Escapada a Atenas y Sofía

Comparado con 2015, 2016 no fue un año muy viajero, tan solo hicimos un par de viajes. Sin embargo, aquí estoy, a mediados de 2017 aún relatando sobre el año pasado. Y es que Escocia dio para mucho.

Y precisamente en Escocia estábamos aún cuando se gestó este viaje a Atenas y Sofía. Hacíamos cola para embarcar en Edimburgo, de vuelta a Madrid, cuando mi hermano nos escribió comentándonos que había hablado con un amigo de hacer alguna escapada en diciembre, cuando estuviera por Madrid. Más o menos la misma situación que en 2015. Iba a gastar los días que le sobraban de vacaciones viniendo a España en diciembre. Pero al final resultan días en los que no hace nada porque amigos y familia trabajan, así que un poco de investigación y encontró unos vuelos baratos a Sofía haciendo escala en Atenas a la ida.

Nosotros, que estábamos tristes por volver a casa después de dos semanas de vacaciones, que no teníamos nada más programado para el resto del año, y que además no habíamos visto Sofía, decidimos apuntarnos. Atenas lo habíamos visitado en 2008, pero como habían pasado 8 años y era una escala breve, tampoco nos importó mucho repetir. Más fresco lo tenía mi hermano que había estado en noviembre de 2015 después de Estambul.

Así que, a mediados de agosto nos vimos comprando los billetes. Los vuelos elegidos fueron:

  • Vuelo 1: 17 de Diciembre: Madrid – Atenas con Aegean Airlines

Avión Aegean

  • Vuelo 2: 19 de Diciembre: Atenas – Sofía con Aegean Airlines

Bulgaria

  • Vuelo 3: 21 de Diciembre: Sofía – Madrid con Wizzair.

WizzAir

Y lo siguiente fue buscar alojamiento. Para Sofía lo tuvimos claro desde el principio, pues hay un Easyhotel que no está mal situado y es bastante nuevo. A diferencia de otros en los que hemos estado, como Londres, La Haya o Edimburgo, incluye la televisión y el WiFi en el precio de la habitación (20€).

Easyhotel

Easyhotel

Sin embargo, para Atenas teníamos mucho más donde elegir y, por tanto, más dudas. Después de mirar varios hoteles, se nos ocurrió probar con AirBnB ya que íbamos cuatro y así podríamos tener una zona común para estar juntos. Finalmente nos decantamos por un apartamento de dos habitaciones con baño, cocina y sala de estar bastante cerca de Sintagma. Además, aprovechamos el saldo de bienvenida que recibes cuando te das de alta recomendado por alguien que ya es miembro (y él por invitarte). Pinchando en este enlace podéis daros de alta y recibir 35€ para descontar en la próxima reserva.

Apartamento

Tanto Grecia como Bulgaria pertenecen a la UE, así que con la Tarjeta Sanitaria Europea estábamos cubiertos. Se puede solicitar vía online y en un par de días te llega a casa. Si estás en paro, tendrás que presentarte en la oficina de la Seguridad Social y te emitirán un documento que te cubre los días del viaje. Hace el mismo servicio, pero conlleva burocracia y no está a un click.

No obstante, Bulgaria, a pesar de formar parte de la UE, no es zona Euro, por lo que necesitábamos cambiar moneda. Teníamos 3 opciones: cambiar moneda (bien en España, bien a la llegada), sacar dinero en cajero a nuestra llegada o bien pagar todo con tarjeta.

La primera opción es la que más comisiones lleva. La tercera tiene algo menos de cargo, pero por un lado está el cambio de visa y por otro la comisión por pago en otra divisa. Además, no en todos sitios admiten tarjeta, o puede que dé fallo por ser extranjera. La segunda opción, al menos en nuestro caso, es la más favorable, ya que nuestro banco solo nos cobra 2€, independientemente de la cantidad que saquemos. Así que una vez en el aeropuerto buscamos un cajero y sacamos efectivo para nuestra estancia.

Levas

Nuestro siguiente paso fue preparar era el transporte. Para ello primero había que configurar una ruta para ver los posibles desplazamientos (además de los trayectos desde y hasta los aeropuertos). Así pues, esto va unido a una búsqueda de información para saber qué queríamos visitar.

Con Atenas era más sencillo porque teníamos la planificación de mi hermano del año anterior, así que salvo alguna pequeña modificación, estaba hecho. Quedaba comprobar horarios y precios de las entradas a monumentos para hacer un cálculo del presupuesto, pero eran detalles mínimos.

Acrópolis

Acrópolis

Ágora Romana

Templo de Hefesto

Con Sofía no teníamos ninguna referencia, así que había que informarse. Y cuando nos pusimos a trazar una ruta, descubrimos que o nos lo tomábamos con mucha calma, o nos iban a sobrar días, porque en Sofía está todo bastante cerca y se puede visitar cómodamente a pie.

Mezquita Banya Bashi

Iglesia Rusa

Sínodo de la Iglesia Ortodoxa

Catedral de Alejandro Nevski

Mi hermano se acordó de un antiguo compañero que trabajaba con él en Madrid, que era búlgaro y que se había vuelto para Bulgaria. Y aunque su ciudad natal no era Sofía, seguro que tenía buenos consejos sobre qué ver en la ciudad y alrededores para aprovechar mejor el tiempo. Casualidades de la vida, su amigo vivía en una ciudad a dos horas de la capital y le dijo que seguro que le iba a interesar mucho más. Así que con esa recomendación, matamos dos pájaros de un tiro: por un lado completábamos el día que nos quedaba suelto, y por otro, mi hermano y su amigo volvían a reencontrarse.

Finalmente, nos quedaba estar pendientes del tiempo para hacer la mochila. Pensábamos que Sofía iba a tener un clima similar a Atenas, pero nada que ver, sus temperaturas no están suavizadas por el mar, sino que su posición próxima a las montañas hace que en esa época sean más comunes los grados negativos que los positivos.

Con todo preparado, quedaba esperar a que llegara el día.

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