Road Trip por Escocia. Día 7 II Parte: Highland Games

En un principio teníamos planificado un día tranquilo para recorrer la costa oeste y hacer noche en Ullapool, sin embargo, unos días antes de salir de viaje nos enteramos de los Highland Games, que van celebrándose en de mayo a septiembre por toda Escocia. Tan solo podríamos asistir a los de Durness, el problema es que empezaban a las 12 del mediodía, hora a la que se supone que ya estaríamos en marcha. Pero como era un día tranquilo, con pocos kilómetros, modificamos la idea original para empaparnos del ambiente festivo. Y por ese motivo decidimos volver a Smoo Cave, porque no teníamos prisa en salir como el resto de los días.

El origen de los Juegos de las Tierras Altas se remonta a hace varios siglos, al sistema de clanes. Los jefes animaban a sus hombres a participar en pruebas de fuerza, destreza y resistencia. De esta forma se demostraban las dotes para la batalla.

Hay varias teorías al respecto sobre su comienzo. Por un lado se dice que la primera vez que tuvieron lugar fue en el siglo XI cuando el rey escocés Malcolm III, con la intención de descubrir cuál de todos los hombres escoceses era el más fuerte, creó una reunión cerca de Braemar. Aunque hay otra rama que defiende que es una tradición más antigua, que eran competiciones entre aldeas para elegir al mejor guerrero.

En cualquier caso, en la actualidad son todo un acontecimiento e interesantes de ver para conocer la cultura e historia escocesas. Gozan de buena fama mundial y se celebran también en EEUU y Canadá (sobre todo donde hay descendientes de emigrantes tras las guerras jacobitas). Los auténticos Juegos combinan deporte, diversión y cultura, todo ello con un toque escocés.

Se suelen realizar diversas actividades:

Pruebas de fuerza:

  • Lanzamiento de martillo: Es similar al Lanzamiento de Martillo olímpico, pero con una bola de metal de 20kg con un mango rígido de algo más de un metro. Ha de lanzarse sin mover los pies del sitio y con una sola mano, así pues, el competidor ha de hacerlo girar por encima de su cabeza para que coja velocidad. El ganador es el que lo lance más lejos.

Para no mover los pies del sitio se calzan unas botas especiales con una puntera que tiene una especie de cuchilla que se clava en la tierra.

  • Lanzamiento de Piedra: es similar al de Lanzamiento de Peso de los Juegos Olímpicos, pero en lugar de acero, el objeto que se lanza es una piedra. Generalmente se puede usar un estilo libre de lanzamiento siempre que se use una sola mano y se apoye contra el cuello hasta el lanzamiento. Sin embargo, en el “Braemar Stone”, no se permite correr hasta el bordillo para lanzar la piedra.

  • Lanzamiento de peso en altura: Consiste en lanzar un peso de más de 25 kg por encima de una barra horizontal. Solo se puede usar una mano y tienen 3 oportunidades por altura. Gana el que consiga el mejor lanzamiento. La técnica es libre.
  • Lanzamiento de fardo: Este no tuvimos la suerte de presenciarlo. Se trata de lanzar un manojo de paja envuelto en un saco (9 kg para los hombres y 4,5 kg para las mujeres). El fardo ha de pasar superar una barra horizontal similar a la del salto con pértiga.
  • Lanzamiento de tronco: El competidor ha de estabilizar verticalmente un tronco de unos 6 ó 7 metros y 80 kg. Ha de cogerlo por el extremo más estrecho, después correr con él y lanzarlo haciendo que gire sobre sí mismo siguiendo el eje vertical. Ha de caer en el suelo sobre el otro extremo, el más ancho. Aquí lo importante no es la distancia, sino conseguir que el extremo superior pase a ser el inferior. Se asignan puntos al que consiga que el tronco aterrice de la forma más recta posible.
  • Tira y afloja con palo: Los competidores se han de sentar en el suelo uniendo las plantas de los pies contra el otro. Ambos agarrarán un palo y tratarán de levantar a su contrincante. Gana el que consiga tumbarse.
  • Maroma: ¿Quién no conoce este juego? En las fiestas de mi barrio era muy popular. Dos equipos con un número variable de integrantes se colocan frente a frente tirando de una cuerda. Esta tiene tres marcas, la que indica el centro, y otras dos laterales. Gana quien lleve el centro a su lateral.
  • Scottish Backhold: Es algo parecida a la lucha canaria o leonesa. Los competidores comienzan agarrando al oponente de la cintura y la barbilla posada sobre el hombro derecho. Gana el que consiga la mejor puntuación en cinco rondas. Para ello ha de hacer que el contrario toque el suelo con otra parte del cuerpo que no sean los pies, o se suelte de la posición inicial. Al contrario que el sumo, no tiene espacio delimitado. Los participantes han de llevar la tradicional kilt.

Para competir en las pruebas de fuerza era imprescindible vestir el kilt. Aunque por lo que vimos, sí que llevan algo debajo…

Pruebas de atletismo, en yardas, claro. Aquí vimos a los jóvenes de la zona corriendo en diferentes categorías en sus versiones masculinas y femeninas.

También había carreras de saco o de huevos con cuchara. Pero eh, escoceses, os tengo que decir que no sabéis hacer la carrera de huevo con cuchara. No se lleva la cuchara en la mano sin más, eso no tiene mérito. Hay que llevarla en la boca, ahí es cuando se juega con el equilibrio del huevo.

Una prueba que me resultó muy curiosa fue la pelea de almohadas.

Concursos de artes tradicionales como la danza o exhibiciones de gaita (o arpa).

  • En danza suele haber varias categorías: baile escocés, baile de salón, ballet clásico y baile cuadrado. No había mucha participación, al menos que nosotros viéramos. 

El baile en su origen era un evento masculino, no se permitió a las mujeres participar hasta el siglo XIX

  • Pero sin duda, el evento más importante es el protagonizado por la banda de gaitas. Suelen realizar la apertura y clausura de los juegos, hacen algo así como un pasacalles. Todo un espectáculo. Vaya coordinación y al loro con los pompones.

Además, había varios gaiteros en el recinto amenizando los Juegos.

Todo esto en cuanto a las competiciones, pero para el espectador no pueden faltar carpas de feria y puestos de comida o productos escoceses. Los Juegos de las Tierras Altas suponen un evento cultural reivindicativos de las tradiciones escocesas.

Lo curioso es que los Juegos de Durness son unos de los más pequeños de Escocia, así que no me quiero imaginar la envergadura de los de una localidad más grande. Aún así fue una experiencia pasar parte del día viendo los Juegos, una pena no poder ver más competiciones, o incluso en otro pueblo. Se retomaron en 1970 tras un parón de unos diez años. Desde entonces se celebran en el Shore Park.

La entrada costaba £6 por adulto, supongo que para sufragar los premios. Había una camioneta a la entrada del camino que llevaba al recinto y te daban una pulserita, para poder entrar y salir, ya que los eventos duraban todo el día.

Las actividades comenzaron a las 12 con el desfile de la banda de gaitas  y una posterior presentación con miembros de la comunidad. Todos ellos vestidos para la ocasión con sus cuadros escoceses.

Resultaba curioso ver a los hombres con las faldas cortas y algunas mujeres bien arropadas con sus mantas. Y es que no pasábamos de los 14º y corría bastante aire. El más listo aquí el amigo con sus pieles cual vikingo o un miembro de la Night’s Watch de Juego de Tronos.

A eso de las 2, decidimos marcharnos y continuar con nuestra ruta.

Road Trip por Escocia. Día 7: Smoo Cave y Secret Beach

Comenzamos el día desayunando con una familia alemana que nos contó que habían llegado a Newcastle en su propio coche. Al parecer hay muchos alemanes que prefieren ir hasta los Países Bajos y allí coger el ferry hasta la isla. De esta forma no alquilan un vehículo con el volante en la derecha. La idea es buena, pero luego en la práctica, no sé si resulta muy práctico, pues has de circular por la izquierda con el volante también en ese lado y las referencias cambian, sobre todo en las carreteras de doble sentido o en las incorporaciones.

Sarah tenía preparado un aparador con cereales y zumos. Además, nos sirvió yogur, fruta fresca, mantequilla y tostadas. Nos preparó el café y té, así como unos huevos. Esta vez tocaron fritos.

Durante el desayuno hablamos sobre nuestro viaje, lo que habíamos visto; sobre la zona, las playas, las vacas con flequillo que seguíamos sin ver, nuestra frustrada visita a Smoo Cave… Y dado que parecía que el día estaba algo despejado, decidimos volver a intentarlo. Estábamos a cinco minutos y teníamos la espinita. Sin embargo, tampoco hubo suerte, seguía cerrada. Sí que es cierto que se podía ver la cascada en la segunda cámara sin que el agua te empapara y no pudieras ni abrir los ojos, pero imagino que aún así el caudal impedía poder navegar la tercera con seguridad.

Decidimos hacer un poco el cabra y subimos a los acantilados para tener otra perspectiva de la zona.

Lo cierto es que no fue una pérdida de tiempo para nada, ya que las vistas merecen la pena.

Aún era pronto, así que, decidimos acercarnos a una playa secreta que nos había comentado Sarah.

Su nombre real es Ceannabeinne Beach. Paramos en un passing place en el que había un panel indicando el Ceannabeinne Township Trail y seguimos el camino marcado.

En la zona hay una ruta de 1km que indica dónde se encontraron los restos de una ciudad abandonada en 1842. En el siglo XVIII Ceannabeinne era la típica comunidad granjera de las Tierras Altas. La granja estaba alquilada por el jefe del Clan MacKay. La comunidad funcionaba de una forma bastante autónoma gracias a la colaboración de sus cohabitantes. En 1841 había 50 personas viviendo en 10 construcciones. Al año siguiente, no había nadie, en la primavera de 1841 recibieron una carta de desalojo indicándoles que tenían 48 horas para abandonar sus casas. Formaba parte de la nueva ley inglesa que pretendía acabar con el sistema de clanes y con todo lo que tuviera que ver con la herencia escocesa. En este caso el asentamiento parece que comenzó hace 6000 años, durante el Neolítico.

Entre los restos, se puede ver una formación rectangular del perímetro de una casa, probablemente de 1800. Varios excavamientos arqueológicos han sacado a la luz chimeneas y muros interiores, por lo que se puede ver cómo vivían. Incluso aunque los residentes no eran propietarios de las viviendas, se cree que las construían con dedicación y confiados en que iban a permanecer bastante tiempo.

Sarah nos había explicado que había que llegar hasta el acantilado y después una bajada que llevaba a la playa.

Así pues, pensábamos que estaba bien indicado y comenzamos a seguir los paneles que nos llevaban entre los restos de un asentamiento. Paseamos entre algodones (literalmente – la comunidad los usaba para rellenar los colchones-) y finalmente llegamos al acantilado.

Las vistas son impresionantes, y entiendo que los locales se guarden el secreto de la playa.

Se trata de un semicírculo de arena blanca protegido por los acantilados. Intentamos encontrar la bajada, bordeamos el precipicio de derecha a izquierda, pero nada, no tuvimos éxito, no vimos la manera de bajar a la arena, por lo que nos tuvimos que contentar con las vistas desde las alturas.

Durante la redacción de este texto, cuando busqué en google la playa para insertar el mapa, he visto dónde nos equivocamos. Y es que los paneles indican los restos de la antigua ciudad, pero el acceso a la playa es algo más abajo, no hay que dejar el coche ahí, sino continuar un poco más adelante la A838, antes de llegar a Rispond Bay. Así que, tomad nota.

ceannabeinne-beach

Como no terminábamos de encontrar por dónde bajar y eran ya más de las 11, decidimos volver al pueblo.

Serie Terminada: Misfits

Tras acabar Royal Pains cambiamos a este lado del charco y comenzamos la serie británica Misfits, que se emitió entre 2009 y 2013.  Consta de cinco temporadas y mezcla ciencia ficción y drama con toques de humor.

Se centra en un grupo de cinco adolescentes de clase baja que durante sus trabajos en los servicios a la comunidad se ven sorprendidos por una extraña tormenta que les dotará de unos peculiares superpoderes. Los integrantes de este singular grupo son:

  • Nathan: está en los servicios comunitarios por robar unas golosinas y causar varios altercados. Se autoerige como el líder del grupo por su carácter impertinente y abusón. Resulta desagradable por lo burdo y soez que es, pero a la vez en él recae el humor ácido. Aunque el resto de sus compañeros conocen al instante su poder, Nathan se dedicará toda la primera temporada intentando averiguar el suyo.
  • Simon: es el típico chico tímido, todo lo contrario a Nathan. Si este era un abusón, Simon es el objeto de sus bromas, gamberradas e insultos. Ni siquiera recuerda su nombre. Está en el centro comunitario por intento de incendio. Su poder es la invisibilidad, como si no se sintiera ya lo suficientemente ignorado. Es quizá mi personaje favorito por la evolución que hace a lo largo de su participación en la serie. Y el actor Iwan Rheon está que se sale. Parece que se le da bien interpretar a personajes con un toque siniestro. En Misfits podemos ver cómo ya apuntaba maneras antes de actuar en Juego de Tronos.

  • Kelly: es el estereotipo de una choni. Cumple condena por una pelea. De carácter agresivo, en el fondo es una chica insegura que le da mucha importancia a lo que los demás opinen de ella. Quizá por eso su poder sea la telepatía, el poder oír los pensamientos de la gente. También tiene un lado sensible y acaba muy unida a Nathan
  • Curtis: es un prometedor atleta que se está preparando para participar en los Juegos Olímpicos de 2012. Sin embargo, es detenido por posesión de cocaína. Durante la tormenta consigue el poder de viajar al pasado.
  • Alisha: es una chica atractiva y fiestera que tiene que cumplir con trabajos a la comunidad por conducir ebria. Su poder hace que todo el que la toque se sienta locamente atraído sexualmente por ella, lo cual la pone en una situación vulnerable, ya que los afectados no son conscientes de sus actos, y cuando pierden el contacto no recuerdan nada de lo ocurrido. Comienza una relación con Curtis, sin embargo, evitarán cualquier contacto piel con piel para no desencadenar el poder de Alisha. Su capacidad no tendrá efecto en un misterioso encapuchado que sigue a los integrantes del grupo.

Así, tenemos a unos personajes estereotipados: el adolescente pasota, el paria tímido y víctima de abuso, la choni agresiva, el atleta que se droga y la chica atractiva, fiestera y vanidosa. Todos ellos reciben unos poderes que a priori pueden parecer aleatorios, sin embargo, si nos fijamos en sus caracteres, vemos que claramente están hechos a la medida de sus personalidades. Sin embargo, no solo ellos son los únicos afectados por la tormenta. A lo largo de la serie iremos viendo nuevos personajes y nuevos poderes. Y los protagonistas se verán en la obligación moral de vencer el mal. Aunque ellos son los antihéroes. Primero están buscando su lugar en el mundo, como cualquier adolescente incomprendido y fuera de lugar.

El primero contra quien tendrán que luchar será su monitor de los servicios comunitarios, que se convierte en zombie y los ataca. Consiguen matarle y será el primero de muchos cadáveres que tengan que esconder y el punto de partida y de unión de este grupo.

La serie no se basa en algo nuevo. El tema de los superhéroes y poderes está muy visto ya. Sin embargo, es original el punto de vista, los antipersonajes y los ácidos diálogos. Además, conserva ese tono grisáceo tan británico y una magnífica banda sonora. También se sale del tono al que estamos acostumbrados en las series estadounidenses. Misfits no es correcta, no es educada. Todo lo contrario. En sus guiones destaca lo soez, las palabrotas, los gestos obscenos, lo políticamente incorrecto. Más próximo a la realidad de cómo hablarían en la vida real los adolescentes a los que reperesentan. Y hay mucha más variedad racial y de clase que en las producciones americanas.

Con esto, no es de extrañar que nos gustara el piloto y la marcáramos como serie “para ver”. La primera temporada es muy buena. Aunque en sus seis capítulos apenas nos da para conocer a cada uno de los integrantes del grupo de monos naranjas. La segunda temporada mantiene bastante bien el ritmo con el nuevo misterioso encapuchado que protegerá a los chicos. De esta temporada es uno de los mejores capítulos de la serie en que un joven tiene el poder de sentirse un personaje del GTA. Muy bueno el guion, mejor el desarrollo con los gráficos.

Y es algo por lo que destacaba la serie. El saber qué supuesto poder iba a tener el personaje de turno en cada capítulo y cómo se las iban a apañar los protagonistas para salir indemnes. Porque no son héroes tradicionales, sino que aún están intentando aprender a manejarlos. En la mayoría de las veces el poder aparece cuando están bajo estrés y no tiene ninguna utilidad. Así que se producen situaciones embarazosas, incómodas y cómicas.

En la tercera temporada desaparece Nathan y le sustituyen con Rudy, que lleva de nuevo a los cuatro restantes del cuadro original a los servicios comunitarios tras robar un coche. Quisieron hacer un calco con este nuevo personaje impulsivo, malhablado, grosero y desagradable. Sin embargo, es insoportable, le falta el cómico que añadía el original. En la tormenta Rudy vio desdoblada su personalidad, de forma que está Rudy 1, impulsivo y que disfruta humillando a los demás; y Rudy 2, que es más sentimental e intenta contrarrestar los actos del primero.

Además, a los guionistas se les debió ocurrir que había que cambiarles los poderes a los protagonistas e introdujeron un giro en el que un nuevo personaje compra y vende poderes. De forma que mientras que en la tormenta adquieren unos en concordancia a sus personalidades, aquí tenemos unos de mercadillo. Simon será capaz de ver flashes del futuro, Curtis podrá cambiar de sexo, Alisha podrá ponerse en la piel de los demás y ver cómo si estuviera dentro y Kelly será diseñadora de cohetes. Toma ya poder guapo. Lo único para que le sirve es para no volver en la cuarta porque en África han visto filón en ella desactivando bombas. Una excusa para quitársela del medio porque la actriz fue condenada a prisión por un ataque xenófobo a un taxista.

Pero volviendo a la tercera temporada, tan solo merece la pena el capítulo de los nazis, por lo demás, personajes planos, un arco argumental que gira en torno al tráfico de poderes y al nuevo integrante. Y como colofón, es la despedida de Simon y Alisha, además de la ya mencionada salida de Kelly.

A partir de aquí, nada tiene sentido. Podrían haber dado por finiquitada la serie, pero no, intentaron alargarla de forma innecesaria introduciendo nuevos personajes para sustituir a los originales. Y claro, segundas partes nunca fueron buenas. Del elenco inicial tan solo se mantiene un desdibujado Curtis que ahora puede revivir a los muertos, pero los convierte en zombis…

En estos ocho episodios la serie perdió totalmente la esencia original. Nada que ver con el piloto. Las nuevas incorporaciones no aportaron nada, no había trama, eran personajes planos, con una vida aburrida y encima parece que quisieron darle algo de vida con unas relaciones amorosas entre los protagonistas metidas con calzador. También aparece un nuevo monitor de los servicios comunitarios que es absolutamente prescindible.

Los nuevos son:

  • Jess: Tiene rayos X es los ojos. A priori un poder muy interesante, pero no sé si les salían caros los efectos especiales porque lo usa un par de veces nada más. Es dura y agresiva, mantiene las distancias con todos, aunque en dos temporadas tiene 3 intentos de relación con sus compañeros. Como digo, metido con calzador.
  • Finn: su poder es la telekinesis, puede mover objetos. Aunque no cuando quiere, no controla muy bien su poder, como les ocurría a los protagonistas originales. Otro personaje plano. Va de gracioso, pero es un bocazas. Está obsesionado con Jess y mantiene a su novia encerrada en una habitación y atada a la cama. ¿La excusa? Que ella tiene el poder de manipularle. ¿Para qué distanciarse de ella y que el poder no tenga efecto? Mejor justificamos un abuso… Vamos de mal en peor.
  • Alex: es el camarero del bar al que van los protagonistas. Es atractivo, simpático y triunfa entre las mujeres, pero parece que siempre las rechaza. Resulta que una transexual intercambia genitales con él, así que se siente deprimido. Muy freudiano todo. Jess se siente atraída por él y finalmente comienzan una breve relación. El poder de este personaje es la eliminación de los poderes. El detalle es que para que este desaparezca ha de tener sexo con el poseedor.
  • Abby: creo que es el único personaje de todos los nuevos que no me desagradó, pero tampoco tiene nada realmente interesante. Es una chica que se encuentran los cuatro nuevos en una fiesta. Está inconsciente y se la llevan a servicios comunitarios. Cuando se recupera no recuerda nada, tiene amnesia total, ni siquiera sabe cuál es su poder. Intentará descubrir quién es. Finalmente descubre que era la amiga imaginaria de una chica.

Y si la cuarta fue mala, la quinta ya hundió la serie más aún. De repente Rudy 2 pide la independencia unilateral de Rudy 1 y crea su patrulla de superhéroes con miembros que conoce en un grupo de apoyo. La banda del jersey. Entre ellos se encuentran una chica que se mimetiza con las superficies, uno que puede volar y una chica que emite descargas eléctricas, de quien se enamora. Sin embargo, este nuevo grupo no funciona como él esperaba ya que se dedican a matar sin ton ni son. Así que Rudy 2, Jess, Finn, Alex y Abby intervendrán para eliminarlos.

Y para rematar la serie un final feliz con parejas y bebés de por medio y todo. Muy patético. Empezó como una serie entretenida que sabía darle la vuelta al ya trillado tema de los poderes con muy buena calidad audiovisual, un gran elenco y un humor ácido y sarcástico. Sin embargo, acabó convirtiéndose en una caricatura de sí misma repitiendo poderes, tramas, dando tumbos, con personajes nada atractivos y planos. ¿Por qué nunca saben dónde parar?

Así que, con todo lo dicho, recomendaría ver la primera y segunda temporada. Quizá incluso la tercera. Pero desde luego me ahorraría las dos últimas. Sí, son pocos capítulos, pero es una auténtica pérdida de tiempo.

Road Trip por Escocia. Día 6 II Parte: Smoo Cave, llegada a Durness y Balnakeil Bay

Un par de kilómetros antes de llegar a Durness paramos en Smoo Cave. Hay un aparcamiento junto a la carretera y unas escaleras de madera a ambos lados que conducen a la playa y a la cueva.

Durante siglos se pensó que era la residencia del diablo. Ha sido utilizada por contrabandistas del whisky, que se adentraban en ella para esconderlo.

Se trata de una cueva de piedra caliza con una cascada en su interior. Es una parada obligatoria en la zona, su gran punto de interés. Comenzó a cobrar importancia tras la visita del escritor Sir Walter Scott en 1814.

Está dividida en tres cámaras, la primera parte es gratuita, para adentrarse más hay un tour de unos 20 minutos que cuesta 5 libras.

La primera cámara tiene 15 metros de altura, 60 de largo y 40 de ancho.

En la segunda hay un pequeño mirador y una piscina donde vierte una catarata que proviene del río Alt Smoo a través de un agujero en el techo de la cueva.

A la tercera se puede entrar en una pequeña barca hinchable pasando por delante de la cascada. Pero sólo en julio y agosto. Lamentablemente nosotros no pudimos hacer el tour porque las lluvias de los últimos días hicieron que el caudal del río estuviera bastante alto y la cueva no fuera navegable.

Así pues, nos tuvimos que contentar con ver la entrada a la cueva y asomarnos a la barandilla que lleva a la cascada. Aunque no se puede ver mucho porque el agua te salpica directamente en la cara.

De nuevo arriba dimos un paseo por los alrededores, se ve cómo llega el río con ese color tan típico escocés y cae la cascada a la cueva.

Volvimos al coche esta vez ya con dirección al alojamiento de Durness. Habíamos elegido Churchend Cottage Bed & Breakfast y nos recibió Sarah con su simpático perro.

Descargamos el coche y nos refrescamos un poco. Estuvimos hablando con Sarah, que nos prestó un mapa y nos explicó sitios que ver en las proximidades. Y como era pronto, decidimos acercarnos a Balnakeil Bay y dar un paseo por la playa.

Durness es conocido por ser el municipio donde John Lennon pasaba las vacaciones de verano en casa de unos familiares cuando era niño. Hay un monumento en su honor y todo. Toda la zona era donde residía el Clan Mackay, de hecho, por eso se conoce la región como el País Mackay. Sin embargo, también parece que vivieron los Morrison.

Balnakeil Bay tiene la fama de ser una de las playas más limpias de la zona, con su arena blanca y protegida de los vientos por las dunas. Junto a ella está el Durness Golf Club y al norte una instalación militar.

Las dunas son unas de las más finas de todas las Highlands. La zona está vallada porque se trata de un terreno que pertenece a una granja familiar. No hay problema en cruzar la puerta, pero hay que cerrarla después. Y si vas con perros, tienen que ir con la correa, sobre todo en la época de cría para que no asusten a las ovejas.

La playa es similar a la de Sangobeg, con esa arena blanca, ese agua cristalina y las montañas verdes al fondo. Se respira tranquilidad en ella e invita al paseo.

También podemos visitar una pequeña iglesia, la Durness Old Church. 

Balnakeil fue el centro de la Cristiandad desde el siglo VIII. La iglesia fue erigida en 1617 sobre los restos de otra más antigua que era conocida porque apoyó las Cruzadas en el año 1100. Fue reconstruida en 1690 pero quedó abandonada a mediados del siglo XIX cuando se construyó una nueva. Actualmente está en ruinas y parcialmente cubierta por la hiedra, lo que le da ese encanto propio de los edificios antiguos de Gran Bretaña.

Se puede visitar el pequeño cementerio que hay junto a las ruinas. En él destacan las tumbas del poeta gaélico Rob Donn, de la tía de John Lennon y del salteador de caminos Donald Macmurchow, perteneciente al Clan Mackay.

Frente a la iglesia está la Balnakeil House, del siglo XVI, que perteneció a uno de los jefes del Clan Mackay. Se cree que está construida con piedras provenientes de la residencia de verano de los obispos de Caithness.

El edificio actual data de 1744, pero su interior fue remodelado en la época victoriana. Se vendió en 1904 a la familia Elliot, que siguen siendo sus dueños hoy en día.

Hubiera estado bien ver atardecer, pero aún quedaba bastante, la verdad. Nos volvimos andando al pueblo y fuimos fijándonos en las opciones que teníamos para cenar. Tan solo había un comercio, un Spar que no tenía mucha oferta. Así que cenamos en un restaurante que nos había recomendado Sarah, el Sango Sands Oasis. Nos tocó esperar, porque era hora punta, las 7 de la tarde, pero nos tomamos un refresco tranquilamente mientras nos daban mesa.

No teníamos especial prisa, pero lo cierto es que no tuvimos que esperar mucho. Como estaban en fiestas en el pueblo, no había mucha opción en la carta, tenían bastante reducido el menú. Optamos por el famoso Haddock rebozado y acompañado de patatas cocidas; y una lasaña de la casa con patatas fritas. Para compartir elegimos una ensalada de gambas que era enooooooooorme. Acabamos más que llenos por unas £30.

Con el estómago más que a reventar, volvimos al alojamiento a ducharnos y revisar el planteamiento del día siguiente, puesto que había un evento en Durness que merecía la pena vivir.

Road Trip por Escocia. Día 6: Thurso, Melvich Bay y Loch Eriboll

Amaneció algo más despejado que el día anterior en Thurso. No llovía, pero había unas nubes grises en el horizonte. Bajamos a desayunar y estaba todo muy tranquilo, solo había otro huésped más en la sala esperando al desayuno.

Como venía siendo habitual, había una consola con yogures, zumos, leche, algo de fruta y cereales.

En la mesa teníamos mantequilla mermeladas, así como sal, pimienta y ketchup. Las bebidas calientes nos las trajeron recién hechas de la cocina, así como los huevos revueltos con salmón que pedimos.

Después de desayunar cargamos el coche, con la ropa del día anterior algo húmeda estirada sobre los asientos traseros, y nos dimos un paseo por Thurso ya que la tarde anterior no habíamos salido.

Thurso es un pueblecito costero con una bonita playa y espectaculares acantilados. Sus orígenes se remontan a los pictos, pero su nombre actual viene de la época de los vikingos. Thurso deriva de Thors, que significaba “río”. Fue un importante asentamiento nórdico por ser una puerta de entrada a Escocia. Además, tuvo su peso en el comercio ya que el rey David II (1329-1371) decretó que el peso de la libra de Caithness se convertiría en el estándar para toda Escocia.

Thurso contaba con uno de los mercados más baratos del norte, atrayendo vendedores desde más allá de Edimburgo. En los siglos XVII y XVIII se benefició del comercio de carne y pescado. En la segunda mitad del siglo XX la población del pueblo se triplicó al abrirse una planta nuclear en Dounreay y la base militar estadounidense de 1964 a 1992.

Dimos un paseo por la zona peatonal prácticamente vacía. No era excesivamente pronto, pero apenas nos cruzamos con gente.

Cerca del hotel teníamos la Plaza de Sir John, que en su origen se llamaba Plaza MacDonald. Se le cambió el nombre para honrar a Sir Tollemache Sinclair en 1879. En 1893 se erigió la estatua del político Sir John Sinclair, que nació en el pueblo, y se le volvió a cambiar el nombre a la plaza.

Cerca está la Sir George’s Fountain, una fuente que se construyó en 1894 por Sir Tollemache Sinclair en memoria de su padre, Sir George Sinclair. Originalmente se colocó frente a la plaza, pero después se movió para dejar espacio a un Memorial de la Guerra que se levantó en 1922 y que honra a 153 soldados.

Para ser un pueblo pequeño, cuenta con varias iglesias.

La de St Peter y St Andrew fue levantada para sustituir la antigua St Peter’s que cayó en ruinas. El primer sermón fue el de Walter Ross Taylor en 1833.

Un poco antes de llegar al puerto está la Old St Peter’s Church, una iglesia de la que hoy solo quedan sus ruinas. Se construyó en el siglo XII y fue la iglesia principal de Thurso durante siglos. Dejó de usarse a mediados del siglo XIX, aunque el cementerio se siguió usando hasta 1894.

También en ruinas está el castillo del siglo XII que fue erigido por condes nórdicos. A mediados del XVII el Conde de Caithness añadió una gran torre de piedra y en el siglo XIX Sir Tollemache Sinclair lo amplió convirtiéndolo en una mansión señorial escocesa. Ha tenido visitantes de renombre, como los Príncipes de Gales en 1876, Grant, el Presidente de los EEUU o el ensayista e historiador escocés Thomas Carlyle. Quedó dañado por una mina durante la II Guerra mundial y no se ha reconstruido.

El puerto no tiene mucho interés, poco queda de la próspera industria que comenzó en el siglo XIV. El puerto se construyó en 1891 y su declive comenzó a principios de los años sesenta del siglo XX.

Sin embargo, si tomamos la carretera hacia la izquierda, vemos la playa. Como todas en la zona, amplias y con buena arena. Desiertas también. Solo algún valiente paseando al perro.

Durante la noche debía haber subido bastante la marea, porque se notaba hasta dónde había llegado el agua y prácticamente era todo el espacio de arena.

Comenzó a chispear a ratos y no nos entretuvimos más, pues además ya eran las 11 de la mañana. Volvimos al coche y dejando atrás Thurso, continuamos nuestro recorrido por el condado de Sutherland.

Nuestra primera parada del día fue Melvich Bay, una bahía con unas espectaculares vistas. La carretera que lleva hasta allí ofrece un panorama impresionante de la costa norte de Escocia. Hay un aparcamiento donde se puede dejar el coche y bajar a la playa, que tiene una arena de color dorado.

 

Fue un día para disfrutar de las vistas. No hay grandes pueblos, más bien grupos de asentamientos, lo bonito de la zona son los paisajes. La carretera es estrecha y hay que ir despacio, pero esto te permite empaparte del ambiente y dejar a los ojos asimilar los paisajes, decidir cuándo parar. Detenerte a reposar un rato y sentarte sin más a observar los lagos, pequeños fiordos y playas que van apareciendo durante el recorrido.

A medio camino entre Melvich y nuestra parada final del día, Durness, llegamos a Kyle of Tongue, una lengua de agua que se adentra desde la bahía de Tongue hacia el interior.

Hay un dique artificial que permite que una carretera una ambos lados por medio de un puente que fue levantado en 1971. Antes de la construcción del puente se tenía que coger un ferry o dar un rodeo de 20 km.

Se puede parar en un parque y disfrutar de las vistas. Como digo es un día de tomárselo con calma, relajarse y observar el paisaje.

Continuando hacia el oeste llegamos al Loch Eriboll, que en realidad no es un lago propiamente dicho. Debe su nombre a la pequeña aldea que se encuentra en su orilla oriental.

Se trata de un fiordo que se interna 16 km en tierra y es el lago marino más profundo de Escocia. Hasta allí llegaron los submarinos alemanes en la II Guerra Mundial y fue donde se rindieron formalmente en 1945.

A medida que nos vamos aproximando se ven cómo el terreno es algo más llano y verde. Esto se debe a que esta parte de Escocia tiene otro tipo de roca más suave que hace que sea más fértil.

Las dos orillas son diferentes, y esto se debe a la cuarcita que se fue formando hace 540 millones de años cuando Escocia formaba parte de otro continente. Esta piedra provenía de la arena blanca depositada en las superficies cálidas del océano.

A medida que el continente escocés se fue moviendo hacia el norte, fue depositándose piedra caliza sobre la cuarcita. Después, aproximadamente hace 430 millones de años, Escocia se unió con Inglaterra y Gales y desapareció el océano entre ambos continentes, lo que propició que surgieran las montañas que vemos hoy en día. La colisión de ambos propició que algunas de las rocas se desgastaran revelando diferentes etapas en la historia de aquel océano.

Es una zona en la que abundan los fósiles, y lo curioso es que los restos se parecen a los encontrados en Norteamérica y difieren totalmente a los de Inglaterra y Gales. Así pues, esto corrobora la teoría de que Escocia estuvo unida al continente americano antes que a Inglaterra.

Nos encontramos en la región con menos densidad de población de todo el Reino Unido, y también donde más llueve. El trayecto discurre cuesta abajo por una carretera estrecha y llena de curvas. La temperatura baja y hay niebla, o las nubes están bajas creando una atmósfera siniestra aunque con cierto encanto.

En la orilla occidental se pueden atisbar construcciones de piedra en las colinas.

En el fiordo hay varias islas, la mayor de ellas recibe el nombre de Eilean Choraidh y se usó para prácticas de bombardeo aéreo porque su forma y tamaño se asemejan a los de un acorazado.

En este tramo norte de Escocia abundan las autocaravanas, y apenas hay turismos con los que cruzarse. Vimos mucha matrícula alemana y holandesa. De vez en cuando alguna belga o francesa. La conducción se hizo algo más lenta, puesto que cuando se cruzaban varios vehículos de tales dimensiones ocupaban al máximo el carril y los passing places.

En un momento dado llevábamos detrás a una lugareña en su A6 (o similar, quizá era un BMW) que empezó a darnos las largas cada dos por tres. La mujer iba un poco harta de tanto turista tortuga y a la que nos retiramos a un passing place nos pitó y tiró millas dejando atrás coches y autocaravanas.

Seguimos la carretera y en una de las bajadas vimos que había vehículos aparcados a un lado de la calzada y al fondo una playa impresionante. Habíamos llegado a Sangobeg Beach.

Aparcamos, cogimos nuestra comida y nos dirigimos hacia el acantilado. A medio camino había un banco y allí nos sentamos a comer y a disfrutar de las vistas.

Al parecer es una playa bien conocida por los aficionados al surf y al kayak. Nosotros no vimos a nadie preparado para ello, quizá no era el día propicio. Pero tampoco era día de baño como la valiente señora sobre estas líneas. Vamos, nosotros bajamos con botas de montaña.

Es una preciosa playa de casi 300 metros de largo y 150 de ancho. Contrasta la variedad de colores: el blanco de la arena, el turquesa del mar, el verde de los prados sobre los acantilados…

Con el estómago lleno y después de un paseo por la playa, regresamos al coche rumbo a Durness.

Nueva serie a la lista “para ver”: The man in the High Castle

Amazon ha copiado a Netflix y ahora tiene series propias también. Una de ellas es The Man in the High Castle, basada en la novela del mismo nombre de Philip K. Dick. Sí, otra vez una serie basada en una novela. Ya he perdido la cuenta.

Este drama histórico está ambientado en 1962 desde un punto de vista ucrónico. Es decir, nos encontramos en una realidad alternativa en la que las Potencias del Eje habrían ganado la II Guerra Mundial. Ahora la Guerra Fría la protagoniza Alemania y Japón, no Estados Unidos y la Unión Soviética. Como consecuencia de esta victoria, los alemanes y los japoneses se habrían repartido Estados Unidos de forma que los nipones dominarían la costa oeste y los germanos el este y casi el resto del país hasta las Montañas Rocosas. Entre ambas secciones habría un territorio neutral.

En este escenario tenemos a dos personajes, uno de cada costa. Por un lado, Joe en Nueva York y por otro Julianna, en San Francisco. Ambos se cruzarán en un pueblo en la América profunda cuando él va en ruta llevando una carga misteriosa como miembro de la resistencia y ella ha huido de casa con una película propagandística de una realidad alternativa en la que los aliados sí que salieron victoriosos. Al parecer es obra de un misterioso hombre en el castillo, pero no se sabe quién es.

La ambientación de la serie se consigue sustituyendo pequeños detalles cotidianos tan comunes en las producciones norteamericanas. Han sustituido las banderas estadounidenses de los porches o de lugares significativos y en su lugar encontramos esvásticas o letras japonesas. Da un poco de impresión encontrarse Times Square adornada con cruces gamadas.

Choca ver cómo la sociedad está adormecida y parece haber asumido que perdieron la guerra y que ahora el país que conocían ya no existe. Invita a la reflexión sociopolítica con este planteamiento ucrónico. Supongo que las cintas de Julianna servirán para despertar a los ciudadanos. Habrá que ir viendo.

A mí me suele enganchar la temática de espionaje, sin embargo, para el género, The Man in the High Castle me parece algo lenta, no crea la tensión que por ejemplo veíamos en el piloto de El Infiltrado. Tiene la estética, la fotografía, ese tono grisáceo, a veces sepia, pero había demasiados personajes, demasiadas tramas. Supongo que porque se está cocinando a fuego lento una historia aún mayor sobre la sucesión de Hitler y el enfrentamiento germano-nipón, pero el resultado fue que se me hiciera algo plomizo este primer episodio. Y eso puede frenar a continuar viendo más.

Claro, que hay que tener en cuenta que es una serie de amazon, es decir, no tiene que mantener el mismo ritmo de una serie que se emite semana tras semana; sino que al tener disponible toda la temporada, es más fácil darle una segunda oportunidad visionando el capítulo siguiente. Y parece que no le fue mal a la plataforma, ya que se ha convertido en la serie más vista en la tipología bajo demanda a nivel mundial.

De momento cuenta con dos temporadas de 10 episodios. La añadiremos a la lista “para ver” y comprobaremos si cumple con las espectativas.

 

Road Trip por Escocia. Día 5 II Parte: Dunrobin Castle, Acantilados John O’Groats y llegada a Thurso

Eran las 13:30 y llegábamos al Dunrobin Castle. Nos encontramos un aparcamiento lleno a rebosar y varios autocares, así que pensé que debía ser de los buenos, sin embargo, no nos interesó ni lo más mínimo.

Este castillo de estilo victoriano se encuentra en el pueblo de Golspie. Se accede a él por un camino protegido por árboles en ambos de sus lados. Destacan sus jardines, inspirados en Versalles, creados en 1850 por el mismo arquitecto que diseñó las Casas del Parlamento de Londres.

Es el más grande de las tierras del norte y una de las casas habitadas más antiguas del Reino Unido (por los duques de Sutherland). Sin embargo, a pesar de ser privado, está abierto al público y se puede visitar, eso sí, no está incluido en el Explorer Pass y nos pareció algo caro.

Así que tras descartarlo, volvimos al coche, donde aprovechamos para comer nuestro meal deal. Después del pequeño descanso, de nuevo nos pusimos en ruta, esta vez teníamos un tramo de unas 70 millas hasta llegar a los acantilados John O’Groats.

La última parte de esta etapa deja atrás la A9 y va por una carretera de peores condiciones, así que hay que conducir con más calma, aunque no hay mucho tráfico. La carretera se va estrechando y abundan los passing places. Sin embargo, no es ningún inconveniente, puesto que así se puede disfrutar de los extraordinarios paisajes. En todo el recorrido se deja el mar a la derecha y se respira tranquilidad.

El pueblo de John O’Groats es el punto de partida de los ferris y de los barcos de excursiones que van a las Islas Orcadas. donde se pueden ver focas, orcas y frailecillos.

Desde el pueblo hay un desvío hacia Duncansby Head. Se trata de una carretera muy estrecha que acaba en un faro con un amplio aparcamiento. Eran las 4 de la tarde y solo nos encontramos con una furgoneta y un par de coches.

Este faro es uno de los más de 200 que hay por toda la costa escocesa. Fue diseñado y construido en 1924 por David A. Stevenson (el primo de Robert Louis) y con su torre de 11 metros de altura se levanta a 67 metros sobre el nivel del mar.

Durante la II Guerra Mundial fue bombardeado por los alemanes, aunque no provocó ni víctimas ni daños.

Se nota que estamos bien al norte de Escocia, la temperatura es más baja y corre un fuerte viento. Además, nos encontramos con una lluvia típica escocesa: pulverizada. Es un poco más fuerte que un chirimiri, pero menos que una tormenta leve. Las nubes están bajas y hay agua en suspensión continuamente. Había unos asiáticos luchando con un paraguas que imagino que tirarían después, porque se les dio la vuelta varias veces. Como he dicho, hacía viento, pero es que además era lateral, así que lo del paraguas no tiene sentido.

La zona es muy agreste, sin un solo árbol, dicen que es un buen lugar para observar focas y aves. Si hay suerte y el día está despejado, se pueden ver hasta las Orcadas. Nosotros con la lluvia no veíamos nada, solo ovejas.

Dejando a nuestras espaldas el faro, comenzamos a caminar siguiendo un sendero que bordea los acantilados colina arriba, esquivando charcos, desniveles y regalitos de las ovejas.

Tras andar más o menos un kilómetro nos encontramos ante nuestros ojos con una playa en la que destacan unas formaciones rocosas de 64 metros de altura.

Las vistas son espectaculares, lo malo es que la lluvia nos atizaba y casi no podíamos mirar en condiciones. Con las gafas de sol como pantalla, algo se podía abrir los ojos, pero claro, las gotas en los cristales tampoco ayudaban…

Emprendimos el regreso al faro con la lluvia lateral Había que protegerse las orejas porque la combinación aire y agua en el oído era bastante molesta.

Llegamos al coche con la ropa mojada por zonas. Si nos poníamos de frente, teníamos la franja central de nuestro cuerpo seca, y los laterales húmedos. Apenas estuvimos 50 minutos con la subida y bajada. Si no hubiera llovido, podríamos haber estado más tiempo observando el paisaje y quizá consiguiendo atisbar alguna foca o ave. Pero teniendo en cuenta que es la zona más septientrional de la isla, contábamos con esta climatología, de hecho, se notaba el descenso de las temperaturas con respecto a la que habíamos dejado en Inverness por la mañana. Fácilmente teníamos unos 4-5º menos, y con sensación térmica más baja aún por el viento.

Pero la lluvia no nos iba a parar, continuamos por la costa hasta otro faro, el de Dunnet Head.

Este faro también fue diseñado por Robert Stevenson (como la mayoría de los faros escoceses) y fue construido en 1831. Mide 20 metros y se encuentra a 105 del nivel del mar.

En él vivieron el farero y dos asistentes con su familia hasta 1989 en que se automatizó su funcionamiento.

Realmente este sí que es el punto más septentrional, Duncansby se encuentra algo al noreste. Pero se suele tomar John O’ Groats como referencia, supongo que por ser población y a veces hay confusión.

Desde 2008 20 hectáreas de Dunnet Head han sido declaradas reserva natural. En la zona también hay algunas instalaciones militares de la II Guerra Mundial.

La lluvia y el viento continuaban con nosotros creando una especie de neblina. Pero aún así nos bajamos a dar un paseo breve y echar cuatro fotos. Dejamos el faro y nos acercamos a los acantilados a ver si podíamos distinguir la costa.

Y allí estábamos, de pie en los acantilados, agitados por el aire viendo planear a las gaviotas cuando de repente me di cuenta de que no solo había gaviotas, sino que había otros pájaros con los picos naranjas. ¡Los famosos frailecillos! ¡Más graciosos! Aún estábamos esperando ver las famosas vacas escocesas, pero podíamos tachar de la lista estas simpáticas aves que volaban de un lado a otro y se iban posando sobre las rocas que teníamos a nuestra izquierda.

El frailecillo atlántico se cría en el norte del Atlántico, encontrándose la colonia más grande en Islandia (el 60% de la población mundial). Es un ave que pasa el otoño e invierno en mar abierto, y no regresa a la costa hasta primavera, la época de apareamiento. Son sociables y suelen criar en grandes colonias.

Lo más distintivo es su pico anaranjado, aunque esta característica sólo se desarrolla en primavera, para llamar la atención en época de apareamiento. También cambia su plumaje, ganando brillo. Engalanamiento para llamar la atención. No los asociamos de otro color, porque cuando pierden este color ya están surcando los gélidos vientos del norte. Su plumaje es blanco por debajo y negro por arriba para sortear a los depredadores, ya que cuando están volando, las aves que están a mayor altitud los ven negros y se mimetizan con la tierra; por otro lado, si se mira desde abajo, se confunden con las nubes.

El macho y la hembra suelen tener una apariencia similar, salvo que el macho es ligeramente más largo. Las crías tienen un plumaje similar a los adultos, pero la zona de sus mejillas es de una tonalidad más oscura, su pico es menos ancho y gris oscuro con la punta amarillenta. Además, sus patas también son oscuras.

Los frailecillos son aves monógamas y cuidan de manera biparental a la cría. El macho suele estar más cuidando el nido mientras que la hembra incuba y se dedica de su alimentación. Su forma de crianza es parecida a la de sus primos pingüinos.

Anidan en el punto más alto de un acantilado cavando una madriguera. El polluelo se alimenta de pescado entero y en apenas seis semanas ya tiene el plumaje adulto y se aventura de noche hacia el mar, cuando es menos visible para sus depredadores. Nadará desde la costa y no se juntará con otros de su especie o volverá a tierra hasta dos o tres años más tarde.

Con este buen sabor de boca abandonamos los acantilados para acabar el día en Thurso. Ya eran las seis de la tarde y estábamos algo mojados, sobre todo los pantalones.

De camino a Thurso está Dunnet Beach. Pero no paramos porque estaba lloviendo de nuevo y ya íbamos bastante mojados. Pero vaya playas que hay por la zona, son larguísimas con finísima arena blanca y agua cristalina, si no fuera por el clima, uno podría creer estar en el Caribe.

Para ese día no teníamos un B&B como la noche anterior, sino un hotel, el The Holborn, un hotel restaurante.

La verdad es que me fue complicado encontrar alojamiento en la zona, supongo que era una época con alta demanda para los veraneantes interesados en hacer excursiones a las islas.

El hotel era bastante normalito, pero lo justo para una estancia corta. Era algo tarde y seguía lloviendo, esta vez un tipo de lluvia más “normal”, así que decidimos quedarnos en la habitación, poner a secar la ropa, entrar en calor con una ducha, cenar algo rápido mientras revisábamos la ruta del día siguiente, hablar con la familia y descansar.