Comienza la Legislatura del Diálogo

El 6 de septiembre publiqué una entrada en la que analizaba los últimos movimientos políticos y titulé “Y todo sigue igual“. Porque a pesar de que Rajoy se presentó a la investidura, el resultado tumbó su propuesta y no parecía que quedara más remedio que unas terceras elecciones. Para el 25 de diciembre, fun fun fun, además. Pero al final resultó que no estaba todo tan parado como creíamos.

Mucho ha llovido desde principios de septiembre. En estos dos meses ha pasado de todo. El PSOE se había posicionado en un imposible: el No a Rajoy y No a terceras elecciones, pero también en el No a un gobierno alternativo. Cuando Sánchez inició contactos con nacionalistas y UP, comenzaron a oírse las voces de los barones que sugerían, daban a entender o pedían claramente (los menos) una abstención para desbloquear el país y que hubiera gobierno. De Rajoy, claro. Y no sólo había voces de miembros del partido, sino que había un clima en los medios que apuntaba a ello. El más claro ejemplo era El País con sus editoriales. De hecho, la sospecha quedó confirmada el domingo en la entrevista que hizo Évole al exSecretario General del PSOE.

El colmo fue Felipe González en la ser, en una entrevista grabada con Pepa Bueno en la que aseguraba que Pedro Sánchez le había prometido que daría la abstención en la segunda votación de la investidura, y que, al no haberlo hecho, se sentía engañado (algo también desmentido por Sánchez en Salvados). Fue el pistoletazo de salida para todos aquellos que estaban en contra de buscar una alternativa al PP. Pedro Sánchez convocó un Comité Federal el 1 de octubre y aquello fue un espectáculo desde las 9 de la mañana hasta bien entrada la madrugada. Previamente habían dimitido 17 miembros del comité para forzar a la ejecutiva a disolverse y que se montara una gestora. Tras horas de recesos, voces, y caos, finalmente votaron y ganaron los abstencionistas. Pedro Sánchez anunció su dimisión como Secretario General y el asturiano Javier Fernández tomó el mando de la gestora y del partido. A partir de ahí las aguas se calmaron en los medios de comunicación, los consejos de administración de las grandes empresas, Europa… Ya olía a gobierno del PP.

El PSOE, ya con la gestora en marcha, volvió a votar en un Comité Federal el 23 de octubre, y el 24 y 25 Felipe VI realizó sus ya clásicas rondas de contactos con los representantes de los partidos. Sin perder ni un minuto, oye, que el 31 se disolvían las Cortes. El 26 acudió Rajoy a su exposición, y el 27 fueron las réplicas del resto y la primera votación. Nada que destacar. Una repetición de la última investidura con sus discursos soporíferos y eternos (aunque con un Iglesias que ha debido trabajar para eliminar el rap), un Aitor Esteban soberbio, los típicos ataques de Iglesias a Rivera, un Rafa Hernando en su máximo esplendor y una Ana Pastor con un papel que le viene grande. Finalmente 170 a favor, resto en contra y todos a casa.

El sábado 29 comenzó con la crónica de una muerte anunciada. Bueno, en realidad la expectación se creó el viernes a última hora cuando Pedro Sánchez anunció que el sábado a las 12:30 comparecería en el Congreso. Saltaron las alarmas, todo el mundo hacía su apuesta y parecía apuntar a que iba a dimitir, como ya especulaba Ibarra en la Cope. Y así fue, entregó su acta cual mártir y comunicó que no era el final, sino el principio, que se echaba a la carretera, como quien va de gira: “No dejo la política. A partir del lunes cojo mi coche para recorrer de nuevo España y escuchar a los militantes“. No quiso abstenerse por principios, pero tampoco desobedecer a la dirección del partido con un No, así pues, tomó el camino fácil dejando solos a los diputados que se negaban a la abstención.

Ya por la tarde, la investidura fue más fluida, ya que los discursos son más cortos. Comenzó el pleno con un minuto de silencio por los últimos crímenes machistas. Oh, qué detalle, para qué aplicar medidas que erradiquen de una vez la Violencia de Género, mejor un minuto de silencio con todos en pie, que tiene mucha más efectividad, claro que sí. En fin, tras el paripé, comenzó la nueva ronda. Rajoy dando las gracias a los que le iban a hacer presidente, pero ojo, con aviso para navegantes cuando dijo “No estoy dispuesto a derribar lo construido… no puedo aceptar su demolición… No se puede pretender que gobierne yo y traicione mi propio proyecto político que además fue el más apoyado por los españoles. No me pidan ni pretendan imponerme lo que yo no puedo aceptar“. Es decir, los presupuestos del 2017 los pongo yo, y eso de derogar mis leyes, vete haciendo a la idea de que por ahí no paso. Les leyó la cartilla de pé a pá. Hay tres cosas que vais a tener que tragar: La unidad de España, la integridad de la soberanía y las órdenes de Europa. Fue un golpe sobre la mesa demostrando quién manda. Y es que aunque no tenga mayoría, tiene la sartén por el mango. ¿Que una ley no sale? Pues a esperar, que se le da de maravilla. Y el 3 de mayo convoca elecciones. Se acabó el Mariano que tendía la mano y prometía diálogo el día 26 en su discurso.

Después salió Antonio Hernando, que se limitó a leer, supongo que no quiso replicar porque ya iba con todo el pescado vendido. Su discurso dio penica. Se escudó en que le darían la abstención “por responsabilidad para desbloquear una situación que es insostenible”, pero a la vez intentó levantar barbilla y dar un golpe sobre la mesa con su “Ni nos gusta usted ni sus políticas. Combatiremos sus odiosas reformas que tanto daño han hecho a una mayoría social. Empiece por eliminar la LOMCE, la ley “mordaza” y otras porque lo vamos a hacer desde la oposición”. Todo tan contradictorio.

Pasaron sin pena ni gloria Iglesias con su discurso del epílogo y su confianza en ganar pronto las elecciones y Rivera con sus frases vacías, su arrogancia hacia Rajoy (como si ahora que el PSOE daba la abstención sus escaños contaran algo), sus citas y su intentar ser gracioso pero que quedan en un quiero y no puedo.

Y después se armó el revuelo. Fiel a su estilo, llegó al atril Rufián, de ERC, que dedicó prácticamente todo su discurso al PSOE.

Con tales palabras, la bancada socialista estalló de ira. Es curioso que en el PSOE no doliera el discurso de Rajoy en el que les leía la cartilla. Nadie levantó la voz, todos escucharon cabizbajos y humillados. Sin embargo, sí que se indignaron por las citas de socialistas decepcionados que recogía Rufián. O por sus “¿No les da vergüenza ser republicanos pero monárquicos, socialistas pero neoliberales, obreros pero en consejos de administración y de izquierdas pero dando el gobierno a la derecha?” Lo cierto es que aunque a los socialistas no les gustara el tono del portavoz de ERC, el contenido no iba muy desencaminado de las contradicciones que vive el PSOE. Y que no vienen de ahora. Tras varias interrupciones, y dado lo lento que habla Rufián, la presidenta le cortó el micro. Pero el daño ya estaba hecho. Y quedó más escenificado aún cuando se levantaron a aplaudir más tarde PP, PSOE y Ciudadanos. Él se retrepaba en el asiento, sonreía y señalaba como diciendo ¿Lo veis?, lo que yo os decía, el fin del bipartidismo, son solo un partido. Tampoco sé muy bien de dónde viene la sorpresa, la verdad, ERC va al parlamento a cumplir con su papel, sus votantes están muy definidos. Además, le conviene un gobierno central del PP, porque fomenta esa fábrica de independentismo que avanza sin freno.

Calmó un poco el ambiente Aitor Esteban, que fue claro y directo como siempre. Esta vez sin grano ni tractor. Pero reiterando su No porque el PNV y el PP siguen teniendo una versión diferente de Euskadi.

Sin embargo, el líder de Bildu volvió a desatar a la audiencia atacando de nuevo al PSOE y a su falta de palabra. Sacó a relucir tiempos de Felipe González, los GAL, Lasa y Zabala, la cal viva, la entrada a la OTAN, reformas laborales, patadas en la puerta, coaliciones de PSOE y PP en Euskadi y Navarra. Unidos Podemos le aplaudieron y desde Ciudadanos los acusaron de estar con los terroristas. Y se volvió a montar. Ana Pastor no era capaz de calmar aquello.

En fin, acabaron los del grupo mixto sin mucha novedad y se procedió a la votación. Con Pedro Sánchez habiendo abandonado el barco, estaba la duda en cuántos iban a romper la disciplina de partido. Todo apuntaba a que las independientes Robles y Cantera se mantendrían en el No, pero no estaba tan claro con el PSC o los baleares. Al final fueron 15 los que no acataron el mandato del Comité Federal, entre los que se encontraban efectivamente las independientes, los 2 baleares y los 7 del PSC, Susana Sumelzo (exdirigente de la anterior ejecutiva), Odón Elorza, Rocío de Frutos y María Luz Martínez Seijo. Parece ser que el PSOE les pondrá una multa de 600€ pero no los echará al Grupo Mixto. Sobre todo porque perdería importancia en el arco parlamentario al tener menos diputados. Veremos qué hace con las independientes.

De todas formas, Rajoy salió envestido. Como el Presidente con menos votos en contra, además. Y ya ha comenzado la legislatura, sin embargo, sin prisas. Rajoy se fue de puente y ya mañana comunicará quiénes ha elegido como ministros de esta nueva etapa. Hay muchas quinielas, pero aquí no cuenta la valía profesional ni la capacidad política. Todo depende de Rajoy, y suele dejarse llevar más por criterios personales como puede verse en Ana Pastor, Soria o Sáenz de Santamaría.

¿Tendremos una legislatura completa o volveremos a elecciones el verano que viene? Me temo que todo dependerá del PSOE. De lo que esté dispuesto a ceder el nuevo PSOE y de lo que tarde en recomponerse. Sánchez dio a entender que estuvo a punto de la abstención en la anterior investidura, pero que tras hablar con Rajoy y conocer que no le pedía sólo investidura, sino también gobierno, decidió mantenerse en el No.

Así pues, todo parece indicar que la gestora, ya con menos poder de negociación aún, tendrá que tragar con todo aquello que les exijan los del PP. Lo de la oposición no se lo creen ni ellos. Yo al menos. De hecho creo que una de las primeras medidas en las que se va a evidenciar va a ser la reforma de la ley electoral. Ya lo dejó caer Antonio Hernando el día 27. Amparados en que no volvamos a vernos en un bloqueo institucional, se modificará para que sea similar al País Vasco, y así asegurar también el gobierno a los grandes partidos. Para ese tipo de reformas sí que se les da bien el diálogo. Veremos en qué más.