Road Trip por Escocia. Día 13 II Parte: Glasgow y llegada a Edimburgo

Y llegamos al final del viaje con nuestra última parada: Glasgow. A orillas del río Clyde, es la ciudad más grande de Escocia y el mayor centro comercial de la región. En cuanto a importancia, ocupa el segundo lugar por detrás de Edimburgo, en continua rivalidad. Glasgow ya existía en época de los romanos, aunque su esplendor es gracias a la época industrial.

La historia de la ciudad y su estilo arquitectónico deben su esplendor a la época victoriana y a los lords que se hicieron de oro con el tabaco en países transoceánicos. Tiene fama de ser sucia y fea, pero en los últimos años ha sufrido un proceso de modernización. Las fábricas y astilleros que había a lo largo de la ribera han desaparecido dejando su lugar a parques y avenidas. No en vano, su nombre significa “querido lugar verde” y hoy en día cuenta con casi una centena de parques y espacios naturales. Ha crecido la oferta cultural y los barrios han adquirido un carácter bohemio.

Acostumbrados a aparcar en cualquier sitio, llegar a Glasgow fue un golpe de realidad. Imposible encontrar un hueco, y los pocos que veíamos eran de pago y carísimos. Al final, aparcamos cerca de la catedral y del National Piping Centre (el centro para el aprendizaje del arte de la gaita) porque íbamos a perder mucho tiempo que no teníamos buscando un hueco que fuera gratuito y no quedara lejos del centro.

Muy cerca teníamos la Barony Church, una iglesia de piedra rojiza de estilo gótico victoriano.

La Old Barony Church fue construida como parte de la Barony Parish en la ciudad. La primera iglesia que hubo en el solar aparece en Rob Roy, la novela de Sir Walter Scott, descrita como un lugar oscuro y siniestro. Y con el tiempo se fue deteriorando. Tanto, que en 1798 se reconstruyó con un diseño de James Adam que recibió tanto elogios como críticas (como por ejemplo la del pastor Norman McLeod que le dijo a la Reina Victoria que era la “iglesia más fea de toda Europa”).

A pesar de su reconstrucción, no solventaba los problemas de la antigua iglesia, ya que seguía siendo oscura y apenas podía albergar a suficiente gente de la congregación. Por lo que hubo que levantar un nuevo edificio. Este se erigió en 1889, incorporando elementos arquitectónicos y reliquias de la vieja iglesia. Sin embargo, este sí tenía espacio suficiente para la congregación.

Lamentablemente, la congregación se dividió en cuatro secciones. Y aunque siguió en uso durante un siglo, en 1986 la iglesia fue adquirida por la Universidad de Strathclyde. Tras su adquisición fue restaurada en 1989 y hoy en día se utiliza como espacio de la universidad para ceremonias como pueden ser las graduaciones, exámenes importantes, exhibiciones, congresos, seminarios o conciertos.

Dejando atrás la iglesia nos dirigimos al cementerio. También data de la época victoriana y con unas 15 hectáreas de extensión sigue el esquema de los cementerios parisinos de la época. Este diseño se debe a que un chambelán de la Casa de los Comerciantes de Glasgow visitó París y le encantó el de Père Lachaise por su concepto de cementerio-jardín.

El terreno donde hoy se encuentra la necrópolis era un parque (Fir Park) que pertenecía a los comerciantes desde 1650. El chambelán vio el negocio de vender el terreno. Las clases altas le compraron la idea y en menos de dos años se convirtió en cementerio.

Creado en 1831 y abierto oficialmente en 1833, este cementerio multi-religioso cuenta con más de 50.000 sepulcros y nada menos que 3.500 estatuas. Dado que se promocionó entre las personalidades adineradas, en él están enterrados numerosos personajes ilustres de Glasgow. Hay zonas que parece que están vacías, sin embargo lo que ocurre es que son sepulcros no marcados, no hay lápida que indique quién está enterrado.

En 1851 se cerró porque ya estaba completo. Hoy en día pertenece a la ciudad.

Se puede pasear libremente por él observando con curiosidad mausoleos, estatuas, lápidas y cruces. Pero lo más interesante son las vistas que ofrece de la High Kirk de Glasgow, la catedral.

Es de estilo gótico pre-reformista con sus piedras negras y vidrieras multicolores.

Comenzó a construirse en 1136 y es una de las pocas iglesias medievales que se conservan gracias a que adoptó el rito protestante, por lo que se salvó de las revueltas religiosas. Fue renovada en 1197 y sufrió diversas remodelaciones en el siglo XIII.

Se levanta sobre el lugar donde se encontraba una capilla del siglo VI y está dedicada a San Mungo, un misionero cristiano que es el patrón de la ciudad. El monje se estableció en Glasgow y fundó la iglesia. En 1115 la ciudad se convirtió en sede episcopal lo que aumentó su importancia.

Tiene dos niveles. La cripta está formada por tres naves divididas por columnas y arcos. En el centro se encuentra la tumba del santo, lo que convierte a la catedral en lugar de peregrinaje.

Nos llamó la atención la vidriera con Santiago y su cantimplora.

Podemos encontrar una antigua bandera de 1801. O lo que queda de ella.

La entrada es gratuita.

Conocida como East End, la zona alrededor de la catedral es la zona más antigua de la ciudad. Está delimitada por High y Castle Street. Este barrio representa el centro obrero de Glasgow.

Nosotros nos dirigimos hacia el centro de la ciudad tomando la George Street. En esta zona con diseño en cuadrícula abundan las calles peatonales. En ellas se mezclan edificios victorianos con los más fríos de estética modernista. Es la parte de la ciudad en que se hallan las principales estaciones de tren y numerosos comercios.

Se articula en torno a George Square, la plaza principal del siglo XVIII que fue remodelada en la época victoriana.

En ella podemos encontrar estatuas de personajes históricos escoceses, como la Reina Victoria, Robert Burns, el inventor James Watt o Walter Scott.

Y en mármol blanco destaca el Cenotafio de los Caídos.

La plaza está rodeada por varios edificios victorianos como el Ayuntamiento que fue inaugurado por la Reina Victoria en el 1888. El palacio del ayuntamiento ocupa todo un lateral de la plaza y sus frisos representan los estados de Reino Unido: Inglaterra, Irlanda, Escocia y Gales, que se rinden a los pies de la reina.

Tomando la peatonal Buchanan Street y sus aledañas nos adentramos en la Milla del Estilo, donde abundan los edificios georgianos. La calle cruza de norte a sur gran parte de la ciudad y está plagada de comercios y artistas callejeros.

Cerca se encuentra la Gallery of Modern Art, en un edificio neoclásico de 1829 que era la antigua sede de la Bolsa de Glasgow. Es una de las más controvertidas y provocadoras galerías de arte contemporáneo del Reino Unido.

Al final de la II Guerra Mundial se convirtió en biblioteca, y no fue hasta 1996 que pasó a ser galería de arte. Frente a su portada destaca la estatua ecuestre del primer duque Wellington, decorada con los famosos conos que ya habíamos visto en Edimburgo.

Esta estatua de 5 metros de altura se erigió en 1844 y desde los años 80 suele aparecer por las mañanas con esta decoración tras las noches de fiesta de los jóvenes locales. Aunque el ayuntamiento emplea anualmente más de 12.000€ en mantenimiento del monumento y retirada de los conos e incluso se planteó doblar la altura del pedestal para impedir el vandalismo, los ciudadanos de Glasgow lo consideran ya un símbolo. Es una seña de identidad que se ha extendido hasta otros lugares del país. Incluso tiene página de Facebook.

Adyacente a la galería está la Royal Exchange Square, una plaza que también es accesible desde Buchanan Street.

El acceso se realiza a través de unas arcadas y los lados de las plazas albergan diferentes cafeterías y restaurantes. En los meses de invierno, como parte de las decoraciones navideñas, la plaza se ilumina de una forma excepcional con redes de bombillas de un extremo a otro de los edificios, dando la sensación de estar bajo un manto de estrellas.

Volviendo a la calle Buchanan y tomando la bocacalle Mitchell, encontramos The Lighthouse. Es una de las galerías de la ciudad donde se pueden encontrar las mejores obras locales, nacionales e internacionales de arquitectura y diseño. Nosotros subimos esperando encontrar unas buenas vistas, pero lo cierto es que se ven cuatro tejados y cinco chimeneas. Quizá no lo que esperábamos atisbar.

Continuamos hasta Merchant City, un barrio que en el siglo XVIII se desarrolló para albergar a los ricos comerciantes de la ciudad conocidos como los Señores del Tabaco. Esta opulencia se dejó ver en las espléndidas casas, apartamentos y almacenes que surgieron.

Sin embargo, también cuenta con su lado oscuro, puesto que antes de la llegada de estos acaudalados comerciantes en la zona del Cementerio de la Iglesia Ramshorn había robos de cadáveres para estudiar la anatomía humana en la Universidad. Algo que ya habíamos visto que ocurría también en Edimburgo.

En la calle Trongate encontramos The Tron Steeple, el campanario de una iglesia construida en 1484 y que en 1540 fue convertida en la Collegiate Church of St Mary and St Anne. Tras la Reforma quedó abandonada, pero en 1592 fue restaurada después de que John Bell se convirtiera en su primer Ministro Prtestante.

En 1637 se añadió el campanario, que incluso consiguió quedar en pie tras un incendio provocado por unos borrachos que se refugiaron en una noche fría de febrero de 1793. La iglesia tuvo que ser reconstruida, pero se hizo como un edificio independiente. Aunque hoy pertenece al Tron Theatre, al igual que la torre tras su remodelación en los años 80 del siglo pasado.

Si seguimos la calle, llegamos a Glasgow Cross, donde se encuentra el cruce de las calles High en el norte, Gallowgate y London Road al este, Saltmarket al sur y Trongate al oeste. Su punto más reconocible es el Tolbooth Steeple, que data del siglo XVII.

Se construyó entre 1625 y 1626 en lo que era el cruce de las principales calles de Glasgow en la época. El campanario es lo único que queda de la construcción, pues el resto fue demolido en 1921. El Tolbooth fue la sede del Ayuntamiento hasta 1814, cuando el ayuntamiento vendió el edificio y se trasladó a Jail Square y posteriormente a George Square.

El campanario se restauró en 2008 después de que se descubrieran grietas en la estructura. En él era donde tenían lugar las ejecuciones públicas. Se les colgaba desde el campanario. Junto con el Tron Theatre, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad.

A medida que Glasgow se fue expandiendo en el siglo XIX llegándose a convertir en la segunda ciudad del Reino Unido y del Imperio Británico, el área se convirtió en un distrito lleno de almacenes y casa de los comerciantes de fruta, vegetales y queseros. Sin embargo, a partir de 1960 la zona cayó en declive, muchos edificios se demolieron, se trasladaron los mercados fuera de la ciudad según las nuevas costumbres. Y aunque había planes de construir una carretera alrededor de la ciudad, al final nunca se llevó a cabo, y en los años 80 se tomó la decisión de revitalizar el área y sus edificios históricos.

Así pues, pasó de llamarse Trongate, Glasgow Cross o “the town” a Merchant City. Se desarrolló una zona residencial, de compras y ocio al estilo de Covent Garden en Londres. Y hoy en día ha ido tomando un carácter más elegante donde abundan las cafeterías y locales de moda. Desde las casas restauradas hasta los lofts convertidos y apartamentos vanguardistas de estilo contemporáneo, el barrio cultural de Glasgow está realmente lleno de vitalidad.

Abandonamos Merchant City y seguimos paseando por la zona peatonal volviendo a pasar por George Square y continuando hasta el barrio conocido como el West End. En esta parte de Glasgow abundan los edificios de piedra de color rojizo del XIX. Es donde se asentó la clase mercantil rica y donde hay bullicio estudiantil ya que es donde se encuentra una de las tres universidades de la ciudad.

Y más adelante encontramos la Universidad, rodeada de extensas zonas verdes por donde se puede pasear tranquilamente. Hay facultades decoradas con murales que representan sus áreas de estudio.

Es una de las más importantes de Reino Unido. De ella han salido varios premios Nobel.

Antes de marcharnos, cogimos el coche e hicimos una parada en la Kelvingrove Art Gallery, construida para la exposición universal de 1888. Es un castillo de ladrillos rojos que hoy es un museo. Se puede acceder de forma gratuita y hay exposiciones sobre la vida local y exposiciones de arte.

A lo lejos, entre los árboles, se ve el edificio de la Universidad y su torre.

En el parque hay un monumento a los caídos en las dos guerras mundiales.

Para finalizar, también con el coche, paramos en la zona del Clydeside. En los aledaños del puerto creció el bullicio de la ciudad. Era donde se construían los grandes transatlánticos. Nos la encontramos en obra y en plena remodelación. Se están recuperando los viejos almacenes y está creciendo con un aspecto más modernista.

Como ejemplo el SECC, un espacio dedicado a conciertos y ferias. El auditorio con forma de caparazón es conocido coloquialmente como el Armadillo.

También en el área se encuentra el Glasgow Science Centre, un centro de exposiciones dedicado a la ciencia.

Nos hubiera gustado dedicarle algo más de tiempo a Glasgow, quizá haber hecho noche y haber conocido algo de su vida nocturna, pero con tanto por ver en tan pocos días, algo había que sacrificar. Eso sí, pudimos vivir algo del ambiente de la ciudad con los puestos callejeros que había, donde incluso podías degustar paella…

Comimos y abandonamos la ciudad industrial rumbo a Edimburgo. Un recorrido de apenas una hora en una carretera plagada de coches. No estábamos acostumbrados a tanto tráfico. Finalmente llegamos a la oficina de alquiler un poco antes de las 5 de la tarde y con 1430 millas a nuestras espaldas.

La devolución del coche fue rápida, aunque nos costó entender a la chica. ¡Vaya acento tienen en esa oficina! Comprobó que no tuviera ningún daño, que el depósito estuviera lleno, firmamos la entrega y nos marchamos dirección al tren cargados con nuestra maleta y mochilas dirección al Easyhotel donde haríamos noche.

El hotel está bastante céntrico, en Princes Street y cumple con los parámetros de la compañía: un dormitorio tipo camarote con un baño justito y una cama empotrada entre cuatro paredes. Pero sabíamos a lo que íbamos, así que no nos sorprendió.

Aprovechamos las horas que nos quedaban en la ciudad para dar un paseo (ya estaba todo preparado para el Fringe), hacer compras de última hora, cenar fuera tranquilamente y volver a hacer el equipaje. Se acababa el viaje.