Road Trip por Escocia. Día 12: Balquidder, Tumba de Rob Roy y Doune Castle

Como siempre, madrugamos para intentar salir pronto. Desayunamos en el bar/pub del hotel. Habilitan la zona del buffet con cereales, zumos, mantequilla, mermelada, zumos, pan y tostadoras. Luego, como venía siendo habitual, el desayuno caliente lo preparan en cocina.

Salimos sobre las 9 y media de la mañana y tomando la A85 nos adentramos en el Parque Nacional de los Trossachs.

El Parque recibió esta denominación en el año 2002, convirtiéndose en el primer parque nacional creado en Escocia. Es una zona muy verde y con mucha vegetación y fauna. Abundan los lagos, así como las montañas y montes. El Loch Lomond, de 38 km de longitud y 8 de ancho, es el lago más grande de Gran Bretaña y ocupa el terreno de tres regiones escocesas: Stirling, Argyll and Bute y West Dumbartonshire.

Y como no podía faltar, también tiene una historia asociada, la de Rob Roy, un modesto ganadero y comerciante del Loch Arklet que se convirtió en bandolero. Fue una persona real, pero también personaje de ficción gracias a Walter Scott (y fue llevado al cine en una película protagonizada por Liam Neeson).

Robert MacGregor cometió el error de llevarse a sus rebaños durante un inverno muy duro a tierras más abundantes. Estos pastos pertenecían al Duque de Montrose que como represalia por ocupar sus tierras lo declaró forajido y quemó su casa. Así pues, con todo perdido, se convirtió en una especie de Robin Hood, sobre todo en las tierras ducales. Al final de su vida fue perdonado y pasó sus últimos años en el tranquilo pueblo de Balquhidder, donde hoy se puede visitar su tumba indicada simplemente con una cruz y una espada. Junto a él están enterrados su mujer e hijo.

La tumba está en la parte delantera del cementerio, no tiene pérdida, ya que está delimitada y señalizada.

En el cementerio hay una pequeña iglesia, o lo que queda de ella.

La vieja iglesia pertenecía a los MacLarens. En el terreno hay varias placas en las que se indican los nombres de varios miembros enterrados en el cementerio.

En 1997 se afianzó la estructura para que no cayera lo que aún queda en pie.

Detrás, queda otra pequeña iglesia, que sustituye la que está en ruinas. En su interior hay una pequeña sala donde se listan los clanes relacionados por lazos de sangre con Balquhidder.

Tras una breve parada de un cuarto de hora, volvimos a la carretera, esta vez a la A84 dirección a Stirling. Aunque antes pararíamos en Doune Castle.

Se trata de una fortaleza medieval situada en una de las curvas del río Teith, rodeado por un espeso bosque.

Es famoso por ser lugar de rodaje de Los caballeros de la mesa cuadrada de los Monty Pyton, pero desde hace unos años lo es más aún ya que se convirtió en el castillo de la familia Stark en Invernalia en la serie Juego de Tonos. También en él se ha rodado la serie Outlander. De hecho hay una sala en la que se exponen los lugares del rodaje, cómo modificaron las ruinas para adaptarlas y fotografías del proceso.

Se construyó en el siglo XIII como residencia del Duque de Albany, el llamado “Rey sin corona de Escocia”. Posteriormente fue bastión de los Estuardo hasta que en el siglo XVIII se quedó prácticamente derruido. A finales del XVI fue escenario de guerras y funcionó como prisión durante las guerras jacobitas. Tras quedar en ruinas se comenzó una tarea de restauración y finalmente en el siglo XX pasó a manos del gobierno. Así pues, entra dentro del Explorer Pass y en la entrada se incluye una audioguía para que te acompañe en la visita. En esta audioguía se pueden escuchar varios audios sobre Outlander o las grabaciones de los Monty Phyton, además de, por supuesto, las típicas explicaciones históricas sobre la construcción en la que nos encontramos.

Está muy bien conservado y nos podemos hacer una idea de cómo vivían los nobles. La estructura original giraba en torno a un patio y a su alrededor varios edificios. Sin embargo sólo se restauraron la parte norte y noroeste.

Tiene una gran puerta de acceso con sólidas puertas de madera y otras secundarias hechas de rejas de hierro, sobre cuya arcada hay una especie de rejilla para poder atacar a posibles invasores. Además, por si acaso, nada más pasar la puerta estaba la habitación del guarda, y una pequeña sala que se cree que puede haber sido una celda. Hoy en día es la tienda.

Si algo destaca en todo el castillo es la inmensa Sala del Señor que tiene galería de músicos, doble chimenea y pantalla de roble tallado.

Esta sala nos lleva a diferentes estancias como dormitorios, “aseos” y salas de entretenimiento.

El castillo está formado por la torre del homenaje, lugar donde se encontraban las habitaciones del Señor y su familia, y una segunda torre donde estaban las cocinas y las habitaciones de los invitados.

En las cocinas se pueden observar las marcas de afilar los cuchillos en las paredes. Y sorprende la enorme chimenea que tenían para abastecer al castillo. En ella se prendían diferentes fuegos donde se hervían, cocían y tostaban diferentes manjares que llegarían a la mesa del Señor.

Ambas zonas diferenciadas separadas en dos torres estaban unidas por el Gran Salón. Una estancia que está totalmente reconstruida y en la que destacan los techos de madera, la galería de los juglares y la chimenea central.

Se usaba como sala de recepción, así como para banquetes y celebraciones.

Bajo el Gran Salón se encuentran una serie de estancias que probablemente eran usadas para almacenar el grano y otras necesidades. Había una cavidad en la habitación circular que se encontraba más abajo, de esta forma se podían subir agua  y otros alimentos o utensilios hasta los pisos superiores con la ayuda de una escotilla en el techo.

En una hora habíamos recorrido las diferentes estancias siguiendo las pautas de la audioguía (saltándonos las pistas de Outlander para no reventarnos la serie).

Nos despedimos del castillo y en el mismo aparcamiento, sentados en el coche mientras chispeaba, comimos antes de volver a ponernos en marcha rumbo al monumento dedicado a William Wallace en Stirling.

Tres programas para ejercitarse con tintes de artes marciales

Además de programas de ejercicio que se basan en el baile, o los clásicos centrados en el cardio, también he probado otros estilos como el de los que incorporan movimientos de artes marciales.

El primero que probé hace años, muy al principio, más o menos en la época de Hip Hop Abs (se ve que es antiguo en la calidad de imagen) fue Turbo Jam, de Chalene Jonhson.

Fue lanzado en 2005 y se promocionaba como un programa que combinaba baile con kickboxing. Consta de 5 vídeos:

Learn and Burn (aprende y quema): Es un vídeo de introducción en el que aprendes los 11 movimientos que desarrollarás a lo largo del calendario marcado.

Turbo Sculpt (para moldear la figura). Son ejercicios para tonificar, sobre todo piernas y brazos, dura unos 40 minutos y está dividido en dos partes: una primera con pesitas (opcional) de unos 25 minutos, y otros 10 minutos en el suelo con ejercicios abdominales en la alfombra.

20 minute workout : Una combinación de los 11 movimientos aprendidos en el vídeo de iniciación.

Cardio Party: Es parecido al anterior, sólo que dura el doble de tiempo, pero prácticamente los mismos moimientos.

Ab Jam (centrado en abdominales): Son 20 minutos de vídeo, la mitad de él con la alfombrilla.

Cuando me decidí por este programa, pensé que sería más o menos de los del estilo de Shaun T, quizá con algo menos de baile, pero sí con movimiento. Sin embargo, los ejercicios son más estáticos, y apenas 11 técnicas que se repiten continuamente, que si gancho, puñetazo, levantar rodilla y patada trasera/lateral. Poco más. Así que se hace algo cansino.

Está indicado para todo tipo de edades y forma física,  hay en vídeos en los que sale un señor de unos 60 y tantos. Pero a mí me pareció muy básico y algo aburrido por repetitivo. Así que había días que hacía otros vídeos, o recurría a alguno de Shaun T, y es que no me gustan los ejercicios de suelo, prefiero mil veces los 6 minutos de abdominales bailando de Hip Hop Abs, o los 10 de Rockin’ Body.

Tras dejar a medias Turbo Jam por aburrido, decidí darle una segunda oportunidad a Chalene Johnson y empezar Turbo Fire.

Es la evolución de Turbo Jam, se lanzó en 2010 y se nota la actualización. Es un programa más cañero, pero reconozco que me sirvió el haber probado el primero, pues los nombres de los movimientos ya los conocía e iba menos perdida. A diferencia de Shaun T esta mujer es un poco colibrí y te mete el movimiento sin más, no te va explicando despacio, repitiendo. No, va a cañón y la tía no para de moverse en todo el vídeo. Y si ella no se cansa, tú tampoco, y ya se encarga de repetírtelo chillándote Guess what? You’re not tired! (Adivina qué ¡no estás cansado!).

La verdad es que el programa es bastante completo. El calendario básico se supone que son 12 semanas, pero si quieres seguir adelante, tienes 20. Se alternan bastante los vídeos, por lo que se hace menos cansino y más variado. Se basa en cardio kickboxing con música, estilo aerobic pero más hiperactivo. En ocasiones parece que estás en una fiesta Radikal.

Se estructura en varios tipos de vídeos:

FIRE: son ejercicios más bien cardiovasculares y puede ser de 30, 45, 55 y sus versiones EZ (en las que se detiene el reloj y explica los movimientos algo más lento). Si aguantas con el aerobic, te resultará fácil de seguir. Es un ritmo constante.

HIIT: Es un entrenamiento de intervalos de alta intensidad (High Interval Intensity Training). En principio es como un FIRE, sólo que en determinado momento tienes un minuto a toda pastilla y después descansas un minuto, sigues como FIRE, otro minuto a toda pastilla, y otro de descanso. Depende de la duración del vídeo tienes más o menos minutos de alta intensidad. Se supone que estos ejercicios sirven para quemar más energía, incluso una vez que estás descansando. Desde luego, acabas con palpitaciones en la boca del estómago y flojera en todo el cuerpo.

STRETCH: Son estiramientos. Hay uno de 40 minutos con ejercicios de yoga que me resulta tremendamente aburrido… Sí, está muy bien para estirar, y sudas con la tontería, porque mueves todo el cuerpo para colocar músculos. Pero me da bajón anímico.

CORE: Movimientos enfocados al tronco.

TONE: Ejercicios para tonificar. En estos vídeos se usan las bandas elásticas, o las cuerdas con agarraderas.

SCULPT: Ejercicios para modelar muscularmente. También se usan las bandas y cuerdas para añadir más resistencia.

ABS: Abdominales. Sin más, a saco. Aunque son solo 10 minutos.

UPPER: Enfocado a la parte superior del cuerpo. No sólo tronco, sino también hombros, brazos, espalda..

LOWER: Enfocado para la parte inferior. Piernas, vaya.

En general el programa es bastante completo, mueves todo el cuerpo, y como resultado gané masa muscular en brazos y piernas a la vez que noté cómo acabé con un abdomen más fortalecido. Y por supuesto, se gana en resistencia.

Al haber tantos vídeos no repites tanto, aunque sí tienes un mes de cardio, otro de HIIT, otro de cardio, otro de HIIT… y cuando es cardio, básicamente haces FIRE, HIIT, y un día a la semana CORE+STRETCH de yoga… día horribilis. En el mes HIIT, lógicamente son los vídeos de HIIT alternados con CORE+TONE o CORE+SCULPT.

A medida que vas a avanzando, van cambiando y sobre todo aumentando de tiempo. Con lo que a veces resulta complicado hacer una hora de ejercicio y hay que dividir el día estipulado en dos. Pero como es habitual, siempre hago adaptaciones en función de mi día a día y del tiempo del que disponga. Por tanto, no seguí el calendario de 6 días de ejercicio, sino que eran semanas de 5. Así que, tardé más tiempo en finalizarlo.

A finales del 2016 se lanzó Core de Force y pensé que quizá era hora de volver a probar con las patadas y puñetazos.

La principal novedad que incorpora es que nos encontramos con dos monitores: Joel y Jericho, que ya venían de otros programas en los que también habían trabajado juntos.

Core de Force se basa en una combinación de ejercicios de diversas disciplinas de artes marciales. MMA lo llaman (Mixed Martial Arts). Estructurado en cuatro semanas, el programa cuenta con 8 vídeos:

MMA Speed (27 minutos): Se centra en el tronco y el tren superior. Sobre todo son combinaciones de diferentes golpes de boxeo.

MMA Shred (37 minutos): Está inspirado en Muay Thai, también conocido como el boxeo tailandés, en el que predominan unos golpes con extraños movimientos de codos y patadas.

MMA Plyo (47 minutos): En este tercer vídeo se coordinan movimientos de los dos anteriores junto con ejercicios pliométricos. Bastante completo y exigente.

MMA Power (47 minutos): Se sigue recurriendo a golpes y patadas añadiéndole un toque de intensidad.

MMA Sculpt (37 minutos): Se basa en un entrenamiento por intervalos también con buena intensidad para fortalecer la musculatura.

MMA Mashup (27 minutos): Es un recopilatorio de movimientos de vídeos anteriores. Como un resumen reducido.

Dynamic Strenght (47 minutos): Este vídeo es más tranquilo, de bajo impacto, pero no se pierde efectividad. Además, es bastante largo. Con él se pretende definir.

Active Recovery (21 minutos): Son ejercicios de recuperación. Estiramientos para recuperar después del trabajo de la semana, pero también para preparar para la siguiente semana.

Core de Force Relieve (5 minutos): Es un vídeo bastante breve para estirar. Se puede usar como complemento para un día que el cuerpo necesita relajar los músculos más de la cuenta. También lo recomiendan para antes de ir a dormir.

Core Kinetics (16 minutos): Apenas un cuarto de hora en el que mediante ejercicios basados en las artes marciales se fortalecen los abdominales.

5 minutes on the floor (5 minutos): El típico ejercicio de suelo para hacer abdominales.

Los vídeos están estructurados en rondas de 3 minutos como si de un combate se tratara. Normalmente cada bloque se estructura en un movimiento que se realiza durante el primer minuto, otro durante treinta segundos y después vuelta a repetir el minuto y medio restante. No hay coreografía, por lo que se puede ir al ritmo que cada quien necesite. Hay música de fondo, pero es circunstancial, como en los Insanity. Entre cada ronda se vuelve a recuperar un poco el ritmo cardiaco mientras van explicando los siguientes ejercicios.

Como siempre, hay una versión modificada para quellos que quieran movimientos de menor impacto. Aunque se echa de menos una pantalla partida como en Insanity Max: 30 y a veces has de esperar a que comience el ejercicio para que enfoque la cámara a la modificadora.

Los entrenadores funcionan bien juntos. Al principio me chocó que hubiera dos monitores, pero se complementan y se alternan para explicar o mostrar los movimientos. Hay buena química entre ambos, lo cual favorece la dinámica y el ambiente.

Como es habitual en los programas de Beachbody, no se requiere equipamiento, quizá una esterilla, y esto es un punto a favor cuando vas a ejercitarte en casa con poco espacio.

Por otro lado, lo que menos me ha gustado es la duración de los vídeos, puesto que al final te vas casi cada día a los 50 minutos. Y venía acostumbrada a media hora. No es tanto una cuestión de cansancio, ya que el cuerpo se va adaptando, sino de pereza por tener que sacar una hora al final del día.

Si tuviera que elegir entre los tres programas, sin duda me quedaría con este último. Por supuesto Turbo Jam descartado por aburrido. Y entre los dos restantes, Turbo Fire es de un recorrido mucho más largo y unos vídeos también de bastante duración. El punto medio es Core de Force que no es de alto impacto, pero trabaja muy bien la musculatura. Tras finalizar el mes noté cómo se habían definido los brazos, hombros, piernas y abdomen. Además, los puñetazos y patadas ayudan a desestresar tras un día sentada delante del ordenador.

Road Trip por Escocia. Día 11 II Parte: Glencoe, Dunstaffnage Castle y Castle Stalker

Continuamos nuestro recorrido entre montañas pasando por Glencoe, un valle de origen volcánico de una longitud de 16 km que se encuentra encajonado entre varias montañas de unos 1.000 metros de altura y atravesado por el río Coe (de ahí su nombre).

Fue formado por la erupción de un volcán en el glaciar que ocupaba lo que hoy es el valle.

Se le considera uno de los lugares más espectaculares de Escocia. Cada poco hay lugares acondicionados para parar el coche y bajarse a deleitarse con el paisaje: cascadas, lagos, montañas…

La A82 atraviesa todo el valle. Yo que me maravillo por los puertos asturianos, disfruté muchísimo observando las vistas tan espectaculares que vas atravesando. Ojo los conductores, porque la mirada se te va a cualquier lado en vez de a la carretera. Y al parecer pueden cruzarse incluso ciervos.

Es también conocido como el Valle de las Lágrimas, ya que en 1692 en las guerras jacobitas fueron masacrados un centenar de miembros del clan MacDonald. Tras la Revolución Gloriosa de 1688, Guillermo de Orange derrocó Jacobo II y se coronó rey. En 1691 el ya rey Guillermo III se ofreció a perdonar a los clanes de las Highlands por haberse sublevado con la condición de que le jurasen lealtad antes del 1 de enero de 1692. Jacobo II, exiliado, dio permiso a los clanes, pero el mensaje no llegó hasta mediados de diciembre. Así pues, muchos clanes no hicieron el juramento a tiempo. También hubo otros no tenían intención, como es lógico.

Mientras tanto, el capitán Robert Campbell llegó con su tropa a tierras de los MacDonalds en Glencoe, y fueron acogidos en sus aposentos bajo la ley de hospitalidad en la que se acordaba que mientras estuvieran bajo un mismo techo, anfitrión e invitado no se enfrentarían. Sin embargo los ingleses se aprovecharon de esta norma y la madrugada del 13 de febrero encendieron una hoguera e hicieron una emboscada al clan MacDonald.

Así que, como suele pasar en Escocia, tenemos un paisaje de gran belleza con una sangrienta historia detrás. Es una carretera sumida en el silencio y en la soledad más absoluta mientras se atraviesa el valle.

Son famosas las Three Sisters, la Gearr Aonach (Cresta corta), Aonach Dubh (Cresta negra) y Beinn Fhada (Colina larga). Buachaille Etive Mòr, con su forma piramidal, da la bienvenida desde el este. Hay un centro de interpretación en el valle, donde se puede conocer algo más de la historia del lugar y de los nombres de los diferentes picos.

Recorrimos el valle de ida y de vuelta, ya que teníamos el alojamiento cerca de Oban, que está en el Oeste, y si seguíamos la A82 iríamos hacia el este. Eran cerca de las 4 de la tarde e íbamos con la hora justa para llegar al Dunstaffnage Castle, que se encuentra en Argyll y Bute. Así que, aunque era pasar de largo el hotel para luego volver, el tiempo apremiaba.

El Dunstaffnage Castle debe su nombre a la combinación de dün, que significa “fortificación” en gaélico, y stafr-nis, “cabo del estado” en nórdico.

Es un castillo del siglo XIII que se erige en un promontorio al sudoeste de la entrada al Loch Etive. Su situación es estratégica, ya que está bordeado en tres de sus lados por el mar. Algo que les venía muy bien para traer mercancías , aunque también tenía su punto negativo, y es que había que protegerse de los noruegos.

Es uno de los castillos construidos en piedra más antiguos de Escocia. Y aunque fue abandonado tras un incendio que dejó arrasado el interior, se reconstruyó y hoy en día se puede visitar. Su estructura es cuadrangular con tres torres.

La torre norte,  también llamada del homenaje, originalmente tenía 3 ó 4 pisos y era donde se localizaban los aposentos privados de los dueños.

El lado oriental fue el que contenía la mayoría de las construcciones, como un gran salón con bodegas.

El sótano contiene una prisión en forma de foso a la que sólo se podía acceder a través de la torre del oeste. El pozo pertenece a la primera etapa de construcción del castillo.

Las paredes del castillo miden 18 metros de alto y 3 de ancho, lo cual supone una gran defensa, algo muy necesario en su posición estratégica. Cuando el castillo fue construido, las aspilleras permitían a los soldados con ballestas disparar a cualquiera que se propusiera atacar el castillo. Después de que en el siglo XV las armas cambiaran, también lo hicieron las aperturas, pudiendo ser más pequeñas, lo justo para que saliera una bala.

El castillo fue construido por los señores MacDougall de Lorn y desde el siglo XV ha pertenecido al Clan Campbell. Los Campbell fueron aliados de la casa real, y Dunstaffnage sirvió como base de expediciones del gobierno en los siglos XV y XVI contra, entre otros, el clan MacDonald.

Fue escenario de la Guerra Civil en varios episodios. En 1685 fue incendiado como causa de un levantamiento contra Jacobo VII, y más tarde, en los levantamientos jacobitas de 1715 y 1745, pasó a manos del gobierno. También sirvió de prisión temporal antes de ser llevada a Londres para Flora MacDonald, que ayudó al príncipe Carlos a escapar de Escocia. Aunque los Campbell construyeron una nueva casa sobre la parte antigua del oeste en 1725, el resto ya había quedado devastado. La zona nueva levantada sobre la antigua torre oeste pasó a ser la casa del guarda.

La entrada lleva a un a un pasillo que por un lado nos lleva a un sótano, y por otro a las habitaciones. La puerta principal se construyó sobre el 1500 sustituyendo una entrada anterior. Sus dos plantas superiores fueron añadidas un siglo después. En el siglo XVII el arco de la puerta interior se cerró para crear una bodega.

Había una escalera que llevaba a las diferentes estancias de recepción y al dormitorio privado. En la parte alta las ventanas abuhardilladas han quedado tapadas por los cimientos de la casa de 1725. En ellas aparece la fecha, las armas de Campbell y las iniciales AEC y DLC (Aeneas Campbell y su esposa Dame Lilias). Los cimientos se vieron alterados en los trabajos de remodelación de principios del siglo XX.

Un segundo incendio en 1810 destruyó el interior del castillo. Así pues, lo que se ve en pie está en su mayoría reconstruido.

Ya en 1908, el noveno duque de Argyll, dueño del castillo, comenzó un trabajo de restauración que nunca se finalizó. Las obras se retrasaron con la llegada de la I Guerra Mundial y luego ya no se continuó con los planes originales porque la dejadez hizo que el tejado de la parte nueva se derrumbara.

El 1958 el dueño cedió el castillo al estado y desde entonces pertenece a Historic Scotland, de ahí que esté incluido en el Explorer Pass.

Frente al castillo hay una arcada que nos adentra en el bosque y nos lleva a la Capilla.

Hay un camino que nos conduce a las ruinas mientras atravesamos el frondoso verdor tan típico escocés. Hay tanta humedad que las setas crecen en cualquier rincón.

El edificio, que data del siglo XIII, fue construido como capilla privada por Duncan MacDougall. En su época fue una de las mejores que había en todo el país. Las sencillas ventanas de la nave hacían que entrara un hilo de luz para los allí presentes, pero el altar, sin embargo, quedaba perfectamente iluminado en los días de verano.

Tiene 20 metros de largo por 6 de ancho y una mampostería detallada de gran calidad.

La capilla no tenía derechos de entierro, por eso quizá la familia MacDougall fue entrerrada en la isla de Lismor, cerca de Oban.

Hoy apenas se mantienen en pie sus muros y no queda resto de su tejado de madera. Lleva en ruinas desde 1740.

Sobre las 5 de la tarde, abandonamos este enclave tan espectacular y nos dirigimos al hotel Lochnell Arms.

Comenzó a llover y apretó más aún cuando llegamos al hotel. Esta vez era una de las pocas veces que no dormiríamos en un B&B, ya que me fue complicado encontrar disponibilidad en la zona. Es un hotel algo viejo y apartado; es laberíntico con escaleras empinadas, pasillos y puertas a cada paso. La habitación no estaba mal, aunque se oía el ruido del pub. Para una noche nos sirvió, pero no lo recomendaría.

Nos acomodamos y aprovechando que volvió a chispear y la lluvia no era tan intensa, nos dirigimos hacia el pueblo de Appin, donde se encuentra el Castle Stalker.

Es uno de los castillos medievales mejor conservados de los que quedan en Escocia. Fue construido en 1320, pero quedó abandonado en 1820. En 1965 fue adquirido por un particular que lo restauró.

La particularidad de este castillo reside en que sólo se puede llegar a él con la marea baja, ya que está en un islote en medio del Loch Laich. Además, cuando queda rodeado por la bruma, tiene un toque más interesante aún.

Realmente, parece una torre en ruinas sin más, pero no hay que dejarse engañar. No en vano es uno de los castillos más fotografiados de  Escocia. Aunque quizá también por haber sido el lugar de rodaje de Los caballeros de la mesa cuadrada.

Aprovechando que aún había luz, hicimos amago de ver Oban. Pero llegamos, no encontramos aparcamiento y lo que vimos mientras intentábamos estacionar no nos llamó la atención. Esto, sumado a la lluvia y el cansancio del día, nos llevó de vuelta al hotel a descansar.

Road Trip por Escocia. Día 11: Glenfinnan y Fort William

Comenzamos el día madrugando bastante, pues íbamos a hacer una ruta un tanto extraña. La planificación que había hecho en su día resultó ser un sinsentido y tuvimos que reconducirla. En cualquier caso, queríamos estar antes de las 11 en Glenfinnan, así que había que salir pronto para llegar a tiempo pues teníamos unos 45 minutos de carretera. Eso sin perdernos o sin complicaciones. Así pues, a las 9:40 estábamos abandonando la casa de Jenny.

Pero, ¿A tiempo de qué? Pues de ver el famoso tren de Hogwarts de la saga Harry Potter. La verdad es que hoy todo el mundo se dirige allí para ver la locomotora, pero en Glenfinnan hay mucho más de fondo.

Hay dos paradas imprescindibles: el Viaducto y el Monumento. El coche se puede dejar en el aparcamiento del centro de visitantes previo pago de £2, pero un poco antes de llegar hay un aparcamiento gratuito a mano izquierda. Eso sí, se queda algo escaso.

Como el tren nos condicionaba horario, lo primero que hicimos fue dirigirnos al viaducto. Es fácil de llegar puesto que todo el mundo se dirige al mismo sitio en las horas marcadas. Hay que tomar un camino que sale del aparcamiento y se llega en apenas 10 minutos. Para ver el trayecto entero, hay que buscar una elevación. En determinado momento aparece un sendero a la izquierda que conduce a la ladera de la montaña. Solo queda buscar buen sitio y esperar. Y para colmo de nuevo un sol espléndido que además nos daba en la cara de lleno.

El viaducto, construido en 1898, cuenta con 21 arcos. Hoy en día es un tramo de la West Highland Line que conecta Mallaig con Glasgow, de hecho cuando nos íbamos, vimos pasar un tren más actual.

Pero, como decía al inicio, ha cobrado más fama la locomotora de vapor Jacobite, un tren turístico que une Mallaig con Fort William (por un “módico” precio) y que en las películas de Harry Potter era el Hogwarts Express. Yo no me he leído los libros ni he visto las películas, por lo que no tenía expectación al respecto, pero es una experiencia. No todos los días ves una locomotora de vapor. La última fue en Kingman, la Santa Fe, pero no está en funcionamiento.

Para avistar el tren hay dos opciones (en el centro de visitantes hay un panel informativo con las horas exactas), una matutina y otra vespertina. En nuestras fechas el horario que mejor nos venía era el del tren que salía a las 10:15 de Fort William y pasaba por la zona entre 10:45 y 11:00. Llegamos allí a las 10:30, así que justo para dejar el coche y tomar el camino hasta llegar al punto óptimo.

La ladera comenzó a llenarse de gente de todas las edades. Muchas familias con niños, claro, pero también adolescentes y adultos sin niños. De repente se oye a lo lejos un traqueteo y poco a poco aparece la silueta de la locomotora a lo lejos. Va acercándose dejando esa nube blanca y unos silbidos típicos de este tipo de maquinaria. Y de repente, en un suspiro ha desaparecido.

Volvimos por donde habíamos venido y continuamos más allá del aparcamiento hasta el centro de visitantes. La tienda está repleta de objetos de Harry Potter. Le echamos un ojo, pero no compramos nada. Sí que pasamos a la exposición, donde encontramos retazos de la historia de los levantamientos jacobitas y pudimos ver alguna “representación” con muñecos.

Están representados los Highlanders con sus trajes escoceses y el ejército inglés con sus uniformes. Los vemos portar banderas, blandir sus armas, portar escudos…

y uno que tuvo que cambiar el agua al canario.

Salimos de nuevo al exterior hacia el Glenfinnan Monument.

Se trata de una torre de 18 metros que conmemora el levantamiento jacobita de 1745. Se levantó en 1815 en honor a quienes lucharon devolver el trono a Carlos Eduardo Estuardo. Se eligió este lugar porque fue junto al Loch Shiel donde reunió a sus tropas, levantó su estandarte y anunció su intención de recuperar el trono.

Representa a un escocés con la vestimenta de los clanes de las Highlands.

Como se observa en la imagen, se puede subir a la torre, pero las mejores vistas del monumento se obtienen desde un mirador que hay detrás del centro de visitantes. Hay que tomar un camino embarrado en cuesta. Una vez arriba se puede contemplar el monumento, las montañas, el lago e, incluso, el viaducto. Y para allá que nos fuimos.

Aprovechamos un banco para disfrutar de las vistas, descansar y, como ya era media mañana, picar algo para reponer fuerzas antes de emprender de nuevo el camino rumbo a  Fort William.

En unos 45 minutos llegamos a la ciudad más importante de la zona, aunque no tiene mucho que ver salvo el West Highlands Museum, donde se puede aprender sobre la historia de la región.

Se puede pasear por la calle comercial, la peatonal High Street.

En esta calle encontramos una tienda que defendía la independencia de Escocia. Aye2Aye. Aye es el yes de los escoceses.

De hecho, era una tienda que reivindicaba la soberanía de otros territorios que solicitan el mismo proceso, como pueden ser Cataluña o el País Vasco. Además de la bandera escocesa, estaba la senyera y la ikurriña.

El caso es que en la zona vimos muchos coches con la bandera escocesa y el Yes2, no así en otros pueblos del país. No sé si fue coincidencia porque había algún acto, casualidad, o es que está más latente por esos territorios.

En Fort William destaca St. Andrew’s Church y su pequeño cementerio. Es la más famosa y vistosa de la ciudad, con características arquitectónicas típicas de la zona. Posee la torre más alta y afilada del pueblo.

Fue fundada en la Edad Media, justo antes de la Reforma Religiosa de Escocia. En su día fue católica, quizá por eso rinde tributo a San Andrés, una denominación no tan típica en iglesias episcopales como esta.

Y hacia el final, casi en Belford Road, nos encontramos con varios puestos de comida internacional y artesanía.

Fort William cobró importancia por la fortaleza que lleva su nombre que se construyó durante la invasión inglesa, pero hoy en día no queda nada. Ha quedado como centro turístico, sobre todo entre los montañeros y esquiadores ya que se encuentra a los pies del pico más alto del Reino Unido, el Ben Nevis, de 1343 metros de altura. Una montaña en la que raro es que no te llueva (o nieve), puesto que tiene un promedio de 261 tormentas anuales. Junto a la estación de bus encontramos el teleférico.

Y al lado una plazoleta con algunos edificios interesantes. Como la Iglesia de Duncansburgh Macintosh.

Fue construida en 1692 como prisión de la ciudad. En tiempos de dificultad la gente iba a rezar porque había una cruz celta, así pues, como además los rezos eran en gaélico, se fue convirtiendo en la “iglesia del pueblo”.

En el siglo XVIII se reformó como consecuencia de un incendio. Y posteriormente para acoger a un mayor número de feligreses. Hoy en día sigue en funcionamiento dando misa en gaélico.

De las faldas del Ben Nevis sale una ruta desde las Lower Falls hasta la cascada Steall Waterfall. No es un paseo largo, son 11 km, pero hay un desnivel de 353 metros. Me hubiera gustado hacer otro día de montañismo, pero se nos acababan los días y no nos iba a dar tiempo a todo, así que, quedó descartado.

Así como también nos saltamos el Monumento Commando, que se encuentra a las afueras de Fort William, al norte, a unos dos kilómetros de Spean Bridge. Se erigió en 1952 como homenaje a los comandos británicos que murieron durante la II Guerra Mundial. Se eligió este lugar puesto que fue donde se formaron entre 1942 y 1945.

Los reclutas llegaban a la estación de tren de Spean Bridge y tenían que llegar en menos de una hora al castillo de Achnacarry donde estaba el centro de formación. Son unos 11 kilómetros de distancia, y los tenían que recorrer con 14 horas de viaje en sus espaldas además de su equipaje, que fácilmente podía llegar a los 15 kilos. Aquel que tardara más de 60 minutos era devuelto a su unidad.

Con posterioridad el monumento pasó a representar también a quienes sobrevivieron y a soldados que murieron en sucesivas contiendas.

Había que seleccionar por una cuestión de tiempo, y tras una hora en Fort William, preferimos tomar la A82 y recorrer el Glencoe de ida y vuelta antes de bajar hacia Oban.

Nueva Serie a la lista “para ver”: Big little lies (Pequeñas mentiras)

Este principios de 2017 se han estrenado varias series que han resultado tener muy buenas críticas. Una de ellas es Big Little Lies, una miniserie de siete episodios creada por David E. Kelley, creador de Ally McBeal, El abogado, Boston Legal o GoliathEstá basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty.

El cartel protagonista está lleno de estrellas de renombre en la gran pantalla como Nicole Kidman y Reese Witherspoon. Ambas son productoras también, y es que Witherspoon montó su propia productora harta de ver que no hay suficientes papeles interesantes para las actrices. Como en otros ámbitos de la vida, quedan relegadas a interpretar madres, novias, esposas, víctimas… siempre asociadas a un personaje principal masculino. HBO compró la idea y al parecer la serie ha funcionado tan bien que se están planteando en una segunda temporada. Aunque dado que es una historia cerrada, imagino que tendrán que abrir nuevos frentes.

La historia nos acerca a Monterrey, en California, a una comunidad de gente con alto nivel adquisitivo. Allí viven las protagonistas. Celeste es abogada, pero dejó su trabajo para quedarse en casa cuidando de sus gemelos. Vive con su marido, arquitecto, y parece tener un matrimonio perfecto y empalagoso, pero se intuyen ciertos nubarrones en el ambiente. Madeline está casada en segundas nupcias y tiene dos hijas, la primera de ellas de su primer matrimonio. Esta hija adolescente parece distanciarse cada vez más de ella mientras se acerca más a su padre, ya que parece idolatrar a la nueva pareja de este. A ellas se les une Jane, una madre soltera que llega a la ciudad con su hijo y que parece esconder un secreto, pues duerme con un arma bajo la almohada.

Paralelamente, de forma fragmentada, vamos uniendo los detalles de las vidas de estas mujeres que conocemos a través de ellas, con los detalles que van relatando diferentes miembros de la comunidad en una sala de interrogatorios. Sin embargo, esta investigación policial transcurre en otro tiempo, quizá en el presente, tomando como pasado lo que vamos conociendo de las protagonistas. Todo ello nos conduce a un brutal asesinato ocurrido durante una gala benéfica de la escuela a la que van los hijos de Celeste, Madeleine y Jane. Poco más conocemos. Se nos ha ido presentando a personajes secundarios, como Renata, una de las pocas mujeres del círculo que además tiene éxito laboral y que se siente juzgada por ello, por no quedarse en casa cuidando de su familia. La hija de esta además sufre una agresión en el primer día de colegio y acusa al hijo de Jane, quien niega ser culpable.

En un principio puede recordarnos a Mujeres Desesperadas al tratarse de un grupo de mujeres que viven de forma desahogada y cuyas vidas se ven zarandeadas con una muerte en la comunidad. A raíz de este trágico suceso se comienza a contar la vida de las protagonistas, sus secretos, sus conflictos. Sin embargo, la serie de Wisteria Lane era mucho más superficial, en Big Little Lies hay cierto tono de thriller.

No obstante, reconozco que cuesta entrar en la dinámica que plantea la serie, pues para ser un piloto es un tanto lento y puede llevar a dejar la serie de lado y no concederle una oportunidad. Sin embargo, una vez reposado, tiene ciertos detalles que decantan la balanza. Cuenta con un buen reparto, tiene buena fotografía y una narración interesante con esa fragmentación que recuerda en cierta medida a The Affair.

Habrá que ver los seis restantes episodios para conocer más sobre estas familias de clase alta que viven permanentamente pensando en las apariencias mostrando ser familias felices y perfectas, pero que ocultan inseguridades, problemas y secretos. Y mientras tanto, descubriremos quién es la víctima y quién es el asesino. Aunque quizá el crimen sea lo de menos en toda esta historia.

Road Trip por Escocia. Día 10 IV Parte: Isla de Skye: Ferry Armadale – Mallaig

Llegamos a la terminal de Armadale para recoger los billetes. Ya habíamos hecho el pago mucho antes, ya que es recomendable reservar previamente para asegurarse la plaza en el ferry. El precio se desglosa por persona y vehículo. Antes de montar, has de pasar por caja y entregar el correo electrónico como resguardo que te canjearán por el billete en sí que habrá que enseñar al subir al ferry.

Para entrar en el barco hay que hacer una cola. Un empleado va ordenando los vehículos en cuatro filas, cada una señalizada y numerada en la calzada. Recoge los billetes y va dejando acceder. Una vez dentro, otros empleados van organizando los coches y tras aparcar puedes subir arriba a disfrutar de las vistas o entrar a la cafetería a resguardarte y tomar algo.

Como llegamos con tiempo, hicimos el canje y nos pusimos a ver cómo era todo el procedimiento con el ferry que salía media hora antes que el nuestro. El chico que iba dando paso a los coches nos preguntó si subíamos, pero le dijimos que teníamos para las 7. Sin embargo, nos preguntó por el modelo de coche que llevábamos y al ver que era pequeño y que había sitio, nos propuso adelantar la salida. Así que como teníamos poco más que hacer, nos dimos una carrera al coche y embarcamos.

No se tarda mucho en llegar a Mallaig, un pequeño pueblo pesquero donde haríamos noche.

El desembarco es bastante rápido. Se baja la rampa poco a poco y se va bajando según el orden de llegada.

Habíamos elegido el Ashdale B&B, regentado por Jenny, una encantadora señora que podría haber sido mi abuela. A nuestra llegada estuvimos un rato hablando con ella, nos preguntó de dónde éramos, de dónde veníamos, adónde nos dirigíamos después, nos recomendó dónde cenar, nos estuvo contando su viaje a Marbella cuando era joven… Muy simpática, la mujer.

El dormitorio tenía un toque moderno con el vinilo en el cabecero y el papel pintado, pero con un toque vintage con el estilo de los muebles.

Había pedido una habitación doble, pero era triple, tenía una cama de 90 además de la doble. Por supuesto no podían fallar los detalles de bienvenida.

Teníamos baño incorporado. Aunque estrecho y alargado, cumplía su función.

Tras un rato de charla con Jenny, dejar nuestras cosas y refrescarnos, salimos a dar un paseo. La verdad es que Mallaig es poco más que un par de calles. Prácticamente todo gira alrededor del puerto y salvo un supermercado y media docena de restaurantes, no había mucho más.

Por un día dejamos el deal meal y cenamos en un restaurante. Y nos fue complicado, porque había alguno cerrado y otros con una carta muy escueta. Cuando por fin nos decidimos por uno, estaba lleno y nos dijeron que volviéramos en media hora, así que nos dimos un paseo y nos sentamos en un banco junto al mar a observar cómo las gaviotas se acercaban a tierra y sacaban los recipientes de poliespan con restos de pescado de las papeleras.

Para cenar elegimos el famoso haddock (eglefino en español), que es el pescado que usan para el fish and chips. Pedimos uno hecho al horno con ensalada y otro rebozado al estilo típico con patatas. Nos salió más o menos como el día que cenamos en Durness.

Y poco más de sí dio el día. Volvimos al alojamiento cuando estaba anocheciendo a repasar la enrevesada ruta del día siguiente, a ducharnos y descansar.

Road Trip por Escocia. Día 10 III Parte: Isla de Skye: Dun Beag Broch y Castillo del clan Donald

Tras dejar Neist Point y rumbo a Armadale, cuando llevábamos unos tres cuartos de hora, nos encontramos con un cartel marrón junto a un aparcamiento que anunciaba Dun Beag Broch. No sabíamos de qué se trataba, pero como el color de la señalización significa punto de interés e íbamos más o menos bien de tiempo, decidimos parar.

Los broch son grandes torreones de piedra seca que solo se encuentran en Escocia. Datan de entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. La mayoría de los que han llegado a nuestros días se encuentran en ruinas, sin embargo, en algunas localizaciones se han construido réplicas como alojamiento turístico.

Estas construcciones circulares contaban con un muro doble, quizá por eso han llegado hasta nuestros días. Asimismo, estaban divididas en dos niveles que aún se pueden apreciar. También se conservan las escaleras que unían los pisos.

Se localizan sobre todo en el norte de Escocia  y parece que significaban un cierto estatus y control de las tierras. Por eso se construían sobre una colina, para poder controlar los campos de cultivo propios, así como los alrededores.

De esta forma, eran muy útiles cuando había asedios entre clanes, ya que podían albergar tanto a personas como al ganado. Así pues, se refugiaban y esperaban a que el enemigo se marchara.

Después de la parada improvisada volvimos a la carretera, dirección a Armadale, una población de exmineros. Allí tomaríamos el ferry hasta Mallaig. Podríamos haber salido por el puente, como entramos, pero así probábamos los dos recorridos, y quizá también adelantaríamos algo de tiempo.

Pero antes de coger el ferry, nos fuimos a ver el Castillo del clan Donald. Eran las 16:20 y no teníamos el ferry hasta las 19, así que nos daba tiempo de sobra.

Fue diseñado por el arquitecto James Gillespie Graham y construido en 1815. Anteriormente había una mansión de 1790. Si nos ponemos frente a la fachada, estaríamos ante el hall principal, donde había una escalera que llevaba a un primer piso en el que se encontraban dormitorios, la biblioteca y otras estancias. En la planta baja había una sala de billar y otra para dibujar.

La mayor parte de la mansión original quedó destruida en un incendio en el año 1855 y se sustituyó por un edificio diseñado por David Bryce.

El Lord Macdonald y su familia dejaron el castillo en la década de los 20 del siglo pasado y como consecuencia el castillo quedó a merced de los elementos. En los años 80 se estabilizaron las ruinas para que no terminaran de caerse. Hoy en día es difícil llegar a imaginarse lo que fue en su día, tan solo se conserva la fachada.

En el recinto está el Museo de las islas, un edificio que tiene seis galerías de exhibiciones e interpretaciones que nos acerca a los 1500 años de historia y cultura de este área conocida como el Reino de las Islas. Asimismo, acoge una biblioteca, con más de 7000 libros y diversas colecciones donde se puede investigar sobre el árbol genealógico si sospechas que tienes ancestros de Skye o de los MacDonalds.

Hay una exposición muy interesante sobre los clanes y la cultura de las Tierras Altas, las guerras con los ingleses y la devastación que supuso la batalla de Culloden. También sobre lo que supuso la emigración de aquellos escoceses que se quedaron sin opciones en su país y marcharon hacia América u Oceanía.

En la primera parte del siglo XIX hubo varios viajes programados a Australia. El primer barco, el William Nicol,  salió de la Isla Oransay, a unas millas al norte de Armadale, en 1837. Las familias se asentaron junto al Río Hunter en el área de New South Wales. Años más tarde, en la década de los 80, sus descendientes volvieron a Escocia buscando sus raíces en Skye. Tras este barco continuaron partiendo más en los años siguientes. Entre 1852 y 1857 cerca de unas 5000 personas abandonaron las Tierras Altas y se marcharon a Australia. Unas 2000 procedían de las tierras de los Macdonald en Skye y North Uist.

También hubo escoceses que marcharon a Nueva Zelanda. Aunque este viaje les llevó medio siglo. En 1817 el Reverendo Norman MacLeod abandonó Escocia con un grupo de personas. Se asentaron en Nueva Escocia, Canadá, pero al pastor no le terminaban de convencer las condiciones, así que se mudaron en 1820 a La isla del Cabo Bretón. 29 años más tarde, MacLeod se planteó volver a trasladarse, ya con 69 años, y esta vez tenía en mente que fuera Australia. Así pues, se prepararon dos barcos y el primero de ellos salió en 1851. Los emigrantes llegaron atraídos por la fiebre del oro y encontraron una forma de vida en Melbourne. Pero MacLeod pronto hizo planes para mudarse a Nueva Zelanda, y en 1853 se fundó un asentamiento en Waipu, en la Isla Norte. Para 1860 ya habían llegado 6 barcos más desde Nueva Escocia, y siguieron llegando años después, también desde Canadá, pero incluso directamente desde Escocia.

Por supuesto, el museo se adentra en la historia del clan, nos muestra sus diferentes nombres, el tartán de cada una de sus ramas, las embarcaciones que usaban, joyas, armas, así como fotografías y alusiones a descendientes ilustres, como Wiston Churchill.

Curioso lo de las espadas. Al parecer eran importadas de España y Alemania. Las españolas eran las mejor consideradas, sobre todas aquellas que llevaban la firma de “Andrea Ferrara”, que se convirtió en un sello de calidad.

Además del centro de visitantes y la fachada del castillo, se pueden visitar los jardines.

Llegó la hora de cierre del castillo y, aunque era pronto aún para la partida del ferry, nos dirigimos a la terminal.