinto, no sólo a la edificación. Nada más entrar, pasamos por un jardín en el que hay restos de columnas griegas.

Siguiendo el acceso guiados por las indicaciones llegamos a la entrada a la iglesia/mezquita. Destaca el suelo resbaladizo y marcado con el paso de los años.

Y antes de entrar a la nave principal tenemos una zona en la que podemos asistir a un vídeo u observar diversas fotografías. Si miramos hacia arriba ya nos sorprenderemos de la ornamentación del templo.

A pesar de lo que se suele pensar, no debe su nombre a la santa, sino que hace referencia a la sabiduría, que es lo que significa “sofía” en griego. Hoy en día, desde 1935, es un museo, pero ha sido Basílica Ortodoxa, Católica y Mezquita Imperial a lo largo de los años y períodos de la ciudad.

La construcción actual (hubo dos basílicas anteriores en el lugar) se comenzó a edificar en el año 532 con intención de cristianizar y se tardó en construir cinco años y medio. Entre los años 1993 y 2010 se hicieron tareas de mantenimiento y se limpiaron los mosaicos y la cúpula. En dichas tareas se descubrieron mosaicos bizantinos de caras de ángeles que habían sido tapados con mosaicos otomanos. En el exterior se centraron en limpiar las fachadas y reforzar los techos para evitar daños en caso de que hubiera un terremoto en los próximos años. Sin embargo, a pesar de que estas tareas terminaron hace un lustro, nos encontramos con andamios en un lateral de la nave lateral. Supongo que una obra de tal envergadura como Santa Sofía requiere de un cuidado continuo.

De mis clases de Historia del Arte del instituto recuerdo tres obras arquitectónicas que me llamaron la atención: La Mezquita de Córdoba, el Panteón de Agripa y Santa Sofía. Así que tenía ciertas expectativas. Y no defrauda. Es impresionante. Nada más entrar sorprende que en el siglo VI fueran capaces de levantar una obra de tales dimensiones.

El edificio cuenta con una planta de tres naves con tribunas, pero sin duda lo que destaca es la enorme cúpula de 30 metros de diámetro que se eleva hasta los 56. Hay todo un estudio arquitectónico detrás para crear un complejo sistema de descarga y que se mantenga en pie. No obstante, a lo largo de los años se ha reforzado el exterior para poder soportar el enorme peso de la estructura.

El techo está cubierto en su mayor parte por mosaicos de oro que reflejan la luz cenital que entra por las ventanas. El interior está diseñado para mostrar la omnipotencia del Imperio Bizantino. Se nota en los materiales, que eran los mejores de la época, así como en la ornamentación.

Pero en Santa Sofía hay una mezcla de culturas y credos, una combinación de períodos y simbología. Al convertirse en mezquita en el siglo XV se taparon los motivos cristianos con yeso, algo que ha salido a la luz, bastante bien conservado además gracias a este apaño, en las tareas de restauración.

Los elementos que más destacan en la planta baja son los que incorporaron los sultanes otomanos tras la conquista de la ciudad. Un ejemplo son los discos de 7,5 metros de diámetro que cuelgan poco más abajo de la cúpula. Cuentan con inscripciones en oro con los nombres de Alá, Mahoma y los cuatro grandes profetas.

Poco a poco se le fueron añadiendo los elementos necesarios para la conversión. Se levantaron los minaretes y se instaló en el ábside de la antigua iglesia el nicho que indica la localización de la Meca. Asimismo, se levantaron los estrados para los lectores del Corán, la logia del sultán y el Cuadrado de la Coronación para situar el trono imperial. Se levantó el trono del Predicador para que los mayores pudieran escuchar las lecturas del Corán y se construyó la biblioteca, delimitada por una bella y reluciente puerta de bronce.

Desde la planta baja se puede subir a las galerías por una rampa. Si la planta inferior maravilla, pasear por la superior es algo magnífico. Los mosaicos del techo están muy bien recuperados.

Desde arriba hay unos balcones desde los que se puede observar más de cerca la inmensa cúpula y se puede ver la magnitud de Santa Sofía.

Además, se puede alcanzar a ver la Mezquita Azul desde alguna de sus ventanas.

En la segunda planta destacan varios mosaicos. El más significativo es el que muestra al Emperador Constantino y a la Emperatriz Zoe adorando a Cristo. Aunque quien acompañaba a la emperatriz en un inicio era Romano III, su primer marido. Y después Miguel IV hasta que falleció. Finalmente se dibujó a Constantino.

Al salir de la iglesia se cruza el vestíbulo de los Guerreros, llamado así porque la guardia personal del emperador solía esperarles ahí. Sobre la puerta, en la parde de detrás según se entra, está el mosaico de la Virgen con Constantino y Justiniano. Constantino, a su derecha, le regala la ciudad de Constantinopla y Justiniano Santa Sofía. Los visitantes salen de la iglesia por esta puerta, antes reservada para el emperador por su proximidad al Gran Palacio.

Al salir, pasamos por los santuarios islámicos. En los jardines de la basílica varios sultanes erigieron sus mausoleos.

Abandonamos Santa Sofía con rumbo a la Mezquita Azul, que está justo enfrente. Y no es casualidad, ya que el Sultán Ahmed I quería hacer palidecer al símbolo del Imperio Bizantino y abrir una nueva era. El visitante sale ganando, pues desde los jardines centrales de la plaza de Sultanahmet se pueden observar ambas. Y yo no sabría decir con cuál me quedaría si tuviera que elegir.

En la plaza encontramos varios puestos de Simit, y como ya habían pasado un par de horas desde que habíamos desayunado, decidimos pedir un surtido y probar varias modalidades. No todo eran Simit, había croasanes, trenzas y una especie de suizo, eso sí, todos deliciosos. Como éramos 5, fuimos degustando de unos a otros comparando sensaciones, sabores y texturas.

Nos faltó un zumo de granada para completar el almuerzo, pero es que en la zona es carísimo. Con los carros de Simit no lo notamos, el precio es estándar en toda la ciudad, pero los zumos los habíamos visto a 2TL la noche anterior por la zona del hotel y en esta zona tan turística estaban a 5 e incluso 6TL. Así que lo dejamos para otra ocasión.

Nos dirigimos a la Mezquita Azul, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Se encuentra cerrada durante las horas de la oración y las mujeres han de llevar el pelo tapado. Si no llevas un pañuelo, fular o similar, te prestan uno en la entrada. Además, hay que descalzarse, puesto que el suelo está cubierto de alfombras. Para preservar la atmósfera sagrada, pues no hay que olvidar que es un templo en funcionamiento, los turistas han de entrar por la puerta sur para salir por la norte.

Su planta sigue la estructura otomana clásica. El patio delantero tiene una fuente de abluciones en el centro y el pórtico se utilizaba para la meditación, oración o estudio cuando hacía buen tiempo.

El patio tiene las mismas dimensiones que la sala de la oración, equilibrando así el conjunto arquitectónico.

La mezquita cuenta con una cascada de cúpulas y semicúpulas y seis elegantes minaretes. Esta decisión provocó muchas discusiones, porque se consideraba que los seis alminares de la mezquita constituían un intento de rivalizar con la Meca. Para zanjar los problemas, se levantó un séptimo en la Meca.

Lo más atractivo, y lo que le da el nombre, es la decoración interior a base de un revestimiento de azulejos de Iznik de tonalidades azules. De hecho, el azul turquesa recibe ese nombre por ser considerado el azul de los turcos.

Sus cúpulas y bóvedas semicirculares son impresionantes, llenas de detalles arabescos y geométricos. Los musulmanes no son figurativos como pueden serlo los católicos, así pues, no hay representación de Alá salvo con grafía.

Su aspecto transmite serenidad, incluso plagada de turistas. Da la sensación de ser un espacio muy amplio gracias a las cúpulas, las vidrieras y los reflejos azules. Sin embargo, no cuenta con la pericia arquitectónica de Santa Sofía, ya que aquí para sostener las cúpulas y bóvedas se levantaron cuatro columnas.

Tras la visita a dos de los puntos imprescindibles de la ciudad emprendimos rumbo a la Cisterna Basílica. Os lo cuento en otro rato.

Y todo sigue igual

La semana pasada vivimos una nueva investidura tras dos meses largos después de las elecciones. Esta vez el candidato que pedía el voto de los diputados era Mariano Rajoy. Un candidato que decía tener prisa para formar gobierno pero que se tomó con calma el fijar una fecha. Fiel a su estilo, con un ritmo tranquilo, desgastando a los demás, calentando el cabreo del personal, yéndose de vacaciones a Sanxenxo y dejando que la presión cayera sobre el resto de partidos, especialmente sobre el PSOE.

En su monólogo previo a la votación se dedicó a dormir al personal con sus “logros” de los últimos cuatro años. Soltó datos a diestro y siniestro, manipuló y mintió. Parecía un reciclado de otros discursos de la campaña electoral. Que si llegamos en el 2011 y esto era un caos, mira qué bonito lo estamos dejando ahora. Recuperación, contratos indefinidos y encima sin devaluar moneda... Y se quedó tan ancho.

Un día después salieron los candidatos del resto de grupos a exponer sus también encorsetados discursos. Por la mañana debatieron los partidos con mayor representación. Primero salió Sánchez con sus comillas citando frases de Rajoy de la investidura de marzo con un rictus serio y un tono que ya auguraba el no es no. Después aparecieron los representantes de las diferentes fuerzas que conforman la coalición UP: Iglesias con su mítin con tono de rap (aunque sus réplicas y contrarréplicas con Rajoy sí que tuvieron algo más de vida por parte de ambos); Garzón con un discurso muy duro centrado en la economía; Domènech apelando a la independencia catalana de 1714 y citando a Azaña y por último Fernández criticando el hooliganismo patriótico del PP. Para finalizar el turno matutino, Rivera expuso el pacto firmado con el Partido Popular, ya que Rajoy apenas había hecho alusión a él.

Ya por la tarde continuó Tardà (ERC) centrado en su discurso independentista y tendiendo la mano a Sánchez bajo la premisa de tres condiciones: derogar las leyes “más reaccionarias” del PP (LOMCE, Ley Mordaza y Reforma Laboral), aplicar medidas fiscales socialdemócratas y, autorizar un referéndum en Cataluña. En la misma línea crítica habló Aitor Esteban (EAJ-PNV), que seguía con el monumental enfado del día anterior por las alusiones de la unidad de España. Le sacó incluso referencias a la constitución alemana para defender la idea de estados independientes dentro de una nación.

Para finalizar la primera ronda hablaron los diferentes integrantes del Grupo Mixto. Homs siguió la línea de Tardà e incluso anunció a Rajoy que pondrían una querella contra Fernández Díaz por las famosas grabaciones de los tejemanejes y afinados. Baldoví por su parte fue en la línea de Domènech dividiendo su intervención en explicarle el no a Rajoy y la otra mitad en pedirle a Sánchez que intentara un gobierno alternativo del PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas. Beitialarrangoitia (EH Bildu) insistió en desalojar al PP y dedicó unos minutos a reivindicar a Otegi como candidato a las elecciones vascas. Alli (UPN), Martínez Oblanca (Foro Asturias) y Oramas (CC) fueron los únicos aparte de Ciudadanos que mostraron su apoyo a Rajoy. Íñigo Alli porque acuden juntos, Ana Oramas ya lo había confirmado en las horas previas, y Foro Asturias porque en el fondo viene a ser lo mismo (es el partido de Álvarez Cascos, exministro del PP). El último en intervenir fue Pedro Quevedo (Nueva Canarias), que expresó su desconfianza hacia Rajoy puesto que aún están esperando los siete compromisos que adquirieron en 2011 con respecto a Canarias.

48 horas después, en la segunda vuelta, candidato y representantes volvieron a hacer una breve intervención recopilatoria donde ya se intuía que no iba a haber cambio con respecto al 31. Rajoy atacó a Sánchez. Sánchez dejó caer algo de las fuerzas del cambio y el PSOE en la solución. Iglesias volvió a pedir a Sánchez que contara con ellos. Rivera reivindicó que el pacto se convertía en calabaza tras la votación. Rufián sustituyó a Tardà con un discurso muy lento pero muy incisivo (como suele ser habitual) que le hizo convertirse TT en Twitter en pocos minutos. Esteban dejó el recado de que el resultado de las elecciones vascas no va a condicionar a un cambio en ámbito estatal. Homs, Baldoví y Quevedo se reiteraron en sus discursos del 31.

Y por si acaso Rajoy no había encendido suficiente al personal, sale el siempre comedido (entiéndase la ironía) Rafael Hernando. ¿El resultado? El esperado: 170 vs 180.

Y es que la fecha de esta investidura se puso con calzador. Rajoy reconoció en su discurso que se presentaba por la presión. Imagino que a él le hubiera gustado esperar más, a ver si había algún partido más como Ciudadanos que se le acercaba con alguna propuesta (y es que no hay que olvidar que fueron los de Rivera quienes se acercaron al PP y no al revés). Cualquier fecha para una investidura venía condicionada por varios factores. Por un lado las elecciones vascas y gallegas del 25 de Septiembre. Y es que si se fijaba una fecha para mediados de septiembre (además de llevar unas posibles elecciones a enero) serían en medio de campaña electoral. Así pues, parecía que tenía que ser antes, para agosto, pero eso suponía que unos terceros comicios serían en un diciembre que cuenta con un acueducto entre la primera y segunda semana. Pero sobre todo conllevaría el problema de que hubiera que votar el día de Navidad o Año Nuevo, ambos festivos. Por un lado, son malas fechas porque mucha gente se desplaza esos días para disfrutar de las vacaciones. Huele a alto índice de escaqueo en mesa electoral y abstención. En el mejor de los casos, se incrementaría el voto por correo, así que seguramente habría colapso en las oficinas de correos con (ya se vio el año pasado); y por otro lado acarrearía un problema de logística mayor si hablamos de presupuesto o seguridad. Hay que tener en cuenta a los funcionarios que deberían trabajar en un día festivo, como sería el caso de los policías.

Papeletas

Con este panorama de urgencia por formar gobierno, ¿qué elegimos, susto o muerte? Pues parece que en el PP decidieron que lo mejor era el día 30. Una primera intervención de Rajoy en solitario y ya al día siguiente el resto de los grupos y la votación. Yo lo encuentro una buena fórmula, porque así se da tiempo al resto de partidos a digerir el discurso y adecuar el suyo en respuesta. Lo que me sorprende es que el PP lo criticó con ahínco cuando lo fijó Patxi López, y ahora siguieron su ejemplo.

En cualquier caso, la elección de la fecha vino condicionada para lanzarse un órdago y meter presión con unas hipotéticas elecciones el 25 de diciembre. De esta forma se enfada a los ciudadanos ante no sólo la posibilidad de interrumpir su día de descanso y excesos con tener que votar, sino además con la posibilidad de que les toque ser mesa electoral. ¿Y sobre quién recae esa presión? Pues sobre Pedro Sánchez, por supuesto. Más claro, Albiol, que mostró la jugada en su tuit.

Pero que no se preocupe nadie, que ya se ha confirmado que era un farol, y se está preparando una modificación de la Ley Electoral para que la campaña dure solo una semana y así votemos el 18. En cuanto a si se puede hacer, parece que hay diversas interpretaciones, ya que estamos con gobierno en funciones y se supone que no se pueden aprobar leyes… Pero si encuentran un resquicio legal, se aprobará. Para esto parece que sí están todos de acuerdo.

No obstante, se ha instaurado la idea de “o sale Rajoy o votamos en Navidad”. Pero la realidad no es así (más allá de que acorten la campaña). La Constitución establece en su Artículo 99.5 que Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso. Y en esas estamos, el 31 de Agosto salió “no” y desde entonces cuentan dos meses para que el mismo candidato u otro vuelvan a intentarlo. Es decir, que hasta el 31 de octubre, fecha en que se disolverán las Cortes automáticamente, hay tiempo para el diálogo, para acercar posturas, para pactos. Otra cosa ya dependerá de la voluntad de cada uno. Aunque aquí influirá mucho el resultado de las autonómicas y los acercamientos que tengan que hacer los partidos en el País Vasco o Galicia. Un apóyame tú aquí y me abstengo yo allá.

Se ha repetido hasta la saciedad que es imprescindible tener Gobierno urgentemente. Bueno, estoy de acuerdo, va siendo hora, pero no a cualquier precio. En su intervención durante la segunda sesión del debate para su investidura, Rajoy ha apelado al PSOE para que le vote porque “todos tenemos la obligación de evitar que España, por desavenencias y empecinamientos parlamentarios que a nadie le importan, pague los platos rotos”. Pero es que en eso consiste la democracia, en desavenencias, en que cada partido presente sus propuestas que reflejen a la sociedad. Y en cuanto a empecinamientos, creo que lo confunde ser fiel a su programa. O podríamos aplicarlo al revés y recordar que el PP también se empecinó en el “no” a Sánchez.

En cualquier caso, lo que interesa es tener un buen Gobierno, un gobierno que gestione adecuadamente el país. Rajoy defiende que no es posible un gobierno de “mil colores y radical”. Bueno, ambas cosas son cuestión de perspectiva. Mil colores es lo que es España. Cada uno vota lo que considera, es en lo que consiste una democracia, en elegir, y si no hay dónde elegir, se crea. De esa necesidad ciudadana surgieron nuevos partidos que han llegado a las cámaras porque alguien les ha puesto ahí con su voto. Y en cuanto a la radicalidad depende del lugar ideológico de cada uno. Si UP para el PP son radicales por tener una postura ideológica totalmente opuesta a la suya, lo mismo se podría decir a la inversa.

Los de Génova insisten además en que el PP ha ganado las elecciones y debe gobernar, pero se les olvida que tenemos un sistema parlamentario y que es en el Congreso donde se tiene que obtener la mayoría. Una mayoría que está devolviendo los frutos sembrados tras los cuatro años de ninguneo en los que el Partido Popular no ha buscado consenso con ningún grupo. Un ejemplo es esta frase extraída del discurso de Mariano Rajoy:“Mi voluntad como presidente del Gobierno será abrir un diálogo con todas las fuerzas políticas para lograr un Pacto Nacional por la Educación”. Estupefactos se quedaron el resto de diputados ya que se trata del mismo presidente que aprobó en solitario la LOMCE con la oposición del resto de la cámara y de la comunidad educativa. Una ley que está causando incertidumbre en el curso escolar 2016/2017 que comienza esta semana puesto que hay dudas en cuanto a sus contenidos, asignaturas o si finalmente se llevarán a cabo las reválidas.

Pero que estemos sin gobierno parece que es culpa de todos menos del Partido Popular. Poco se habla de la incapacidad de Rajoy para llegar a acuerdos y mucho de crisis en las filas socialistas. Lo que son las cosas, tras la investidura fallida de Pedro Sánchez, éste repitió hasta la saciedad aquello de “no era presidente porque Iglesias votó no”, llegando a ser cansino y provocando un aluvión de memes. Y ahora se la están devolviendo con creces desde la bancada del PP (y de Ciudadanos, también) y de la prensa, incluso internacional. La frase ahora es “no hay gobierno porque Pedro Sánchez no se ha abstenido”. “Pedro Sánchez bloquea España”. Ojo, no digo que no esté en su derecho, al contrario, es perfectamente lógico y respetable que se mantenga en la postura que prometió a su electorado. Al igual que hizo Podemos en su día.

Sin embargo, es curioso cómo el tratamiento hacia Rivera es totalmente diferente a pesar de cambiar de opinión cada vez que hace una comparecencia. Por el contrario, el líder de Ciudadanos es retratado como un hombre de Estado, que le da igual virar a un lado u otro por el bien de España. Su partido de centro está para tender la mano a izquierda o derecha. Suena muy bonito, muy sacrificado, sí, pero luego oyes a Begoña Villacís desvelar la estrategia que su partido llevó a cabo tras el 20D y ya cambia la perspectiva. El pacto con el PSOE fue un ataque preventivo contra Podemos: “En estos cuatro meses alejamos al partido socialista de lo que venía siendo su pacto natural. Pensamos que, aun a riesgo de perder votos, era nuestro deber pensar en España por encima de nuestro partido y alejar al Partido Socialista de Podemos. Lo conseguimos, porque sino ahora no estaríamos hablando de otros posibles gobiernos”.

Es decir, Pedro Sánchez sale de una investidura fallida y la culpa es del PSOE por presentarse cuando no han ganado las elecciones y de Podemos por votar “no” e impedir un gobierno de cambio. Cuando se presenta Rajoy y también ganan los noes la culpa sigue siendo del PSOE por no abstenerse para permitir un gobierno que garantice la unidad de España. Se acusa de estrategias, de mirar sillones, de no pensar en España, de no tener capacidad dialogadora, de empecinamientos y desavenencias; pero en ningún caso se pone el foco en el hecho de que hay un partido que ha hecho un movimiento premeditado para impedir que hubiera gobierno. Curioso.

Me da la sensación de que no se informa de lo que pasa, sino de lo que a algunos círculos les interesa que pasase. No se hace análisis crítico del momento. Aún no han pasado los dos meses para una tercera vía y sólo se piensa en las terceras elecciones. Parece que a los partidos es lo que más les interesa. El Partido Popular porque en su electorado fiel y sabe que crecerá la abstención de otros colores; el PSOE porque prefiere ir a otros comicios con la premisa de haber sido fiel a su promesa electoral antes que hacerse el Hara-kiri apoyando a Rajoy. Además, me da la sensación de que ambos partidos buscan volver eliminar o reducir a Ciudadanos y Unidos Podemos para volver al bipartidismo. Y veremos si no intentarán cambiar la Ley Electoral para evitar un repunte en 4 años. La coalición UP parece que está dispuesto a intentarlo de nuevo con tal de que no gobierne la derecha, a pesar de su debate interno y de la incertidumbre de si volverían a ir juntos Podemos e Izquierda Unida tras los resultados del 26J. Y Ciudadanos prefiere otra cita con las urnas antes de que Unidos Podemos tenga alguna posibilidad de acuerdo y estar en un gobierno (después de las declaraciones de Villacís, no queda duda). Ya se encargarán en la campaña de proclamar su voluntad de diálogo, el espíritu de la transición, tender la mano a derecha e izquierda, la defensa de la unidad de España y la lucha contra la corrupción.

Y es que Ciudadanos ha presumido durante semanas del gran acuerdo contra la corrupción, de haber forzado al PP a hacer concesiones. El mesías de la regeneración democrática. Pero la realidad es que se fijaba la línea en aquellos que “se hayan enriquecido personalmente de manera ilícita o, mediante determinadas prácticas, hayan financiado de forma ilegal a un partido”. Bajo esta premisa no habría sido corrupción el caso de Chaves y Griñán del que tanto se enorgullece Ciudadanos, o los dos exconsejeros del PP de Madrid por el caso Púnica, ni siquiera Soria.

Un Soria que tuvo que dimitir tras varias intervenciones lamentables sobre los papeles de Panamá, bueno, en realidad dimitió para no tener que dar explicaciones en el Congreso. Que no conozco la empresa, que bueno, que era de mi padre, que si me acabo de enterar que soy secretario, que si me falsificaron la firma, que sí, bueno, a lo mejor yo participé de refilón, pero que yo no evadido impuestos ni tengo cuentas opacas... Daba tanta vergüenza que alguien le pidió al ministro que aprobó el impuesto al sol que se apartara. Eso sí, cobra una indemnización de más de 4.600€ al mes por ser exministro. El mismo Soria que ha sido enchufado como consejero en el Banco Mundial con un sueldo de 226.000€ al año libres de impuestos (que mira, eso que se ahorra en tener que evadir). Un enchufismo típico del Partido Popular por los servicios prestados. Como el de Rato en el FMI, como el premio a Wert en París, Trillo en Londres y veremos a ver si Fernández Díaz en el Vaticano. Ríete de puertas giratorias.

Pero si ya no fuera una tomadura de pelo la designación, aún más grave es el nombramiento, que se comunica un viernes a las 9 de la noche, dos minutos después de la investidura fallida. Con nocturnidad y alevosía. Y después de meses negándolo cuando la Sexta lo adelantó en el mes de junio. Ole, los caracoles. Y ¿por qué se hace a esas horas? Porque era el límite del plazo del Banco Mundial para comunicarlo, así que para evitar que el tema se colara en el debate de investidura, aguantaron hasta la bocina. Salvados por la campana.

Rivera cuando se enteró, se enfadó muchísimo, puso el grito en el cielo preso de indignación (/ironía modo off). Sus palabras fueron “que el Gobierno deberá dar explicaciones”. Y Rajoy las ha dado, claro que sí… un montón: “Mire usted, uno hace lo que tiene que hacer, y si este señor es el mejor candidato según un comité técnico yo no tengo nada que decir, porque si lo dijera, me acusaría usted de que estoy interfiriendo y manipulando, así que haga yo lo que haga a usted le va a parecer mal porque hay quien prefiere criticar que sacar a este país del bloqueo institucional pese a que la necesidad de gobierno es urgente”. Cómo hila fino el presidente en funciones… le preguntan por el nombramiento de Soria y responde que hay bloqueo institucional y seguimos sin gobierno.

En definitiva, a pesar de este culebrón acontecido en las últimas semanas, el resumen es que todo sigue igual. O se entiende que tenemos un país multicolor y se plantea una alternativa a Rajoy, o iremos a terceras elecciones. Seguramente el PP salga reforzado y se achacará a mayor abstención, voto rogado que no llegue, pero también se deberá a sus votos ganados, no sólo a los porcentajes. Y es que en España se vota como se es de un equipo de fútbol, son malos, pero son de los míos.

Estambul Día 1: Vuelo y Gran Bazar

Y llegó el día del viaje.

Madrugamos como si fuéramos a trabajar, ya que teníamos el vuelo a las 10:25. Tuvimos un viaje tranquilo y a medida que nos acercábamos a Estambul yo iba alucinando de lo grande que es la ciudad. Es inmensa su extensión. El cielo quedaba perfilado por los rascacielos y mezquitas, cuyos minaretes sobresalen cada pocos kilómetros.

Una vez en el aeropuerto tuvimos que pasar por el control de pasaportes. Como ya llevábamos el visado, es solamente enseñarlo junto con el pasaporte para que te lo sellen. Había una cola importante, pero lo bueno es que cuando llegamos a la cinta, la maleta ya había llegado. Como íbamos pocos días, llevábamos mochilas, pero facturamos una maleta pequeña con los productos de higiene y algunos objetos que no se pueden llevar en cabina, como el palo de selfie o trípodes. Sacamos dinero en un cajero y nos dirigimos al metro.

100TL

20TL

10TL

5TL

Monedas

Nuestra intención era comprar las Istanbulkarts, unas tarjetas monedero que se puede usar en los medios de transporte de la ciudad. Cuesta 10 liras (más una fianza por la tarjeta) y supone cierto ahorro, ya que puedes hacer hasta 5 trasbordos en diferentes medios más baratos que si los pagases como viaje sencillo. Además, te da la comodidad de no tener que andar sacando billetes sencillos, buscando monedas… Y más siendo cinco personas, que nos habría hecho entretenernos mucho. De esta forma sólo tienes que saber el destino del trayecto, leer la banda magnética y pasar.

Hay máquinas expendedoras de las tarjetas, y también recargan, pero el cajero nos había dado billetes grandes y la máquina no los aceptaba, así que tuvimos que ir a un kiosco. La mujer nos vendió las tarjetas ya con la carga que nosotros le dijimos.

Istanbulkart

Con las Istanbulkarts en nuestro poder, nos dirigimos al metro a coger la línea M1. Después, cambiamos al tranvía T1 hasta Çemberlitas, que era la estación más próxima a nuestro alojamiento. El tranvía es bastante moderno y cubre el casco antiguo con una buena frecuencia. Aunque todo queda bastante próximo a pie, pero en caso de tener que recurrir al transporte, funciona muy bien. Al menos a nosotros nos dio buen servicio.

Apenas eran las cinco de la tarde, pero en el trayecto se nos había hecho de noche. Es lo que tiene noviembre, que los días son más cortos. Sin embargo, íbamos observando con detenimiento la ciudad a la que habíamos llegado. El barrio donde se encontraba el hotel estaba repleto de locales de zapaterías. Bien artesanos que trabajan el cuero, tiendas que vendían zapatos, o cualquier tipo de material para fabricarlos o repararlo. Callejuelas empedradas y empinadas que nos recordaban al Madrid de Lavapiés con sus calles estrechas plagadas de comercios al por mayor. También fuimos echando el ojo a los restaurantes y comercios que nos íbamos encontrando por el trayecto para saber qué opciones teníamos de cena.

Cuando llegamos al apartahotel no había nadie en recepción. Una recepción que era una habitación plagada de sofás, con un par de escritorios y unos enchufes un tanto precarios. Practicamente un par de cables metidos en el enchufe. En las escaleras exteriores un vaso vacío de té y un móvil. Fue una llegada un tanto curiosa, no sabíamos muy bien dónde habíamos llegado, si realmente teníamos reserva. Sin embargo, al par de minutos llegó un chico que venía del bar con su té hirviendo (luego descubriríamos que el té es muy importante para ellos). Muy amable y agradable nos hizo el check in y nos explicó cómo llegar a nuestras habitaciones. Nos facilitó la clave de la wifi (gratuita) y nos explicó que como no tenían habitación de 2 disponible, nos habían asignado por el mismo precio una de 3.

Las habitaciones estaban muy bien equipadas con su cama, sofá cama, un baño sencillo y una cocina con hervidor y vajilla a disposición. Además de una mesa camilla con sus sillas y un aparador con una tele que ni encendimos.

Dejamos las mochilas en las habitaciones, nos refrescamos y salimos de nuevo a la calle con intención de aprovechar lo poco de tarde que nos quedaba.

Volviendo a Çemberlitas y siguiendo un poco más adelante, con el sonido de la llamada al rezo nos adentramos en la zona del Gran Bazar.

Desde sus orígenes, Estambul ha tenido un rol importante en el aspecto comercial y durante el Imperio Otomano, el Gran Bazar era el centro económico. Se llama Gran Bazar por algo, y es que es el mayor de la ciudad con unos 45.000 m2 y uno de los más grandes del mundo. Se trata de un recinto techado que consta de 22 puertas que dan acceso a 64 calles y cerca de 3.600 tiendas. De todos los accesos, destacan 4 principales, las más conocidas son la de la Mezquita de Nuru Osmaniye y la de Beyazit, que es por la que entramos nosotros.

El interior está organizado de manera gremial y las calles llevan el nombre del gremio en cuestión: joyas, orfebrería, especias, espejos, toallas, cuero, zapatos, piel, seda, alfombras… Así que como verlo todo requiere de mucho tiempo y cerraba a las 19:30, obviamos pasillos que nos interesaban menos, como por ejemplo las alfombras (no íbamos a volver con una alfombra en el avión). Y anduvimos sin rumbo, simplemente observando la maraña de calles, de puestos y objetos que te puedes encontrar.

A pesar de lo que había oído y leído, los vendedores estaban bastante tranquilos y no nos agobiaron. Quizá porque era última hora de la tarde, o quizá porque no se nos veía con mucha intención de comprar. Sí que nos saludaban o intentaban adivinar la nacionalidad para soltar algún chascarrillo en nuestro idioma. Nos invitaban a pasar a las tiendas a ver los productos, pero con sonreír y decir que sólo estás mirando, nos dejaban continuar tranquilamente. De hecho, me he sentido más abrumada en el mercadillo de mi ciudad que en el Gran Bazar.

Es increíble lo bien que se conserva y a pesar de que a lo largo de su historia ha pasado por incencios y terremotos. Destacan los incendios del de 20 de noviembre de 1651 y el del 26 de noviembre de 1954. La estructura que tiene hoy en día se debe a las obras de mejora tras el terremoto de 1894, tras su renovación hubo calles aledañas que quedaron fuera del bazar. Así pues, no hay que quedarse sólo con el recinto, sino que conviene pasear por los alrededores. De hecho, es frecuente encontrar mejores precios.

A nosotros nos dio la hora del cierre, por lo que salimos al exterior y descubrimos más callejuelas con más comercios. Aunque también estaban cerrando, pero estuvo interesante poder observar el bullicio de la zona, cómo recogían los productos, sacaban cartones y basura a la calle; en definitiva, el trasiego de un día normal.

Como ya era de noche y estaban cerrando todo pero aún era pronto para dar por finiquitado el día, decidimos acercarnos al puerto de Eminönü para pasear a orillas del Bósforo. Merece la pena observar la ciudad de noche, con las mezquitas y edificios importantes iluminados.

De esta zona es de donde salen los barcos que hacen cruceros por el río, pero también hay unos barcos restaurantes donde se puede comer pescado fresco a precios populares, más barato que adentrándonos en la ciudad. Mi madre y yo quisimos probarlo, así que en uno de los puestos nos acercamos al muelle y le pedí dos Balik Ekmek, los famosos bocadillos de caballa. Y me dice ¡self service! Subes al barco, coges el pan, tomas el pescado de la plancha, añades lechuga, cebolla y pagas. Me parece perfecto, te sirves a tu gusto. El problema es que los barcos y yo no nos llevamos bien, y menos de esas dimensiones, ya que aquello se balanceaba que ni una mecedora. Pero el señor muy amable al ver mi cara de espanto le dijo al compañero que nos preparara dos bocatas y nos los sirvió sin problema. Por cinco liras teníamos la cena. La caballa era fresca y se deshacía al morderla, no necesita salsa adicional ya que estaba muy rica. Por cierto, para que después te limpies, puedes coger unas toallitas húmedas. No son como las de Japón, pero muy bien por el detalle. Nos los comimos en ruta, aunque también hay unas mesas con taburetes para poder degustarlos en el muelle.

El resto habían echado el ojo a algún local camino del hotel, así que para allá que nos volvimos. Tras dudar entre varias opciones se decantaron por un par de platos combinados que constaban de carne, arroz y ensalada.

Lo primero que descubrimos es que al contrario de los Kebab que se comen por aquí en España (en Europa en general), en Estambul no le echaban salsas a los platos, sino que la salsa va ya condimentada y no necesita añadido adicional.

Quedamos todos satisfechos con nuestras elecciones y tras revisar y ponernos de acuerdo en el plan del día siguiente, nos fuimos a descansar.