Road Trip por Escocia. Día 2: Castillo de Edimburgo y New Town

Continuamos con nuestro recorrido. Desde Grassmarket emprendimos la subida al castillo por Castle Hill.

Antes de llegar al castillo pasamos por The Witchery, uno de los templos gastronómicos locales gracias a platos como el pato a la miel y una bodega de hasta 900 vinos.

El castillo es la atracción turística más popular del país. La más conocida y la más visitada. Es el punto de referencia que domina el horizonte de Edimburgo sobre un volcán extinguido. Llegamos a su puerta principal tras cruzar la explanada donde tienen lugar eventos como el concierto de la noche anterior y donde entre 1563 hasta 1722 se quemó a más de 200 mujeres acusadas de brujería.

Tras pasar el puente cruzamos la puerta principal, guardada por dos héroes del siglo XIII: William Wallace y Robert The Bruce colocadas en 1929.

El castillo se comenzó a construir en el siglo XII, aunque es una mezcla de diferentes estilos arquitectónicos de diversas épocas. Ha sido testigo de la larga y pintoresca historia de Escocia. Durante la Edad Media fue la residencia de los reyes de Escocia, fue utilizado como atalaya defensiva, acogió la primera sede del Parlamento y también sufrió el asedio de los ingleses. La fortaleza ha funcionado como palacio real, cuartel y prisión en distintas épocas de su historia. Hoy en día se usa para fines civiles.

Nada más cruzar el puente tenemos las taquillas. Puedes comprar el billete sencillo, o el Explorer Pass, como fue nuestro caso. Nos dieron un folleto, nos graparon los tickets, y para dentro.

Me sorprendió ver estas dos cabinas. Normalmente se asocian a Londres, claro, pero en realidad las hay por todo el Reino Unido.

Nuestra siguiente puerta a cruzar es la Portcullis Gate o puerta del rastrillo por su entramado en forma de rejilla.

Tras pasar el cuerpo de guardia y el último puente levadizo que se construyó en Escocia, se puede puede admirar mirando hacia arriba la fortificación semicircular que delimita las defensas del castillo, llamada Half Moon Battery.

Sin embargo, a nuestro nivel tenemos la Argyle Battery,

y a continuación la Mill’s Mount Battery, desde donde cada día desde 1861 a las 13h (excepto los domingos, vaya casualidad) se dispara una salva de cañón que en su día servía como señal para las embarcaciones.

En el año 1852 en el monumento a Nelson, en Calton Hill, se instaló una bola que caía a diario a las 13 horas para que los marineros ajustaran sus cornómetros. Sin embargo, como en Edimburgo raro es el día que no hay niebla, en 1861 se comenzó a disparar el One o’clock gun para acompañar la señal visual con una auditiva.

Hoy en día marca también la hora de comer de los edimburgueses.

Desde estos bastiones protegidos por cañones podemos disfrutar de unas impresionantes vistas panorámicas de la ciudad (siempre que esté despejado) gracias a su posición majestuosa sobre la colina volcánica cuyas tres laderas son prácticamente verticales. Justo enfrente tenemos los Princes Street Gardens, y vemos cómo se articulan detrás las calles de la New Town.

Si nos giramos un poco hacia la derecha se alcanza a ver el monumento a Walter Scott y la noria junto a él.

Y si nos giramos del todo, veremos el Hotel Balmoral y al fondo Calton Hill.

Por el contrario, a la izquierda, vemos la silueta de la The Parish Church of Cuthbert y al fondo, ya en la cuadrícula de la ciudad nueva, la St Mary’s Cathedral.

Desde la batería sale cada cuarto de hora una guía gratuita que te lleva por los patios del castillo explicando qué es cada uno de los edificios y qué supuso en la historia, tanto de la fortificación, como de la ciudad y la nación. Es solamente en inglés, pero si te manejas en el idioma (y ajustas bien el oído al acento escocés) merece bastante la pena.

La visita al castillo puede llevar un par de horas y se puede visitar prácticamente en su totalidad. Se puede recorrer por libre, con visita guiada, o, si se desea, con una audioguía, que las hay hasta en 6 idiomas disponibles. Entre otras cosas se puede descubrir el Tesoro Real Escocés, las Joyas de la Corona Escocesa y la Piedra del Destino.

Los primeros reyes de Escocia eran coronados en una ceremonia al aire libre en la que el rey se sentaba en la Piedra del Destino, que simbolizaba la unión del monarca, la tierra y el pueblo. Es una piedra de tipo arenisca que sigue siendo un símbolo muy poderoso para Escocia y su gente.

Eduardo I robó la piedra y se la llevó a Inglaterra como trofeo de guerra en 1296 y permaneció en la Abadía de Westminster durante 700 años. Esto creó un conflicto (otro más) entre escoceses e ingleses, hasta que en 1950 fue robada por unos nacionalistas escoceses con tal mala suerte que se les rompió por el camino. Volvió a Westminster bajo la tutela de la iglesia escocesa, y no fue hasta 1996 cuando se les entregó de nuevo a Edimburgo. Desde entonces se exhibe en el castillo y solo se presta para coronaciones, teniendo que regresar a la sala días después. Veremos a ver cuando muera Isabel II.

Tras la Unión de las Coronas en 1603 sólo ha habido dos coronaciones más en Escocia: la de Charles I, que se celebró en la Abadía de Holyrood en 1633, y la de Charles II en Scone el 1 de enero de 1651. La Corona de Escocia está hecha de oro de las minas escocesas y decorada con diamantes, amatistas y granates. El Cetro, de plata dorada, está rematado con una esfera de cristal de roca.

También se puede visitar la sala en que María Estuardo dio a luz a su hijo Jacobo, que sería Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra.

Pero volviendo al exterior, tras las baterías llegamos al National War Museum of Scotland, un museo que expone 400 años de historia militar que disfrutará cualquier amante de las reliquias bélicas.

Al lado se encuentra la Governor’s House, sede del círculo de oficiales

y un poco más arriba la New Barracks, la construcción más grande de todo el conjunto. Y en un anexo el museo dedicado al regimiento.

Antes de entrar por la Puerta de Foog, hecha con roca volcánica, a mano derecha nos quedan los Vaults, unos locales subterráneos donde encerraban a prisioneros extranjeros y la Military Prison. La prisión se construyó en 1758 durante la guerra de 7 años entre los escoceses y franceses. Aunque en ella también pasaron tiempo unos veinte piratas del Caribe que navegaron por la costa de Argyll.

Además se puede acceder a las mazmorras, que recrean una prisión del siglo XVIII. En sus puertas se pueden ver inscripciones de los prisioneros, sobre todo franceses, que estuvieron en ellas durante los siglos XVIII y XIX.

Tomando la puerta de Foog llegamos al patio superior.

Desde esta altura las mejores vistas desde el castillo se obtienen sobre los bastiones que se encuentran frente a la St. Margaret’s Chapel, el edificio más antiguo del castillo y de la ciudad (1100) y realmente minúsculo. Solo caben una docena de personas dentro. Santa Margarita se convirtió en la reina de Escocia en 1070, tras casarse con el rey Malcom III. Años después de morir, su hijo, David I, decidió construirla en su honor.

En este polvorín se encuentra el cañón gigante Mons Meg de más de 500 años de antigüedad que disparaba piedras de hasta 150 kilos a una distancia de 3.2km. Estuvo durante casi 200 años en la Torre de Londres y volvió a Edimburgo en 1829 por intermediación de Sir Walter Scott.

Debajo de estos bastiones se encuentra el pequeño cementerio de los animales domésticos de los soldados. Este espacio se habilitó en 1840, una época en la que el castillo estaba aislado del exterior.

Para finalizar, nos adentramos en la Plaza de la Corona, donde se encuentran el Palacio Real, un memorial a los muertos en combate, The Great Hall y por supuesto el edificio donde se guardan las Joyas de la Corona, una sala con una puerta blindada al estilo de un banco y donde no se pueden hacer fotos.

En la plaza se puede ver la inscripción 1566, año en el que nació Jacobo, hijo de María Estuardo.

En el Palacio Real se puede pasear por las diferentes estancias, y la más famosa, como decía, es la habitación donde dio a luz María Estuardo a su heredero. Las salas están repletas de detalles y ornamentación. No hay más que ver el dibujo del techo o la madera que forra las paredes. Por supuesto, no pueden faltar los escudos familiares.

En el Scottish National War Memorial encontramos una edificación similar a una iglesia que comenzó como un espacio dedicado a los caídos en la I Guerra Mundial. Sin embargo, con la participación en sucesivas guerras, se ha ampliado de una forma más genérica y hay inscripciones en recuerdo de los soldados muertos en diferentes contiendas.

Para finalizar la visita, tras recorrer los diferentes edificios de la plaza, salimos por la Torre de David que nos lleva a la Half Moon Battery y nos dirigimos hacia la salida.

Tras la visita al castillo y con la lluvia intermitente acompañándonos, nos dirigimos de nuevo a la parte nueva de Edimburgo, que al contrario de la Ciudad Vieja no tiene nada de medieval, sino que predomina el estilo georgiano con calles diseñadas con escuadra y cartabón. Su calle principal es Princes Street, pero son interesantes  Rose Street, una alegre y colorida calle peatonal en la que abundan pubs, restaurantes y tiendas así como George Street.

De camino a esta zona transitada pasamos por Queensferry Street donde se encuentra el West Register House, el archivo de la ciudad, cuyo edificio recuerda a las cúpulas de las iglesias alemanas.

En esta zona se encuentran varias embajadas. Cerca de la rusa se erige St Mary’s Cathedral, construida a finales del siglo XIX a imitación de las grandes catedrales góticas del medievo.

Fue diseñada por Sir George Gilbert Scott y cuenta con dos torres gemelas. Es la catedral más grande de toda Escocia y es la única que mantiene la tradición de adoración coral diaria. Además, cuenta con su propia escuela de gran renombre, por cierto.

Pasamos a su interior, que es bastante sencillo, y después la bordeamos.

En sus aledaños hay unos edificios de piedra de estilo gótico victoriano que, junto al parque, le dan ese carácter y estilo escocés. Destacan los tejados a dos aguas con chimeneas estrechas de tres agujeros.

Y con tanto paseo nos dio la hora de comer. Y lo hicimos en The Standing Order, un pub que pertenece a la cadena Weatherspoon. Mi hermano tenía buenas referencias de esta cadena de Londres, donde por unas £5 tienes una hamburguesa con patatas fritas (o ensalada) y bebida (algo más si es cerveza). Así que buscó en google, le salieron tres opciones y nos fuimos al restaurante más cercano. Resultó ser un antiguo banco. De ahí su nombre, que en inglés significa “orden bancaria”. Era una sucursal del Union Bank of Scotland.

Es un edificio neoclásico de finales del siglo XIX, y aunque se ha reconvertido en restaurante, mantiene la decoración y estética con sus techos altos ornamentados, así como las divisiones de lo que en su día fueron las oficinas. Incluso se conserva la antigua caja fuerte del banco.

Como era tarde para comer según los parámetros locales, no estaba muy lleno en la zona de comedor. De hecho, en nuestra sala, de 5 mesas ocupadas en 3 estábamos españoles. En la que teníamos al lado estaba comiendo una familia de Albacete que nos preguntaron que de qué comunidad éramos al oírnos hablar en español. Sin embargo, debe llenarse en días de competiciones deportivas, incluso tienen un cartel en el que indican que no está permitido acudir con camisetas, banderas o emblemas de equipos. Supongo que para evitar encontronazos entre aficionados de equipos rivales.

En cualquier caso es apto para todos los públicos, incluso tiene sala familiar donde los niños pueden jugar o pintar. Lo digo como caso excepcional porque en Escocia en los pubs a partir de las 6 de la tarde no permiten la entrada de menores.

Como decía, esta cadena triunfa por el combo de la hamburguesa, pero hay más ofertas en la carta de plato + patatas/ensalada + bebida. Pedimos para compartir unos nachos y unos aros de cebolla y después cada uno nos elegimos un plato principal: un bagel de queso y salmón ahumado; una patata asada con queso y ensalada (eché de menos el aceite y vinagre…); y “algo así como lacón” con huevos y patatas.

La carta está muy bien desglosada indicando las calorías, los ingredientes para los alérgicos, si es picante y si es apto para vegetarianos/veganos. No te atienden en mesa, sino que has de fijarte en el número que se indica donde te has sentado y pedir en barra diciendo este número. Te puedes llevar la bebida, y ya te llevarán la comida al sitio.

Como teníamos tiempo y seguía lloviendo, nos quedamos un rato más después y decidimos pedir postre. Bueno, yo me conformé con un té, ellos acompañaron su cerveza con una apple crumble (que parece una deconstrucción de tarta de manzana) y una típica tarta de queso con caramelo. Los españoles de la otra mesa (no los de Albacete), se pidieron unos churros.

Con el estómago bien lleno y ya algo más secos, emprendimos el regreso al apartamento, pues mi hermano tenía que recoger la mochila, ya que se volvía esa misma tarde a Londres.

De camino pasamos por la National Gallery, un museo inaugurado en 1859 que exhibe obras de arte de la pintura occidental desde el Renacimiento hasta el Postimpresionismo.

El edificio neoclásico está dividido en tres plantas. En la baja y en la zona sur de la superior se exponen obras de grandes maestros desde el siglo XVI hasta el XIX, además de algunos impresionistas. En la zona norte de la superior se exhiben colecciones de pintores italianos y de los Países Bajos anteriores a 1530.

Su entrada es gratuita, por lo que no es mala idea resguardarse en él cuando amenaza lluvia.

Domingo 24

Volvimos de nuevo a High Street recorriendo de nuevo parte de la Royal Mile entrando en las tiendas de la zona echando un ojo a los souvenirs y tiendas de whiskys y trajes típicos escoceses.

Tras recoger la mochila, acompañamos a mi hermano hasta el bus que le llevaría al aeropuerto y nos fuimos a dar un paseo ya con más calma. Compramos la cena y nos fuimos al apartamento a preparar la maleta, ya que el día siguiente dejaríamos Edimburgo.

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