Road Trip por Escocia. Día 9 II Parte: Isla de Skye: Old Man of Storr

Dejamos Portree y continuamos hacia el norte hacia el mayor símbolo de la Isla de Skye, el pináculo Old Man of Storr que corona el monte Storr, de 719m de altitud. Junto a esta montaña está el Needle Rock.

Old Man Of Storr son unas inmensas formaciones rocosas monolíticas modeladas por la erosión que han acabado con forma de hoja de sauce. Realmente el Old Man es el mayor de los pináculos. Se encuentra en el norte de la isla de Skye, entre portree y Staffin y se llega después de recorrer una tortuosa carretera de un carril entre acantilados y puertos de montaña.

Hay un aparcamiento donde se puede dejar el coche. Cuando llegamos, a eso de las 3, no es que hubiera mucho sitio libre, pero bueno, no estaba lleno. Sin embargo, tres horas más tarde, había coches aparcados en los laterales de la carretera durante al menos un kilómetro.

No se trata de una ruta sin más. Se trata de una caminata circular de unos 4 kilómetros calificado un nivel medio en cuanto a longitud, y también medio en dificultad. Por supuesto es imprescindible un buen calzado, algo de comida y bebida por si tuviéramos algún bajón. Que ojo, son 4 kilómetros, pero es cuesta arriba.

Para comenzar la caminata hay que pasar una puerta de madera, y a continuación tomar el camino que sigue la ladera de la montaña. Hay tanto uno para la izquierda, como para la derecha, ambos se unen arriba, sin embargo, en Walk Highlands recomiendan la segunda opción, así que esa tomamos. En este tramo se ve un poco desangelado, pues quedan los restos de la tala de árboles. Y es que los terrenos son privados (de ahí la valla), y no hay que olvidar que es una zona en la que se vive de la agricultura, ganadería y la pesca. La venta de madera es una forma de sobrevivir más.

 

El camino continúa en zig zag escalando la montaña y se llega a otra puerta de madera. Volvemos a cruzarla y cerrar tras nosotros y seguimos. La ruta comienza a ser más empinada, además, se complica, puesto que se mezcla un terreno rocoso con partes de barro.

Pero no es un barro de lluvia y arena, sino algo más fangoso, te bota el pie cuando vas andando. Es una sensación curiosa. Menos mal que no nos llovió, porque lo cierto es que tendríamos que haberlo dejado para otro día (con un poco de suerte). Muy importante el calzado para la ruta, ya que el terreno irregular y además en ascenso, hace que haya que prestar mucha atención de dónde ponemos los pies. Mis botas desde luego pasaron con nota la prueba.

Pero además, la cosa comienza a complicarse con una cuesta de gran nivel, de estas en las que las rodillas casi te tocan el pecho. En determinado momento, el camino se vuelve a bifurcar, en este caso, habrá que coger el de la izquierda. No hay un camino muy definido, tan solo unas rocas que te marcan las pisadas. Durante la subida, el Old Man nos va quedando a un lateral, pero si seguimos las pautas del terreno, nosotros también iremos girando progresivamente. Finalmente, llegamos a los pies del pináculo.

No es del todo sencillo trepar por la parte inferior de la roca, aunque vimos a gente con niños que se atrevía a todo. La parte rocosa e irregular da un poco de vértigo, y eso que yo no tengo miedo a las alturas, pero reconozco que allí sentada daba mucha impresión. Quizás también por el aire que azota a esas altitudes que no da mucha sensación de estabilidad.

Es el momento de sentarse y disfrutar. Que no quiere decir que no hayamos parado durante el ascenso, ni mucho menos. Pero desde lo alto tenemos un paisaje impresionante.

Se observa la bahía. Además, teníamos un día sorprendentemente despejado, aunque nos había llovido levemente por tramos.

Bajando un poco y tomando el camino que sale hacia la izquierda, nos dirigimos hacia Needle Rock y más allá, subimos a un acantilado desde donde tenemos unas magníficas vistas del Old Man y de todo nuestro alrededor.

Si la subida anterior parecía pronunciada, esta lo es más aún. Claro, las vistas son espectaculares, y el viento también.

Emprendimos la bajada siguiendo el camino marcado con las piedras y de vuelta al aparcamiento. Podríamos decir que es más rápido que la subida, claro está, pero aún así, no es moco de pavo, ya que hay que prestar atención a las rocas para no resbalar, y al fango para no acabar atrapado hasta las rodillas. Y porque también merece la pena pararse, levantar la cabeza, ver la subidita que te has pegado y sonreír con satisfacción.

Desde luego fue una grata experiencia.

Sí, es exigente, hay que prestar atención y ponerle ganas y ánimos, pero al llegar arriba todo se queda ensombrecido por las vistas. No son unas rocas sin más, por algo es uno de los paisajes más fotografiados del país.

Un poco cansados, nos dirigimos hacia nuestro alojamiento, el Lochview B&B. donde nos esperaba la alegre Elaine. Nos costó un poco encontrar su casa en la A87, porque está en un pueblo llamado Kensaleyre, pero es de estos pueblos dispersos a lo largo de la carretera.

Se encuentra mirando al mar con orientación oeste, así que a esas horas de la tarde se podía observar cómo iba descendiendo.

Nuestra habitación tenía también esa orientación, y con esas grandes cristaleras teníamos todo el sol iluminándola.

El dormitorio era bastante espacioso. Con un armario empotrado y baño incorporado. También teníamos la típica tetera y algunos detalles de bienvenida.

Los dueños son gente joven con un niño pequeño, y se nota. La decoración es bastante moderna, aunque combinada con detalles clásicos como grandes muebles de madera. Sin embargo, donde más se notaba el buen ojo que habían puesto fue en el baño. Toda una gozada poder ducharse en la cabina de chorros después de la paliza a andar que nos habíamos pegado.

Pero la ducha aún tendría que esperar, puesto que aún no eran las 7 de la tarde y había un sol espectacular. Por lo que dejamos nuestras cosas, nos aseamos un poco y volvimos a la carretera.

Road Trip por Escocia. Día 9: Isla de Skye: Dornie y Portree

Amaneció un nuevo día que teníamos bastante completito, así pues, comenzamos desayunando al estilo escocés. Bueno, en parte, porque nos decantamos por unos huevos con champiñones y tostadas. Aunque si le añadimos zumo, café, té y algo de fruta, no se puede decir que fuera poca cosa.

Hay que decir que Kenny tenía el salón muy bien preparado con varias cafeteras y teteras, cestas con cereales, pan, tostadoras, neveritas con yogures y lácteos, además de jarras de zumo, un surtido de fruta fresca, salsas varias… Y además, se vistió con el típico kilt, que al viajero siempre le hace ilusión.

Esta vez no nos colocaron en una mesa junto a alemanes, sino que fueron españoles. Y casualmente ha sido la vez que menos hemos hablado con el resto de comensales. Los alemanes siempre hicieron por iniciar una conversación, saber cuál era nuestra ruta, de dónde éramos, los días de nuestro viaje… Sin embargo descubrimos que esta pareja era española casi cuando se iban a ir. Y tampoco porque se dirigieran precisamente a nosotros. La verdad es que nosotros estábamos algo dormidos como para empezar una conversación, pero me sorprendió que para una vez que no había que forzar otro idioma, fuera el día menos comunicativo.

Tras recoger nuestras pertenencias y despedirnos del amable Kenny, ya a las 9 y media de la mañana, emprendimos nuestro viaje dirección a la Isla de Skye, uno de los principales destinos turísticos de Escocia.

Esta isla tiene una superficie de 1656 km2 y es la tercera más grande de Escocia tras Lewis y Harris. Recibe el sobrenombre de la perla de las Hébridas, así que no podía faltar en nuestro viaje.

El recorrido por la A87 es realmente interesante. Predominan carreteras tortuosas entre montañas, bosques y lagos.

Justo antes de llegar a la isla, a eso de las 12 de la mañana, paramos en Dornie, un pueblo que se encuentra en la confluencia de tres lagos: el Loch Duich, el Loch Long y el Loch Alsh. Un poco antes de entrar en el pueblo, sale el desvío de Carr Brae View Point. Desde este mirador obtendremos una bonita perspectiva de los lagos y las montañas, además del famoso Eilean Donan Castle.

Resultó un poco complicado dar con el punto clave, porque empezamos a subir a la montaña y no había más que vegetación, a medio camino alguna casa, estaba indicado el mirador a una milla, pero seguimos subiendo y casi arriba del todo, vimos un par de residencias, pero ningún mirador, así que volvimos a bajar, porque teníamos que habérnoslo pasado. Y efectivamente, en uno de los claros estaba el punto donde queríamos parar. Dejamos en coche en un apartadero y nos asomamos.

En este enclave, en una pequeña isla a la que sólo se puede acceder por un estrecho puente de piedra, se erige el castillo. Fue construido en el siglo XIII y su situación estratégica lo convirtió en una inexpugnable fortaleza ante las frecuentes incursiones vikingas. Su nombre en gaélico significa La isla de Donan y parece ser que Donan hace referencia a Donnán, un santo irlandés que en el siglo VI se asentó en la isla.

Como no podía ser menos, se vio involucrado en la época de los levantamientos jacobitas. En 1719 cuando Francia se negó a apoyar la revuelta para devolver el trono inglés a los descendientes de los Estuardo, los escoceses pidieron ayuda a España. Desde Cádiz llegaron a las Highlands 300 españoles y 46 llegaron a tomar el castillo. Aunque la conquista duró poco, pues los ingleses lo bombardearon consiguiendo así la derrota de los españoles y dejando la fortaleza en ruinas.

En 1911 John MacRae-Gilstrap, descendiente del clan MacRae, lo compró y comenzó su reconstrucción y restauración hasta conseguir devolverle su esplendor. Dado que es una residencia privada no entra en el Explorer Pass. De hecho, no se puede ir más allá del puente sin la entrada (salvo en las horas en las que el castillo está cerrado, que sí se puede pasear por la isla). Aunque se puede visitar, muchas estancias están cerradas, y las que están abiertas no se pueden fotografiar.

Pero desde fuera la imagen que nos ofrece es espectacular con el castillo reflejándose en las aguas y al fondo las montañas. Y si tienes un típico día escocés con el cielo plomizo, la niebla baja sobre el lago y ese chirimiri típico, ya tienes una postal. No es de extrañar que en el castillo se rodaran Los Inmortales, Highlander o Braveheart.

Hay un aparcamiento preparado para el visitante con un punto de información y una tiendecita de recuerdos. Desde aquí sale un ferry hasta Skye si no quieres emprender el camino en coche como nosotros.

Después de ver el castillo desde el mirador, y desde sus proximidades, volvimos al coche dirección a Skye. Si vamos por carretera hay que cruzar un larguísimo puente arqueado que une Kyle of Lochals y la Isla de Skye. Este puente se construyó en 1995, antes de que él sólo se podía llegar mediante ferry. La carretera es bastante buena, incluso en algunos tramos hay carril para vehículos lentos. Las vistas que nos ofrece del estuario son espectaculares, desde el coche se ven cascadas, páramos, promontorios inaccesibles, valles y colinas. Parece que no nos iba a defraudar.

La Isla de Skye es famosa por sus paisajes. Su orografía la convierte en un lugar perfecto para excursionistas y escaladores, algo que ya descubrieron los primeros alpinistas europeos en la época victoriana cuando comenzaron a explorar sus valles salvajes y montañas. Se pueden hacer diversas excursiones y rutas de diversas dificultades para descubrir montañas, formaciones rocosas, vertiginosas paredes de acantilados, ríos y cascadas. También es un buen lugar para la “fauna”, ya que se pueden ver incluso delfines, nutrias y aves locales.

En cuanto al aspecto cultural, se conservan muchas tradiciones gaélicas, incluso el idioma. Ya se sabe que las islas al estar más aisladas, reciben menos influencias externas, así que seguramente por eso quedan vestigios que en otras partes de Escocia han desaparecido.

El extremo nororiental de la isla es el más visitado, la población aumenta durante el verano. Esta zona vive del turismo, agricultura, destilación de whisky y artesanía. Así que por ahí comenzamos. Y nuestra primera parada fue Portree, una pintoresca ciudad portuaria.

Es la mayor localidad de la isla, pero en realidad es un pueblo de poco más de 2000 habitantes. Cuenta con un atractivo puerto con casitas de colores resguardado por unos acantilados impresionantes. En la bahía se pueden observar barcos de mayor y menor tamaño tanto privados como comerciales, entre ellos los que realizan excursiones para avistar focas y delfines.

Llegamos sobre la 1 y media, y estaba todo el mundo comiendo. Había bastante movimiento. No sólo por ser domingo, sino porque además el lunes 1 de agosto era festivo. Así que imagino que había mucha gente que aprovechó para una escapadita.

La vida gira en torno al puerto, claro. El pueblo no parecía tener mucho más. Cuenta con ese encanto de puerto pesquero, con sus veleros, sus gaviotas y casitas de colores.

Dimos un paseo, nos empapamos del ambiente del veraneante y después de comer nuestro Meal Deal en el aparcamiento, retomamos nuestro camino adentrándonos en la isla. Tocaba una de las cosas que más ganas tenía de hacer en todo el viaje. Otro día os cuento.

Esta fue nuestra ruta matutina:

Una habitación propia – Virginia Woolf

Aprovechando que hoy es el día del libro, quiero hablar de uno que leí hace poco y que me ha resultado muy interesante. Normalmente leo novela negra, sobre todo sagas, en las que abundan los asesinatos y predomina la intriga que me mantiene enganchada hasta la última página. Sin embargo, entre dos novelas me acerqué al ensayo de Virgina Woolf, una mujer cuyo pensamiento sigue vigente hoy en día. Más que nunca incluso.

Virginia Woolf fue una escritora del siglo XX. No fue a la escuela, pero fue educada en casa por profesores particulares y por su padre, también literato. Venía de una familia acomodada. Aunque eso no quiere decir que tuviera una vida fácil. La muerte de su madre a una temprana edad, más tarde la de su padre y abusos por parte de un hermanastro la llevaron a varias crisis depresivas y a un trastorno bipolar. Cuando estalló la II Guerra Mundial y su casa quedó destrozada, sintió de nuevo la caída de su estado de ánimo, se llenó los bolsillos del abrigo de piedras y se suicidó tirándose al río.

Sin embargo, entre tanto tormento, consiguió publicar varios escritos. Había oído hablar de ella, leído algunas citas, pero nunca había tenido en mis manos ninguna de sus obras. Y qué mejor que acercarme a ella que con el ensayo “Una habitación propia“.

Se publicó por primera vez hace casi un siglo, en 1929, y se basa en una serie de conferencias que Woolf dio en un par de universidades. En el texto se desarrolla la idea de que “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas“. Se consideraba que las mujeres no estaban capacitadas intelectualmente para determinadas tareas, sin embargo, ella observa que lo que realmente impide a las mujeres desarrollar su mente, creatividad e imaginación es la falta de tiempo, espacio y libertad económica.

Para muestra la autora pone el ejemplo de la hermana de William Shakespeare, Judith, un personaje ficticio, pero que podría haber sido totalmente real. Con las mismas habilidades literarias que su hermano, esta no podría haber llegado tan alto puesto que no se habría encontrado más que con trabas. Por un lado no se le permitiría el acceso a la educación. Y en segundo lugar, enseguida se le buscaría un marido con el que la obligarían a casarse. Finalmente, harta de vivir encerrada en una casa y limitada a los cuidados y a servir a su marido acabaría suicidándose, llevándose con ella toda su genialidad. Así pues, mientras que William se habría formado, tenido su espacio para desarrollar sus historias y tiempo para escribirlas sin distracciones; Judith ni siquiera habría podido abrir un libro.

Por tanto, el asunto no es que las mujeres sean seres inferiores como indican sus coetáneos, sino que viven oprimidas, apartadas de toda posibilidad. E incluso, las escritoras que consiguen publicar (como Jane Austen o Emily Brontë) han tenido que escribir a escondidas, disimulando ante el resto de la familia, en un espacio compartido con el bullicio del día a día, sin poder aislarse para concentrarse en la tarea. De vuelta a la idea de la necesidad de una habitación propia.

Resulta muy interesante su teoría y muy vigente hoy en día que continuamente oímos aquello de que si no hay mujeres en los altos cargos es porque a lo mejor no son tan buenas en su trabajo, o porque ellas no quieren. Obviando de todo punto el sistema patriarcal en el que aún vivimos. Sí, la mujer tiene acceso a la educación, a las bibliotecas, a los lugares de debate, tiene libertad económica, pero aún hay muchas trabas en el camino y no representan al 50% de la población en todos los ámbitos.

Otro de los temas que trata Virginia Woolf en el ensayo es cómo se ha idealizado a la mujer en la literatura a lo largo de los años como una belleza etérea, infantil, delicada; y a la vez cómo se la representa como un ser caprichoso y mezquino. Por supuesto, esto se debe a que la gran mayoría de los escritores eran hombres e imponían su distorsionado punto de vista.

Y si hablamos de realidad distorsionada, me encanta su frase “Durante todos estos siglos las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar la silueta del hombre de tamaño doble del natural“. Y es que mientras que los hombres revelaban a unas mujeres llenas de defectos, estas, por el contrario, enaltecían hasta el más insignificante de los varones.

Así pues, el ensayo nos acerca a la situación de la mujer de la época de entreguerras. Una situación que realmente no ha cambiado tanto como debería para casi el siglo que ha pasado. Por supuesto, no deja de ser la opinión, perspectiva y experiencia de la autora, que tiene una cierta posición acomodada; pero aún así, creo que su exposición es bastante acertada.

Road Trip por Escocia. Día 8 V Parte: Inverness

Como decía en la entrada anterior, llegamos sobre las 7 a nuestro alojamiento en Inverness. Habíamos elegido el Bed & Breakfast Silverstrands Guest House. Nos recibió Kenny, un anfitrión muy simpático y cargado de entusiasmo. Y con un acento bastante marcado. Había que poner bastante atención y tener un oído fino. Pero como digo, era bastante majete. Nos enseñó nuestra habitación y el baño al que teníamos acceso. En esta ocasión no lo teníamos dentro de la habitación, pero era para nosotros solos, puesto que el resto de huéspedes en la planta superior sí contaban con el propio.

El dormitorio era bastante amplio, en la línea de los anteriores, con una cama doble, una butaca y un aparador con detalles de bienvenida. También contábamos con televisor, tetera y un armario empotrado de buen tamaño.

Tras acomodar nuestras cosas, y a la vista de que aún había algo de luz, aunque también de lluvia en spray tan típica escocesa, decidimos salir a conocer la ciudad. Al menos lo que nos diera tiempo. Kenny nos dio algunas indicaciones y un mapa, así que emprendimos el camino.

Inverness es un nudo de caminos entre las Highlands y la Escocia oriental. Es la capital administrativa de las Highlands y está muy bien comunicada por carretera con Edimburgo, Glasgow y Aberdeen; es lugar de confluencia de trenes, autobuses y aviones. Sin embargo, si entra en los circuitos turísticos es por ser la antesala del famoso Lago Ness. Creció como puerto de conexión fluvial siendo conocida por ser la boca norte del Canal de Caledonia que ya mencioné en la etapa anterior.

Con poco más de 50.000 habitantes, no es demasiado turística en sí, no es una ciudad muy espectacular. Alrededor del río, en la calle Bank, y la zona peatonal es donde se encuentran los edificios más importantes, como la catedral, el castillo, algunos edificios antiguos y casas con encanto, el ayuntamiento y algunas otras iglesias.

Como la lluvia nos iba calando poco a poco, no callejeamos mucho ni nos perdimos mucho, fuimos directos al río, recorrimos ambas orillas, compramos la cena, y nos volvimos al B&B. Además, tampoco teníamos mucha luz, ya que empezaba a anochecer.

Caminamos por la Church Street, una de las calles más antiguas y animadas de la ciudad, llena de tiendas y pubs. Aunque estaba chispeando, se veía bastante ambiente. Serían las 8 de la tarde y era hora punta para cenar.

En la Bank Street encontramos la Old High Church. Fue construida en el siglo XII (la torre del campanario es del XV) y es el edificio más antiguo de Inverness. Posteriormente reconstruida en 1770. En su cementerio es donde se ejecutó a los prisioneros jacobitas tras la batalla de Culloden.

Muy cerca está la la Free North Church, que pertenece a la iglesia presbiteriana.

Una buena forma de ver ambas iglesias es cruzar el Greig Street Bridge, un puente peatonal en suspensión del año 1881.

Y en la otra orilla, en la Huntly Street nos encontramos con la St Mary’s Church.

Desde allí, se ven ambas iglesias a nuestra izquierda, y enfrente se puede ver una tercera de tono rojizo, St Columbus High Church.

Siguiendo la calle y cruzando el puente llegamos a la Catedral de St. Andrews. Se trata de una catedral pequeña situada a orillas del río, que cuenta con dos torres de planta cuadrangular. La idea original era que fueran más altas, pero no se pudo concluir por falta de financiación.

Los edificios que hay cerca, en el margen del río, son de una gran belleza arquitectónica.

Poco a poco el ambiente se iba apagando, así que emprendimos la vuelta. Eso sí, nos encontramos con que la zona en la que se encontraba la Inverness Baptist Church estaba iluminada por el sol de una forma muy particular mientras el resto del cielo se oscurecía y un leve arcoíris hacía acto de aparición.

De vuelta pasamos por el Castillo, que estaba en obras. Se construyó en el siglo XIX en la colina sobre las ruinas de un antiguo castillo medieval.

Su silueta rojiza es un símbolo de la ciudad. No se puede visitar ya que es la sede de los Juzgados, aunque sí se puede subir a la colina para disfrutar de las vistas del río.

Regresamos al alojamiento, donde nos duchamos, cenamos y entramos en calor. Preparamos la ruta del día siguiente y a descansar, que marchábamos para Skye.

Road Trip por Escocia. Día 8 IV Parte: Fort Augustus y llegada a Inverness

Nos habíamos quedado camino de Fort Augustus, una localidad de unos 700 habitantes que debe su nombre a la construcción de un fuerte en la época de las Guerras Jacobitas en el siglo XVIII para controlar a los escoceses rebeldes del norte. El primer fuerte se levantó en 1715 y otro más importante en 1729, en el lugar en que hoy se encuentra el Lovat Arms Hotel. Kiliwhimin era su antiguo nombre en gaélico que se remonta al siglo VI cuando el Abad de Iona fundó una iglesia con el nombre de Chuimein.

El fuerte desapareció siglos después cuando fue sustituido por una abadía de monjes benedictinos. Los monjes dejaron la abadía en 1999 y ahora se ha convertido en un hotel de lujo.

Es impresionante. Al menos por fuera. Sí que es cierto que se ven edificios anexos de años posteriores, pero parece que se conserva el conjunto original tan típico británico. Destaca por su roca grisácea, tejados puntiagudos y ventanas largas y estrechas.

Fort Augustus es un pueblo pequeño, que destaca sobre todo por su posición en la ruta de Fort William a Inverness. Además de por ser un buen lugar para observar el lago. El Loch Ness ha sido siempre un punto de unión entre el centro de las Tierras Altas y el norte. Al tener salida al Mar del Norte, era un territorio muy cotizado en las guerras entre pictos y romanos; celtas y vikingos; y escoceses e ingleses.

Hasta hace relativamente poco, la navegación durante el invierno por el Mar del Norte era difícil y además peligrosa. Las travesías estaban llenas de obstáculos como icebergs, placas de hielo y tormentas, por lo que no sólo las vidas humanas, sino también las embarcaciones y las cargas se veían amenazadas.

Las condiciones tan extremas de la Costa Oeste de Escocia con un paisaje tan escarpado condujeron a la construcción de un canal en el valle en el que se encuentra el Loch Ness. De esta forma, quedó unido el Océano Atlántico con el Mar del Norte.

Este Canal de Caledonia aprovecha los lagos, sin embargo, se encontró con un problema: los desniveles. Para sortearlos, se construyeron sistemas de esclusas como el que podemos encontrar en Fort Augustus. Supusieron unas de las obras de ingeniería civil más importantes de la época.

Sin embargo, lamentablemente, cuando se terminó de construir se había quedado obsoleto. Se inició en 1803 bajo la dirección de Thomas Telford, pero, no se terminó hasta 19 años más tarde. Para entonces, los barcos que se habían tomado como medida a la hora de diseñar las esclusas, habían ido aumentando su tamaño.

No fue hasta 1960 cuando se volvió a retomar su uso, aunque esta vez con una función recreativa. Había británicos que comenzaron a viajar desde el Norte al Suroeste y les fue muy útil. Aún hoy en día sigue en funcionamiento.

Aún así, la importancia del canal fue tal, que mientras que en otras zonas de Gran Bretaña el ferrocarril condujo a un desarrollo industrial y una mejora de las comunicaciones; en esta zona apenas fue insignificante. Se abrió en 1903, un siglo más tarde que el canal, pero tuvo que cerrar en 1946 porque no tenía la repercusión en la industria y el transporte que en el resto de Escocia.

Las mejores vistas del pueblo se obtienen desde tres puntos:

  • Desde lo alto de las esclusas. Desde allí se alcanza a ver el lago con el valle como fondo y el pueblo en escalera.
  • Desde el puente giratorio, con el final del canal y el lago
  • Desde ambos extremos del canal con toda la amplitud del lago.

Es un pueblo pequeño, pintoresco, que gira en torno al canal, las esclusas, el lago, y cómo no, a Nessie (que parece que ha tenido alguna cría y todo).

Tras visitar el pueblo, volvimos a Inverness por la orilla opuesta, la costa oriental, por la B862/852. Es la zona menos turística, pero tiene mejores paisajes.

Se aprecia en las carreteras que es el lado menos transitado y turístico del lago. El asfaltado está un tanto descuidado, por decir algo.

No obstante, las vistas compensan claramente. En esta zona está el Valle de Stratherrick, un espacio verde en el que abundan los rebaños de ovejas.

Paramos en la playa de Dores, a unos 10km de Inverness. No parece que estemos en un lago, se trata de una playa de medio kilómetro.

Es una buena zona para avistar el Urqhart Castle, eso sí, en la lejanía, hay que afinar la vista. De hecho, parece insignificante ante las dimensiones del lago y del valle.

Recorrimos el camino hasta Inverness tranquilamente disfrutando del paisaje. Llegamos sobre las 7 de la tarde a nuestro alojamiento, el Silverstrands Guest House. De momento, nos quedamos aquí.

Road Trip por Escocia. Día 8 III Parte: Loch Ness y Castillo Urquhart

Tomando el camino hacia Inverness, seguimos la A82 que bordea el Lago Ness hasta llegar al Castillo de Urquhart. En apenas una hora estábamos en una de las atracciones más visitadas de Escocia.

Se construyó en el siglo XIII convirtiéndose en uno de los más grandes del país en toda la zona y uno de los mejores ejemplos de ingeniería militar de la época. Sin embargo, parece que no es la primera construcción, ya que antes hubo en su emplazamiento una fortificación del siglo VI. La parte más antigua del castillo se levantó en 1220 por la familia Durward. Alan Durward era la mano derecha del rey Alexander II, así que su presencia en la zona favoreció que se extendiera el poder real en las Tierras Altas.

A lo largo de los siglos XIII y XIV fue escenario de varios conflictos. A finales del siglo XIII fue capturado por el Rey Eduardo I de Inglaterra. Posteriormente fue pasando por diferentes familias hasta que Robert the Bruce lo recuperó en 1308.

En 1514 lo saquearon miembros del Clan MacDonald y posteriormente en el siglo XVII por los covenanters. Quedó parcialmente destruido en 1692 por los ingleses para que los jacobitas que querían la restauración de los Estuardos no se hicieran con él. Las estructuras se abandonaron y nunca se reconstruyó. En 1913 pasó al Estado y se abrió al turismo.

Esta fortaleza de gran relevancia histórica se erige sobre un promontorio llamado Strone Point. Sus caras este y norte dan a un acantilado y está bordeado por un foso seco de 30 metros. Está rodeado por una muralla de 1,4 km que se levantó en 1747 tras la batalla de Culloden.

Este enclave privilegiado proporciona unas espectaculares vistas del Loch Ness. Incluso vimos gente que llegó en barco a sus inmediaciones. Se trata de un pack combinado en el que recorres el lago y después incluye la visita al castillo.

The Water Gate era una puerta de vital importancia en el castillo, ya que en una época en que las carreteras eran casi inexistente, era más sencillo viajar en la zona a través del lago. Y no sólo la gente, sino que era por agua como se transportaban los suministros, como por ejemplo las naranjas y el vino. Por supuesto, esta entrada suponía también un punto débil, ya que era otro flanco más que cubrir.

Forma parte del Patrimonio Nacional Escocés desde 2001 y está incluido en el Explorer Pass. Además, en la tienda de recuerdos hay un centro de interpretación en el que se puede visitar una exposición y asistir a una proyección sobre la historia del castillo. También se puede visitar un museo dedicado a las armas.

Una vez que se sale a la terraza por la cafetería tenemos un acceso que desciende y que bordeando la zona verde nos lleva a las ruinas del castillo. En la zona verde podemos ver una réplica de una torre de asedio, un invento que se empleaba para poder sortear las murallas defensivas.

Se entra al castillo por un puente levadizo, una pasarela de madera, y se puede recorrer libremente.

Una vez que se cruza la puerta principal se puede distinguir el espacio en el que aguardaba el vigilante. Y después nos adentramos en el castillo en sí. Aunque en realidad queda poco del castillo original, pero a través de los paneles informativos podemos hacernos una idea de lo que fue.

En el recorrido vemos los restos de la herrería, el calabozo, las cocinas, el foso, las habitaciones de los nobles, los restos de una capilla, un horno para secar el grano…

La capilla probablemente date de finales del siglo XIII. Dos siglos después parece que se cambió su utilidad y se empleó para la artillería. Pero era el lugar donde la familia acudía a misas privadas, así como donde celebraban las comuniones.

Allá por 1500 se acondicionó una de las salas para poder secar el grano antes de convertirlo en harina para hacer pan. La alimentación de la zona estaba basada en los porridges, tortas de avena y panes. Aunque el ganado estaba bien alimentado, la carne se reservaba para acontecimientos especiales.

El servicio no se encontraba en los edificios principales del castillo, sino en anexos.

También cuenta la leyenda que cuenta entre sus ruinas con dos salas ocultas, una en la que se encuentra un tesoro y otra con una plaga.

El centro del castillo era el Great Hall, donde se celebraban banquetes con música, baile y trovadores. Era el lugar donde el propietario mostraba su poder, estatus y riqueza. También era donde se administraba la justicia y el gobierno local. Se construyó en el siglo XIII, cuando era propiedad de la familia Comyn, a la que se le añadió una sala adyacente a principios del XIV, probablemente dedicada a los aposentos privados del Señor y su familia.

En el siglo XV el Hall se sustituyó por un edificio menos imponente, seguramente tras quedar dañado por algún asedio. Se abandonaron algunas habitaciones y las cocinas.

La nueva cocina se ubicó en un nuevo edificio que era parte de un pequeño complejo que se añadió cuando se reconstruyó en el siglo XVI.

Las mejores vistas se obtienen desde la Grant Tower. Es una de las partes del castillo que mejor han llegado hasta nuestros días. Uno de sus motivos quizás es que fue reconstruida en el siglo XVI cuando el rey James IV le dio Urqhart a John Grant de Freuchie como recompensa por apoyarle en sus luchas contra el Clan MacDonald de las islas.

El hijo de Grant murió con James IV en la Batalla de Flodden en 1513. Aprovechando el caos, los MacDonals atacaron y ocuparon el castillo durante tres años.

Desde arriba, tras subir sus seis plantas, se observan los límites del castillo y se alcanza a ver el discurrir de las aguas del lago a través del Great Glen. Quizá con un poco de suerte y paciencia se vea a Nessie. El valle surgió como consecuencia de un terremoto hace 400 millones de años.

Tardamos en verlo hora y media, a las 5 de la tarde íbamos rumbo a Fort Augustus siguiendo el margen del Lago Ness.

El famoso Loch se extiende a lo largo de 37 km de largo con unos 56 km2 de extensión. Es uno de los mayores lagos de agua dulce del país debido a su profundidad (llega a los 226 m). Y cuando se desciende a más de 30 metros de profundidad el agua es cálida, así que contrasta con los días gélidos provocando un vapor sobre la superficie. Esta especie de niebla, sus dimensiones, las aguas oscuras, el frío y el silencio han fomentado los rumores y leyendas, sobre todo la de Nessie, que se ha convertido en un reclamo turístico de la zona. Tiene hasta un centro de visitantes un poco antes del llegar al Castillo. En él se explica su historia, teorías y supuestos testimonios. La criatura marina es un ser querido de la comunidad que ha pasado a ser todo un símbolo. Los lugareños defienden su existencia y alimentan la fascinación por este ser misterioso.

Cuenta la leyenda que en 565 cuando el misionero St. Columba viajaba por las Tierras Altas predicando el evangelio entre los pictos. Llegó a las orillas del lago y vio a unos hombres que estaban enterrando a un amigo que había sido atacado por una bestia marina. Cuando la criatura volvió a emerger y fue a atacar a uno de los hombres, St. Columba alzó su cruz y le gritó que no le atacara, a lo que se volvió a sumergir y desaparecer. A lo largo de los siglos ha habido personas que dicen haber visto a Nessie, incluso han hecho fotos que han ido alimentando el misterio. Eso sí, no se ha vuelto a tener que lamentar por la pérdida de vidas humanas.

Nosotros no tuvimos suerte, así que continuamos el recorrido por la A82 hasta Fort Augustus.

Road Trip por Escocia. Día 8 II Parte: Culloden Battlefield y Clava Cairns

Como decía en la entrada anterior, después de Fort George nos dirigimos a Culloden Battlefield.

Se trata un lugar que marcó la historia de Escocia. Es el lugar donde se libró la última batalla entre tropas jacobitas y las tropas del gobierno el 16 de abril de 1746.

Fue una masacre. Cayeron unos 1200 Highlanders en algo más de una hora, mientras que en el bando inglés, que eran más y estaban mejor preparados tan sólo hubo 50 bajas. También ayudó que los escoceses llegaran cansados a la batalla como consecuencia de los enfrentamientos en los días anteriores y que el terreno perjudicaba en el combate cuerpo a cuerpo. Los ingleses iban con más artillería y lo tenían todo a su favor.

A partir de aquel momento comenzó la represión de los escoceses prohibiendo muchas de sus costumbres como el uso de la gaita, el kilt o el gaélico con intención de integrarlos. Por ejemplo, sólo se permitía usar el tartán a miembros del Ejército Británico. En el Acta de 1747 se destruyó el sistema de clanes. Los jefes de clanes perdieron sus tierras y muchos escoceses decidieron emigrar a América, Australia o Nueva Zelanda. Entre la emigración y las nuevas leyes se perdió gran parte de la historia y cultura escocesas. Para cuando en el siglo XIX se comenzaron a levantar algunas de las prohibiciones, ya era tarde.

Al llegar hay un aparcamiento y el centro de visitantes, que explica la historia y cómo se desarrolló la batalla de forma interactiva. Se exponen armas y objetos encontrados. Creo que costaba £11 y nos pareció un poco caro, así que lo bordeamos y nos dirigimos hacia el campo de batalla en sí. Aunque salvo las banderas azules y rojas que delimitan dónde se encontraban cada uno de los bandos y alguna placa, realmente no se ve gran cosa. Hay que echarle imaginación para visualizar la masacre que allí tuvo lugar.

Se pueden ver aún las cairns que indican las fosas comunes de los clanes que allí perdieron la vida.

También hay un Memorial Cairn, un enorme monumento que rinde homenaje a los jacobitas. Tanto a los que cayeron en la batalla como a los que sobrevivieron.

La verdad es que no estuvimos mucho tiempo, teníamos mucho que ver y ya nos habíamos hecho una idea del espacio y el acontecimiento histórico tan importante para la cultura escocesa.

Muy cerca se encuentran las Clava Cairns.

Telita con el nombre, suena a travalenguas. Es un tipo de cámara funeraria circular de la Edad de Bronce. Reciben su nombre por la zona en la que se encuentran, Balnuaran of Clava y si has visto Outlander o Brave te vendrán a la mente ideas místicas, saltos en el tiempo y transformaciones.

Aunque hay más repartidos por el país, los mejores conservados son estos, y tal es su importancia que le han dado su nombre a un tipo de tumbas prehistóricas.

Se conservan tres y están orientadas de suereste a noreste.

Las dos de los extremos tienen una bóveda de piedras y las entradas abiertas al suroeste, hacia la puesta de sol en invierno. Este tipo recibe el nombre de tumba de corredor. Se accede a la cámara mortuoria por un pasaje corto.

La tercera es de otro tipo llamado anular, es decir, un círculo cerrado al que no se puede acceder desde el exterior. Parece ser que esta diferencia se debe a que no había intención de enterrar a más personas en el recinto.

Los Clava Cains están rodeados en su exterior por un círculo de lápidas de diferentes tamaños. Las altas se suelen colocar siempre próximas a la entrada, y las más bajas, en el otro extremo, quedando ordenadas en escalera.

Es un entorno curioso, aunque no resulta tan impresionante como hemos visto en nuestras pantallas.

Comimos en un merendero junto al aparcamiento y a las 14:30 seguíamos nuestro camino dirección al Urquart Castle.