Nueva serie a la lista “para ver”: Shooter (El Tirador)

Shooter (El Tirador) iba a ser uno de los estrenos de este verano pasado, sin embargo, acabó emitiéndose cuatro meses más tarde debido a un par sucesos con tiroteos involucrados. No era el momento propicio para una serie sobre un francotirador. El primer retraso se debió a la matanza de Dallas en julio donde murieron cinco agentes; el segundo, a causa de un tiroteo en Baton Rouge donde fallecieron otros tres policías. Al final se pospuso al otoño, a mediados de noviembre.

La serie es un remake televisivo de la película del mismo nombre protagonizada en 2007 por Mark Wahlberg (que aquí ejerce como productor). A su vez, su argumento está basado en Point of impact, una novela de Stephen Hunter publicada en 1993. De nuevo tenemos un producto basado en otro, últimamente no hay mucha originalidad.

Este thriller se centra en el exmarine condecorado Bob Lee Swagger, un experto francotirador, que ahora está retirado y vive tranquilamente con su mujer e hija pequeña. Es el prototipo de héroe militar que vuelve a casa desencantado con la guerra, con remordimientos, cargo de conciencia y sus propios fantasmas (que conoceremos a través de flashbacks). Intenta huir de aquella vida y volver a ser un civil disfrutando de su familia, pero sus planes se desbaratan cuando su antiguo jefe, ahora agente del servicio secreto, lo visita para una operación clandestina. Bob recibe el encargo de evitar el asesinato del presidente de los EEUU.

Tras hablarlo con su mujer Julie, y que esta le recomiende que acepte para así matar sus demonios y pasar página; el protagonista decidirá cumplir con la misión, ya que parece ser él mejor capacitado gracias a su amplio conocimiento sobre armas. Todo muy estereotipado y lleno de clichés: el héroe que ha vuelto de la guerra perdiendo a su mejor amigo, la mujer comprensiva, la familia perfecta, el presidente de los EEUU como objeto de un atentado…

No obstante, todo dará un giro de 180º cuando descubra que le han tendido una trampa. Y aquí es donde la serie se pone interesante. El tiempo que Swagger emplea en practicar con el rifle y en ponerse en la piel del francotirador que ha de abatir se vuelve contra él. Ahora la CIA tendrá imágenes en las que comprobaba ángulos y posiciones para efectuar los disparos convirtiéndose en el principal sospechoso.

La agente del FBI Nadine Memphis, con su intuición y determinación será pieza clave en el desarrollo de los acontecimientos. Aquí comienza la verdadera aventura del exmarine: demostrar su inocencia y de paso vengarse de quién se la jugó.

Sin embargo, la serie, además de acción y adrenalina, tiene un mensaje subliminal. Y es que nos hace reflexionar sobre el respeto y admiración que hay en EEUU hacia las armas. Un país donde un gran número de ciudadanos lo consideran un derecho fundamental, garantizado por la Segunda Enmienda de la Constitución pero que continuamente tiene masacres provocadas por gente que tenía acceso a un arma sin pasar necesariamente un examen psicológico. No es de extrañar que cierta parte de la sociedad estadounidense esté preocupada y las vea como un problema. Y es que como dice la voz en off al comienzo de la serie: “Las armas lo cambian todo. Una bala es para siempre”.

Así, con este trasfondo, las armas son un personaje más en el drama. No hay más que ver la escena en la que los agentes secretos le presentan a Swagger el rifle de largo alcance que copia al del sospechoso. El francotirador queda prendado de él, siente un respeto y fascinación hacia el arma. Los planos, la música están hechos para vender el producto.

Aunque este idealismo se rompe cuando Swagger investiga cómo adelantarse a la amenaza. En estas escenas muestra que manejar un arma es ciencia pura. Los cálculos de las variables para efectuar un buen disparo parecen sacados de un capítulo de Numb3rs. Hay que estudiar al milímetro la distancia, el viento, el lugar en que apoyar el rifle para poder disparar, la posición corporal, el pulso… Y esta complejidad contrasta con la realidad en la que cualquiera puede comprar un arma semiautomática y perpetrar un crimen tal y como ocurrió en los dos sucesos que provocaron el retraso del estreno de la serie. Parece que no han aprendido nada desde Columbine.

La primera temporada cuenta con 10 episodios y ya se ha renovado por una segunda. De momento pinta bien, pero bueno, yo me engancho enseguida a las conspiraciones e intrigas. Hay un buen planteamiento y acción, el ritmo y los giros enganchan y tan solo chirría un poco el patriotismo americano y los personajes estereotipados. Nada de extrañar en este tipo de series.

 

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