Road Trip por Escocia. Día 2: Edimburgo

El domingo amaneció lloviendo, como ya esperábamos. Menos mal que el día anterior nos dio bien de sí. Desayunamos en el apartamento y salimos dirección a la Universidad. El castillo no abría hasta las 9, y como el día anterior se nos había quedado alguna cosa fuera de la ruta, pues aprovechamos para verlas de camino.

Uno de estos puntos que nos habíamos dejado fue la Universidad, así que allí nos dirigimos. Lamentablemente no era lo que esperábamos, ya que son edificios bastante modernos, y los únicos que parecían ser medianamente interesantes, estaban en obras de mantenimiento rodeados por una gran valla.

Universidad

Así que continuamos hasta la famosa iglesia Greyfriars Kirk, donde se reafirmó la independencia de la iglesia escocesa en un Pacto Nacional que causó la muerte de muchos de sus firmantes.

Greyfriars Kirk

En la entrada de la iglesia está la estatua de Bobby, un perro que veló la tumba de su amo durante 14 años. Muchos habitantes de la ciudad le llevaban alimentos hasta que falleció en 1872 y fue enterrado junto a su amo. Me recuerda a la historia de Hachiko. La tumba tiene ofrendas, si se le pueden llamar así: palos y peluches.

Greyfriars Kirk. Tumba de Bobby

El cementerio de la iglesia es un gran parque en el que se suceden tumbas de varios estilos y tamaños. Hay lápidas sencillas, cruces celtas, grandes mausoleos… En este camposanto descansan muchas figuras célebres de la ciudad.

Sin embargo, es uno de esos escenarios del Edimburgo macabro, tenebroso y lúgubre. Es conocido por algunos sucesos un tanto extraños. Poco después de que alguien forzara la puerta del mausoleo de William Mackenzie, un abogado responsable de muchas de las sentencias de muerte de los covenanters (los firmantes de una alianza contra los católicos), algunos visitantes de Greyfriars experimentaron cortes, mordeduras, heridas, desmayos, quemaduras, oyeron ruidos inexplicables… El ayuntamiento cerró esa parte del cementerio, sin embargo, se pueden hacer visitas guiadas nocturnas.

Cementerio Greyfriars

Cementerio Greyfriars

Cementerio Greyfriars

Sobre algunas lápidas, o al lado, se ven muchas calaveras con dos fémures cruzados, esto indica que el difunto había sido víctima de la peste. Como no se sabía cómo se contagiaba la enfermedad, marcaban las tumbas para que la gente se mantuviera alejada.

Cementerio Greyfriars

Cementerio Greyfriars

Cementerio Greyfriars

Cementerio Greyfriars

Cementerio Greyfriars

Nos llamaron la atención algunas tumbas con rejas encima. No sabíamos muy bien a qué podía deberse, porque salvo que temas una invasión zombie… Pero después leímos en una placa que se instalaban para evitar las profanaciones de los ladrones de tumbas que vendían los cuerpos a las escuelas de medicina.

En el siglo XIX llegó el auge del estudio de la anatomía, el problema es que no había cuerpos con lo que experimentar. Demasiados estudiantes para pocos criminales ejecutados con los que trabajar. Y así nació el fenómeno de los ladrones de tumbas. Y los hurtos eran tantos y tan frecuentes, que en algunos cementerios se levantaron vallas de una buena altura, incluso torres de vigilancia.

Por si acaso, además, las sepulturas se protegían con muros internos y las rejas que se ven en la fotoUn recurso menos radical era recurrir a la calavera de la peste, así las familias se aseguraban que sus seres queridos no fueran exhumados ilegalmente por miedo a un posible contagio.

Tumba

En las inmediaciones de la iglesia y cementerio también podemos encontrar los restos de la muralla. La parte de Flodden Wall.

Murallas en Greyfriars

Como ya comenté, las murallas se levantaron en el 1427. Por el norte la ciudad estaba delimitada por el pantano (en la actualidad, los jardines de Princes Street). Quedaba elevada accesible solo a pie a través de estrechos callejones. Además, el Castillo, asentado sobre la roca volcánica, servía de barrera en el oeste. Sin embargo, la Royal Mile quedaba vulnerable en caso de un ataque enemigo desde el sur y el este. Así pues, por orden de James I se levantaron para proteger a la ciudad, pero también para controlar quién entraba y salía y así cobrar impuestos a los comerciantes, prevenir contrabando y evitar contagio por enfermedades. Sin embargo, esta tasa también provocó que muchos ciudadanos quedaran encerrados, puesto que no podían permitirse el pago del acceso al regresar a sus casas. A este tramo se lo llamó King’s Wall, la Muralla del Rey.

En 1513 el rey escocés James IV invadió el norte de Inglaterra en la llamada batalla de Flodden. Tras la derrota escocesa y muerte del rey en combate, se decidió que había que reforzar las murallas ante una posible invasión inglesa. Pero la ciudad había crecido un poco hacia el sur, por lo que se trazó un espacio superior al existente. Sobreviven este tramo en el cementerio de Greyfriars, otro al norte de Grassmarket, un tercero en Pleasance y el cuarto en The Vennel.

Un siglo más tarde, en 1628, la muralla se volvió a ampliar. El trazado de este tramo llamado Telfer Wall, sirvió de extensión de la Flodden Wall. Se conservan un par de tramos en la prestigiosa escuela George Heriot además de en Greyfriars.

Flodden Wall

Con el tiempo, las murallas se convirtieron en un arma de doble filo, ya que la población siguió creciendo y al no poder expandirse en horizontal, se comenzó a edificar en vertical. Proliferaron los altos y precarios edificios en donde las condiciones eran insalubres. Así pues, aunque los muros se levantaron también con intención de evitar infecciones, al final propiciaron que el hacinamiento de la población constituyera un foco de enfermedades (además de plagas e incendios).

Y por eso hacia mitad del siglo XVIII las murallas se fueron echando abajo. Ya no eran necesarias para defender Edimburgo o regular el comercio. Y a la vez se comenzó a trazar un desarrollo urbanístico por el norte de la ciudad. Así nació la New Town.

Volviendo a la Iglesia, detrás de ella se encuentra el impresionante y lujoso colegio privado George Heriot’s School, que en su origen era para huérfanos, pero hoy es de pago. Se dice que este colegio de estilo gótico inspiró a Rowling en la creación de Harry Potter.

Cementerio Greyfriars

Dejamos el misterioso cementerio y continuamos nuestro camino. Siguiendo Candlemaker Row y Cowgatehead llegamos a Grassmarket, una zona llena de ambiente por los pubs.

West Bow con Cowgate

Grassmarket

The Smallest Pub in Scotland

Se articula en torno a un paseo y una plaza peatonal. En ella es donde se encontraba la antigua horca de la ciudad donde tenían lugar las ejecuciones de la ciudad. Hoy en día hay una piedra conmemorativa que atestigua dónde estaba instalada.

Grassmarket

No muy lejos de la piedra conmemorativa está el pub The last drop, donde se dice que acudían los condenados a tomar su último trago.

The last drop

Grassmarket es sinónimo de sucesos. En la zona había disturbios y desórdenes públicos. Además, para añadir más datos macabros, en un close que desemboca en la plaza tenían su guarida dos maleantes que asesinaban para hacerse con cadáveres y así vendérselos al médico Robert Knox para sus experimentos anatómicos. Cuando no encontraban una víctima, exhumaban los cadáveres. Fueron capturados y posteriormente ahorcados en la plaza.

Desde el callejón precisamente se obtienen unas vistas increíbles de los edificios viejos del antiguo West Bow que conduce a la Royal Mile. La calle Victoria es una de las más coloridas y pintorescas de la zona con su subida en dos niveles.

West Bow

Victoria Street

En la actualidad tanto Grassmarket, como sus alrededores, se ha convertido en una zona llena de locales, tiendecitas, pubs y restaurantes que le dan un ambiente que no tiene nada que ver con el macabro pasado. Todo este colorido contrastaba con el color plomizo del cielo y la lluvia que nos acompañaba. Edimburgo en todo su esplendor.

Y ahora sí, tocaba visitar el castillo. Hacia allí nos dirigimos.

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