Road Trip por Escocia. Día 1 Parte II: Edimburgo

Con la ruta rediseñada, para intentar esquivar la lluvia del domingo, salimos de la residencia y tomamos la calle Clerk dirigiéndonos hacia el South Bridge. Un poco antes de llegar a la Royal Mile nos encontramos con el Old College. En realidad, sólo pudimos hacer una rápida visita por el patio. Tiene un diseño de 1789 y su intención era centralizar toda la Universidad. Hoy en día sólo alberga la Biblioteca, la Escuela de Derecho y algunas oficinas.

Continuando el camino llegamos al cruce del South Bride con High Street, que ya es la Royal Mile. Se trata de la calle principal de Edimburgo, que recibe este nombre por su longitud, 1,8 km, lo que mide una milla escocesa. Está dividida en cuatro zonas: Castlehill, Lawnmarket, High street y Canongate.

Como decía, nosotros empezamos en High Street, la parte en la que abundan tiendas de recuerdos y pubs.

Giramos hacia la izquierda justo bordeando la Tron Kirk, una antigua iglesia presbiteriana que data de 1630. Su campanario quedó destruido en 1824 por un incendio y tuvo que ser reconstruido. A partir de 1952 dejó de usarse como iglesia y hoy en día es un restaurante y un mercado con puestos de objetos de decoración, arte y ropa de lana.

Durante todo nuestro viaje encontramos varios casos de iglesias y catedrales reconvertidas. Con la reforma protestante muchas iglesias católicas quedaron abandonadas y se han aprovechado como recintos para otro tipo de actividades.

Continuamos hasta la High Kirk of St Giles, la iglesia mayor de Edimburgo. Junto a ella se encuentra la estatua de Adam Smith, economista y filósofo escocés, que estaba adornado con un cono de tráfico. Parece que esto es una tradición de los jóvenes como una forma de humillar a la aristocracia y figuras humildes. Lo vimos en varias estatuas de Edimburgo y en Glasgow, donde parece que surgió el movimiento en torno al Duque de Wellington, un personaje algo odiado por los lugareños.

Bordeándola llegamos a su portada, frente a la cual se encuentra la Estatua del Duque de Bucceluch, jefe hereditario del Clan Scott. En este caso el representado es el famoso Walter Scott.

Recibe el nombre de St. Giles como homenaje a un ermitaño francés que vivió en el siglo VII y que se convirtió en patrón de la ciudad. La entrada es gratuita, aunque para tomar fotos hay que dar un donativo de £2. En esta iglesia es donde John Knox promulgó la Reforma Escocesa. Hoy en día en ella se llevan a cabo ceremonias de cierto relieve, como para anunciar la llegada de la Reina a la ciudad o la apertura del Parlamento.

St Giles se sostiene sobre cuatro pilares macizos que provienen de la antigua iglesia normanda del siglo XII. Ha sufrido varios percances, entre ellos un incendio que provocaron los ingleses en 1385 y tras el que hubo que restaurarla. A partir de ahí se tomó el estilo gótico.

Destaca por su carácter gótico con sus arcos apuntados y preciosas vidrieras. Y aunque es pequeña, eso le dota de cierto carácter íntimo. En el interior del siglo XV sorprenden el órgano y la famosa Capilla del Cardo que honra a los caballeros de la Muy Antigua y Noble Orden del Cardo, la orden de caballería más importante de Escocia. Así pues, en el techo de la bóveda no pueden faltar los cardos. En los laterales hay ángeles tocando instrumentos, uno de ellos toca la gaita.

La catedral encuentra en la Parliament Square, una plaza en la que, lógicamente, podemos encontrar el Parliament House, el viejo parlamento escocés. Además, se levanta la estatua ecuestre del rey Carlos II y el Market Cross, el lugar en el que se proclamaban las ordenanzas municipales.

A un paso está el Ayuntamiento, diseñado por John Adam en 1750. A través de unos enormes arcos se puede acceder a un patio donde se encuentra una estatua de Alejandro Magno y su caballo Bucéfalo.

Frente al Ayuntamiento, que también fue prisión y patíbulo se encuentra un símbolo de Edimburgo, el Heart of Midlothian. Se trata de un corazón de adoquines en el lugar en que se encontraba la antigua prisión de la ciudad que fue demolida en 1817. La tradición dice que para tener buena suerte hay que escupir en el interior del corazón. Sí, muy refinada la tradición escocesa. Y además, conviene no pisarlo (aparte de para no resbalar por los escupitajos) porque cuenta la leyenda que quien lo pisa tendrá mala suerte en el amor.

Continuando nuestro paseo llegamos a la impresionante estatua del filósofo David Hume. Tiene un dedo dorado y más desgastado debido a la leyenda que dice que tocar el dedo da suerte a los estudiantes. Si eres visitante, volverás a Edimburgo.

Siguiendo hacia arriba llegamos a la parte de Lawnmarket, que recibe este nombre porque es donde se ubicaba el mercado en su día.

En esta zona la Royal Mile se abre y ensancha desde The Hub. Otra iglesia de piedra reconvertida, en este caso en centro de exposiciones y representaciones. Se construyó en 1845 para albergar la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, pero nunca se llegó a convertir en iglesia. Hoy en día es la sede del Edinburgh Festival. Nos encontramos la zona con vallas y policía y no se podía subir hacia el castillo ya que había un concierto esa misma tarde y tenían a la gente haciendo cola esperando a la apertura de puertas.

Así pues, en The Hub, en lugar de continuar por Castlehill, que como su nombre indica, se articula en torno al castillo, cogimos la calle Johnston Terrace que baja y que bordea la fortaleza. A nuestra izquierda vamos descubriendo la ciudad nueva mientras que a derecha nos va quedando el tapón volcálico con el castillo.

Ya a los pies del castillo nos encontramos con The Parish Church of Cuthbert, una iglesia gótica que durante el siglo XIX era la favorita entre los ricos burgueses de la zona nueva.

Bordeando su cementerio llegamos a Princes Street Gardens. 

Son unos jardines que sirven de límite entre la ciudad nueva y la vieja. Fueron inaugurados en 1820 donde en su día se encontraba un pantano que recibía las aguas residuales de la Ciudad Vieja. El pantano fue drenado en el siglo XIX pues estaba muy contaminado y el cambio fue mucho mejor, dotó a Edimburgo de un carácter totalmente diferente.

Este pulmón verde en medio de la ciudad tiene una extensión de 150.000 metros cuadrados y está muy bien cuidado, aunque supongo que su clima debe ayudar mucho. Se abre a las 7 de la mañana y su hora de cierre depende de la época del año y la luz solar.

Tiene una zona de atracciones para niños, una noria, locales donde comer o tomar algo, y por supuesto, a lo largo de su extensión está lleno de bancos donde sentarse a descansar, observar el paisaje o picotear un tentempié. Algunos de ellos tienen placas, y es que puedes donar una módica cantidad y honrar a alguien.

El monumento más importante de los jardines es Ross Fountain, una fuente que procedía de la Exposición de Londres de 1862. La compró Daniel Ross, un fabricante de armas, y se instaló en 1872. Consta de cuatro figuras femeninas de hierro que representan las Artes, la Poesía, la Ciencia y la Industria.

En el recinto de los jardines se encuentran estatuas de figuras importantes de la historia de Escocia: David Livingstone, el Dr. James Young Simpson y Adam Black, así como escoceses caídos en las distintas guerras.

También hay una piedra conmemorativa de cuando los noruegos estuvieron en Escocia durante los años de la II Guerra Mundial. La tropa noruega encontró hospitalidad, amistad y esperanza durante aquellos trágicos años de exilio. En su memoria se talló esta piedra en 1978.

Hacia el final de los jardines destaca el Reloj de Flores, el más antiguo del mundo en su estilo. Data de 1903 y lo forman más de 3000 plantas de diferentes especies.

Salimos de los jardines y volvimos a Princes Street, la arteria principal en la que destacan locales comerciales y restaurantes.

Los más famosos son Jenners, que están considerados los grandes almacenes más antiguos del mundo. Se abrieron en el siglo XIX y ha sufrido remodelaciones debido a un incendio. En su interior se mantiene la estética de la época en que se construyó, incluso conservan algunos ascensores y escaleras mecánicas originales.

Frente a los almacenes tenemos el monumento a Sir Walter Scott. No se puede entender Edimburgo sin Scott, uno de los escritores más famosos de la literatura escocesa que nació y murió en la ciudad.

De estilo neogótico, este monumento se erigió en su honor tras su muerte. Fue diseñado por George Meikle Kemp y consta de una torre de pizarra de Livingston 61 metros en cuya base hay una estatua del escritor descansando con su perro tras haber terminado una de sus obras.

En su origen la torre no tenía ese color, pero con los años, por culpa de la contaminación industrial ha llegado a nuestros días con ese color negruzco que contrasta con la estatua de mármol blanco de Carrara.

La torre está coronada por una aguja decorada por 64 personajes de las obras de Walter Scott. La entrada cuesta £5 y permite acceder a las distintas plantas por una escalera de caracol de 287 peldaños. Desde arriba se pueden disfrutar de unas vistas panorámicas de 360º de Edimburgo y además te dan un certificado para corroborarlo. Lamentablemente para nosotros ya era muy tarde y estaba cerrado.

Continuamos nuestro recorrido siguiendo la Princes Street. Pasando el puente nos encontramos con el lujoso Hotel Balmoral, en cuya suite 552 JK Rowling escribió el final de la saga de Harry Potter. Vaya cambio, comenzó en un pub y acabó en una suite. Destaca su torre del reloj.

Pasando el hotel, la calle Princes nos conduce hasta la colina de Calton Hill, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Un tapón volcánico que sirve de mirador.

Mientras se va ascendiendo por los senderos vamos obteniendo diferentes vistas de la ciudad. Y nos vamos encontrando con varios puntos de interés. Primero tenemos el Old Calton Cemetery, un cementerio de 1718 donde se erige el famoso Obelisco Negro que se levantó en honor a los fallecidos por sus creencias políticas. En el cementerio está está la tumba del filósofo David Hume.

Una vez arriba, nos encontramos con un parque salpicado de monumentos de estilo griego. Varios arquitectos a lo largo de los siglos han querido dotar a la colina de un carácter de acrópolis griega. Aunque el resultado es un batiburrillo de edificios sin ton ni son.

El National Monument se diseñó con la idea de servir para honrar a los caídos en las guerras napoleónicas. Este panteón se comenzó a construir en 1826 como un intento de imitar el Partenón, pero se acabaron los fondos y quedó inacabado. Ha sido considerado como la vergüenza de Edimburgo.

También del mismo diseñador es el Dugald Stewart Memorial, un pequeño templo circular dedicado al filósofo escocés de mismo nombre. Se levantó en 1931 y suele aparecer en la típica foto o postal de Edimburgo, con la ciudad a sus pies y el castillo al fondo.

Llama la atención por su forma curiosa el Nelson’s Monument, que se construyó en 1815 para conmemorar la victoria en la famosa batalla de Trafalgar. Simula un catalejo y se puede subir a su torre superior (170 escalones), pero las vistas apenas difieren con respecto a las de la colina.

Hasta ahora este había sido nuestro recorrido:

Sábado 23 I

Pero el día aún no había terminado y teníamos más kilómetros por delante. Volvimos sobre nuestros pies pasando de nuevo por el hotel y cruzando el North Bridge hasta el cruce con High Street donde habíamos empezado.

En lugar de dirigirnos calle arriba hacia el castillo, esta vez tomamos la Royal Mile cuesta abajo.

Continuará.

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