Conducir en Escocia

Para poder perderse por Escocia parece no quedar más remedio que alquilar un coche. Sí, se puede viajar en tren, incluso hay unos bonos para el bus que funcionan de forma similar al Interrail; sin embargo, ninguna de las dos opciones da la movilidad y autonomía de un vehículo propio (aunque sea por unos días). Es la mejor forma de conocer la esencia del país y descubrir los parajes más recónditos.

Obviamente se puede hacer mediante agencia, pero esa opción estaba descartada ya antes de pensar en el viaje incluso. No sólo por la comodidad de viajar por libre en general, sino porque además Escocia ofrece tantos lugares interesantes que más de una vez querrás parar, estirar las piernas, respirar aire puro, observar los paisajes y disfrutar sin más. Eso no te lo da ni un viaje organizado, ni cuando dependes de horarios de trenes y buses.

Así que alquilamos coche. Muy bien. Pero, ¿qué tal lo de conducir por la izquierda?

Pues está lleno de anécdotas. Para empezar el ir a entrar por la puerta que no es. Ir a abrir la del conductor y que te pregunten ¿conduces tú? O al revés, que el otro se vaya para el sitio del copiloto y le digas ¿lo llevo yo? ¿me das las llaves?

Ya en el asiento de piloto te preparas espejos, las distancias, altura del volante, cinturón… y te giras para la izquierda, y claro, no está. Risita tonta. Para el otro lado. Click. Venga, allá vamos, pies en posición. Por los pedales no hay que preocuparse, afortunadamente, ya que conservan el mismo orden. En este sentido es peor un automático, ya que se te va el pie al embrague y como no hay, toma frenazo. Pero nos queda meter marchas. Un par de ensayos cerca del local de recogida del vehículo y todo controlado, porque vas con el chip de prestarle a todo mucha atención. Eso sí, cuando te confías y llevas unos días, no te libras de algún que otro manotazo a la puerta para cambiar de marcha.

Nos ponemos en movimiento y nos incorporamos a la circulación. Bueno, aquí hay dos cuestiones. Una ventaja y un inconveniente. Cuando te mueves por una ciudad con bastante tráfico, como Edimburgo, Inverness, Stirling o Glasgow, lo bueno es que tienes otros coches a los que seguir como referencia a la hora de hacer una glorieta, incorporarte tras un ceda o un stop, o simplemente seguir al de delante para ver a qué carril se incorpora. El inconveniente es que hay más tráfico, es todo más rápido y has de tener buenos reflejos y no atorarte. Recuerda que el carril lento es el de la izquierda, el de más a la izquierda de todos.

Lo de adelantar también se hace complicado porque no estás acostumbrado a tomar las referencias desde el otro asiento. Y lo de aparcar tiene también su problemática. Mil maniobras hasta que calculas no sólo las dimensiones del coche sino la perspectiva. Puedes llegar a darte cuenta de que tienes menos giro de cuello mirando hacia la izquierda que hacia la derecha.

Desde el lado del copiloto también es un punto, porque en los giros te da la sensación de que el que viene en el otro sentido se te va a empotrar. Es un tanto inquietante, sobre todo cuando bajas la cabeza un momento para mirar un mapa y luego vuelves a mirar al frente. Son unos milisegundos, hasta que caes en que no estás en España, pero están ahí. Al menos los primeros días. Como copiloto tienes una misión: en cada cruce, incorporación, giro o glorieta, recordar continuamente a su piloto izquierda, izquierda, izquierda. Te falta el puño en alto y cantar la Internacional.

Por otro lado, cuando te adentras en las Highlands, más allá de autopistas, la ventaja es que se va más lento, con una velocidad media de 60 km/h; y el inconveniente es que hay menos tráfico, en algunos sitios ni siquiera hay, salvo que consideremos al ganado como tráfico. Así pues, no hay mucha referencia y quizá tiendas hacia la derecha, o a ir por el centro, y cuando te cruzas con alguien tienes que reaccionar rápidamente. Así que ojo con eso.

Por cierto, como peatón, recuerda: Look right.

Aunque el verdadero peligro está en las carreteras de un único carril y sin arcén. Pero por suerte existen los famosos passing places. No encontrarás una señal de peligro con una flecha negra y otra roja indicando quién tiene preferencia, sino que quien tiene una cuneta asfaltada a su izquierda, es el que ha de apartarse y dejar pasar al que viene en el otro sentido. Las carreteras son estrechas, muy estrechas. A veces con acantilados. Y eso también es un peligro añadido, el paisaje es tan bello, que mejor parar cada poco y disfrutarlo, porque despista.

Además de los apartaderos, en la mayoría de las carreteras hay aparcamientos donde parar. En azul simplemente los de descanso, y en marrón los que tienen interés turístico, como unas buenas vistas o el comienzo de alguna ruta. Y lo bueno que tienen los aparcamientos donde hay un punto turístico es que cuando vas a volver a la marcha te recuerda el sentido de la conducción.

Como ya he comentado en otras ocasiones, llevábamos GPS y mapa. El GPS está bien, te lo da mascado, pero eso también es un inconveniente, ya que calcula en base al recorrido óptimo, que suele ser el más corto y no necesariamente el más interesante paisajísticamente hablando. Así que viene bien tener un mapa para ir marcándole la ruta indicándole lugares de paso. También con el mapa ves si las carreteras son autopistas, carreteras comarcales, locales o un camino de cabras (o vacas con flequillo).

Por cierto, mucho ojo con los radares, que Escocia está plagada. Y sin olvidar que la tasa de alcoholemia es 0.0, por lo que nada de conducir tras una cata de whisky. Y cuidado con el cuentakilómetros que a veces despista. Que ves un 120 y piensas que es km/h y en millas es una pasada. En algunos coches sólo cuenta eso, kilómetros y no millas como figura en las señales de tráfico. En la mayoría de los de alquiler figura en ambas unidades, como ya nos encontráramos en EEUU.

Otro dato a tener en cuenta es que los límites permitidos no son exactamente los mismos que en España. Para consultar algunas normas básicas de la conducción, podéis echar un ojo a la página de turismo de Escocia. Aquí se detallan algunos puntos significativos. Si queréis consultar el código completo, podéis hacerlo en esta otra.

Recuerdo que con un carnet de conducir de la UE no es necesario tramitar el Permiso de Conducir Internacional.

En cuanto a la gasolina, no es que sea Death Valley, pero en algunas zonas puede ser complicado encontrar gasolineras. Y cuidado porque los domingos no abren, así que conviene repostar en la primera con la que te cruzas por la mañana. Nosotros cogimos la rutina de completar el depósito a la que parábamos a comprar en alguna tienda para llevar provisiones para el día. Combustible para nuestro estómago y para el coche. No todos los días era necesario, pero conviene saber cómo llevas el depósito. En general son todas autoservicio y previo paso por caja a pagar.

En total hicimos unas 1430 millas, aproximadamente unos 2300 kilómetros en 11 días.

El coche se comportó bien en ciudad, aunque una vez en carretera o en subida se veía que no daba de más ya que tenía muy poca potencia. Pero bueno, te quedas en tu carril, dejas que te adelanten y te lo tomas con calma. Por lo demás, teníamos espacio de sobra, y afortunadamente no tuvimos ningún problema de chinas en el camino o pinchazos. Algo que parece ser común. Aunque sobre todo vimos coches dañados por la humedad con los bajos oxidados o la pintura comida.

La única incidencia que tuvimos en carretera fue un par de cortes por tala preventiva de árboles. Pero no está nada mal señalizado. Al contrario, nada de señor operario con chaleco y casco sosteniendo una señal de stop. Te plantan un semáforo, unos paneles, la velocidad máxima y unos conos. Y el tráfico se va abriendo en uno y otro sentido. Muy fluido todo. Solo estuvimos parados más de la cuenta una vez y fue porque se les cayó una rama bien grande a la calzada y tardaron en moverla.

En general las carreteras que recorrimos son de doble sentido y en buen estado, salvo cuando empiezas a subir hacia el norte. En la zona de las Tierras Altas son más estrechas, salvo alguna parte que de repente tiene una calidad superior, con mejor asfaltado. Y ahí ves el cartel de los fondos de la Comunidad Europea. Otro motivo para no querer el Brexit.

En cualquier caso, pese a lo diferente que puede ser, os animo a probarlo. En el fondo parece más complejo en nuestras cabezas que luego sentados ante el volante. Si no te terminas de atrever, siempre puedes elegir un coche automático para que te facilite un poco la tarea (aunque son un poco más caros). Lo bueno de la experiencia es que ya has cogido práctica para Seychelles, Chipre, Malta, Sudáfrica, Irlanda, la India, Japón, Australia o Nueva Zelanda. 😉

Os animo a conocer Escocia en coche, pues tras cada curva, cada pueblo, cada cambio de rasante, cada passing place, cada milla hay algo que os sorprenderá y encandilará.

5 comentarios en “Conducir en Escocia

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