Serie Terminada: The Newsroom

Aprovechando las vacaciones navideñas, y después de una serie larga como Hijos de la Anarquía, hemos visto The Newsroom, la serie de Aaron Sorkin centrada en la redacción de un programa de noticias de una cadena de televisión por cable. Muestra los entresijos de un informativo y de la cadena en que se emite (Atlantis Cable News).

La serie arranca con el periodista y presentador Will McAvoy que ha entrado en el bucle de unas noticias que solo muestran los intereses empresariales olvidando contar lo que sucede en realidad. Cuando vuelve de vacaciones, su jefe ha iniciado un cambio de rumbo contratando a una nueva productora ejecutiva, Mackenzie MacHale (que resulta ser su ex-novia). Mac viene con muchos cambios, para empezar, con Jim Harper, su editor jefe, un joven periodista aunque con los valores del periodismo tradicional; y para continuar con un lavado de cara a la hora de tratar las noticias. Intentará recuperar un estilo en el que prime la ética periodística y no esté condicionado por la dictadura de las audiencias dejando de lado el morbo. Así surge Noticias Noche 2.0., un programa cuyo único y exclusivo objetivo es dar las noticias.

Sin embargo, este nuevo proyecto no será sencillo, puesto que ante todo, ACN es una empresa, y para su presidenta el éxito está en los números y la gente con la que hace negocios. Así que Leona no ve con buenos ojos que se entre a criticar a según quién, ya que tiene intereses económicos que proteger y conexiones personales que mantener. Charlie Skinner será el encargado de mediar entre la redacción y la presidencia, que para algo es el impulsor de este giro y de la contratación de Mac. Estaba harto de la bazofia que emitían y quería volver a los orígenes del periodismo que se dedicaba a informar.

Pero además, el periodismo ha cambiado. Hoy en día la forma en que nos informamos no solo recae en los medios tradicionales como televisión o prensa escrita, sino que el mundo de internet ha abierto un mundo de posibilidades. Para eso está Neal Sampat, encargado de crear la web y de gestionar las redes sociales, aunque él quiere ser editor y buscará hacerse un hueco en la redacción.

Como productora está Maggie Jordan, recién llegada, que mantiene una relación y Don Keefer, que ocupaba el puesto de Mac antes de que esta llegara. Completando el equipo tenemos a Sloan Sabbith, la economista brillante de la cadena.

Todos ellos luchan por hacer un periodismo ético y de investigación que en realidad sabemos utópico, ya que hoy en día con los intereses corporativistas, es realmente complicado. Toda información está supeditada a la línea editorial de la cadena o grupo editorial, es decir, a las presiones empresariales, políticas y económicas de inversores o accionistas. Se le han dado bastantes palos a Sorkin porque lo que refleja en The Newsroom es irreal, pero creo que lo que ocurre es lo contrario: la serie es una bofetada a los medios de comunicación actuales. El cambio de rumbo que se lleva en la redacción es un ejemplo de lo que se debería esperar como espectador. Sin embargo, parece que nos hemos habituado a la telebasura y nos hemos inmunizado, aceptando que un programa de noticias parezca más uno de tele-realidad y autobombo corporativo. Así pues, en realidad, The Newsroom, no trata sobre periodistas, sobre las noticias, sino sobre los valores y la ética.

También hay mucha referencia política, hay que tener ciertos conocimientos sobre la política estadounidense para enterarse bien de todo lo que va ocurriendo en cada capítulo. Hay que prestar toda la atención posible, porque además los diálogos son abundantes y transcurren a gran velocidad, con mucho cambio de cámara, además. Nosotros vimos el piloto hace tiempo, nos gustó, y ahí se quedó almacenada lista para ver. Al retomar el segundo capítulo, tras venir de una serie algo más pausada, con música que acompaña los acontecimientos, de repente tanto cambio de plano, réplica y contrarréplica me volvió un poco loca. En ocasiones puedes perder una reflexión, alusión o referencia. Sin embargo, esta agilidad transmite ese caos que esperas en una redacción de noticias con gente trabajando a contrarreloj.

Me sentí atrapada desde el primer momento, por el argumento, por la agilidad de los diálogos, por la ambientación… Y es que el decorado es impresionante. Recrearon una redacción de verdad, lo que les permitía grabar un total. Aunque la cámara siguiera a un personaje, rápidamente podía cruzarse con otro y tener un cambio de cámara para seguir otra historia. Además, en un especial, los creadores de la serie explicaban que el informativo estaba grabado como si estuviera ocurriendo, es decir, si Will hacía una conexión, tenían al otro actor respondiendo, y no con vídeos ya grabados. De esta forma, el diálogo fluía mejor. Pero es que incluso los controles, las cámaras, los equipos eran de verdad. Todo un despliegue técnico. Jeff Daniels llegó incluso a comentar en una entrevista que si hubieran puesto una antena en el plató, podrían haber llegado a emitir.

Lo que no engancha tanto son los personajes. La mayor parte del peso cae sobre Will, que puede resultar fascinante y repelente a partes iguales con sus discursos adoctrinadores. Destaca por su facilidad de palabra, no en vano fue fiscal; pero a la vez puede ser cargante con tanta pedantería y condescendencia. Eso sí, gran trabajo el de Jeff Daniels y los monologazos que se marca.

Mackenzie es presentada como la mejor productora del mundo en el primer capítulo, una máquina en el sector que cualquier director de cadena se rifaría. Sin embargo, en el segundo lo que encontramos es una inepta que no sabe enviar un correo electrónico, no es capaz de manejar la blackberry y tiene ataques de histeria cada dos por tres. Se convierte en un cliché machista. Es una mujer insegura que no solo necesita aprobación constante de su ex, sino que además sigue siendo la malvada bruja que le puso los cuernos tres años antes y que ha de ser castigada día a día. Supongo que Sorkin quería partir de esa confrontación entre los dos personajes para que hubiera fricción en el trabajo en conjunto con su historia pasada, pero es una relación que sobra. Igual que una pedida de mano metida con calzador o ese embarazo como remate pasteloso de ese “Happy ever after“.

Pero si esta pareja no tiene sentido, el triángulo amoroso formado por Jim, Maggie y Don es desesperante y absurdo. Igual que cuando cambiamos a Don por Lisa o por Hallie. Demasiado metraje dedicado a un sinsentido. Y de nuevo, tenemos a una histérica (Maggie) que además sufre ataques de pánico y cuyo príncipe acude a su ayuda. Tanto Mac como Maggie orbitan alrededor de sus compañeros hombres (Will y Don/Jim respectivamente) quedándose en un segundo plano. En The Newsroom las mujeres meten la pata o dan vergüenza ajena. Solo se libra Sloan, y aún así ese carácter fuerte que muestra se desinfla cuando se pone en entredicho su profesionalidad por unas fotos en las que posó para un ex en un momento de su vida privada. Da igual que tenga una inteligencia por encima de la media, llegados a ese punto Sorkin vuelve a mostrarnos de nuevo una mujer insegura. Y en el momento en que se va acercando a Don, vemos más fisuras.

Las tres acaban teniendo algo en común, y es que necesitan que los hombres les ratifiquen que son buenas profesionales. Incluso Hallie rompe con Jim porque este no valora su trabajo periodístico. Lisa directamente no se considera lo suficientemente inteligente como para salir con él. En la serie los hombres son los sabios, los expertos, los que dan consejos, los que guían a sus compañeras. Quizá si se hubieran creado unos personajes sin relaciones sentimentales entre ellos, la serie habría ganado otro punto. Porque lo cierto es que tanto pasteleo dispersa de la trama.

Así pues, si no perdiéramos tanto tiempo en los romances de oficina, la serie habría sido más redonda pudiéndose centrar mejor en la vida detrás de un programa de noticias de actualidad. Ahí sí que el espectador se engancha más, puesto que además se tratan noticias reales y personas que existen. Sorkin eligió sucesos que tuvieron lugar en el país en un pasado reciente para contar cómo debería haber afrontado la cobertura de la información una redacción utópica que no se dejase llevar por otros intereses que contar los hechos. Quizá es un poco ventajista, puesto  que sabe cómo se van a desarrollar los acontecimientos, pero como decía al inicio, es la premisa sobre la que se sustenta la serie. Quizá lo que flojea es el poco trabajo de investigación que realizan los periodistas. Siempre obtienen la información en conocidos, amigos, familiares, un desconocido en el tren… Tremenda fortuna la de los personajes.

En la primera temporada se arranca con tres sucesos ocurridos en 2010: el vertido de petróleo de BP en el golfo de México, el ascenso del Tea Party en el inicio de las primarias del partido republicano y el  intento de asesinato contra la congresista Gabrielle Giffords.

En la segunda los personajes trabajan en la Operación Génova, en la que el gobierno de Obama habría usado gas sarín durante una intervención militar. El problema es que hay una cadena de errores y la noticia no es verdad, por lo que todo el equipo deberá rendir cuentas ante los abogados de la empresa y la credibilidad de la cadena se verá en entredicho.

La tercera temporada parte con el atentado en la maratón de Boston en abril de 2013. Demasiada información en las redes sociales y muy difícil de canalizar y verificar qué es real, qué especulación. Además, Neal se verá envuelto en un caso de filtración de información clasificada del gobierno que recuerda al caso Snowden. Y paralelamente la cadena es adquirida por un magnate que quiere convertir de nuevo ACN y el informativo en aquello por lo que los protagonistas llevan luchando dos años. Es una vuelta a los orígenes. Pruit, el nuevo jefe, quiere recuperar el morbo, incorporando además la participación ciudadana a través de las redes sociales sin filtrar ningún tipo de comentario. Lo que le interesa es el ruido, las audiencias. Esta temporada cuenta con tan solo 6 capítulos y es algo atropellada.

Una pena que solo tuviera tres temporadas, puesto que cada capítulo me mantenía enganchada y quería ver el siguiente. En realidad cada temporada era como una película larga, de un modo similar a lo que ocurre con 24 o Homeland. El hecho de que las historias fueran reales, hacía la trama más creíble, al menos te pone en situación. Y aunque hay cierto adoctrinamiento político con tanta inclinación demócrata y crítica a los republicanos, la serie tiene un buen ritmo con diálogos trepidantes y una gran puesta en escena con una magnífica realización. Mi mayor pega son los personajes y sus relaciones personales. Por lo demás, la serie en general es muy interesante y recomendable.

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