Por fin llegó el turno de Escocia

No sé cuándo empecé a pensar en Escocia como destino futurible a visitar, quizá fue en 2011 tras el crucero por los Fiordos y sus bellos paisajes que me hicieron desear viajar más a lugares en los que predominara la naturaleza. O tal vez venga de antes, de los veranos en campings de Asturias rodeados de montañas, de costa, de rutas interiores y con un clima que tanto me gusta. Aunque también puede ser que fuera la envidia sana. En 2014 coincidió que tres personas de mi entorno (de diferentes círculos, no juntos) se fueron de viaje por esos lares.

El caso es que después de varios viajes en los que han predominado las ciudades, como la visita a Londres y Oxford, el crucero por Capitales Bálticas, el viaje a Japón, el Interrail por Capitales Imperiales o la escapada a Estambul; ya tocaba volver al verde, a calzarnos las botas de montaña y adentrarnos en paisajes espectaculares que narraba Walter Scott, Robert Burns o J.K. Rowling; que hemos visto en infinidad de películas como Los InmortalesLos caballeros de la mesa cuadrada o Braveheart; o en series como OutlanderJuego de Tronos.

Así que, a finales de 2015, me puse manos a la obra a indagar sobre Escocia para poder trazar una ruta. Investigué qué opciones de aeropuertos teníamos y los lugares por los que quería pasar; me planteé si compensaba hacerlo en tren, bus o coche; eché cuentas para saber cuántos días necesitaríamos y finalmente configuré una ruta en coche – un famoso Road Trip – por tierras escocesas.

Intenté mezclar ciudades con naturaleza; el bullicio de las urbes con la paz de zonas más recónditas; la historia de los castillos, batallas entre clanes y destilerías con la ficción literaria o cinematográfica. Creo que al final resultó una buena combinación, aunque, obviamente, nos quedaron muchos lugares por descubrir.

Escocia enamora, se te mete dentro y te pide volver. De momento me conformo con recordarla en las siguientes entradas. Pasen y lean.