Road Trip por Escocia. Día 3 III Parte: Aberdeen

Llegamos a Aberdeen bajo una lluvia persistente, hicimos el checkin en el hotel Skene House y volvimos al coche para dejarlo en el aparcamiento reservado y sacar nuestras pertenencias. Y de repente, cuando fuimos a salir del edificio, nos encontramos con el diluvio universal. A ver, no era Copenhague, pero tampoco era un chirimiri o cuatro gotas como habíamos visto a lo largo del día. Eran goterones de continuo con fuerza. Nos tocó esperar un poco a que amainara, pero al final desistimos y nos mojamos de todas maneras.

El hotel ocupa una manzana y parece que en su día fueron varios bloques de viviendas que hoy se han reconvertido. Como resultado, el acceso a las habitaciones desde el hall es un tanto peculiar. Hay que meterse por pasillos, salir por puertas de emergencias, desembocar en un patio exterior y después buscar el edificio en el que se encuentra tu habitación. Además, nos tocó una en la última planta, así que nos comimos las escaleras empinadas. No obstante, hay un camino más rápido, ya que en cada bloque, aparte de la puerta que da al patio y al garaje, hay otra que da a la calle directamente sin pasar por recepción y dar todo el rodeo.

Nuestra habitación era como un miniapartamento, nada más entrar tenía una especie de recibidor con armario y dos puertas. Una de ella conducía a un baño bastante amplio, y otra a la habitación en sí.

Esta se dividía en dos zonas: dormitorio en sí mismo, y la zona de estar con sofá, butacas, televisor, mesa y una cocina escondida tras una persiana.

Dado que estábamos en la última planta, tanto el baño como la zona del dormitorio tenían unas velux que permitían la entrada de luz. Para el baño está muy bien pensado, para encima de la cama, ya no tanto. Tenía, cortinas, así que por ahí bien, nos evitamos el amanecer a las 5 de la mañana; sin embargo, cuando llueve, se oye el repiqueteo.

Tras investigar nuestro alojamiento, poner a cargar baterías, colocar la ropa, bolsas de aseo y secarnos un poco, salimos a dar un paseo aprovechando que parecía que había pasado la nube. Aunque en Escocia nunca se sabe, tan pronto como vienen, se van.

Aberdeen es la tercera ciudad de Escocia. Recibe el sobrenombre de “ciudad de granito” debido a que en el siglo IX se construyeron muchos edificios con este material proveniente de las canteras de Rubislaw Quarry. Hoy en día esta cantera, que funcionó durante 3 siglos, es un lago.

Destaca el estilo neoclásico y neogótico en sus edificios. Quizá es esta tonalidad gris la que le da la fama de ciudad fría. Cierto es que contrasta con lo que habíamos visto los días anteriores, sin duda no tiene el colorido que se nos viene a la mente cuando pensamos en Escocia, pero a mí no me resultó tan sombría como me la habían descrito. A pesar de que además el cielo tenía un color plomizo. Nosotros nos encontramos una ciudad tranquila. Con esa calma tras la tempestad, con el suelo mojado, el olor a lluvia y las calles desiertas. También es verdad que ya eran más de las 7, así que los comercios habían cerrado y la gente estaba ya en su casa cenando.

Aberdeen es un importante centro comercial y principal puerto marítimo del nordeste de Escocia. Su economía se sostiene por la industria petrolífera (es la Capital Petrolera de Europa) del Mar del Norte y por la pesca. Es una ciudad moderna y próspera con una tasa de desempleo inferior a la de otras ciudades del Reino Unido. Sin embargo, con la caída del precio del crudo en los últimos años, la cosa está cambiando y ha habido bastantes despidos en el sector.

El puerto se encuentra en el centro de la ciudad aunque el río Dee no discurre a través del centro, sino un poco más al sur. El río Don fluye unas dos millas al norte, más cerca de Old Aberdeen.

Pero a pesar de su fama y de que sea una ciudad que basa su economía en el petróleo, turísticamente también tiene atractivos que descubrir. Mientras que el casco histórico de Edimburgo gira en torno a la Royal Mile, Aberdeen lo hace siguiendo la Union Street. Una calle que recibe este nombre por la unión de Gran Bretaña e Irlanda en 1800.

Así pues, comenzamos nuestro recorrido con esa dirección y nuestra primera parada fue la Gilcomston South Church.

La iglesia perteneció a la Church of Scotland, convirtiéndose en una de las congregaciones más importantes. En 2011 se separó de esta rama después de que se decidiera permitir la ordenación como ministros de los homosexuales. Desde entonces es independiente.

Continuamos hasta la St Mary’s Cathedral. De rito católico, la Cathedral Church of St Mary of the Assumption fue construida en 1860 de estilo neogótico. Las torre, las campanas y las agujas se le añadieron más tarde, entre 1876 y 1877.

Seguimos el camino por Union Street hasta los jardines de Union Terrace donde se erige la estatua de Eduardo VII. Tras ella se ven las torres de iglesias cercanas alzándose entre los edificios.

Un poco más adelante, a mano izquierda, vimos un par de picos, así que callejeamos. La primera iglesia que nos encontramos resultó ser un restaurante, el Slain’s Castle.

Y el segundo edificio, también era otro bar. Y es que hay muchas iglesias católicas reconvertidas. Con la reforma se quedaron vacías y se han reutilizado. Ya lo vimos en Edimburgo también. Además de por los carteles que publicitan el local, también se puede apreciar desde el exterior porque han perdido o sustituido sus vidrieras, no suelen tener el reloj en hora, y tampoco las campanas.

Volviendo a la arteria principal, llegamos al final de Union Street desembocando en el momumento del Mercat Cross. Este punto marcaba el centro de la ciudad, y, como suele ocurrir, la vida giraba en torno al mercado. Es una cruz que está adornada con los retratos de los reyes de la dinastía Estuardo. Y por supuesto, no puede faltar el unicornio.

El la plaza hay también un monumento a los Gordon Highlanders, un regimiento de infantería de la Armada Británica que existió desde 1881 hasta 1994 en el que se unificó con otros cuerpos bajo el nombre de los Highlanders.

La escultura cuenta con dos figuras. La figura vestida con la típica kilt representa a los Gordon Highlanders originales de 1794. El soldado agachado sería de un regimiento más reciente con su arma reglamentaria.

Y enfrente el Wetherspoon. Que también es un edificio señorial, pero es un restaurante de la misma cadena del Standing Order donde comimos en Edimburgo. Los edificios nunca son lo que parecen.

Llegados a este punto, callejeamos sin rumbo descubriendo varias construcciones significativas. En la zona Castlegate, llamada así por ser la antigua entrada a la ciudad y al castillo, destaca el Salvation Army Citadel. Se trata de un edificio amurallado que se levanta donde un día estaba el castillo. Hoy en día se puede visitar y conocer más sobre la historia del ejército de salvación. Se puede subir a la torre para divisar la ciudad.

También significativo es el Town House, un edificio de estilo neogótico construido entre 1867 y 1873 que fue el centro del gobierno de la ciudad. Se le añadió una extensión entre 1978 y 1977 para cubrir nuevas necesidades.

Destacan la Sala de San Nicolás con un techo decorado con escudos heráldicos y el Town and County Hall de un estilo medieval cuyo techo tiene reminiscencias flamencas. En las paredes de ambas estancias hay un gran número de pinturas de gran importancia.

Se puede hacer una visita guiada y gratuita solicitándolo con antelación, eso sí, con dos o tres meses de adelanto.

Para los amantes de lo siniestro se puede visitar Toolboth, uno de los edificios más antiguos de la ciudad que, aunque hoy es el museo del crimen, fue una cárcel.

Ya saliendo de la calle principal, tenemos el Marischal College, el símbolo de la ciudad. De granito blanco, fue construido para albergar la universidad entre 1835 y 1900, pero hoy en día se ha convertido en la sede del Ayuntamiento.

Es una mezcla de dos estilos: de un primero de 1837 más austero, y de uno gótico posterior de finales del siglo XIX. El resultado es una mezcla de dos tipos de materiales. En un primer lugar se usó piedra de Rubislaw, pero en la segunda parte granito de Kemmay.

Es el segundo edificio de granito más grande del mundo por detrás de El Monasterio de El Escorial y para construirlo se demolieron varios edificios de la zona. Uno de esos edificios fue la Iglesia de Geyfriars, no así su torre.

Dado que la ciudad recibe el seudónimo de “Ciudad de Granito”, este edificio es su máxima expresión. Es el icono que simboliza la industria del granito.

Comenzó a hacérsenos de noche en nuestro recorrido, por lo que no llegamos hasta la playa, que está al final del Beach Boulevard. La calle nos conduce hasta el edificio de Beach Ballroom, un edificio de usos múltiples de estilo art decó.

Y a continuación, la playa.

Como digo, ya era casi de noche, las fotos son de mi hermano, que la tiene cerca. Nosotros para acabar nuestro paseo por Aberdeen, entramos en un Tesco de camino al hotel y nos llevamos la cena. Tocaba reponer fuerzas, revisar la ruta del día siguiente y descansar.