Road Trip por Escocia. Día 3 III Parte: Aberdeen

Llegamos a Aberdeen bajo una lluvia persistente, hicimos el checkin en el hotel Skene House y volvimos al coche para dejarlo en el aparcamiento reservado y sacar nuestras pertenencias. Y de repente, cuando fuimos a salir del edificio, nos encontramos con el diluvio universal. A ver, no era Copenhague, pero tampoco era un chirimiri o cuatro gotas como habíamos visto a lo largo del día. Eran goterones de continuo con fuerza. Nos tocó esperar un poco a que amainara, pero al final desistimos y nos mojamos de todas maneras.

El hotel ocupa una manzana y parece que en su día fueron varios bloques de viviendas que hoy se han reconvertido. Como resultado, el acceso a las habitaciones desde el hall es un tanto peculiar. Hay que meterse por pasillos, salir por puertas de emergencias, desembocar en un patio exterior y después buscar el edificio en el que se encuentra tu habitación. Además, nos tocó una en la última planta, así que nos comimos las escaleras empinadas. No obstante, hay un camino más rápido, ya que en cada bloque, aparte de la puerta que da al patio y al garaje, hay otra que da a la calle directamente sin pasar por recepción y dar todo el rodeo.

Nuestra habitación era como un miniapartamento, nada más entrar tenía una especie de recibidor con armario y dos puertas. Una de ella conducía a un baño bastante amplio, y otra a la habitación en sí.

Esta se dividía en dos zonas: dormitorio en sí mismo, y la zona de estar con sofá, butacas, televisor, mesa y una cocina escondida tras una persiana.

Dado que estábamos en la última planta, tanto el baño como la zona del dormitorio tenían unas velux que permitían la entrada de luz. Para el baño está muy bien pensado, para encima de la cama, ya no tanto. Tenía, cortinas, así que por ahí bien, nos evitamos el amanecer a las 5 de la mañana; sin embargo, cuando llueve, se oye el repiqueteo.

Tras investigar nuestro alojamiento, poner a cargar baterías, colocar la ropa, bolsas de aseo y secarnos un poco, salimos a dar un paseo aprovechando que parecía que había pasado la nube. Aunque en Escocia nunca se sabe, tan pronto como vienen, se van.

Aberdeen es la tercera ciudad de Escocia. Recibe el sobrenombre de “ciudad de granito” debido a que en el siglo IX se construyeron muchos edificios con este material proveniente de las canteras de Rubislaw Quarry. Hoy en día esta cantera, que funcionó durante 3 siglos, es un lago.

Destaca el estilo neoclásico y neogótico en sus edificios. Quizá es esta tonalidad gris la que le da la fama de ciudad fría. Cierto es que contrasta con lo que habíamos visto los días anteriores, sin duda no tiene el colorido que se nos viene a la mente cuando pensamos en Escocia, pero a mí no me resultó tan sombría como me la habían descrito. A pesar de que además el cielo tenía un color plomizo. Nosotros nos encontramos una ciudad tranquila. Con esa calma tras la tempestad, con el suelo mojado, el olor a lluvia y las calles desiertas. También es verdad que ya eran más de las 7, así que los comercios habían cerrado y la gente estaba ya en su casa cenando.

Aberdeen es un importante centro comercial y principal puerto marítimo del nordeste de Escocia. Su economía se sostiene por la industria petrolífera (es la Capital Petrolera de Europa) del Mar del Norte y por la pesca. Es una ciudad moderna y próspera con una tasa de desempleo inferior a la de otras ciudades del Reino Unido. Sin embargo, con la caída del precio del crudo en los últimos años, la cosa está cambiando y ha habido bastantes despidos en el sector.

El puerto se encuentra en el centro de la ciudad aunque el río Dee no discurre a través del centro, sino un poco más al sur. El río Don fluye unas dos millas al norte, más cerca de Old Aberdeen.

Pero a pesar de su fama y de que sea una ciudad que basa su economía en el petróleo, turísticamente también tiene atractivos que descubrir. Mientras que el casco histórico de Edimburgo gira en torno a la Royal Mile, Aberdeen lo hace siguiendo la Union Street. Una calle que recibe este nombre por la unión de Gran Bretaña e Irlanda en 1800.

Así pues, comenzamos nuestro recorrido con esa dirección y nuestra primera parada fue la Gilcomston South Church.

La iglesia perteneció a la Church of Scotland, convirtiéndose en una de las congregaciones más importantes. En 2011 se separó de esta rama después de que se decidiera permitir la ordenación como ministros de los homosexuales. Desde entonces es independiente.

Continuamos hasta la St Mary’s Cathedral. De rito católico, la Cathedral Church of St Mary of the Assumption fue construida en 1860 de estilo neogótico. Las torre, las campanas y las agujas se le añadieron más tarde, entre 1876 y 1877.

Seguimos el camino por Union Street hasta los jardines de Union Terrace donde se erige la estatua de Eduardo VII. Tras ella se ven las torres de iglesias cercanas alzándose entre los edificios.

Un poco más adelante, a mano izquierda, vimos un par de picos, así que callejeamos. La primera iglesia que nos encontramos resultó ser un restaurante, el Slain’s Castle.

Y el segundo edificio, también era otro bar. Y es que hay muchas iglesias católicas reconvertidas. Con la reforma se quedaron vacías y se han reutilizado. Ya lo vimos en Edimburgo también. Además de por los carteles que publicitan el local, también se puede apreciar desde el exterior porque han perdido o sustituido sus vidrieras, no suelen tener el reloj en hora, y tampoco las campanas.

Volviendo a la arteria principal, llegamos al final de Union Street desembocando en el momumento del Mercat Cross. Este punto marcaba el centro de la ciudad, y, como suele ocurrir, la vida giraba en torno al mercado. Es una cruz que está adornada con los retratos de los reyes de la dinastía Estuardo. Y por supuesto, no puede faltar el unicornio.

El la plaza hay también un monumento a los Gordon Highlanders, un regimiento de infantería de la Armada Británica que existió desde 1881 hasta 1994 en el que se unificó con otros cuerpos bajo el nombre de los Highlanders.

La escultura cuenta con dos figuras. La figura vestida con la típica kilt representa a los Gordon Highlanders originales de 1794. El soldado agachado sería de un regimiento más reciente con su arma reglamentaria.

Y enfrente el Wetherspoon. Que también es un edificio señorial, pero es un restaurante de la misma cadena del Standing Order donde comimos en Edimburgo. Los edificios nunca son lo que parecen.

Llegados a este punto, callejeamos sin rumbo descubriendo varias construcciones significativas. En la zona Castlegate, llamada así por ser la antigua entrada a la ciudad y al castillo, destaca el Salvation Army Citadel. Se trata de un edificio amurallado que se levanta donde un día estaba el castillo. Hoy en día se puede visitar y conocer más sobre la historia del ejército de salvación. Se puede subir a la torre para divisar la ciudad.

También significativo es el Town House, un edificio de estilo neogótico construido entre 1867 y 1873 que fue el centro del gobierno de la ciudad. Se le añadió una extensión entre 1978 y 1977 para cubrir nuevas necesidades.

Destacan la Sala de San Nicolás con un techo decorado con escudos heráldicos y el Town and County Hall de un estilo medieval cuyo techo tiene reminiscencias flamencas. En las paredes de ambas estancias hay un gran número de pinturas de gran importancia.

Se puede hacer una visita guiada y gratuita solicitándolo con antelación, eso sí, con dos o tres meses de adelanto.

Para los amantes de lo siniestro se puede visitar Toolboth, uno de los edificios más antiguos de la ciudad que, aunque hoy es el museo del crimen, fue una cárcel.

Ya saliendo de la calle principal, tenemos el Marischal College, el símbolo de la ciudad. De granito blanco, fue construido para albergar la universidad entre 1835 y 1900, pero hoy en día se ha convertido en la sede del Ayuntamiento.

Es una mezcla de dos estilos: de un primero de 1837 más austero, y de uno gótico posterior de finales del siglo XIX. El resultado es una mezcla de dos tipos de materiales. En un primer lugar se usó piedra de Rubislaw, pero en la segunda parte granito de Kemmay.

Es el segundo edificio de granito más grande del mundo por detrás de El Monasterio de El Escorial y para construirlo se demolieron varios edificios de la zona. Uno de esos edificios fue la Iglesia de Geyfriars, no así su torre.

Dado que la ciudad recibe el seudónimo de “Ciudad de Granito”, este edificio es su máxima expresión. Es el icono que simboliza la industria del granito.

Comenzó a hacérsenos de noche en nuestro recorrido, por lo que no llegamos hasta la playa, que está al final del Beach Boulevard. La calle nos conduce hasta el edificio de Beach Ballroom, un edificio de usos múltiples de estilo art decó.

Y a continuación, la playa.

Como digo, ya era casi de noche, las fotos son de mi hermano, que la tiene cerca. Nosotros para acabar nuestro paseo por Aberdeen, entramos en un Tesco de camino al hotel y nos llevamos la cena. Tocaba reponer fuerzas, revisar la ruta del día siguiente y descansar.

Road Trip por Escocia. Día 3 II Parte: Glamis Castle y Dunnottar Castle

Continuamos nuestro recorrido por la carretera de la costa que va descubriendo pintorescas poblaciones, playas de arena y campos de golf; sin embargo, nosotros nos adentramos en el interior para dirigirnos hacia Glamis.

A las 3 de la tarde llegamos a esta población donde encontramos el Glamis Castle, una fortaleza medieval del siglo XI que se construyó como pabellón de caza.

Es uno de los que mejor han llegado hasta nuestros días gracias a su remodelación del siglo XVII. Parece sacado de un cuento de Disney con sus torres puntiagudas y tejados cónicos.

La torre central fue reconstruida a principios del siglo XV. Pero el aspecto que tiene hoy en día se deba a los planes de restauración y ampliación  que se llevaron a cabo durante el XVII y XVIII.

Tiene cinco niveles con forma de L y está rodeado de unas grandes extensiones de zona verde, como no podía ser menos. De hecho, al llegar a las taquillas no se ve el castillo de la frondosidad del bosque que lo cobija.

Si nos adentramos en un bosque que hay en un lateral del castillo, nos topamos con el cementerio de mascotas de la familia en un rincón entre árboles centenarios.

Hay numerosas leyendas sobre este castillo, se considera uno de los más encantados de toda Escocia. Algunas son un tanto románticas, y otras un poco más siniestras. Por ejemplo, se habla de un monstruo o de una ventana que se puede ver desde el exterior pero que luego en el interior en realidad no se corresponde con ninguna estancia. También hay una leyenda sobre el conde de Strathmore y sus amigos jugando a las cartas y que por pasar de la medianoche (estaba prohibido jugar el día siguiente, domingo) quedaron condenados a jugar eternamente a esa partida.

Es uno de los castillos más famosos y visitados de Escocia, quizá porque fue residencia de la Reina Madre cuando era niña y también donde nació la princesa Margarita, hermana de Isabel II, así que mueve a los aficionados a la historia de la Familia Real. En los jardines, en una zona apartada hay un memorial en honor a la princesa.

Pero también atrae a los amantes de la literatura, ya que Shakespeare se basó en este castillo para ambientar Macbeth. Se supone que en Duncan’s Hall Macbeth asesinó al rey Duncan.

Para visitarlo hay que contratar una visita guiada en inglés que dura hora y media y no está incluido en el Explorer Pass. Aunque si no queréis esta opción, se puede visitar el exterior del castillo y sus jardines como hicimos nosotros (£14 los dos). En la taquilla te dan una pulsera de cartón de colores en función de la entrada que hayas pagado. Y un mapa para que no te pierdas, que con tanta extensión verde, no es difícil.

Aparte de la parte boscosa, encontramos los Jardines Italianos, que están muy bien cuidados.

De nuevo se puso a llover con un poco de intensidad, así que nos resguardamos unos minutos bajo un pasillo de árboles que entrelazan sus ramas y forman una especie de tejado. Y aunque quien se mete debajo de hoja, dos veces se moja, algo nos protegió, ya que el tejadillo queda bastante tupido.

Continuamos por los senderos cruzando el puente hasta llegar al Jardín Amurallado.

Para entrar en él hay que pasar una verja y una valla de madera que sirve de protección contra los conejos. Al visitar castillos, nos encontramos bastantes puertas cerradas, sin embargo, eso no significa que no se pueda pasar. En la mayoría de los casos sirve para mantener fuera del recinto a los animales no deseados. Basta con abrir, pasar y cerrar después.

Estos jardines fueron en su día un huerto. Pero se reconvirtió pues ya no se usaba como tal, aunque en un lateral se ve como una especie de invernadero, no sé si hoy en día mantendrán un pequeño espacio para cultivar o simplemente es para plantas que requieren de otro tipo de clima.

Los dueños del castillo deben hacer picnics en los jardines, pues hay varias mesas distribuidas por la zona de hierba.

Como no podía ser menos, la lluvia volvió a aparecer, así que decidimos continuar nuestro camino tras una hora de paseo bucólico.

Y de castillo a castillo. A una hora de distancia, en el pueblo de Stonehaven, tenemos Dunnottar Castle, una inmensa fortaleza que se encuentra en ruinas.

Nosotros no paramos en el pueblo, pero mi hermano que fue en octubre en transporte público, sí que paseó por sus calles. Las siguientes fotos son suyas.

Es un pequeño pueblo costero, así que su fuerte está en el puerto.

Pero por lo que es conocido el pueblo, es por el castillo, claramente. Se construyó en 1392 por orden del Gran Mariscal de Escocia. En 1715 declararon culpable de traición al último Mariscal y se le arrebató. Poco después se desmanteló el castillo. En el siglo XX pasó a manos privadas, pero se puede visitar. Eso sí, no entra en el Explorer Pass.

Destaca la Tower House, con forma de L. Las ruinas abarcan un espacio de casi tres hectáreas en las que podemos encontrar casas, establos, almacenes y cuarteles.

Se erige sobre un precipicio rocoso de unos 50 metros desafiando al mar y al viento siendo sólo accesible por un sendero escarpado. Esto hace que se puedan observar los acantilados y las playas que le quedan a cada lado.

Es un castillo emblemático por su enclave impresionante que es para enmarcar, además de por ser clave en uno de los momentos más importantes de la historia de Escocia. Esta situación estratégica y defensiva le sirvió a William Wallace durante la lucha escocesa por la independencia en el año 1300 para atraer a una tropa inglesa y después quemarla viva en una capilla. También se escondieron aquí las joyas de la corona escocesa en el siglo XVII por ser considerada la fortaleza más segura del reino.

Al hallarse sobre una terraza costera también servía para controlar las rutas de transporte. Por un lado marítimo hacia el norte de Escocia y por otro terrestre hacia el sur por la ruta medieval a través de Portlethen Moss.

En 1911 la población del Reino Unido rondaba los 42 millones de personas y la de Escocia no llegaba a los 5, lo que suponía un 11% de la población del Reino Unido. Durante la I Guerra Mundial cerca de un 26% de los escoceses no volvieron a casa, mientras que comparado con el resto de la unión no pasaba de un 12%. Sólo Serbia y Turquía tuvieron una mayor proporción de pérdidas que Escocia.

Así pues, no es de extrañar que en casi cada pueblo del país haya un memorial en honor a los caídos. Después, incluía también a los muertos en la II Guerra Mundial, aunque en esta no fue tan alto el porcentaje. Stonehaven no es una excepción y en lo alto de la montaña hay un monumento de este tipo.

Se llega a él desde el norte, por un camino que sube a Black Hill y que une el castillo con el pueblo. Desde la colina se puede ver tanto el pueblo como los acantilados.

En el monumento figuran los nombres de ocho batallas de la I Guerra Mundial alrededor de la corona de la estructura: Gallipoli, Jutland, Marne, Mons, Somne, Vimy, Ypres y Zeebrugge. Posteriormente se añadieron nombres de campañas y batallas de la II Guerra Mundial en la base.

Unas escaleras y una puerta llevan al corazón del memorial, donde hay una piedra triangular en la que están inscritos los nombres de los habitantes de Stonehaven que cayeron en la Gran Guerra. Los de la Segunda aparecen en unos añadidos en el interior.

Fue diseñado por el arquitecto local John Ellis y se inauguró el 20 de mayo de 1923 y fue uno de los más tardíos monumentos de este estilo ya que hubo controversia sobre si construirlo o no y dónde. Al final se aprobó y se erigió gracias a donaciones de gente del pueblo. Tiene forma de templo clásico con una forma octogonal y con apariencia de ruina. Este aspecto fue deliberado con intención de evocar a lo cortas que fueron las vidas de los que perecieron en el conflicto. De cómo se les arruinó.

Nosotros no nos acercamos hasta la colina (las fotos también son de mi hermano). La lluvia seguía como constante y quedaba un cuarto de hora para que cerrara Dunnottar y nos quedábamos sin luz, así que nos conformamos con ver el castillo desde los acantilados (las fotos del interior son también de la visita de mi hermano).

En cualquier caso, a pesar de no entrar, fue una vista impresionante con la que terminar el día antes de llegar a Aberdeen.

Road Trip por Escocia. Día 3: Salida de Edimburgo y visita a St Andrews

Llegó el momento del Road Trip como tal, y para ello nos hacía falta un coche, así pues, tras desayunar, dejamos el apartamento. Cargados con nuestro equipaje nos fuimos hacia la estación de Waverley para coger el tren hasta Edinburgh Park, donde estaba la oficina de alquiler del coche.

El trayecto era corto, apenas un par de paradas, pero por incidencia en el tren anterior, nuestro tren se retrasó en su salida. Por un momento pensé que nos íbamos a quedar tirados, pero después de unos 10 minutos, nos pusimos en movimiento. La oficina de Arnold Clark se encuentra junto a las vías de la estación, por lo que no tuvimos que andar mucho cargados con las mochilas y maleta. El recinto pertenece a un concesionario de Fiat y la oficina de alquiler de coches queda justo detrás del concesionario en sí.

El momento de firmar el contrato fue un tanto caótico, pues a pesar de que había hablado ya las condiciones con William Wallace, y llevaba el mail impreso con todo desglosado; el chico de Arnold Clark empezó a hacerme preguntas sobre toooooooooodo. Y tenía un acento cerrado, cerrado, cerrado. Pero bueno, al final solucionar los trámites pertinentes, nos acompañó a nuestro Volkswagen Polo blanco, lo revisó para comprobar las marcas que pudiera tener, y nos dio las llaves.

Tocaba ponerse en marcha, pero antes de salir del polígono, paramos en un Tesco para hacer compra y llevar algo de comida para ir cubiertos, ya que no sabíamos cuándo ni dónde nos llegaría el hambre.

Y con el maletero bien cargado (realmente con la maleta y una mochila ya no quedaba ni un hueco), ahora sí, emprendimos el camino dirección noreste. Nos adentramos en la Escocia oriental, que se caracteriza por playas arenosas, bahías rocosas y pueblos de pescadores, pero esta dureza de la costa del Mar del Norte contrasta con un interior en el que abundan las destilerías, los campos de golf, castillos rodeados de inmensos jardines y bosques.

Nuestra primera parada fue Saint Andrews.  A las 11 estábamos en la pequeña ciudad en el condado de Fife que ha tenido mucha importancia a lo largo de la historia de Escocia. Es una de las ciudades más antiguas y fue capital eclesiástica hasta la Reforma de 1560. Debe su nombre al patrón de Escocia, San Andrés, cuyas reliquias se trasladaron a la ciudad en el año 742.

Es conocida por ser la cuna del golf, ya que es donde se encuentra el club de golf más antiguo del mundo y por tener la universidad más antigua y prestigiosa de Escocia (1140).

Por sus dimensiones es muy sencilla recorrerla a pie. Tiene un carácter medieval con los restos del castillo, de la catedral y sus callejuelas empedradas. Muchas de las casas de la ciudad están levantadas con piedras que  proceden de las ruinas de la catedral, lo que hace que se mantenga cierta uniformidad.

El centro histórico se reduce a tres calles paralelas: North Street, South Street y Market Street y una que bordea la costa: the Scores. En la Old Town destacan edificios históricos con fachadas curvadas, locales para comer, tiendas y un ambiente universitario.

Hay casas muy pintorescas con sus antiguos portones de madera con picaportes de hierro forjado.

El casco histórico de St. Andrews tiene aparcamiento regulado, así que buscamos un aparcamiento gratuito a cinco minutos, junto a la estación de autobuses. Desde allí, de camino al centro, pasamos por la Hope Park Church,  una pintoresca iglesia de 1865 con unas vidrieras muy peculiares.

Una vez pasamos el arco, nos adentramos en la zona histórica. Siguiendo la North Street llegamos al Castillo que se asoma al mar.

Está incluido en el Explorer Pass y se accede a él por la tienda de recuerdos. La chica que nos atendió nos explicó la ruta recomendada en español, nos escaneó el ticket y nos invitó a recorrer una exposición en la que se explicaba la historia del castillo.

Esto es algo que nos fuimos encontrando en las diferentes visitas a edificios históricos o ruinas a lo largo de Escocia. Siempre había paneles informativos, reconstrucciones, vídeos o exposiciones para conocer mejor el lugar.

En este caso había paredes con textos narrando la historia, así como figuras que representaban diferentes escenas que acontecieron en el castillo.

Podemos ver en la imagen superior el asedio protestante y cómo se destruyeron imágenes. También había un John Knox que hablaba y se movía. Un tanto siniestro, porque además quedaba muy por encima del campo de visión del espectador, con lo que se enfatizaba aún más el efecto al tener que mirar para arriba.

Tras el recorrido por la exposición, salimos al exterior a recorrer las ruinas.

Se comenzó a construir en 1200 y se convirtió en la residencia de los obispos de Saint Andrews, lo que lo hizo convertirse en centro administrativo principal de la Iglesia de Escocia. Durante la Guerra de Independencia de Escocia fue destruido y reconstruido varias veces. En 1313 fue tomado por el rey inglés Eduardo I, pero fue recuperado en 1314 por los escoceses tras la victoria en Bannockburn.

En 1330 de nuevo pasa a mano de los ingleses, que construyen unas defensas, sin embargo, no les sirvió de mucho, porque en 1336 Sir Andrew Moray lo recupera tras un asedio de 3 semanas. Para evitar que de nuevo los ingleses volvieran, decidieron destruirlo. Y así permaneció hasta que en 1385 el obispo Walter Trail comienza a reconstruirlo llegando a morir en él.

Tras la derrota protestante, el castillo fue reconstruido por el arzobispo John Hamilton, pero se dejó sin atender, y hasta nuestros días han llegado los muros, dos torreones y las mazmorras, que se excavaron en el siglo XVI durante el asedio protestante.

El castillo se dividía en torre delantera, fachada de entrada, patio interior, recinto sur, el antiguo recinto de la capilla, la mina y contramina, las galerías subterráneas, la antigua sala principal, la torre de la cocina y la torre del mar.

Fore tower (torre delantera): Se trata de una torre de cuatro plantas que en su día incluía la entrada original del castillo

Entrance front (fachada de entrada), añadida en la década de 1550 para ofrecer una nueva entrada más espectacular

South range (recinto sur), construido en la década de 1550 como imponente residencia del arzobispo. Es lo que hoy queda desde la fachada a la torre.

Inner courtyard (patio interior), el patio central del castillo

Site of Chapel range (antiguo recinto de la capilla), albergó en su día una capilla en la planta superior

Mine and countermine (mina y contramina): Galerías subterráneas horadadas en la roca durante el asedio de 1546-1577 que se pueden explorar. Es muy interesante adentrarse, eso sí, no apto para claustrofóbicos ya que es algo estrecho. Incluso hay una escalera de mano vertical.

Site of Great Hall (antigua sala principal), lugar que ocupaba la sala de recepción del castillo, arrastrada mar adentro en 1801

Kitchen tower (torre de la cocina), aquí se preparaban los banquetes para la sala principal. Desde esta torre se alcanza a ver la playa de Carros de Fuego. Es una playa inmensa, y corría buen aire también.

Sea tower (torre del mar), albergaba las celdas de la prisión y la mazmorra. Si nos asomamos a esa zona podemos alcanzar a ver el mar y al fondo las ruinas de la catedral.

Y hacia allá nos dirigimos, siguiendo un sendero que transcurre junto a la playa.

Si pasamos la Catdral de largo, llegamos a una zona de espigón desde donde vemos una inmensa playa a la derecha. Si nos giramos hacia la izquierda, tenemos la catedral, que habíamos dejado a nuestra espalda, y, más al forno, el castillo.

Tras observar el paisaje en calma, en un sorprendente día despejado y soleado, nos dirigimos al recinto de la Catedral.

Entramos por atrás, así que lo primero que nos encontramos fueron las tumbas del cementerio, cada una siguiendo su propio estilo y tamaño.

Sorteando las lápidas llegamos a la catedral, hoy en ruinas, que se comenzó a construir en 1160 y se finalizó en 1318, en tiempos de Robert Bruce. En aquellos momentos fue la más grande de Gran Bretaña y dominaba la bahía del puerto dando la sensación de precipitarse al mar.

Hasta ella llegaban los peregrinos para ver las reliquias de San Andrés que estaban enterradas bajo el altar mayor.

Debido a su situación sobre un promontorio ha sufrido varios incidentes debido a los los fuertes vientos y a las tormentas. Pero lo que más la dañó fue la violenta reforma protestante en el siglo XVI cuando fue saqueada e incendiada. Con esta destrucción la ciudad perdió parte de su poder e influencia y cuando en 1560 el Parlamento Reformista declara a Escocia país protestante, Saint Andrews queda arruinada y relegada.

De la majestuosa catedral que se intuye sólo quedan dos torreones de la cara este y uno de la oeste, además de la torre sur y algunas partes del convento.

Se mantienen en pie algunos muros del recinto así como la puerta con arcos del suroeste.

Está incluida en el Explorer Pass. Aunque se puede acceder a su recinto de forma gratuita y pasear por los restos de la Iglesia de St. Rules, que data de 1140 y es el edificio más antiguo de la ciudad.

Era de la orden de los Agustinos y pertenecía al monasterio. Aún se conserva su torre, a la que se puede subir para disfrutar de las espectaculares vistas de la ciudad y de la costa. También se puede visitar el museo, que conserva una importante colección de lápidas medievales y cruces celtas. Tanto para la torre como para el museo hay que pagar.

Un poco más allá de la colina donde se encuentran las ruinas, hay, cómo no, un campo de golf, en cuyo recinto se encuentra la tumba de Tom Morris, considerado el fundador del golf moderno. También está su hijo Tommy.

Para finalizar nuestra visita a la ciudad volvimos hacia el coche callejeando por el centro histórico, donde descubrimos la iglesia de Holy Trinity donde John Knox animó a los ciudadanos a destruir la catedral durante la reforma protestante.

A continuación se alza el Town Hall, el ayuntamiento, que es de estilo victoriano y el Saint Mary’s College que hoy en día acoge la Biblioteca de la Universidad.

Saint Andrews, a pesar de ser una ciudad pequeña, cuenta con un casco histórico bien conservado, unos magníficos edificios, unas calles concurridas de estudiantes universitarios, facultades góticas repartidas a lo largo y ancho de la ciudad, las ruinas de su catedral y castillo que se erigen majestuosos adentrándose casi en el Mar del Norte. Combina tradición académica y religiosa completando el cuadro los verdes campos de golf.

Saint Andrews es una ciudad pintoresca que no hay que perderse.

Una nube grisácea comenzó a amenazar, así que nos fuimos al coche, y, dado que era la 1:30, aprovechamos para comernos unos sándwiches en el coche antes de continuar con nuestro camino hacia Glamis Castle. La nube tardó en descargar lo que nosotros en comer. Y es que así es el clima en Escocia.

Este fue nuestro recorrido en esta etapa:

Tres programas para ejercitarse bailando

De pequeña odiaba Educación Física, o gimnasia, como lo llamábamos por aquel entonces. Sin embargo, el baile siempre me ha atraído, así que, cuando hace unos años me planteé que tenía que hacer algo de ejercicio para contrarrestar una vida sedentaria comencé a buscar alternativas a un gimnasio.

No tengo nada en contra de los centros deportivos, el problema era la falta de tiempo. Salía a media tarde de trabajar y con una hora de trayecto hasta casa, ya se me hacía muy tarde emplear otro par de horas para ir y volver al gimnasio, más la actividad en sí. Aparte de que me daba algo de pereza.

Y descubrí a Shaun T, un bailarín que, ha participado en obras de teatro, en la tele, en coreografías de películas, ha trabajado como cuerpo de baile con Mariah Carey o los hermanos Carter (el rubito de los Backstreet boys y su hermano) y ha sido modelo de ropa deportiva. Después dio el salto a los programas de ejercicios en vídeo.

En 2007 creó Hip Hop Abs, un programa de ejercicios que se supone que se centra en los abdominales. No sabía que había tantos movimientos en los que el abdomen se veía involucrado… Pero no haces ni una sola abdominal tradicional en el suelo… es todo baile, con movimientos funkies. Tiene algo de coreográfico, pero no es una canción, sino que tienes un hilo musical de fondo que te marca el ritmo. Al final de algún que otro ejercicio sí que tienes ejercicios de suelo, pero de levantamiento de piernas o brazos.

El programa está estructurado en dos meses e incluye 7 vídeos que se combinan según el calendario. Básicamente hay 3 bloques de unos 30-40 minutos:

Fat Burning Cardio (ejercicios de cardio)

Ab Sculptur (más enfocado al tronco)

Total Body Burn (a quemar grasas en general)

En el segundo mes habrá los mismos bloques, pero Nivel 2. Además, hay un séptimo vídeo que es Hips, Buns and Thighs (cadera, glúteos y muslos). Este se incluye en los dos meses y se combina con alguno de los otros 3 principales. Es más corto y dura 25 minutos. También hay algún que otro extra con coreografías no tan de aerobic, sino más como si fueras miembro de un cuerpo de baile.

Así pues, siguiendo el calendario, tienes 6 días de ejercicios, de aproximadamente unos 45 minutos, y un día de descanso. La primera semana es para acostumbrar al cuerpo, yo tenía agujetas por todos lados. La segunda semana, vas notando que coges forma, ya no tienes molestias, te vas haciendo con los pasos, tienes más ritmo. La tercera y cuarta, aunque sigues sudando, ya dominas los pasos, subes la intensidad, haces los movimientos con más soltura añadiendo golpes de cabeza y cosas así, te vas notando mejor.

De forma que cuando llegas al segundo mes y los ejercicios se hacen más rápidos, exigen más, tu cuerpo ya está preparado para subir de nivel. Eso sí, del primer a último día no se para de sudar. Y cuando digo sudar, me refiero a acabar empapada, goteando y con la cara rosa.

Es un programa en teoría dedicado al abdomen, como comentaba al principio, y, aunque no conseguí tableta, y tampoco la quería; sí que se aprecia cómo el cuerpo pierde algo de volumen y se fortalece.

En 2008 lanzó Rockin’ Body, similar al anterior, pero con pequeñas modificaciones. El programa de ejercicios parte de la misma base: una serie de vídeos que se repiten a lo largo del tiempo siguiendo un calendario. En este caso, son 7 vídeos, aunque hay uno de ellos que es como introducción y apenas lo repites.

1. Mark, Move & Groove (15 minutos) Este es el vídeo iniciación, te enseña la técnica, el cómo van a ir los vídeos, las repeticiones, el ritmo, el tipo de ejercicios que más o menos se repiten…

2. Party Express (25 minutos)

3. Rock it Out (45 minutos) Este es uno de los más duros, no sólo por el tiempo del vídeo, sino porque son ejercicios de baile, como el resto de vídeos, pero añadiendo pesas, y unos minutillos de flexiones. Las pesas si no las tenéis, podéis omitirlas, usar unas botellitas de medio litro… dependiendo de la definición de músculos que se quiera.

4. Disco Groove (35 minutos)

5. Shaun T’s Dance Party (45 minutos). Es una coreografía que te aprendes en varias partes y al final la repites un par de veces toda unida.

6. Hard-Core Abs (10 minutos). Pese al título no es un vídeo de abdominales en el suelo, ni se hacen tan duras. Son 10 minutos de ejercicios de brazos y piernas (siempre en vertical) en los que el abdomen se ve involucrado. Así que a la vez haces brazos, piernas, abdomen e incluso glúteos. Muy en la línea de los ejercicios del Hip Hop Abs.

7. Booty Time (30 minutos). Está orientado a caderas, muslos, glúteos y abdominales. Es una rutina de baile también, pero con ejercicios más focalizados.

Está bien que sea sólo de un mes, porque en nada te has ventilado los vídeos. Quitando dos de 45 minutos, el resto son más cortos, por los que se van combinando, así que puede llegar a aburrir. O quizá no, si tardas en coger los pasos, supongo que viene bien el repetir las coreografías de vez en cuando. Pero no hay que ser muy profesional, lo va repitiendo poco a poco, primero pies, luego brazos, luego ya con más energía… en repeticiones de 16 veces, luego 8, después 4 y finalmente 2… así que creo que es apto para todo el mundo, aunque te puedas considerar un pato mareado.

No hay mucha dificultad de movimientos, incluso los más exigentes tienen un paso modificado en el que evita que saltes o hagas más esfuerzo del que podrías… Porque lo importante es moverse, llegar hasta donde cada uno pueda, ir superándose poco a poco, no pegarse una panzada que te lesione y te quite las ganas. Además, tampoco necesitas material. Hay ejercicios con pesas, pero puedes buscar alternativa, o hacer la versión modificada sin ellas (como unas tobilleras/muñequeras). Así que una toalla, agua, ropa cómoda y calzado adecuado y listo.

Cada entrenamiento se divide en calentamiento, un par de coreografías de 10 minutos cada una y el estiramiento. Así que aunque en el global te queden 20 minutos, si te fijas en el parcial y ves que quedan 3, pues te esfuerzas, después paras un poco, bebes agua y continúas otro tramo más… Hace que se lleve mejor, piensas “venga, que ya no me queda nada“.

Cuando Shaun T vio que sus vídeos con pequeñas rutinas tenían tanto éxito en sus redes sociales, se planteó en volver a lanzar otro programa de baile. Y nació Cize en 2015.

Se diferencia de los dos anteriores en que requiere algo más de exigencia. Mientras que Hip Hop Abs y Rockin’ Body estaban más orientados a ponerse en forma, en Cize el objetivo es aprenderse una coreografía como si formáramos parte de un cuerpo de baile y nos estuviéramos preparando para acompañar a un artista en su actuación o fuéramos a intervenir en un vídeo musical. Mientras tanto, promete mejorar la flexibilidad y tonificar todos los músculos del cuerpo. Se trata de hacer ejercicio, aunque sin ser casi conscientes al estar metidos de lleno en la coreografía. En este último programa, Shaun T ha sacado su lado de coreógrafo profesional y quiere demostrar que todo el mundo puede aprender a bailar.

El lema de Cize es The End of Exercize™ (el fin del ejercicio), pero no significa que no se sude o no requiera de esfuerzo. Al contrario. Cada una de las sesiones es más exigente que la anterior.

El programa se estructura en torno a 6 bailes de unos 40-45 minutos. En cada una de las sesiones se van aprendiendo diferentes movimientos que, unidos, conforman una rutina de baile. El nivel se va complicando semana a semana aumentando la complejidad e intensidad. Mientras tanto, se desarrollan habilidades como la coordinación y el ritmo.

Se puede elegir entre dos tipos de calendario: principiante y avanzado. En el nivel principiante se dedica una semana por canción, para aprenderla tranquilamente y sin prisas. Sin embargo, si este modo te parece aburrido o ves que coges bien los pasos, tienes la opción avanzada en la que se concentran las 6 rutinas en un mes, alternándolas entre las 4 semanas.

1. CRAZY 8s: Cuentas con 35 minutos para aprender los movimientos de HANDS IN THE AIR de Timbaland.

2. YOU GOT THIS: En este segundo vídeo la canción elegida es TREASURE de Bruno Mars.

3. FULL OUT: En este nivel empezamos a subir el ritmo y la canción elegida es LOSE MY BREATH de Destiny’s Child.

4. IN THE POCKET: En la línea del anterior, los movimientos de esta rutina son fluidos mientras suena PROBLEM de Ariana Grande.

5. GO FOR IT: Ya estamos casi al final del programa y se nota la complejidad. Para este caso la canción elegida es PASS THAT DUTCH de Missy Elliott.

6. LIVIN’ IN THE 8s: Para finalizar, mi favorita. Esta coreografía es la que más me costó. El resto las aprendí bastante bien, de forma fluida, no tenía problemas con cambio de pesos, giros o ritmos, pero el CHANDELIER de Sia está a otro nivel. Y es que es la última canción.

Como extra, Cize incluye 8 COUNT ABS WORKOUT, una clásica tabla en el suelo para hacer abdominales. Se trata de 8 minutos, así que se puede usar combinado con la sesión del día, O para aquellas jornadas en las que no cuentas con mucho tiempo.

Algo que me gusta de este programa es que además de la versión larga de unos 40 minutos en la que aprendes la coreografía, también puedes seleccionar la versión corta que son los 2-3 minutos que dura la rutina. Por lo que si hay un día que necesitas una opción exprés, puedes hacer varias rutinas, el vídeo de abdominales y listo.

Y es que aunque los tres programas vienen con su calendario, no siempre podemos dedicar 6 días de ejercicio a la semana. Pero la ventaja de este tipo de entrenamientos es que puedes realizarlo en casa a tu ritmo. Quizá le puedas dedicar solo 3-4 días a la semana. Te llevará más tiempo acabar el planning establecido, pero es cuestión de adaptarlo. Se trata de progreso y constancia.

Sin duda una buena elección si quieres hacer ejercicio en casa, a tu ritmo y sin pasar vergüenza cuando no coordinas bien. Y si se te da bien el baile, una buena opción de quemar calorías y desentumecer el cuerpo después de un día ajetreado mientras te diviertes.

Conclusiones Edimburgo

Edimburgo es una ciudad construida sobre su historia que cautiva al visitante al primer golpe de vista. En ella se respira su alma gótica con sus edificios antiguos, cementerios lúgubres, closes estrechos y las calles empedradas y húmedas.

Y es que son sus calles su mayor atractivo.

 

Edimburgo es una ciudad para visitarla caminando, sin prisas, bajo la lluvia y la neblina que le dan un aura misteriosa. En cualquier rincón puede haber algún callejón estrecho lleno de historia, encanto y misterio.

Es el contraste de la intacta Old Town en la que predominan las callejuelas vertiginosas y sus estrechos callejones medievales donde aún se sienten las estrecheces de la vida intramuros;

frente a la elegancia del ensanche de la Ciudad Nueva en la que se suceden casas georgianas, jardines bien cuidados y una organización de las calles y plazas muy cuadriculada. Tiene dos almas.

Es enigmática, hecha para la melancolía. Hay tantas cosas para ver, vivir y admirar que faltan días para poder conocerla a fondo. Sin embargo, para una escapada de 2 días se puede descubrir lo principal. Creo que el planteamiento inicial era correcto, una división aprovechando el dibujo propio de la ciudad.

Edimburgo

Un primer día para un viaje en el tiempo recorriendo la medieval Royal Mile. Una calle llena de vitalidad con sus pubs, tiendas de recuerdos y productos escoceses. A lo largo de ella descubrimos el alma de una ciudad viva, misteriosa y cautivadora. Un foco cultural que brilla como nunca durante el Fringe, una pena no haber estado allí durante el festival.

Un recorrido desde el castillo hasta el Palacio de Holyrood y acabando en el mirador de Arthur’s Seat.

Y un segundo día visitando el majestuoso castillo en su magnífico enclave defensivo. Seguramente dedicándole toda una mañana y dejando la tarde para pasear por la New Town y descubrir las calles cuadriculadas que muestran el poderío de las familias adineradas del siglo XVIII.

Para finalizar, qué mejor broche que ascender a la colina de Calton Hill y disfrutar de la conmovedora panorámica. Desde allí tendremos una imborrable vista del skyline de Edimburgo. De postal.

Edimburgo es una ciudad de gran esplendor y atractivo, con una historia rica y una atmósfera única. Pero no sólo está unida a su historia y tradiciones como la música, los tartán, los pubs antiguos y la buena gastronomía del territorio, sino que es también una ciudad rica de nuevos fermentos culturales y cosmopolita.

Edimburgo es señorial, única, mágica.

Road Trip por Escocia. Día 2: Castillo de Edimburgo y New Town

Continuamos con nuestro recorrido. Desde Grassmarket emprendimos la subida al castillo por Castle Hill.

Antes de llegar al castillo pasamos por The Witchery, uno de los templos gastronómicos locales gracias a platos como el pato a la miel y una bodega de hasta 900 vinos.

El castillo es la atracción turística más popular del país. La más conocida y la más visitada. Es el punto de referencia que domina el horizonte de Edimburgo sobre un volcán extinguido. Llegamos a su puerta principal tras cruzar la explanada donde tienen lugar eventos como el concierto de la noche anterior y donde entre 1563 hasta 1722 se quemó a más de 200 mujeres acusadas de brujería.

Tras pasar el puente cruzamos la puerta principal, guardada por dos héroes del siglo XIII: William Wallace y Robert The Bruce colocadas en 1929.

El castillo se comenzó a construir en el siglo XII, aunque es una mezcla de diferentes estilos arquitectónicos de diversas épocas. Ha sido testigo de la larga y pintoresca historia de Escocia. Durante la Edad Media fue la residencia de los reyes de Escocia, fue utilizado como atalaya defensiva, acogió la primera sede del Parlamento y también sufrió el asedio de los ingleses. La fortaleza ha funcionado como palacio real, cuartel y prisión en distintas épocas de su historia. Hoy en día se usa para fines civiles.

Nada más cruzar el puente tenemos las taquillas. Puedes comprar el billete sencillo, o el Explorer Pass, como fue nuestro caso. Nos dieron un folleto, nos graparon los tickets, y para dentro.

Me sorprendió ver estas dos cabinas. Normalmente se asocian a Londres, claro, pero en realidad las hay por todo el Reino Unido.

Nuestra siguiente puerta a cruzar es la Portcullis Gate o puerta del rastrillo por su entramado en forma de rejilla.

Tras pasar el cuerpo de guardia y el último puente levadizo que se construyó en Escocia, se puede puede admirar mirando hacia arriba la fortificación semicircular que delimita las defensas del castillo, llamada Half Moon Battery.

Sin embargo, a nuestro nivel tenemos la Argyle Battery,

y a continuación la Mill’s Mount Battery, desde donde cada día desde 1861 a las 13h (excepto los domingos, vaya casualidad) se dispara una salva de cañón que en su día servía como señal para las embarcaciones.

En el año 1852 en el monumento a Nelson, en Calton Hill, se instaló una bola que caía a diario a las 13 horas para que los marineros ajustaran sus cornómetros. Sin embargo, como en Edimburgo raro es el día que no hay niebla, en 1861 se comenzó a disparar el One o’clock gun para acompañar la señal visual con una auditiva.

Hoy en día marca también la hora de comer de los edimburgueses.

Desde estos bastiones protegidos por cañones podemos disfrutar de unas impresionantes vistas panorámicas de la ciudad (siempre que esté despejado) gracias a su posición majestuosa sobre la colina volcánica cuyas tres laderas son prácticamente verticales. Justo enfrente tenemos los Princes Street Gardens, y vemos cómo se articulan detrás las calles de la New Town.

Si nos giramos un poco hacia la derecha se alcanza a ver el monumento a Walter Scott y la noria junto a él.

Y si nos giramos del todo, veremos el Hotel Balmoral y al fondo Calton Hill.

Por el contrario, a la izquierda, vemos la silueta de la The Parish Church of Cuthbert y al fondo, ya en la cuadrícula de la ciudad nueva, la St Mary’s Cathedral.

Desde la batería sale cada cuarto de hora una guía gratuita que te lleva por los patios del castillo explicando qué es cada uno de los edificios y qué supuso en la historia, tanto de la fortificación, como de la ciudad y la nación. Es solamente en inglés, pero si te manejas en el idioma (y ajustas bien el oído al acento escocés) merece bastante la pena.

La visita al castillo puede llevar un par de horas y se puede visitar prácticamente en su totalidad. Se puede recorrer por libre, con visita guiada, o, si se desea, con una audioguía, que las hay hasta en 6 idiomas disponibles. Entre otras cosas se puede descubrir el Tesoro Real Escocés, las Joyas de la Corona Escocesa y la Piedra del Destino.

Los primeros reyes de Escocia eran coronados en una ceremonia al aire libre en la que el rey se sentaba en la Piedra del Destino, que simbolizaba la unión del monarca, la tierra y el pueblo. Es una piedra de tipo arenisca que sigue siendo un símbolo muy poderoso para Escocia y su gente.

Eduardo I robó la piedra y se la llevó a Inglaterra como trofeo de guerra en 1296 y permaneció en la Abadía de Westminster durante 700 años. Esto creó un conflicto (otro más) entre escoceses e ingleses, hasta que en 1950 fue robada por unos nacionalistas escoceses con tal mala suerte que se les rompió por el camino. Volvió a Westminster bajo la tutela de la iglesia escocesa, y no fue hasta 1996 cuando se les entregó de nuevo a Edimburgo. Desde entonces se exhibe en el castillo y solo se presta para coronaciones, teniendo que regresar a la sala días después. Veremos a ver cuando muera Isabel II.

Tras la Unión de las Coronas en 1603 sólo ha habido dos coronaciones más en Escocia: la de Charles I, que se celebró en la Abadía de Holyrood en 1633, y la de Charles II en Scone el 1 de enero de 1651. La Corona de Escocia está hecha de oro de las minas escocesas y decorada con diamantes, amatistas y granates. El Cetro, de plata dorada, está rematado con una esfera de cristal de roca.

También se puede visitar la sala en que María Estuardo dio a luz a su hijo Jacobo, que sería Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra.

Pero volviendo al exterior, tras las baterías llegamos al National War Museum of Scotland, un museo que expone 400 años de historia militar que disfrutará cualquier amante de las reliquias bélicas.

Al lado se encuentra la Governor’s House, sede del círculo de oficiales

y un poco más arriba la New Barracks, la construcción más grande de todo el conjunto. Y en un anexo el museo dedicado al regimiento.

Antes de entrar por la Puerta de Foog, hecha con roca volcánica, a mano derecha nos quedan los Vaults, unos locales subterráneos donde encerraban a prisioneros extranjeros y la Military Prison. La prisión se construyó en 1758 durante la guerra de 7 años entre los escoceses y franceses. Aunque en ella también pasaron tiempo unos veinte piratas del Caribe que navegaron por la costa de Argyll.

Además se puede acceder a las mazmorras, que recrean una prisión del siglo XVIII. En sus puertas se pueden ver inscripciones de los prisioneros, sobre todo franceses, que estuvieron en ellas durante los siglos XVIII y XIX.

Tomando la puerta de Foog llegamos al patio superior.

Desde esta altura las mejores vistas desde el castillo se obtienen sobre los bastiones que se encuentran frente a la St. Margaret’s Chapel, el edificio más antiguo del castillo y de la ciudad (1100) y realmente minúsculo. Solo caben una docena de personas dentro. Santa Margarita se convirtió en la reina de Escocia en 1070, tras casarse con el rey Malcom III. Años después de morir, su hijo, David I, decidió construirla en su honor.

En este polvorín se encuentra el cañón gigante Mons Meg de más de 500 años de antigüedad que disparaba piedras de hasta 150 kilos a una distancia de 3.2km. Estuvo durante casi 200 años en la Torre de Londres y volvió a Edimburgo en 1829 por intermediación de Sir Walter Scott.

Debajo de estos bastiones se encuentra el pequeño cementerio de los animales domésticos de los soldados. Este espacio se habilitó en 1840, una época en la que el castillo estaba aislado del exterior.

Para finalizar, nos adentramos en la Plaza de la Corona, donde se encuentran el Palacio Real, un memorial a los muertos en combate, The Great Hall y por supuesto el edificio donde se guardan las Joyas de la Corona, una sala con una puerta blindada al estilo de un banco y donde no se pueden hacer fotos.

En la plaza se puede ver la inscripción 1566, año en el que nació Jacobo, hijo de María Estuardo.

En el Palacio Real se puede pasear por las diferentes estancias, y la más famosa, como decía, es la habitación donde dio a luz María Estuardo a su heredero. Las salas están repletas de detalles y ornamentación. No hay más que ver el dibujo del techo o la madera que forra las paredes. Por supuesto, no pueden faltar los escudos familiares.

En el Scottish National War Memorial encontramos una edificación similar a una iglesia que comenzó como un espacio dedicado a los caídos en la I Guerra Mundial. Sin embargo, con la participación en sucesivas guerras, se ha ampliado de una forma más genérica y hay inscripciones en recuerdo de los soldados muertos en diferentes contiendas.

Para finalizar la visita, tras recorrer los diferentes edificios de la plaza, salimos por la Torre de David que nos lleva a la Half Moon Battery y nos dirigimos hacia la salida.

Tras la visita al castillo y con la lluvia intermitente acompañándonos, nos dirigimos de nuevo a la parte nueva de Edimburgo, que al contrario de la Ciudad Vieja no tiene nada de medieval, sino que predomina el estilo georgiano con calles diseñadas con escuadra y cartabón. Su calle principal es Princes Street, pero son interesantes  Rose Street, una alegre y colorida calle peatonal en la que abundan pubs, restaurantes y tiendas así como George Street.

De camino a esta zona transitada pasamos por Queensferry Street donde se encuentra el West Register House, el archivo de la ciudad, cuyo edificio recuerda a las cúpulas de las iglesias alemanas.

En esta zona se encuentran varias embajadas. Cerca de la rusa se erige St Mary’s Cathedral, construida a finales del siglo XIX a imitación de las grandes catedrales góticas del medievo.

Fue diseñada por Sir George Gilbert Scott y cuenta con dos torres gemelas. Es la catedral más grande de toda Escocia y es la única que mantiene la tradición de adoración coral diaria. Además, cuenta con su propia escuela de gran renombre, por cierto.

Pasamos a su interior, que es bastante sencillo, y después la bordeamos.

En sus aledaños hay unos edificios de piedra de estilo gótico victoriano que, junto al parque, le dan ese carácter y estilo escocés. Destacan los tejados a dos aguas con chimeneas estrechas de tres agujeros.

Y con tanto paseo nos dio la hora de comer. Y lo hicimos en The Standing Order, un pub que pertenece a la cadena Weatherspoon. Mi hermano tenía buenas referencias de esta cadena de Londres, donde por unas £5 tienes una hamburguesa con patatas fritas (o ensalada) y bebida (algo más si es cerveza). Así que buscó en google, le salieron tres opciones y nos fuimos al restaurante más cercano. Resultó ser un antiguo banco. De ahí su nombre, que en inglés significa “orden bancaria”. Era una sucursal del Union Bank of Scotland.

Es un edificio neoclásico de finales del siglo XIX, y aunque se ha reconvertido en restaurante, mantiene la decoración y estética con sus techos altos ornamentados, así como las divisiones de lo que en su día fueron las oficinas. Incluso se conserva la antigua caja fuerte del banco.

Como era tarde para comer según los parámetros locales, no estaba muy lleno en la zona de comedor. De hecho, en nuestra sala, de 5 mesas ocupadas en 3 estábamos españoles. En la que teníamos al lado estaba comiendo una familia de Albacete que nos preguntaron que de qué comunidad éramos al oírnos hablar en español. Sin embargo, debe llenarse en días de competiciones deportivas, incluso tienen un cartel en el que indican que no está permitido acudir con camisetas, banderas o emblemas de equipos. Supongo que para evitar encontronazos entre aficionados de equipos rivales.

En cualquier caso es apto para todos los públicos, incluso tiene sala familiar donde los niños pueden jugar o pintar. Lo digo como caso excepcional porque en Escocia en los pubs a partir de las 6 de la tarde no permiten la entrada de menores.

Como decía, esta cadena triunfa por el combo de la hamburguesa, pero hay más ofertas en la carta de plato + patatas/ensalada + bebida. Pedimos para compartir unos nachos y unos aros de cebolla y después cada uno nos elegimos un plato principal: un bagel de queso y salmón ahumado; una patata asada con queso y ensalada (eché de menos el aceite y vinagre…); y “algo así como lacón” con huevos y patatas.

La carta está muy bien desglosada indicando las calorías, los ingredientes para los alérgicos, si es picante y si es apto para vegetarianos/veganos. No te atienden en mesa, sino que has de fijarte en el número que se indica donde te has sentado y pedir en barra diciendo este número. Te puedes llevar la bebida, y ya te llevarán la comida al sitio.

Como teníamos tiempo y seguía lloviendo, nos quedamos un rato más después y decidimos pedir postre. Bueno, yo me conformé con un té, ellos acompañaron su cerveza con una apple crumble (que parece una deconstrucción de tarta de manzana) y una típica tarta de queso con caramelo. Los españoles de la otra mesa (no los de Albacete), se pidieron unos churros.

Con el estómago bien lleno y ya algo más secos, emprendimos el regreso al apartamento, pues mi hermano tenía que recoger la mochila, ya que se volvía esa misma tarde a Londres.

De camino pasamos por la National Gallery, un museo inaugurado en 1859 que exhibe obras de arte de la pintura occidental desde el Renacimiento hasta el Postimpresionismo.

El edificio neoclásico está dividido en tres plantas. En la baja y en la zona sur de la superior se exponen obras de grandes maestros desde el siglo XVI hasta el XIX, además de algunos impresionistas. En la zona norte de la superior se exhiben colecciones de pintores italianos y de los Países Bajos anteriores a 1530.

Su entrada es gratuita, por lo que no es mala idea resguardarse en él cuando amenaza lluvia.

Domingo 24

Volvimos de nuevo a High Street recorriendo de nuevo parte de la Royal Mile entrando en las tiendas de la zona echando un ojo a los souvenirs y tiendas de whiskys y trajes típicos escoceses.

Tras recoger la mochila, acompañamos a mi hermano hasta el bus que le llevaría al aeropuerto y nos fuimos a dar un paseo ya con más calma. Compramos la cena y nos fuimos al apartamento a preparar la maleta, ya que el día siguiente dejaríamos Edimburgo.

Road Trip por Escocia. Día 2: Edimburgo

El domingo amaneció lloviendo, como ya esperábamos. Menos mal que el día anterior nos dio bien de sí. Desayunamos en el apartamento y salimos dirección a la Universidad. El castillo no abría hasta las 9, y como el día anterior se nos había quedado alguna cosa fuera de la ruta, pues aprovechamos para verlas de camino.

Uno de estos puntos que nos habíamos dejado fue la Universidad, así que allí nos dirigimos. Lamentablemente no era lo que esperábamos, ya que son edificios bastante modernos, y los únicos que parecían ser medianamente interesantes, estaban en obras de mantenimiento rodeados por una gran valla.

Así que continuamos hasta la famosa iglesia Greyfriars Kirk, donde se reafirmó la independencia de la iglesia escocesa en un Pacto Nacional que causó la muerte de muchos de sus firmantes.

En la entrada de la iglesia está la estatua de Bobby, un perro que veló la tumba de su amo durante 14 años. Muchos habitantes de la ciudad le llevaban alimentos hasta que falleció en 1872 y fue enterrado junto a su amo. Me recuerda a la historia de Hachiko. La tumba tiene ofrendas, si se le pueden llamar así: palos y peluches.

El cementerio de la iglesia es un gran parque en el que se suceden tumbas de varios estilos y tamaños. Hay lápidas sencillas, cruces celtas, grandes mausoleos… En este camposanto descansan muchas figuras célebres de la ciudad.

Sin embargo, es uno de esos escenarios del Edimburgo macabro, tenebroso y lúgubre. Es conocido por algunos sucesos un tanto extraños. Poco después de que alguien forzara la puerta del mausoleo de William Mackenzie, un abogado responsable de muchas de las sentencias de muerte de los covenanters (los firmantes de una alianza contra los católicos), algunos visitantes de Greyfriars experimentaron cortes, mordeduras, heridas, desmayos, quemaduras, oyeron ruidos inexplicables… El ayuntamiento cerró esa parte del cementerio, sin embargo, se pueden hacer visitas guiadas nocturnas.

Sobre algunas lápidas, o al lado, se ven muchas calaveras con dos fémures cruzados, esto indica que el difunto había sido víctima de la peste. Como no se sabía cómo se contagiaba la enfermedad, marcaban las tumbas para que la gente se mantuviera alejada.

Nos llamaron la atención algunas tumbas con rejas encima. No sabíamos muy bien a qué podía deberse, porque salvo que temas una invasión zombie… Pero después leímos en una placa que se instalaban para evitar las profanaciones de los ladrones de tumbas que vendían los cuerpos a las escuelas de medicina.

En el siglo XIX llegó el auge del estudio de la anatomía, el problema es que no había cuerpos con lo que experimentar. Demasiados estudiantes para pocos criminales ejecutados con los que trabajar. Y así nació el fenómeno de los ladrones de tumbas. Y los hurtos eran tantos y tan frecuentes, que en algunos cementerios se levantaron vallas de una buena altura, incluso torres de vigilancia.

Por si acaso, además, las sepulturas se protegían con muros internos y las rejas que se ven en la fotoUn recurso menos radical era recurrir a la calavera de la peste, así las familias se aseguraban que sus seres queridos no fueran exhumados ilegalmente por miedo a un posible contagio.

En las inmediaciones de la iglesia y cementerio también podemos encontrar los restos de la muralla. La parte de Flodden Wall.

Como ya comenté, las murallas se levantaron en el 1427. Por el norte la ciudad estaba delimitada por el pantano (en la actualidad, los jardines de Princes Street). Quedaba elevada accesible solo a pie a través de estrechos callejones. Además, el Castillo, asentado sobre la roca volcánica, servía de barrera en el oeste. Sin embargo, la Royal Mile quedaba vulnerable en caso de un ataque enemigo desde el sur y el este. Así pues, por orden de James I se levantaron para proteger a la ciudad, pero también para controlar quién entraba y salía y así cobrar impuestos a los comerciantes, prevenir contrabando y evitar contagio por enfermedades. Sin embargo, esta tasa también provocó que muchos ciudadanos quedaran encerrados, puesto que no podían permitirse el pago del acceso al regresar a sus casas. A este tramo se lo llamó King’s Wall, la Muralla del Rey.

En 1513 el rey escocés James IV invadió el norte de Inglaterra en la llamada batalla de Flodden. Tras la derrota escocesa y muerte del rey en combate, se decidió que había que reforzar las murallas ante una posible invasión inglesa. Pero la ciudad había crecido un poco hacia el sur, por lo que se trazó un espacio superior al existente. Sobreviven este tramo en el cementerio de Greyfriars, otro al norte de Grassmarket, un tercero en Pleasance y el cuarto en The Vennel.

Un siglo más tarde, en 1628, la muralla se volvió a ampliar. El trazado de este tramo llamado Telfer Wall, sirvió de extensión de la Flodden Wall. Se conservan un par de tramos en la prestigiosa escuela George Heriot además de en Greyfriars.

Con el tiempo, las murallas se convirtieron en un arma de doble filo, ya que la población siguió creciendo y al no poder expandirse en horizontal, se comenzó a edificar en vertical. Proliferaron los altos y precarios edificios en donde las condiciones eran insalubres. Así pues, aunque los muros se levantaron también con intención de evitar infecciones, al final propiciaron que el hacinamiento de la población constituyera un foco de enfermedades (además de plagas e incendios).

Y por eso hacia mitad del siglo XVIII las murallas se fueron echando abajo. Ya no eran necesarias para defender Edimburgo o regular el comercio. Y a la vez se comenzó a trazar un desarrollo urbanístico por el norte de la ciudad. Así nació la New Town.

Volviendo a la Iglesia, detrás de ella se encuentra el impresionante y lujoso colegio privado George Heriot’s School, que en su origen era para huérfanos, pero hoy es de pago. Se dice que este colegio de estilo gótico inspiró a Rowling en la creación de Harry Potter.

Dejamos el misterioso cementerio y continuamos nuestro camino. Siguiendo Candlemaker Row y Cowgatehead llegamos a Grassmarket, una zona llena de ambiente por los pubs.

Se articula en torno a un paseo y una plaza peatonal. En ella es donde se encontraba la antigua horca de la ciudad donde tenían lugar las ejecuciones de la ciudad. Hoy en día hay una piedra conmemorativa que atestigua dónde estaba instalada.

No muy lejos de la piedra conmemorativa está el pub The last drop, donde se dice que acudían los condenados a tomar su último trago.

Grassmarket es sinónimo de sucesos. En la zona había disturbios y desórdenes públicos. Además, para añadir más datos macabros, en un close que desemboca en la plaza tenían su guarida dos maleantes que asesinaban para hacerse con cadáveres y así vendérselos al médico Robert Knox para sus experimentos anatómicos. Cuando no encontraban una víctima, exhumaban los cadáveres. Fueron capturados y posteriormente ahorcados en la plaza.

Desde el callejón precisamente se obtienen unas vistas increíbles de los edificios viejos del antiguo West Bow que conduce a la Royal Mile. La calle Victoria es una de las más coloridas y pintorescas de la zona con su subida en dos niveles.

En la actualidad tanto Grassmarket, como sus alrededores, se ha convertido en una zona llena de locales, tiendecitas, pubs y restaurantes que le dan un ambiente que no tiene nada que ver con el macabro pasado. Todo este colorido contrastaba con el color plomizo del cielo y la lluvia que nos acompañaba. Edimburgo en todo su esplendor.

Y ahora sí, tocaba visitar el castillo. Hacia allí nos dirigimos.

Escape Room: The Museum Box, The Box

Le hemos cogido el gusto a esto de los juegos de escape. Y después de probar tres diferentes en los que nos lo habíamos pasado muy bien, en enero, un primo que nunca había podido apuntarse por incompatibilidad de horarios, nos propuso repetir experiencia aprovechando que tenía unos días de vacaciones. Así que no tardamos en buscar y localizar nuestro siguiente objetivo.

Elegimos The Museum Box, de la empresa The Box.

Museum Box

Esta vez había que ponerse en la piel de unos ladrones que quieren robar un lingote de oro de un museo. En unos días van a cambiar el sistema de alarma y no queda otra que perpetrar el golpe ya, si no, todo lo estudiado y planeado no servirá de nada. Para colarnos, contaremos con la ayuda de un guarda que nos abrirá la puerta y desactivará el sistema de videovigilancia durante una hora.

Nada más entrar, el espacio ya nos sorprendió. Hay un amplio espacio separado por unos barrotes tras los que se encuentra el lingote de oro en una urna. Sin embargo, antes de acceder a esa zona, apenas hay nada más que un escritorio y una estantería. Y muchos candados. Hasta la fecha, ni en el Búnker, ni en la Pirámide, ni en el Monasterio nos habíamos encontrado en una situación tan minimalista. Éramos cinco y parecía que nos íbamos a estorbar unos a otros con tan poco como había para buscar. Sin embargo, enseguida pillamos la dinámica, empezamos a revisar, observar, encontrar detalles, pistas, se nos iluminó la bombilla y fuimos resolviendo enigmas paso a paso.

Me gustó esta ambientación, ya que descoloca y te hace centrarte más para llegar al objetivo. Nos metimos de lleno en la historia, y aunque tuvimos algún momento en que nos quedamos un pelín bloqueados, la game master nos echó una mano guiándonos con alguna pista indirecta. Esta vez tampoco pedimos ayuda, pero en la charla previa ya nos explicó que nos iría dando pistas pautadas cada x tiempo. Es algo que tienen estructurado así para que el juego fluya. A veces tienes todos los elementos, pero no estás enfocándolo bien. Las dos veces que nos pasó fue casi por lo mismo. Y es que hay tan pocos elementos en la sala que has de poner todos los sentidos para seguir avanzando.

Pusimos en práctica lo que nos había funcionado en juegos anteriores, como ir agrupando objetos que creemos que significan algo, retirar los elementos usados a otro lado, decir en voz alta lo que hemos encontrado para que el resto del grupo lo sepa (otra persona puede tener la otra mitad del acertijo o la clave/llave que abre un candado) y cuando nos movemos de sala, hacer un resumen de lo que nos queda por usar o solucionar.

Conseguimos salir en 53:02, un tiempo bastante bueno. Aunque lamentablemente, nos quedamos a 3 puntos de entrar en el Top 10 de los mejores tiempos. Pero nos fuimos muy satisfechos y con ganas de repetir. Quizá sea el mejor juego de escape de los que hemos hecho hasta la fecha. Fue muy divertido y no tiene una gran complejidad, aunque sí que hay que prestar mucha atención. El espacio es amplio y no tuvimos problema siendo 5 personas. Además, el hecho de que la resolución de enigmas no sea lineal, permite dividirse y trabajar en equipo.

Muy recomendable. Tienen otra sala, The Haunted Box, y una tercera que abrirán próximamente. Habrá que ir buscando fechas.

Road Trip por Escocia. Día 1 Parte III: Edimburgo

De nuevo en la Royal Mile, pasamos por una línea de casas famosas, como donde se alojó el escritor Robert Burns.

O la del conocido reformador John Knox, que fue una de las figuras más importantes de Escocia del siglo XVI y enemigo de María Estuardo. En el edificio se encuentra también el Scottish Storytelling Centre, una casa de madera y piedra que data del siglo V y que recoge la historia de la narrativa escocesa desde sus orígenes hasta el omnipresente Harry Potter.

Un poco más adelante está el pub llamado The World´s End (“El fin del mundo”). Es un local con historia, recibe su nombre de cuanto se encontraba en el límite de la ciudad, donde estaba la muralla. Hoy solo quedan unos adoquines dorados en el suelo donde se encontraban las puertas de entrada y salida.

Continuando la calle nos adentramos en Canongate, que durante años fue considerado como un barrio de mala fama, ya que es donde vivía la gente menos pudiente, ya fuera de la muralla. Ha servido como inspiración para numerosas novelas, relatos e historias a lo largo de la literatura escocesa.

Tras labores de rehabilitación urbanística el barrio ha cambiado y no tiene nada de lúgubre o siniestro. Mantiene su autenticidad gracias a que se conservan sus edificios antiguos y closes. Además, la expansión turística no ha llegado tan abajo de la Royal Mile. De hecho, apenas había gente por esta zona en comparación con otros tramos.

Uno de los edificios más emblemáticos de esta parte de la Royal Mile es el Canongate Tolbooth. Un antiguo edificio de 1591 que hoy se ha reconvertido en pub, cómo no.

Por la zona también se encuentra el Museo de Edimburgo, el principal museo de historia de la ciudad.

Cerca se encuentra también el The People’s Story, un museo gratuito que muestra cómo era la vida de la gente sencilla de la ciudad a lo largo de la historia.

Siguiendo la calle, llegamos a la Canongate Kirk con su cementerio. Se trata de una pequeña iglesia presbiteriana de 1681 que surgió para acoger a los fieles que habían sido expulsados de la Abadía de Holyrood. En la acera frente a su fachada está la estatua dedicada al poeta Robert Fergusson.

En esta zona también podemos descubrir closes como el Dunbar’s Close cuyos jardines del siglo VII conforman un remanso de paz.

Uno de los patios más famosos es el Whitehorse Close, donde se encontraban las caballerizas reales del Palacio de Holyrood en el siglo XVI.

Aunque no recibe su nombre por las caballerizas, sino por la posada White Horse Inn que dio cobijo a los oficiales jacobitas en la época del Príncipe Charlie “el Bonnie”. Desde ese punto salían los transportes de Edimburgo con dirección a Londres, así que no es de extrañar la popularidad del alojamiento, incluso llegaron a tener su propio whisky.

White-Horse

Y llegando al final de la Royal Mile se encuentra el moderno edificio del nuevo Parlamento Escocés. Su planta representa la flor de la democracia plantada en suelo escocés. Se usaron materiales como madera de roble, acero y granito. Es tan moderno que no gustó mucho a los vecinos de Edimburgo ya que rompe con el aspecto medieval de la zona. Es un pegote.

Además, para variar, el presupuesto resultó 10 veces más caro de lo que se había presupuestado, por lo que más polémica aún si cabe. Su arquitecto fue el español Enric Millares, que murió en  el año 2000 mientras se estaba construyendo aún el edificio. Fue inaugurado por la Reina en 2004.

Cruzando, llegamos al Palacio de Holyroodhouse, la residencia de la familia real en Escocia. Cuando la reina se muda en verano, se organiza una Garden Party en la que los invitados han de lucir un protocolo: las mujeres con sombrero y los hombres con falda escocesa. Cómo no.

Fue construido en 1498, en época de Jacobo IV en unos terrenos donde estaba la Holyrood Abbey, una abadía en ruinas (se pueden visitar en el exterior) que se construyó por orden del rey David I en 1128. Cuenta la leyenda que el rey había salido de caza cuando se encontró con un gran ciervo que le tiró del caballo. El rey, para no caer, se agarró de la cornamenta, pero se encontró en sus manos con un crucifijo iluminado. Se encuentra en ruinas desde 1768. Se ha intentado reconstruir, pero la propuesta ha sido rechazada en varias ocasiones.

Se pueden visitar los apartamentos reales que usa la familia real hoy en día. También se pueden conocer las estancias de María Estuardo o las salas de los retratos con los 96 reyes escoceses. Asimismo, se puede pasear por sus espléndidos jardines. No obstante, su entrada no es barata, cuesta casi £40 y no se pueden hacer fotos. Hay un ticket combinado que además permite el acceso a una exposición que acoge obras de la Royal Collecion que normalmente están cerradas al público. Nosotros lo obviamos y continuamos nuestro recorrido.

Sábado 23 II

Para finalizar nuestro paseo del sábado, nos quedaba subir a la montaña del Holyrood Park para ver atardecer. La cima, un volcán ya extinto, recibe el nombre de Arthur’s Seat.

Comenzamos en un aparcamiento que hay cruzando desde el Parlamento, y pensábamos que iba a ser un rato cuesta arriba y ya está. Así que empezamos a subir.

Se va bordeando la ladera de la montaña y vamos viendo los barrios próximos, incluso se alcanza a ver Calton Hill o el castillo.

El inicio era empinado, y fuimos parando a hacer fotos a lo largo de la cuesta. Pero aquello seguía subiendo y no parecía que nos llevara a la cima. Y de repente empezamos a bajar. ¿Quéeeee?

Veíamos la pared rocosa donde había gente haciendo escalada. Al parecer comenzamos por el lugar equivocado, o por el más complicado al menos. Así que tocaba subir otra vez.

Y tras otra media hora, por fin llegamos a la cima. O casi, porque aún queda un último tramo rocoso un tanto empinado.

Pero el esfuerzo mereció la pena al llegar arriba. Las vistas que se obtienen desde el mirador son impresionantes. Se ve prácticamente todo Edimburgo.

Eso sí, hay que abrigarse porque corre bien el aire, y después de la subidita que llegas sudando, conviene prevenir para no resfriarse.

La intención era quedarnos a ver atardecer, pero nos lo pensamos mejor y cambiamos de opinión por cuatro motivos: la temperatura que hacía con ese fuerte aire frío; el hambre, que ya se notaba que era la hora de cenar; que el ocaso no iba a producirse por la zona más fotográfica y que la bajada con escasa luz podía ser peligrosa. Y ya teníamos a un lesionado por torcedura de tobillo, así que no queríamos tentar más a la suerte nada más comenzar las vacaciones.

La bajada fue mucho más rápida y fuimos a dar a Holyrood Park Road, por donde teníamos que haber entrado para que hubiera sido mucho más sencillo. Cenamos en un restaurante próximo. No tenían mucho donde elegir, y más las horas que eran, que ya iban a cerrar la cocina. Así que optamos por pollo y pizza. La salsa estaba muy rica, y me parece buena idea que la pongan en un recipiente aparte para que lo mojes al gusto.

Para finalizar, vuelta al apartamento y a descansar que nos habíamos dado buen tute. Según mi pulsera fitbit unos 29 km. Ahí es nada. Aunque en el parque parece que el GPS se volvió un poco loco (aunque teniendo en cuenta la caminata que nos dimos, quizá no tanto.

En la imagen se puede ver la locura de recorrido que hicimos en Holyrood Park. Teníamos que haber entrado por la parte inferior derecha del mapa. Tomad nota de nuestro error. Salvo que la idea sea salir a hacer senderismo sin más.

Road Trip por Escocia. Día 1 Parte II: Edimburgo

Con la ruta rediseñada, para intentar esquivar la lluvia del domingo, salimos de la residencia y tomamos la calle Clerk dirigiéndonos hacia el South Bridge. Un poco antes de llegar a la Royal Mile nos encontramos con el Old College. En realidad, sólo pudimos hacer una rápida visita por el patio. Tiene un diseño de 1789 y su intención era centralizar toda la Universidad. Hoy en día sólo alberga la Biblioteca, la Escuela de Derecho y algunas oficinas.

Continuando el camino llegamos al cruce del South Bride con High Street, que ya es la Royal Mile. Se trata de la calle principal de Edimburgo, que recibe este nombre por su longitud, 1,8 km, lo que mide una milla escocesa. Está dividida en cuatro zonas: Castlehill, Lawnmarket, High street y Canongate.

Como decía, nosotros empezamos en High Street, la parte en la que abundan tiendas de recuerdos y pubs.

Giramos hacia la izquierda justo bordeando la Tron Kirk, una antigua iglesia presbiteriana que data de 1630. Su campanario quedó destruido en 1824 por un incendio y tuvo que ser reconstruido. A partir de 1952 dejó de usarse como iglesia y hoy en día es un restaurante y un mercado con puestos de objetos de decoración, arte y ropa de lana.

Durante todo nuestro viaje encontramos varios casos de iglesias y catedrales reconvertidas. Con la reforma protestante muchas iglesias católicas quedaron abandonadas y se han aprovechado como recintos para otro tipo de actividades.

Continuamos hasta la High Kirk of St Giles, la iglesia mayor de Edimburgo. Junto a ella se encuentra la estatua de Adam Smith, economista y filósofo escocés, que estaba adornado con un cono de tráfico. Parece que esto es una tradición de los jóvenes como una forma de humillar a la aristocracia y figuras humildes. Lo vimos en varias estatuas de Edimburgo y en Glasgow, donde parece que surgió el movimiento en torno al Duque de Wellington, un personaje algo odiado por los lugareños.

Bordeándola llegamos a su portada, frente a la cual se encuentra la Estatua del Duque de Bucceluch, jefe hereditario del Clan Scott. En este caso el representado es el famoso Walter Scott.

Recibe el nombre de St. Giles como homenaje a un ermitaño francés que vivió en el siglo VII y que se convirtió en patrón de la ciudad. La entrada es gratuita, aunque para tomar fotos hay que dar un donativo de £2. En esta iglesia es donde John Knox promulgó la Reforma Escocesa. Hoy en día en ella se llevan a cabo ceremonias de cierto relieve, como para anunciar la llegada de la Reina a la ciudad o la apertura del Parlamento.

St Giles se sostiene sobre cuatro pilares macizos que provienen de la antigua iglesia normanda del siglo XII. Ha sufrido varios percances, entre ellos un incendio que provocaron los ingleses en 1385 y tras el que hubo que restaurarla. A partir de ahí se tomó el estilo gótico.

Destaca por su carácter gótico con sus arcos apuntados y preciosas vidrieras. Y aunque es pequeña, eso le dota de cierto carácter íntimo. En el interior del siglo XV sorprenden el órgano y la famosa Capilla del Cardo que honra a los caballeros de la Muy Antigua y Noble Orden del Cardo, la orden de caballería más importante de Escocia. Así pues, en el techo de la bóveda no pueden faltar los cardos. En los laterales hay ángeles tocando instrumentos, uno de ellos toca la gaita.

La catedral encuentra en la Parliament Square, una plaza en la que, lógicamente, podemos encontrar el Parliament House, el viejo parlamento escocés. Además, se levanta la estatua ecuestre del rey Carlos II y el Market Cross, el lugar en el que se proclamaban las ordenanzas municipales.

A un paso está el Ayuntamiento, diseñado por John Adam en 1750. A través de unos enormes arcos se puede acceder a un patio donde se encuentra una estatua de Alejandro Magno y su caballo Bucéfalo.

Frente al Ayuntamiento, que también fue prisión y patíbulo se encuentra un símbolo de Edimburgo, el Heart of Midlothian. Se trata de un corazón de adoquines en el lugar en que se encontraba la antigua prisión de la ciudad que fue demolida en 1817. La tradición dice que para tener buena suerte hay que escupir en el interior del corazón. Sí, muy refinada la tradición escocesa. Y además, conviene no pisarlo (aparte de para no resbalar por los escupitajos) porque cuenta la leyenda que quien lo pisa tendrá mala suerte en el amor.

Continuando nuestro paseo llegamos a la impresionante estatua del filósofo David Hume. Tiene un dedo dorado y más desgastado debido a la leyenda que dice que tocar el dedo da suerte a los estudiantes. Si eres visitante, volverás a Edimburgo.

Siguiendo hacia arriba llegamos a la parte de Lawnmarket, que recibe este nombre porque es donde se ubicaba el mercado en su día.

En esta zona la Royal Mile se abre y ensancha desde The Hub. Otra iglesia de piedra reconvertida, en este caso en centro de exposiciones y representaciones. Se construyó en 1845 para albergar la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, pero nunca se llegó a convertir en iglesia. Hoy en día es la sede del Edinburgh Festival. Nos encontramos la zona con vallas y policía y no se podía subir hacia el castillo ya que había un concierto esa misma tarde y tenían a la gente haciendo cola esperando a la apertura de puertas.

Así pues, en The Hub, en lugar de continuar por Castlehill, que como su nombre indica, se articula en torno al castillo, cogimos la calle Johnston Terrace que baja y que bordea la fortaleza. A nuestra izquierda vamos descubriendo la ciudad nueva mientras que a derecha nos va quedando el tapón volcálico con el castillo.

Ya a los pies del castillo nos encontramos con The Parish Church of Cuthbert, una iglesia gótica que durante el siglo XIX era la favorita entre los ricos burgueses de la zona nueva.

Bordeando su cementerio llegamos a Princes Street Gardens. 

Son unos jardines que sirven de límite entre la ciudad nueva y la vieja. Fueron inaugurados en 1820 donde en su día se encontraba un pantano que recibía las aguas residuales de la Ciudad Vieja. El pantano fue drenado en el siglo XIX pues estaba muy contaminado y el cambio fue mucho mejor, dotó a Edimburgo de un carácter totalmente diferente.

Este pulmón verde en medio de la ciudad tiene una extensión de 150.000 metros cuadrados y está muy bien cuidado, aunque supongo que su clima debe ayudar mucho. Se abre a las 7 de la mañana y su hora de cierre depende de la época del año y la luz solar.

Tiene una zona de atracciones para niños, una noria, locales donde comer o tomar algo, y por supuesto, a lo largo de su extensión está lleno de bancos donde sentarse a descansar, observar el paisaje o picotear un tentempié. Algunos de ellos tienen placas, y es que puedes donar una módica cantidad y honrar a alguien.

El monumento más importante de los jardines es Ross Fountain, una fuente que procedía de la Exposición de Londres de 1862. La compró Daniel Ross, un fabricante de armas, y se instaló en 1872. Consta de cuatro figuras femeninas de hierro que representan las Artes, la Poesía, la Ciencia y la Industria.

En el recinto de los jardines se encuentran estatuas de figuras importantes de la historia de Escocia: David Livingstone, el Dr. James Young Simpson y Adam Black, así como escoceses caídos en las distintas guerras.

También hay una piedra conmemorativa de cuando los noruegos estuvieron en Escocia durante los años de la II Guerra Mundial. La tropa noruega encontró hospitalidad, amistad y esperanza durante aquellos trágicos años de exilio. En su memoria se talló esta piedra en 1978.

Hacia el final de los jardines destaca el Reloj de Flores, el más antiguo del mundo en su estilo. Data de 1903 y lo forman más de 3000 plantas de diferentes especies.

Salimos de los jardines y volvimos a Princes Street, la arteria principal en la que destacan locales comerciales y restaurantes.

Los más famosos son Jenners, que están considerados los grandes almacenes más antiguos del mundo. Se abrieron en el siglo XIX y ha sufrido remodelaciones debido a un incendio. En su interior se mantiene la estética de la época en que se construyó, incluso conservan algunos ascensores y escaleras mecánicas originales.

Frente a los almacenes tenemos el monumento a Sir Walter Scott. No se puede entender Edimburgo sin Scott, uno de los escritores más famosos de la literatura escocesa que nació y murió en la ciudad.

De estilo neogótico, este monumento se erigió en su honor tras su muerte. Fue diseñado por George Meikle Kemp y consta de una torre de pizarra de Livingston 61 metros en cuya base hay una estatua del escritor descansando con su perro tras haber terminado una de sus obras.

En su origen la torre no tenía ese color, pero con los años, por culpa de la contaminación industrial ha llegado a nuestros días con ese color negruzco que contrasta con la estatua de mármol blanco de Carrara.

La torre está coronada por una aguja decorada por 64 personajes de las obras de Walter Scott. La entrada cuesta £5 y permite acceder a las distintas plantas por una escalera de caracol de 287 peldaños. Desde arriba se pueden disfrutar de unas vistas panorámicas de 360º de Edimburgo y además te dan un certificado para corroborarlo. Lamentablemente para nosotros ya era muy tarde y estaba cerrado.

Continuamos nuestro recorrido siguiendo la Princes Street. Pasando el puente nos encontramos con el lujoso Hotel Balmoral, en cuya suite 552 JK Rowling escribió el final de la saga de Harry Potter. Vaya cambio, comenzó en un pub y acabó en una suite. Destaca su torre del reloj.

Pasando el hotel, la calle Princes nos conduce hasta la colina de Calton Hill, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Un tapón volcánico que sirve de mirador.

Mientras se va ascendiendo por los senderos vamos obteniendo diferentes vistas de la ciudad. Y nos vamos encontrando con varios puntos de interés. Primero tenemos el Old Calton Cemetery, un cementerio de 1718 donde se erige el famoso Obelisco Negro que se levantó en honor a los fallecidos por sus creencias políticas. En el cementerio está está la tumba del filósofo David Hume.

Una vez arriba, nos encontramos con un parque salpicado de monumentos de estilo griego. Varios arquitectos a lo largo de los siglos han querido dotar a la colina de un carácter de acrópolis griega. Aunque el resultado es un batiburrillo de edificios sin ton ni son.

El National Monument se diseñó con la idea de servir para honrar a los caídos en las guerras napoleónicas. Este panteón se comenzó a construir en 1826 como un intento de imitar el Partenón, pero se acabaron los fondos y quedó inacabado. Ha sido considerado como la vergüenza de Edimburgo.

También del mismo diseñador es el Dugald Stewart Memorial, un pequeño templo circular dedicado al filósofo escocés de mismo nombre. Se levantó en 1931 y suele aparecer en la típica foto o postal de Edimburgo, con la ciudad a sus pies y el castillo al fondo.

Llama la atención por su forma curiosa el Nelson’s Monument, que se construyó en 1815 para conmemorar la victoria en la famosa batalla de Trafalgar. Simula un catalejo y se puede subir a su torre superior (170 escalones), pero las vistas apenas difieren con respecto a las de la colina.

Hasta ahora este había sido nuestro recorrido:

Sábado 23 I

Pero el día aún no había terminado y teníamos más kilómetros por delante. Volvimos sobre nuestros pies pasando de nuevo por el hotel y cruzando el North Bridge hasta el cruce con High Street donde habíamos empezado.

En lugar de dirigirnos calle arriba hacia el castillo, esta vez tomamos la Royal Mile cuesta abajo.

Continuará.